La extrema derecha se dispara: Alemania deja de ser la excepción europea 80 años después del nazismo

Alemania ya no es una excepción. El país que más dolor causó en Europa fue luego el que más hizo por construir una democracia vacunada contra el fascismo. Pese a ello, 81 años tras la derrota del nazismo en 1945, un partido político de extrema derecha vuelve a ser el más votado en múltiples elecciones del país.

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 La crisis industrial y el hartazgo de la responsabilidad histórica proyectan a AfD como la mayor fuerza política del país  

Alemania ya no es una excepción. El país que más dolor causó en Europa fue luego el que más hizo por construir una democracia vacunada contra el fascismo. Pese a ello, 81 años tras la derrota del nazismo en 1945, un partido político de extrema derecha vuelve a ser el más votado.

Alternativa por Alemania (AfD) fue fundada en el Oeste en 2013 pero su rápido crecimiento inicial no fue allí sino en los Estados del Este. En la extinta República Democrática Alemana (RDA) es el mayor partido, doblando sus resultados electorales en cada convocatoria electoral. Un ejemplo es el Estado de Sajonia-Anhalt, donde arrasó el 6 de septiembre en las urnas con casi un 44% del apoyo (el siguiente partido fue la democristiana CDU con un 17%). En las anteriores elecciones regionales, en 2021, AfD tuvo el 21% de los votos.

“Estamos profundamente consternados; este resultado electoral tendrá consecuencias, no podemos volver a la normalidad”, reconoció el canciller, Fiedrich Merz, ante la victoria de AfD. La extrema derecha tiene en Sajonia-Anhalt por primera vez desde el nazismo la opción de llegar a un Gobierno regional alemán.

La diferencia respecto al Oeste es que en el Este llueve sobre mojado: partidos de la derecha ultra ya obtuvieron allí buenos resultados electorales antes que AfD. La Unión del Pueblo Alemán (DVU), ahora desaparecida, consiguió en 1998 en el Parlamento de Sajonia-Anhalt el 12,9% de los votos. La principal formación ultraderechista antes de AfD en democracia, el NPD, consiguió en 2004 en el Estado oriental de Sajonia un 9,2% de apoyo, empatado con la socialdemocracia del SPD del por entonces canciller Gerhard Schröder.

“Gran día de suerte”

El NPD se disparó en las urnas aquel 2004 porque lideró las protestas contra los recortes de los subsidios públicos y para el desempleo que llevó a cabo el Gobierno de Schröder, el programa Hartz IV. Los expertos en extrema derecha Nikolai Schreiter y Elke Rajal, de la Universidad de Passau, difundieron este septiembre los resultados de un estudio sobre AfD en Baviera en el que concluyen que esta organización basa su crecimiento en “convertirse en el nudo del debate en momentos de crisis, sea el coronavirus, el clima, la migración, Ucrania y Oriente Medio”. “AfD actúa como punto de referencia, amplificador y traductor del debate”.

En agosto llegó a las librerías un libro fundamental para entender el crecimiento de Alternativa para Alemania. Es Blaues Land (País azul), del periodista Olaf Sundermeyer. Uno de los fundadores del partido, Alexander Gauland, explica que el punto de inflexión en la trayectoria de AfD fue el 31 de agosto de 2015, cuando la canciller Angela Merkel compareció ante los medios para anunciar que Alemania se disponía a acoger a más de millón de refugiados de Siria y Afganistán. “Aquel fue nuestro gran día de suerte”, dice Gauland.

La crisis del coronavirus fue la consolidación de una estrategia antisistema de difamar a las instituciones que ha cuajado en la sociedad, advierte en un documento de este agosto la Fundación Hans Böckler, vinculada al sindicato DGB. Pero los miembros de AfD entrevistados en Blaues Land no lo dudan, la apertura de Alemania a los refugiados en 2015 fue “el momento en el que los alemanes dijeron basta”: basta de ser responsables, de sacrificios por el bien de Europa y de la comunidad internacional por encima de lo que ellos quieren.

RDA, caldo de cultivo

AfD no surge de la nada. Las fuentes consultadas coinciden que en la antigua RDA se creó un caldo de cultivo para que cuajaran hoy sus ideas reaccionarias. La ciudadanía de la RDA no fue educada en los mismos valores que los de la Europa democrática occidental. Los Estados federados del Este son los que menos migración reciben de Alemania, pero son en los que más gente apoya a la extrema derecha porque consideran que el número de extranjeros es excesivo, según coinciden las encuestas. “En la RDA, por ejemplo, había tanto racismo como en la República Federal Alemana, la diferencia clave es que el Estado decretaba que en la RDA ni existía el racismo ni era un problema social”. Son palabras del historiador Ilko-Sascha Kowalczuk sobre el auge de AfD en el Este que aparecen en el libro El nuevo muro.

“La reunificación dejó un poso de frustración en el Este, de sentirse ciudadanos de segunda”, señala Piotr Buras, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Hay otra razón en la historia contemporánea por la que la extrema derecha triunfa en el Este, según este académico: “En el Este ya tuvieron una gran transformación de su realidad con la reunificación, pero para el Oeste es la primera gran situación de crisis, y por eso en el Oeste resisten más al cambio que representa AfD”.

El problema de Alemania es que AfD está logrando trasplantar esta fórmula de éxito a todo el país. En las elecciones federales de 2025 fue la segunda lista más votada con un 20,8%, solo dos puntos por detrás de la vencedora, la CDU. Las encuestas indican que hoy es el partido con mayor intención de voto, rozando el 30%, frente a un 20% de la CDU.

Pedagogía olvidada

Alemania entera es permeable a lo que ha labrado AfD en el Este, lo que es incluso una sorpresa para la propia formación. Gauland reconoce en Blaues Land que en los primeros años daba por imposible que los discursos más radicales que transmitían en el Este fueran aceptados en el Oeste. Se equivocó. AfD ha descubierto que “no tiene que presentarse con el fascismo histórico para ganarse al centro de la sociedad, esta llega por sí sola a las mismas conclusiones para recuperar una visión como pueblo y nación”, resume Sundrmeyer a partir de una conversación con Benedikt Kaiser, antiguo neonazi y uno de los ideólogos de AfD.

¿De qué sirvió tanta pedagogía contra la extrema derecha en la Alemania federal? Su efecto se ha disipado, opinaba el sociólogo Hartmut Rosa en una entrevista del 30 de agosto en EL PAÍS: “Los alemanes durante 80 años han querido convencer al mundo entero de que hay que trabajar por la paz. Pero después de 80 años, cuando los que vivieron la II Guerra Mundial han muerto, los alemanes se preparan de nuevo para la guerra”. Rosa se refería sobre todo al nuevo rearmamento alemán y a su apoyo a Ucrania porque para él, este es el paradigma de que los alemanes han olvidado la historia.

“Pese a su responsabilidad en la II Guerra Mundial y lo que se hizo después por la democracia, la sociedad alemana ha cambiado como el resto de Europa”, valora el analista Buras.

El referente de AfD para crear una estructura que le permita crecer en toda Alemania, según Sundermeyer, es el FPÖ, el partido austríaco de extrema derecha. El FPÖ tiene décadas de recorrido en un país de la democracia liberal europea, ha ganado elecciones y ha formado parte del Gobierno en dos legislaturas. ¿Si en Austria es posible, por qué no en Alemania?

En abril de 2026 se filtró en los medios un documento confidencial de AfD en el que detallaba la estrategia para crecer en el Oeste de Alemania. El objetivo era convertirse antes de las próximas elecciones federales en la fuerza más votada como mínimo en el 50% de los municipios rurales occidentales. Para ello plantean instalar sedes en todas las comarcas que organicen actividades periódicas, invitando a bebida y comida, “con una imagen simpática y positiva, de partido de poder en vez de fuerza de oposición”.

Es lo que Hannes Loth, el primer alcalde de AfD de la historia, explicó el 5 de septiembre en este diario: que la base del crecimiento del partido es organizar de forma regular actividades populares, como si estuvieran en permanente campaña electoral. “Ningún otro partido mantiene esta proximidad con la gente”, añadía Loth.

Globalización

Buras subraya que el crecimiento de AfD no tiene tanto que ver con la pérdida de la responsabilidad histórica sino con la economía. El país, dice este investigador del ECFR, ha pasado de ser el gran campeón de la economía de mercado a ser su víctima: “Alemania era el sello de éxito de la globalización liberal a partir de 1989 [cuando se hunde la Unión Soviética], pero esto ha llegado a su fin, han pasado de ser el gran beneficiado por sus exportaciones a ser el país más afectado por la competencia china”.

“Se equivoca quien crea que AfD es un fenómeno del Este, cuantas más fábricas cierren en el Oeste, más crecerán allí”. Son palabras de Martina Kuemmerle, una jubilada de 72 años que el 7 de septiembre se manifestaba contra la extrema derecha en la puerta de Brandeburgo, en Berlín. Kuemmerle es de Halle, ciudad de Sajonia-Anhalt. Allí el cierre de fábricas estatales tras la reunificación dejó una economía desolada que, según ella, a duras penas ha podido recuperarse: “Han pasado décadas pero los proyectos para crear nueva industria son pocos y se acaban tras un par de años”.

El Este no consiguió ser competitivo como el Oeste. Pero ahora es el conjunto de Alemania la que sufre una situación similar y la extrema derecha se alimenta de ello. “AfD canaliza el populismo en todo el país que ya se ha extendido por Europa, y solo se puede entender si se asume la experiencia en el Este de Alemania; quien no lo quiera asumir, no es consciente de lo que se le viene encima”, escribe Sundermeyer.

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