António José Seguro, antiguo líder del Partido Socialista retirado de la política en los últimos diez años, venció en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Portugal celebradas este domingo. El socialista quedó en primer lugar con el 31% de los votos, con el escrutinio oficial al 99%. Ha sido una victoria contra todo pronóstico y casi contra todos. Seguro, un político comedido y sin gran apoyo inicial en su propio partido, tendrá que enfrentarse en la segunda vuelta el 8 de febrero contra el candidato de la ultraderecha, André Ventura, que logró el 23,3%.
António José Seguro se impone con más del 31%, mientras que el candidato del centroderecha apoyado por el primer ministro recibe un gran varapalo
Los sondeos a pie de urna apuntan a la victoria del candidato socialista, António José Seguro, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Portugal, seguido de dos aspirantes de la nueva política, el ultra André Ventura y el liberal Joao Cotrim de Figueiredo. La segunda ronda se celebrará el próximo 8 de febrero. Si se confirman los pronósticos, los portugueses tendrán que elegir entonces si quieren al frente del Estado a un político de un partido nuevo o un moderado de centro izquierda. La carrera más disputada e imprevisible de los últimos 50 años comienza a clarificarse, aunque la igualdad entre varios aspirantes en la segunda posición mantiene el escenario abierto a cambios en las próximas horas, conforme avance el escrutinio oficial.
El sondeo de la RTP da como probable vencedor de las elecciones a Seguro, con una horquilla de entre el 30 y el 35% de los votos, seguido del ultra André Ventura (20 al 24%). También el de la cadena SIC y el de la CNN Portugal apuntan hacia ambos como los más votados entre los 11 candidatos que se postulaban para suceder a Marcelo Rebelo de Sousa en la jefatura del Estado.
Las proyecciones sitúan en tercer lugar a João Cotrim de Figueiredo, con una horquilla de entre el 16 y el 21%, lo que le acerca mucho a Ventura. Más penalizados en votos han sido Luís Marques Mendes y Henrique Gouveia e Melo, por debajo del 14% en todas las estimaciones.
Estos cinco candidatos han sido los que siempre han encabezado las encuestas durante la campaña electoral, aunque las últimas mostraban caídas acusadas de Marques Mendes, un popular comentador de televisión y antiguo líder del centro derecha que durante semanas parecía el favorito, y de Henrique Gouveia e Melo, un almirante en la reserva que ha ido perdiendo parte de la popularidad que conquistó como responsable de la vacunación en pandemia conforme se bregaba en el barro de la política.

Contra la tónica habitual de las últimas presidenciales, la abstención ha descendido en esta ocasión. Hasta las 16.00 (una hora más en la España peninsular) habían votado el 45,51% de los 11 millones de electores, una cifra que no se alcanzaba desde hacía dos décadas. Ninguno de los sondeos apunta hacia una victoria superior al 50% de ningún candidato, lo que obligará a celebrar una segunda ronda, algo que solo había ocurrido hace cuatro décadas, cuando el socialista Mário Soares y el demócratacristiano Diogo Freitas do Amaral se disputaron el cargo.
Pero nada es tan rompedor para la democracia portuguesa como el hecho de que un candidato ultra haya podido concitar más apoyos que el candidato de la derecha moderada, Luís Marques Mendes, castigado tras los ataques a sus negocios privados. En juego en estas elecciones estaba también la hegemonía del espacio de la derecha, por el que competían tres candidatos: Ventura (Chega), Marques Mendes (PSD) y João Cotrim de Figueiredo (Iniciativa Liberal).
Cotrim de Figueiredo, antiguo líder de la Iniciativa Liberal, un partido fundado en 2017, protagonizó la subida más fulgurante de la campaña. Al igual que Ventura, es otro representante de nuevos partidos que muestra el vigor de movimientos que crecen con la promesa de romper con lo establecido y que tienen gran tirón entre los jóvenes. Ventura cuestiona con frecuencia “el régimen de abril”, en referencia a la democracia surgida de la Revolución de los Claveles, mientras que la IL aboga por una jibarización del Estado aunque su oratoria sea menos incendiaria que la de Chega.
Esa imagen más conciliadora que tenía Cotrim se quebró en parte en esta campaña, cuando confesó que apoyaría a Ventura en una hipotética segunda vuelta contra el socialista Seguro. “No sé dónde tenía la cabeza”, rectificó después. También le ha lastrado la divulgación de una denuncia por acoso sexual, negada tanto por él como por su partido. El caso fue difundido sin consentimiento de la víctima, que ya había relatado su historia en 2024 a las autoras de la obra#MeToo Um Segredo Muito Público— Assédio Sexual em Portugal durante la Feria del Libro de Lisboa.
Portugal es una república semipresidencialista, que trata de equilibrar los poderes entre la Asamblea de la República (el Parlamento unicameral), el Gobierno y el presidente de la República, dueño de un papel que va más allá del institucional. Puede disolver la Asamblea, destituir al Gobierno, vetar leyes, fijar la fecha de todas las elecciones o indultar presos, además de ser el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Su intervención en política puede ser decisiva, como ha ocurrido en el segundo mandato de Marcelo Rebelo de Sousa, que disolvió el Parlamento en tres ocasiones y convocó elecciones legislativas anticipadas.
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