Un total de 43 familias denunciaron ante la Guardia Civil la desaparición de sus allegados pero las autoridades advierten de que muchos podrían estar entre los heridos o fallecidos no identificados aún Leer Un total de 43 familias denunciaron ante la Guardia Civil la desaparición de sus allegados pero las autoridades advierten de que muchos podrían estar entre los heridos o fallecidos no identificados aún Leer
El descarrilamiento y colisión de dos trenes en Adamuz (Córdoba) se ha cobrado, de momento, las vidas de al menos 40 viajeros (incluido uno de los maquinistas) aunque, al cierre de esta edición, aún había cadáveres sin contabilizar debajo del amasijo de hierros en que se llegaron a convertir dos de los vagones del tren Alvia que, a última hora de la tarde del domingo, hacía el trayecto entre Madrid y Huelva. El segundo convoy era un Iryo que procedía de Málaga y que se dirigía a Madrid. Fue este tren el primero en salirse del carril, probablemente como consecuencia de una grieta en la vía debido a una soldadura en malas condiciones. El infortunio quiso que, por ese mismo punto, y en sentido contrario, pasara un segundo tren tan sólo 20 segundos más tarde, sin tiempo para frenar y para evitar la colisión con los vagones del Alvia que habían invadido su vía.
El choque brutal ha colocado al sencillo pueblo del Adamuz (de poco más de 4.000 habitantes), situado en las faldas de Sierra Morena, en un puesto trágicamente destacado en el mapa de la siniestralidad ferroviaria de España. La complejidad del terreno y el hecho de que dos vagones cayeran al fondo de un terraplén de cuatro metros han dificultado el acceso de una inmensa grúa que llegó ayer al lugar del siniestro para el levantamiento de los vagones. Se conoce que en el interior de esos coches viajaba medio centenar de personas y, a última hora del lunes, había ya pocas esperanzas de encontrar supervivientes una vez se consiguiera acceder al interior.
La «peor parte», explican fuentes de la investigación, se la llevó el tren que viajaba hacia Huelva. Y, por esa misma razón, muchos de los muertos y heridos son naturales o residentes de Huelva capital y provincia. De entre los fallecidos se sabe que hay una familia de cuatro personas procedente de Aljaraque, que se había desplazado para ver jugar al Real Madrid. También un matrimonio de periodistas muy conocido entre los profesionales de la comunicación y de la cultura. Las redes sociales se han llenado de testimonios directos y también de referencias a los desaparecidos.
La identificación de los cadáveres ya recuperados tampoco está resultando sencilla. En el día de ayer, sólo se consiguió identificar con total certeza a cinco fallecidos. Los cuerpos fueron llegando a lo largo de la jornada al Instituto de Medicina Legal de Córdoba, en el complejo de la Ciudad de la Justicia. Allí se estableció el Centro Integrado de Datos (CID) y se centralizó la recogida de muestras de ADN aportadas por los familiares y tomadas en varios puntos habilitados en las ciudades de Huelva, Madrid, Córdoba, Málaga y Sevilla.
Además, la Cruz Roja instaló, desde las 8 de la mañana del lunes, un punto de atención a los familiares situado en el Centro Cívico Poniente Sur, donde médicos, enfermeros y psicólogos se emplearon a fondo para dar atención a unas 37 familias que no sabían dónde ni en qué condiciones se encontraban sus allegados. La falta de información veraz sobre el destino que habían corrido sumó inevitablemente una dosis mayor de dolor y drama a la tragedia. A las puertas de este centro cívico, los lamentos desgarrados de una mujer permitían intuir a los periodistas presentes que la información que acababa de recibir del personal sanitario había confirmado sus peores presagios.
«En estos momentos, sólo podemos acompañarles en la espera, ofrecer ayuda con mucho tacto y respeto para hacerles el trance más llevadero», explica Valle Lara, psicóloga e integrante del dispositivo de 20 profesionales de la Cruz Roja que se vienen turnando, junto a unos voluntarios, desde las primeras horas posteriores al accidente para atender a los familiares. A finales de la tarde del lunes, el cansancio hacía mella en quienes llevaban ya casi 24 horas intentando sin éxito saber el paradero de los suyos. «Y ese cansancio en muchas ocasiones se traduce en enfado, en un profundo enfado, porque no entienden por qué nadie les da la información que reclaman», añade. Acompañar significa también proporcionarles un enchufe donde poder cargar el móvil, un alojamiento para pasar la noche, una bebida caliente o unas palabras de aliento, pero no demasiadas.
En el Centro Cívico Poniente Sur se encontraban ayer también el novio y la hermana de Miriam del Rosario Alberico Larios, de 27 años, graduada en Filología y profesora de Español e Inglés. Su padre, Horacio Alberico, habla con EL MUNDO por teléfono: «Esto es un sinvivir. Esta espera no se la deseo a nadie». Miriam iba a bordo del Alvia. Su familia cuenta que la chica había pasado el fin de semana en Madrid en la casa de su novio. La tarde del domingo, cuando salió su tren desde la estación de Atocha en dirección a Huelva, avisó a sus padres, que residen en Lepe. Llamó para decirles que ya iba de vuelta. «Pero desde ese momento ya no hemos vuelto a saber nada de mi hija. Hemos llamado a todos los hospitales y no damos con ella», explica el padre, que desconoce en qué vagón iba. «Ha podido pasarle cualquier cosa. No perdemos la esperanza de que esté ingresada y que no se le haya podido identificar todavía».
También recorrió varios hospitales desesperado e indignado por la falta de respuesta Juan Barroso, que buscaba a su primo, la mujer de éste y dos miembros más de la familia. «No sé ya a dónde acudir». Durante la tarde, el alcalde de Aljaraque, de donde son originarios, confirmó que los cuatro se encontraban entre los fallecidos. Junto a ellos viajaba también una niña de 6 años que salió con sólo unas heridas leves del accidente y pasó la primera noche bajo la custodia de la Guardia Civil.
Los hospitales de Córdoba han atendido tras el accidente a un total de 117 adultos y 5 niños. A última hora de ayer, la cifra de personas ingresadas era de 39, de los que 13 ingresados en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Por otra parte, a lo largo del día se presentaron 43 denuncias por desapariciones por parte de familiares en las comandancias de la Guardia Civil en Huelva, Madrid, Málaga, Córdoba y Sevilla. Las autoridades advierten de que esos desaparecidos podrían ser pacientes o fallecidos aún no identificados.
El accidente ha puesto a prueba la agilidad de respuesta de los servicios de emergencia. Y también la capacidad de las administraciones para coordinarse y estar a la altura de la enormidad de la tragedia. De momento, la colaboración entre la Junta de Andalucía y el Gobierno central ha contribuido a dar una imagen de rigor y eficiencia en la reacción, a pesar de que el balance de lo ocurrido, todavía provisional, ha superado cualquier previsión inicial.
El presidente andaluz, Juanma Moreno, se desplazó a Adamuz en la misma madrugada del lunes. Y, con las primeras luces del día, realizó una primera visita a la zona cero, donde pudo comprobar el enorme destrozo causado a los trenes y el alcance mayúsculo de la tragedia, con muchos cadáveres aún bajo los hierros. Moreno abundó en el trabajo conjunto entre las administraciones y en la necesidad de ser muy prudentes antes de especular con las causas del accidente: «Es todavía prematuro. Probablemente, a lo largo de los próximos días o semanas, nos puedan dar una información mucho más exacta».
Pedro Sánchez también se desplazó durante el día hasta la localidad cordobesa. «Vamos a dar con la verdad, vamos a conocer la respuesta», afirmó. Al presidente del Gobierno lo acompañaron, además del presidente de la Junta, la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y los ministros de Transportes, Óscar Puente, y del Interior, Fernando Grande-Marlaska, así como del alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno.
Por último, el jefe de la oposición, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, visitó igualmente la localidad del siniestro para mostrar su apoyo a las víctimas y agradecer su trabajo a los servicios de emergencias.
Todos han destacado la reacción arrojada y generosa de un pueblo, el de Adamuz, que aún contiene el aliento mientras asiste con horror al rescate lento y tedioso de los cuerpos que yacen aún en el interior de los vagones en duras condiciones.
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