El mexicano Gael García Bernal (Guadalajara, 47 años) ha acabado encarnando a un personaje histórico portugués, Fernando de Magallanes, que sirvió a la corona española en una película de Lav Diaz, el cineasta filipino más conocido en el cine de autor más correoso. Un extraño cóctel que García Bernal defiende: “Los actos fílmicos de fe funcionan muy pocas veces. Muy pocas y lo sé bien; por eso es increíble participar en uno de ellos”.
El actor mexicano encarna al navegante portugués Fernando de Magallanes en un ‘biopic’ del filipino Lav Diaz, figura del cine de autor más radical
El mexicano Gael García Bernal (Guadalajara, 47 años) ha acabado encarnando a un personaje histórico portugués, Fernando de Magallanes, que sirvió a la corona española en una película de Lav Diaz, el cineasta filipino más conocido en el cine de autor más correoso. Un extraño cóctel que García Bernal defiende: “Los actos fílmicos de fe funcionan muy pocas veces. Muy pocas y lo sé bien; por eso es increíble participar en uno de ellos”.
Cuando el actor y director responde a la videollamada de EL PAÍS, ayer martes, han pasado cinco días del encuentro entre el rey Felipe VI y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para enterrar el distanciamiento político y diplomático entre los dos países. En mayo, durante el festival de Cannes, Diego Luna, amigo íntimo y socio en diversas aventuras fílmicas de García Bernal, respondió a este periódico sobre las relaciones entre ambas naciones, en aquel momento torpedeadas por una beligerante visita a México de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
“Me encantó lo que te dijo Diego, aquello de: ‘Hago un esfuerzo por tratar de no escuchar estos mensajes de odio, para no perder mi tiempo en eso’. En fin, es increíble que figuras como el Papa o el Rey sean mucho más sofisticadas que los políticos actuales. Figuras que antes jamás pensarías que dirían lo que están diciendo, y hoy son más sensibles, sensatas, sofisticadas, incluso más interesantes que los políticos. Es tremendo el triunfo de la política electorera. Lo mismo ya era así, navegando aguas muy turbias y enfangadas. En alguna época pensábamos que para entrar en política tenías que ser ilustrado, tener estudios, y desgraciadamente todo se deshizo de forma muy rápida por culpa de Estados Unidos y de cómo en ese país funciona ahora el sistema democrático. En fin, a Estados Unidos hay que culparles de muchas cosas y esta es una de ellas. Sin embargo, como dijo Diego, no podemos perder el tiempo con discursos de odio. Hoy en día hay tanta opinión sobre la estupidez general, y además hay tantas opiniones estúpidas [ríe]… Vaya acumulación de cosas”.

De ahí, García Bernal salta él solo a Magallanes, que se estrena este viernes en España,porque el mexicano siempre ha sido de verborrea fácil: “La mejor manera de analizar hechos históricos, de narrar personajes y conquistas, es a través de aproximaciones sofisticadas como esta película. Porque se desmitifica, se desacraliza, se hilvanan preguntas abiertas. Humanizas a personajes, y no me refiero a esa parte simple y superficial de darles cuerpo y alma, sino de quitarles todo el barniz político con el que fueron contados”.
Y por eso la propuesta de encarnar a este portugués, que le llegó vía Albert Serra, productor de la película, le atrajo tanto. “Magallanes es para los portugueses un traidor a su país; para la Corona española siempre fue una persona muy incómoda… Pasado el tiempo, quienes le reivindican son los exploradores, es decir, la ciencia. Es interesantísimo: católico converso de segunda o tercera generación, que se aventuró a algo que nadie había hecho y que logró, sin saberlo porque murió antes, cambiar el mundo”.

Porque, como apunta el actor, “es tiempo de contar las colonizaciones con otras aproximaciones. Y reconocer factores importantísimos que a veces pasamos por encima, porque no son cómodos, ¿no?“. Ahonda en la respuesta: “Eran fanáticos religiosos. Mucho más allá del legado o la trascendencia, que no era como la entendemos hoy en día, se cuestionaban cómo conseguir su paraíso, la vida prometida después de la vida terrena. Su respuesta: a través de la evangelización, que la llevaban de bandera y les llenaba de fortaleza. Cuando esta convicción religiosa y espiritual es muy fuerte, mueve montañas, se consiguen cosas impresionantes. Ese matiz pocas veces se ha explorado. Y si aparece, se muestra como acto de bondad”.
Aquel choque de civilizaciones, que dirían otros, trajo acontecimientos “curiosos”, explica el mexicano. “De hecho, es muy curioso el diálogo entre los habitantes de la isla de Cebú con estas personas que venían en barco desde el Este, cuando nadie llegaba desde este punto cardinal. Los indígenas los recibieron con una amabilidad tremenda, fascinados, preguntándoles con sinceridad quiénes eran, o sea, de qué hacían. Y los españoles les hablan de un dios y de un club al que pertenecían, una corona y una religión que les había empujado hasta allí, y les sonó estupendo: ellos también querían ser parte de ese club. Juguemos a ese juego. Y si lo piensas, es como si hoy alguien te dijera: ‘Te leo las cartas, dale’. Bueno, pues a todo eso es a lo que me refiero cuando digo humanizar, darle la vuelta a las historias”.

El cineasta insiste en que hay miles de historias aún que contar sobre el virreinato de la Nueva España. “Personajes, hechos históricos, mestizajes… Cómo cambiaron los centros neurálgicos. Y nos quedan todavía más cosas que descubrir. A mí me llamó la atención que en Filipinas, a las cinco de la mañana, los vendedores gritaban: ‘¡Tamaleees, tamaleees!’. ¡Y son rosas! ¿Cómo pudo ser, cómo llegaron hasta ahí? Me parece todo muy interesante”.
García Bernal encara ahora la preproducción de su tercer largo como director, Hombre al agua. “Pronto acabo, sí”, responde riendo. Cuando actúa, ¿acalla al director? “Como actor, y así aprendí de Iñárritu, Alfonso Cuarón o Walter Salles, formas parte de un equipo que quiere hacer una buena película y una buena película es, sobre todo, una historia con un punto de vista. Los actores interpretamos. El cine es piramidal. Todos participamos como un equipo fuerte, sólido. Pero sin punto de vista no saldrá algo interesante. Claro que salen adelante películas montessori, pero no son tan buenas. Yo llevo muchos años en esto, sé diferenciar entre una cosa y otra. Cuando uno dirige, vives una soledad tremenda, te posee un sentimiento de que estás a punto de cagarla brutalmente. Es un poco magallanesco ese sentimiento de navegar intuitivamente buscando el paso, dejándote la piel. Diciendo como director a tu equipo: ‘Encontraremos el paso hacia el otro lado, hay que seguir adelante’. Aunque se te vayan amotinando personas. Y además, como si hacer esa película fuera lo más importante, cuando al mundo le da igual qué películas se hacen o no”. El discurso lo remata con una sonora carcajada.

García Bernal responde desde Ciudad de México, absorbido por el Mundial de Fútbol que ahí se celebra. Más allá de los resultados, y tras hablar de diversas selecciones y de cómo superan o no las eliminatorias, el cineasta quiere dejar algo muy claro: “Es fantástico cómo México ha volcado toda la alegría en el Mundial, y la ha hecho verdadera. De paso ha quitado todas estas cosas ridículas, esos adornos de la FIFA, y ha logrado un carnaval fantástico. Vivimos una locura hermosa”.
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