La muerte a golpes de un militante de ultraderecha en Francia pone en la diana política al partido de Jean-Luc Mélenchon

Quentin Deranque, un joven de 23 años, nacionalista y miembro de un colectivo de la extrema derecha francesa, falleció en el hospital de Lyon el pasado sábado. Llevaba ingresado desde el jueves, cuando un grupo de militantes de extrema izquierda le dio una paliza durante una pelea desencadenada en la protesta por un acto de la eurodiputada franco-palestina Rima Hassan, de La Francia Insumisa (LFI), en la Universidad de Sciences Po.

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 El homicidio se produjo durante una pelea multitudinaria entre un grupo satélite de la formación izquierdista y una organización nacionalista  

Quentin Deranque, un joven de 23 años, nacionalista y militante de un colectivo de la extrema derecha francesa, falleció en el hospital de Lyon el sábado 14 de febrero. Llevaba ingresado desde el jueves, cuando un grupo de militantes de extrema izquierda le dio una paliza durante una batalla multitudinaria desencadenada en la protesta por un acto de la eurodiputada franco-palestina Rima Hassan, de La Francia Insumisa (LFI), en la Universidad de Sciencies Po.

La policía cree que los responsables del homicidio formaban parte de una organización satélite de las juventudes de LFI, el partido de Jean-Luc Mélenchon, que se ha convertido en objeto de la ira del resto de formaciones políticas. Mélenchon niega esas insinuaciones y denuncia que todo el relato de este crimen ha sido “manipulado”. El suceso, en todo caso, ha tensionado enormemente el clima electoral de las próximas municipales, que se celebrarán los días 15 y 22 de marzo, y es un reflejo de la creciente polarización en la que Francia se adentra cada vez más.

Quentin Deranque era un ferviente católico y estudiante de Matemáticas que militaba en Acción Francesa, una organización monárquica y de extrema derecha. Ese día, sin embargo, se encontraba apoyando al movimiento Némesis, formado por mujeres y que se proclama feminista, racista y contrario al islam y a las mujeres trans. Habían reclutado a un grupo de personas afines ideológicamente por si necesitaban ayuda en caso de enfrentamientos.

No hay nada aclarado todavía, pero el fiscal de Lyon ha explicado este lunes que las activistas de Némesis, que se estaban manifestando en contra de la celebración de un acto de la eurodiputada de LFI Rima Hassan, fueron atacadas por militantes de extrema izquierda. Estos intentaron arrancarles la pancarta que portaban, tiraron a una de ellas al suelo para patearla e intentaron estrangular a otra.

Hubo persecuciones. Y los agresores aislaron a tres de las personas que habían acudido a la protesta para ayudar a las militantes de Némesis. Uno era Quentin Deranque, que cayó al suelo y fue golpeado “por al menos seis personas”, según la Fiscalía. El fiscal anunció que se abierto una investigación por “homicidio voluntario”.

En el tumulto, de acuerdo con las primeras informaciones, se encontraba Jacques-Elie Favrot, asistente parlamentario del diputado de LFI en la Asamblea Nacional Raphael Arnault. Este diputado es miembro activo de la Jeune Garde [joven guardia], la organización antifascista que él cofundó y que suele acompañar a LFI en los mítines o manifestaciones para garantizar la seguridad de sus dirigentes.

El asistente de Arnault refutó por medio de su abogado las insinuaciones sobre su presunta implicación en el crimen: “Jacques-Elie Favrot niega formalmente ser responsable de esta tragedia. No es responsable de los golpes propinados”, declaró el letrado a Le Monde, sin negar la presencia del joven en las inmediaciones de Sciences Po, donde se produjo la pelea. Ni Arnault ni Favrot han sido señalados directamente por la Fiscalía.

Los focos apuntan también al diputado Arnault. Su historial —está fichado por la policía como peligroso por una condena por violencia en grupo en 2022— ya había generado polémica en el momento de su elección en 2024. La ultraderecha del Reagrupamiento Nacional ha aprovechado el momento de tensión para pedir que se incluya a los movimientos antifascistas en el fichero de organizaciones terroristas.

El suceso de Lyon se ha convertido ya en una cuestión política de primer nivel en Francia. La presión contra LFI llega desde todos los frentes y es evidente también que busca atenuar su fuerza en las próximas municipales, en las que muchos municipios, especialmente aquellos con fuerte presencia musulmana, podrían pasar a manos de sus candidatos.

“Es claramente la extrema izquierda la que mata”, dijo el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, durante el homenaje a Quentin Deranque en la iglesia de Saint-Georges. El presidente, Emmanuel Macron, apuntó en la misma dirección: “No es ningún misterio: La Francia Insumisa está en la extrema izquierda”, remarcó. “En Lyon, Quentin fue víctima de una violencia sin precedentes”, escribió Macron en su cuenta de la red social X. “Perdió la vida a los 23 años. Su familia y sus seres queridos están en mis pensamientos y reciben el apoyo de la nación. En la República, ninguna causa y ninguna ideología puede justificar que matemos”.

La portavoz del Gobierno, Maud Bregeon, se unió también este lunes al señalamiento público del partido de Mélenchon. “La Francia Insumisa lleva años fomentando un clima de violencia. LFI mantiene vínculos comprobados y asumidos con grupos de ultraizquierda extremadamente violentos”, afirmó Bregeon en BFMTV/RMC. La portavoz, además, quiso subrayar la “responsabilidad moral de LFI en este clima de violencia exacerbado”.

El suceso coincide con la inclusión en el registro del Ministerio del Interior de LFI como organización de “extrema izquierda”. Una decisión muy contestada por el partido y sus votantes. En ese contexto, a solo un mes de los comicios municipales en toda Francia, el asunto ha adquirido también un carácter electoral. Algunos de los representantes de la izquierda partidarios de romper lazos con LFI, como Raphael Glucksman, eurodiputado y posible candidato a las presidenciales de 2027, señalaron que es “impensable” que la izquierda “siembre la más mínima duda” sobre una “posible alianza con LFI”.

“Habrá que poner fin a esta brutalización del debate público”, declaró Glucksmann en RTL, pidiendo “una responsabilidad de todos los dirigentes políticos que atizan el odio, incluidos los de LFI”. El partido de Mélenchon es hoy el enemigo público del establishment francés, que preferiría cualquier situación a encontrar a su líder en las segunda vuelta de las presidenciales en 2027.

Jean-Luc Mélenchon había defendido hasta ahora de forma vehemente la organización Jeune Garde, vinculada al movimiento izquierdista. “Han protegido nuestras manifestaciones cuando vienen a agredirnos”, proclamó en un mitin en abril de 2025. Este fin de semana se desmarcó del suceso. “No tenemos nada que ver; [la eurodiputada de LFI Rima Hassan] no tiene nada que ver con lo que ocurrió. Todo sucedió en otro lugar. Todo fue manipulado, arreglado”, denunció.

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