En la última cumbre del clima de la ONU, celebrada a finales del año pasado en la ciudad brasileña de Belém, el debate más acalorado estuvo centrado en la necesidad de impulsar una hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles, que son los principales responsables del cambio climático debido a los gases de efecto invernadero que liberan a la atmósfera. Sustituir estos combustibles por otras fuentes, fundamentalmente renovables, es la vía que desde la ciencia se ha trazado para contener el calentamiento global. Pero la cumbre de Brasil se cerró sin hacer menciones directas al petróleo, el gas y el carbón y a la necesidad de dejarlos atrás, como lleva ocurriendo de forma recurrente en los últimos 30 años de negociaciones climáticas.
Un estudio calcula que solo esas empresas expulsaron el 38% del CO₂ en 2024
En la última cumbre del clima de la ONU, celebrada a finales del año pasado en la ciudad brasileña de Belém, el debate más acalorado estuvo centrado en la necesidad de impulsar una hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles, que son los principales responsables del cambio climático debido a los gases de efecto invernadero que liberan a la atmósfera. Sustituir estos combustibles por otras fuentes, fundamentalmente renovables, es la vía que desde la ciencia se ha trazado para contener el calentamiento global. Pero la cumbre de Brasil se cerró sin hacer menciones directas al petróleo, el gas y el carbón y a la necesidad de dejarlos atrás, como lleva ocurriendo de forma recurrente en los últimos 30 años de negociaciones climáticas.
En Belém se formaron dos bloques: por un lado, los países que sí querían que en la declaración final de la cumbre figurará la mención a la hoja de ruta, con muchos de los miembros de la UE y varios Estados latinoamericanos a la cabeza. Al otro, los que lo rechazaban, con la oposición frontal de los petroestados del grupo árabe como cara más visible. Una investigación pone el foco ahora sobre las empresas estatales productoras de petróleo, gas, carbón y cemento, conocido como el sector fósil, cuyas emisiones siguen aumentando.
El estudio, liderado por el grupo de analistas británico InfluenceMap, revela que 17 de las 20 compañías del sector fósil que más dióxido de carbono (CO₂) emiten están controladas por países que, precisamente, rechazaron en Brasil esa hoja de ruta para dejar atrás a los combustibles. Esas 17 compañías, con la petrolera Saudi Aramco ocupando el primer lugar, fueron responsables ellas solas del 38% de todo el CO₂ de este sector en 2024. Los países que las controlan son Arabia Saudí, Rusia, China, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Argelia, Irak, Qatar e India. Las tres compañías restantes de ese top 20 son las privadas Shell, con sede en Reino Unido, y Chevron y ExxonMobil, con sede en Estados Unidos.
“Las compañías petroleras y gasísticas han sido durante décadas de los lobbies más negativos para la política climática a nivel mundial”, sostiene Emmett Connaire, analista senior en InfluenceMap. “Han desarrollado un manual de tácticas que implica engañar a los responsables políticos y al público, y han hecho campaña repetidamente contra políticas destinadas a permitir una transición justa”, añade este experto partiendo de otra investigación desarrollada por su organización sobre la forma de actuar de este sector.
Esta clasificación proviene de la base de datos Carbon Majors, que mantiene InfluenceMap y que fue creada en 2013. Además de actualizar la información año a año, se incluyen tanto las emisiones actuales como las históricas de 178 productores industriales que entre 1845 y 2024 han sido responsables del 70% del dióxido de carbono expulsado por el sector fósil. Aunque, en verdad, un tercio de las emisiones históricas se puede atribuir a solamente 22 corporaciones industriales.
En la edición de este año, InfluenceMap ha puesto el foco sobre las corporaciones que están controladas por los Estados, que el pasado año fueron responsables del 57% de todas las emisiones de dióxido de carbono del sector fósil. Además, la mayoría de las empresas estatales (el 54%) aumentaron sus emisiones en 2024 respecto al año anterior, mientras que la mayoría de las de propiedad de inversores (57%) las redujeron. InfluenceMap advierte además de que la producción de combustibles se está concentrando cada vez más en un menor número de empresas, muchas estatales, lo que incrementa “las barreras políticas para acelerar la acción climática”.
Tzeporah Berman, presidente y fundador de la iniciativa que persigue la creación de un tratado de no proliferación de los combustibles fósiles, ha advertido a través de un comunicado de que “un grupo poderoso y concentrado de corporaciones” no solo “domina las emisiones globales, sino que sabotea activamente la acción climática y debilita la ambición”.
La base de datos de emisiones históricas de Carbon Majors se está empleando cada vez más en estudios científicos. Por ejemplo, en septiembre del pasado año la revista Nature, publicó un artículo que relacionaba a estas 178 empresas con las olas de calor. Los autores exponían que 213 eventos extremos de este tipo registrados en el mundo entre 2000 y 2023 fueron más probables e intensos debido al calentamiento global cebado por las emisiones de esas compañías. Además, estos datos de emisiones históricas se están empleando en litigios climáticos en varios puntos del planeta para exigir responsabilidades a las compañías del sector fósil.
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