No se recuerda a un clásico más insólito que el de este domingo en el Camp Nou. La situación es inédita e idílica desde el punto de vista del Barça. Imposible prever un mejor desenlace: el FC Barcelona se proclamará campeón de Liga si gana o empata contra el Madrid en el Camp Nou. Tampoco hay constancia de un Madrid tan perdido como el actual, atrapado en una confusión difícil de solucionar, sobre todo si se tiene en cuenta que se asocia el fracaso colectivo de los dos últimos años a la llegada de un delantero que garantiza un gol por partido como Mbappé. Aquel campeón de Europa que se reforzó en 2024 con el mejor futbolista del mundo se inmoló desde que en octubre derrotó precisamente al Barça en el Bernabéu por 2-1.
El equipo blanco se ha convertido en un periódico de sucesos después de años de ser una revista inmaculada justo cuando en el banquillo se ha sentado un técnico como Arbeloa que se suponía espía del presidente e íntimo de Mourinho
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El equipo blanco se ha convertido en un periódico de sucesos después de años de ser una revista inmaculada justo cuando en el banquillo se ha sentado un técnico como Arbeloa que se suponía espía del presidente e íntimo de Mourinho


No se recuerda a un clásico más insólito que el de este domingo en el Camp Nou. La situación es inédita e idílica desde el punto de vista del Barça. Imposible prever un mejor desenlace: el FC Barcelona se proclamará campeón de Liga si gana o empata contra el Madrid en el Camp Nou. Tampoco hay constancia de un Madrid tan perdido como el actual, atrapado en una confusión difícil de solucionar, sobre todo si se tiene en cuenta que se asocia el fracaso colectivo de los dos últimos años a la llegada de un delantero que garantiza un gol por partido como Mbappé. Aquel campeón de Europa que se reforzó en 2024 con el mejor futbolista del mundo se inmoló desde que en octubre derrotó precisamente al Barça en el Bernabéu por 2-1.
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Los cinco puntos a favor se han convertido siete meses después en 11 de desventaja antes de disputar la vuelta en Barcelona. El nuevo Madrid se ha metido en un proceso autodestructivo que remite al cainismo del viejo Barça. El club que preside Florentino no busca una solución, ni mucho menos un diagnóstico, sino que su obsesión es dar con el topo que filtra los incidentes que se han sucedido en el vestuario y en el campo de entrenamiento de Valdebebas. El Madrid se ha convertido en un periódico de sucesos después de años de ser una revista inmaculada justo cuando en el banquillo se ha sentado un entrenador como Arbeloa que se suponía espía del presidente e íntimo de Mourinho, el técnico que suena como alternativa para intentar reemprender el hilo perdido con Xabi Alonso.
La salida extemporánea del técnico vasco constató que el Madrid es un club en el que son más protagonistas los jugadores que los entrenadores, especialmente cuando tienen la complicidad del presidente, como pasa ahora con Vinicius. La entidad perdió el norte al boicotear la elección del Balón de Oro después de saber que el elegido no era el jugador brasileño sino Rodri. El culto al egoísmo ha destruido el sentido de equipo hasta el extremo de que la plantilla se ha fracturado y atomizado en función de las relaciones de cada futbolista con el técnico y con un presidente cuya gestión se ha visto cuestionada por sus contenciosos con la explotación del estadio, la fallida Superliga y el impacto de Mbappé. No son los mejores momentos para la reputación de la marca Madrid.
Tampoco ha ayudado la falta de identidad futbolística y de compromiso con la institución por la ausencia de internacionales españoles o de jugadores vinculados a la historia del Madrid. La situación contraria se da en el Barcelona por más que también se echen en falta a capitanes y liderazgos naturales cuyas funciones han sido asumidas por Flick. El Barça va bien cuando funciona el entrenador, decisivo para evitar el desgobierno y controlar el entorno del Camp Nou.
Flick gobierna a un plantel comprometido con la causa, identificado con La Masia y capaz de competir sin Lamine por su regularidad y capacidad asociativa en la cancha, especialmente en el Camp Nou. El sentimiento culé y la necesidad de revancha por el clásico perdido en Madrid, el único de la serie con Flick, animan al Barça. Los azulgranas quieren conquistar la Liga mientras que el Madrid aspira a ganar el partido para olvidar un sainete que despertó incluso al espíritu de Juanito. No es extraño que Flick no supiera qué contestar cuando fue preguntado por el icono blanco en plena hegemonía del Barça.
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