Alfredo Relaño presentó un hermoso libro en el que rescata a los 366 jugadores que, a su juicio, han marcado la historia del fútbol. Y como saber de fútbol es, sobre todo, saber de futbolistas, el libro resulta apasionante. Quizás uno añadiría algún nombre, pero no me pregunten a cambio de quién. Me siento incapaz de quitarle la titularidad a ninguno de los elegidos por Alfredo.
Los románticos solemos empeñarnos en defender el pasado, aunque conviene no engañarse: el fútbol de antes no era mejor
Alfredo Relaño presentó un hermoso libro en el que rescata a los 366 jugadores que, a su juicio, han marcado la historia del fútbol. Y como saber de fútbol es, sobre todo, saber de futbolistas, el libro resulta apasionante. Quizás uno añadiría algún nombre, pero no me pregunten a cambio de quién. Me siento incapaz de quitarle la titularidad a ninguno de los elegidos por Alfredo.
En sus páginas hay contexto histórico, porque en más de 150 años hemos visto modificaciones importantes en el reglamento y en los estilos de juego. Y en el fútbol mismo, que fue ocupando distintos lugares en la escala social a medida que el tiempo fue avanzando.
La presentación de un libro tan completo permite mirar el fútbol en perspectiva. Los románticos solemos empeñarnos en defender el pasado, aunque conviene no engañarse: el fútbol de antes no era mejor. He jugado en campos poceados, embarrados como chiqueros o secos como un corcho. Hoy los terrenos son impecables, el reglamento castiga más la especulación, el juego es menos violento y mucho más rápido, los jugadores están mejor preparados y los entrenadores disponen de una información inimaginable hace unas décadas.
El libro importa porque detrás de cada jugador hay una historia de vida. Alfredo elige siete dioses que marcaron la historia del fútbol desde la posguerra hasta hoy. Di Stéfano, que inventó al Madrid desde el campo; Pelé, rey por elección popular; Cruyff, que nos obligó a pensar el fútbol como bien cultural; Maradona, una épica estrella del rock; Messi, porque hay genios que nacen; y Cristiano Ronaldo, porque también existen genios que se fabrican a sí mismos. Cada uno marcó a fuego su generación. Y como todos creemos, en el fondo, que el verdadero fútbol empezó el día en que nacimos, solemos elegir al mejor de todos según nuestra propia fecha de nacimiento.
Después aparecen veinte semidioses y, finalmente, 340 futbolistas “simplemente” extraordinarios. Pasear por la historia de la mano del fútbol es una gran idea, hacerlo acompañado de gente admirable es un privilegio.
En el libro conviven la investigación periodística y la emoción de aficionado, que es la emoción más pura. Durante la presentación, Iñaki Gabilondo habló del aficionado como el verdadero sostén de un club. Intenté salvar el honor de los futbolistas diciendo que, al día siguiente de firmar por un equipo, el jugador ya siente el escudo como un hincha. Pero Iñaki tenía razón, hay dos diferencias sustanciales. El futbolista cobra por serlo y, además, un buen día se marcha para empezar en otro sitio un nuevo proceso de identificación.
El hincha, en cambio, nace y muere perteneciendo a un club, y lo hace de manera desinteresada. Es apenas un grito más en la inmensidad del estadio. Se abusa de él desde el precio de las entradas y da igual lo que opine, porque durante la semana no existe para la institución que sostiene. Pero es eterno. Vive y muere por los colores de su equipo. Las multitudes están hechas de hombres y mujeres que dan sentido al espectáculo. ¿O alguien ha visto un espectáculo sin espectadores?
El hincha es un espectador que siente y cree que su apoyo es otra manera de jugar. Sufre por placer, de eso trata el amor a un club. Acompaña, canta, se abraza, llora… Le compensa sufrir.
Y suelen elegir a un ídolo. Alfredo propone 366, de distintas épocas, países y estilos. La maravilla es que no hay dos iguales porque, como los artistas, cada uno tiene una manera única de interpretar el ingenuo, eterno y apasionante arte de jugar al fútbol. Alfredo Relaño los eligió, los reunió y nos lo entrega en un libro imperdible.
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