
Quienes firmamos este artículo, matemáticos, filósofas, historiadores, informáticas, filólogos, físicas, nos hemos encontrado a lo largo de estos meses en el Máster de Formación del Profesorado (en adelante, MFP) hablando con entusiasmo de aquellas materias a las que nos dedicábamos hasta hace no tan poco. ¿Y qué podremos contar en el futuro sobre el año que cursamos el MFP? Que nos unió hablar de aquello que habíamos estudiado y de lo mucho que odiamos dicho “Máster”. Hablaremos de lo que fue una de las experiencias más humillantes e inútiles que hemos conocido. Hablaremos de cómo ese año perdido casi nos desanimó en nuestro afán de ser docentes.
Más de 400 estudiantes del título obligatorio para ser docente se posicionan contra el método de formación y la propuesta de reforma
Quienes firmamos este artículo, matemáticos, filósofas, historiadores, informáticas, filólogos, físicas, nos hemos encontrado a lo largo de estos meses en el Máster de Formación del Profesorado (en adelante, MFP) hablando con entusiasmo de aquellas materias a las que nos dedicábamos hasta hace no tan poco. ¿Y qué podremos contar en el futuro sobre el año que cursamos el MFP? Que nos unió hablar de aquello que habíamos estudiado y de lo mucho que odiamos dicho “Máster”. Hablaremos de lo que fue una de las experiencias más humillantes e inútiles que hemos conocido. Hablaremos de cómo ese año perdido casi nos desanimó en nuestro afán de ser docentes.
Pues bien, aquello sobre lo que dentro de un año no tendremos nada que decir, ahora se pretende ampliar a dos. Que dure dos años y, que por supuesto sea más caro, más inaccesible. La Conferencia de Decanos y Decanas de Educación ha propuesto extender la duración de su Máster, ese Máster que, recordemos, es obligatorio para ejercer como docente. Sin embargo, nos parece que todos los pedagogos que se han volcado justificando esta decisión han obviado algo: consultar sobre la supuesta necesidad de esta decisión a quienes lo han cursado.
Es comprensible que no quieran hacerlo. Si cruzamos los datos disponibles sobre la evaluación del MFP con los que pueden encontrarse del total de Másteres que ofrece el sistema universitario descubrimos que se encuentra entre los peor evaluados. Unos desastrosos resultados que solo mejoran ligeramente si incluimos en ellos los ítems referidos a la valoración de las prácticas docentes en institutos. Esto es, que lo único que es evaluado positivamente para su formación como profesores es precisamente aquello que no está relacionado con la teoría pedagógica.
¿Por qué ocurre esto? El edificio de la pedagogía se levanta sobre una dicotomía: “vosotros podréis saber de cosas, pero nosotros sabemos cómo se enseñan las cosas”. Sin embargo, esta dicotomía resulta bastante extraña si nos la tomamos en serio. Es como si se afirmara que a los bomberos les hace falta un metabombero que les explique cómo apagar un incendio. No, todos sabemos que al bombero a apagar incendios le enseñó otro bombero. ¿Puede haber un manual sobre cómo llegar a ser un buen médico? Sí, se llama aprender de un buen médico. Entonces, ¿puede haber un manual sobre cómo ser buen profesor de matemáticas? Sí, aprender de un buen profesor de matemáticas. Y es que, desde luego, graduados que no han impartido nunca clase no sabrán enseñar, pero ello no se debe a un desconocimiento de teorías pedagógicas sino porque les falta práctica docente. Es precisamente en el seno de esa práctica donde aprenderá la didáctica imprescindible que requiere toda enseñanza. Pero lo hará desde la reflexión sobre su ejercicio docente y la profundización en los conocimientos que debe hacer comprensibles al alumno. A pesar de la caricatura pedagógica del profesor autoritario y dogmático, es la práxis comprometida la que siempre ha caracterizado al buen profesor, a nuestros maestros, aquellos a quienes queremos parecernos, de quienes queremos aprender esta difícil profesión.
Así que no, esto no tiene que ver con una suficiencia arrogante como tampoco, por cierto, con autoritarismo alguno. De hecho, tenemos más bien la sospecha de que ha sido precisamente todo el discurso pedagógico, que recubre el modelo competencial vigente, el que ha venido sirviendo como coartada para la reconversión de los sistemas educativos en guarderías para el adiestramiento de mano de obra. Creemos que ahí radica la infantilización que soportamos en sus clases. Quizás así nos resultará más fácil reproducirla después con un estudiantado destinado a un futuro laboral basura.
Por eso quizá sería momento de asumir aquello de que se “predica con el ejemplo”. Tal vez, la mejor forma de formar buenos profesores sea pasar un año más aprendiendo de los profesores que según los “profesores” del Máster no son buenos profesores. Así que si realmente quieren tomarse en serio el acceso a la profesión docente, su ingreso, al igual que la judicatura o la medicina, no debería hacerse sin haber completado un periodo de prácticas seriamente tutelado y remunerado.
Los pedagogos suelen acusar a posturas como las nuestras de realizar afirmaciones categóricas sin evidencia. Pues bien, lo que sí está comprobado es que todo profesor conoce mejor dónde falla el estudiante, dónde para, a dónde no llega, si le hacen bullying o no, cuándo las ratios son de 15 estudiantes en lugar de 30. Es algo que sabemos desde Platón, se trataba de diálogos, la ratio era 1:1. Quizá el Máster de Formación del Profesorado que falta tiene un nombre: presupuesto educativo. Concluimos así con una pregunta. Si los pedagogos tuvieran que elegir entre qué es mejor para el estudiantado de la ESO: 2 años de MFP o reducir las ratios de 30 a 10 estudiantes, ¿qué elegirían? Seguramente responderán: “pero no es incompatible”. Sin embargo, ninguna frase de este tipo es incapaz de superar un escollo fundamental: ¿por qué parece que nuestros gobernantes han tenido especial interés en escuchar a los pedagogos? ¿Qué es lo que se acaba defendiendo para la escuela con ese “pero”?
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