La gran mayoría de los 22 ministros de Pedro Sánchez son ateos. El propio presidente lo es. Es lo habitual en los gobiernos progresistas europeos. En el PSOE hay católicos reconocidos, como Salvador Illa, y también los hay en el espacio político a la izquierda de los socialistas, donde los católicos de base siempre han tenido una presencia importante. Pero la mayoría de los dirigentes, como los ministros, son no creyentes. Sin embargo, hasta 14 ministros, una cifra absolutamente inédita, participaron el miércoles en una misa en la que el Papa bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
El Gobierno se ha volcado con 14 ministros en una misa y el presidente ofreció imagen de normalidad en Canarias con el Pontífice
La gran mayoría de los 22 ministros de Pedro Sánchez son ateos. El propio presidente lo es. Es lo habitual en los gobiernos progresistas europeos. En el PSOE hay católicos reconocidos, como Salvador Illa, y también los hay en el espacio político a la izquierda de los socialistas, donde los católicos de base siempre han tenido una presencia importante. Pero la mayoría de los dirigentes, como los ministros, son no creyentes. Sin embargo, hasta 14 ministros, una cifra absolutamente inédita, participaron el miércoles en una misa en la que el Papa bendijo la la bendición del Papa de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
Y el presidente Sánchez, que hasta ahora había evitado el viaje a la zona cero de la crisis migratoria en el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, quiso acompañar al Papa este jueves de nuevo con varios ministros, entre ellos Félix Bolaños, al que le encargó las relaciones con el Vaticano, en posición destacada. Sánchez despidió al Pontífice agradeciéndoles la visita y su “mensaje de paz, diálogo y solidaridad con quienes más lo necesitan”, que calificó de “valores profundamente arraigados” en la sociedad española.
Este despliegue enorme del Gobierno en casi todos los actos del viaje del Papa, incluidos los puramente religiosos, tiene una lógica política muy clara, según apuntan diversas fuentes del Gobierno: Sánchez ha decidido exprimir al máximo una visita papal con un claro contenido político que beneficia de forma nítida, según los ven en La Moncloa, los intereses del Ejecutivo.
Sánchez es prácticamente el único presidente europeo, incluidos los socialdemócratas, que tiene un discurso a favor de la inmigración. El presidente está muy solo en Europa, pero confía en que millones de ciudadanos progresistas sí aplaudan su discurso, especialmente en España, un país de emigrantes, como suele recordar Sánchez —en su familia, su abuelo y su padre se fueron a Alemania y después regresaron antes de que él naciera, algo que sucedió a otros ministros como Félix Bolaños, hijo de emigrantes en Suiza, o a su mano derecha, Rafael Simancas, que nació en Alemania— que hasta hace poco era de los menos permeables en toda Europa a los discursos anti inmigración.
Las encuestas señalan que España está muy dividida en este asunto, y cuestiones como la prioridad nacional pactada por PP y Vox, que tanto critica el Gobierno, tienen más apoyo social del que podía preverse, incluso en algunos sectores de votantes del PSOE. Por eso para el Ejecutivo es tan importante esta visita. “Hemos encontrado el mejor aliado posible, un Papa que les habla directamente a los católicos y a los no católicos y les dice que esta posición que defiende el Gobierno de acogida de los inmigrantes no es una locura, es la esencia de la doctrina de la Iglesia y de los valores occidentales del humanismo, cristiano o no”, señalan en el Gobierno.
Sánchez ha aprovechado en estos días cada instante de cercanía con el Papa, especialmente en Canarias, donde ambos departieron y pasearon juntos en el aeropuerto cuando el Pontífice llegó a la isla desde Barcelona. Y ya antes había viajado a Roma a verse con él, después se encontraron en Madrid en la Nunciatura y también en el Congreso tuvieron momentos de cercanía.
Al Gobierno le interesa mucho esta imagen no solo para dar la batalla a favor de la inmigración, que Sánchez considera la más relevante para las próximas elecciones —el presidente insiste en que España ha crecido en los últimos años sobre todo gracias a la inmigración y cree que los países que se cierran a ella se condenan a una lenta decadencia— y para generar divisiones dentro de la derecha, que no puede criticar abiertamente al Papa pero a la vez defiende postulados absolutamente contradictorios con su mensaje en Canarias.
El Ejecutivo también está muy satisfecho de la visita del Papa porque supone una imagen de normalidad absoluta, de tranquilidad, de calles llenas de gente, de respeto institucional que contrasta con la sensación de hundimiento que quiere trasladar la oposición. El Gobierno ha tenido una especie de minitregua estos días en medio de una presión enorme por los escándalos que volverá a subir en cuanto el Papa vuelva a Roma. De hecho el escándalo por el valor de la joyas que le encontraron al ex presidente Zapatero en una caja fuerte de su despacho, que llega a los 1,3 millones de euros, ha roto ya esa minitregua incluso antes de que el Papa pudiera salir de España.
El ministro de Política Territorial y expresidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, también presente en la visita del Papa a su tierra, puso palabras a este sentir general de satisfacción en el Ejecutivo. El ministro aplaudió que el Papa haya puesto sobre la mesa las contradicciones de algunas formaciones políticas, especialmente el PP y Vox. “El Papa nos dice no hagamos una cosa y digamos lo contrario. Todos los políticos deberíamos dar una respuesta conjunta al fenómeno migratorio, y no está siendo así”.
Mas directa aún fue la ministra de Infancia, Sira Rego, que dijo que esta visita del Papa a Canarias “deja en evidencia al PP y a Vox, dos partidos que compiten cada día por la medalla de oro del racismo”. “Mientras el Gobierno siembra derechos para todas las personas que viven en nuestro país” con la regulación extraordinaria, por ejemplo, “ellos siembran y pactan racismo”, remató. El Ejecutivo confía así en aprovechar al máximo la visita del Papa también en los próximos debates sobre inmigración, que sin duda será un asunto central para las próximas campañas electorales. “Las vueltas que da la vida. Al final nosotros acabaremos en el Cielo y ustedes ardiendo en el infierno, por sus hechos les juzgarán”, bromeó Félix Bolaños el miércoles con Cayetana Álvarez de Toledo. Para el Gobierno, el discurso del Papa es un regalo. Pero la polémica por las joyas de Zapatero ha demostrado que es muy efímero.
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