
La batalla de las Navas de Tolosa (Santa Elena, Jaén, 16 de julio de 1212), considerado el combate más decisivo de la Reconquista, ha dejado una importante huella historiográfica escrita, pero no arqueológica, ya que apenas se han realizado investigaciones sobre el terreno en las últimas décadas. Sin embargo, desde 2022, un equipo multidisciplinar del Área de Historia Medieval y del Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, de Patrimonio Nacional (Real Armería) y de la Universidad Complutense de Madrid estudia el campo de batalla donde se enfrentaron los enormes ejércitos cristianos y andalusíes. Los resultados, que se han hecho públicos en el informe La batalla de las Navas de Tolosa: arqueología de un hito historiográfico, han desvelado la recuperación de 5.593 objetos históricos ―el 80% relacionados directamente con la batalla―, algunas de las rutas utilizadas por los ejércitos antes del combate, la localización del campamento cristiano y, posiblemente, del musulmán, y la constatación de que Castro Ferral, donde se produjo el primer ataque, es una fortificación de mayores dimensiones de lo esperado. Para lograr estos resultados, se han empleado distintos medios de teledetección y de microprospección arqueológica, con detectores de metales y georreferenciación por GPS.



Las piezas descubiertas en las prospecciones arqueológicas confirman la veracidad de los relatos históricos que describieron la crucial contienda entre los ejércitos cristiano y musulmán en 1212
La batalla de las Navas de Tolosa (Santa Elena, Jaén, 16 de julio de 1212), considerado el combate más decisivo de la Reconquista, ha dejado una importante huella historiográfica escrita, pero no arqueológica, ya que apenas se han realizado investigaciones sobre el terreno en las últimas décadas. Sin embargo, desde 2022, un equipo multidisciplinar del Área de Historia Medieval y del Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, de Patrimonio Nacional (Real Armería) y de la Universidad Complutense de Madrid estudia el campo de batalla donde se enfrentaron los enormes ejércitos cristianos y andalusíes. Los resultados, que se han hecho públicos en el informe La batalla de las Navas de Tolosa: arqueología de un hito historiográfico, han desvelado la recuperación de 5.593 objetos históricos ―el 80% relacionados directamente con la batalla―, algunas de las rutas utilizadas por los ejércitos antes del combate, la localización del campamento cristiano y, posiblemente, del musulmán, y la constatación de que Castro Ferral, donde se produjo el primer ataque, es una fortificación de mayores dimensiones de lo esperado. Para lograr estos resultados, se han empleado distintos medios de teledetección y de microprospección arqueológica, con detectores de metales y georreferenciación por GPS.
La que es uno los “hitos más relevantes de la historia medieval peninsular, por su trascendencia para el posterior avance de los reinos cristianos sobre el territorio de al-Ándalus”, señala el estudio, fue declarada cruzada por el papa Inocencio III. Las tropas de tres reyes ―Pedro II de Aragón, Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII de Navarra― se unieron a contingentes llegados de Inglaterra, Germania, Italia y Francia para enfrentarse a las tropas del califa almohade Muhammad al-Nasir, Miramamolín.Por su parte, este contaba “con soldados de todas las regiones del imperio, incluyendo todo el Magreb y las áreas de influencia subsaharianas a partir de la capital en Marrakech, a las que también se unirían contingentes árabes y turcos”.

El equipo de arqueólogos ―dirigidos por Irene Montilla y Juan Carlos Castillo, y con Juan Pedro Bellón, Miguel Ángel Lechuga, Marcos Soto, Vicente Salvatierra, Mercedes Navarro, Álvaro Soler del Campo y Manuel Retuerce― no solo buscó los restos materiales de la batalla propiamente dicha del 16 de julio, sino también de las jornadas previas y posteriores entre los días 12 y 19, en las que se produjeron acciones bélicas muy importantes. Entre ellas, el cruce de Sierra Morena por el ejército cristiano, la toma de la fortaleza islámica de El Ferral, el asentamiento cristiano en el cerro de la Mesa del Rey o el saqueo final del campamento almohade. Los trabajos han sido financiados por la Diputación Provincial de Jaén y la Junta de Andalucía con los Fondos Europeos de Desarrollo Regional.
En el transcurso de las tres campañas arqueológicas (2022, 2023 y 2024) se analizaron 79 hectáreas. De los más 5.500 objetos recuperados, el 22% no se pudo identificar con total seguridad por su mal estado. El 95% del material es de hierro y el 80% son “piezas reconocibles con la batalla o con momentos inmediatamente anteriores o posteriores”, señala el artículo que publica la revista Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada.
A pesar de que la batalla y sus movimientos estratégicos se desarrollaron en un área de unos 50 kilómetros cuadrados, los arqueólogos centraron sus esfuerzos en tres puntos estratégicos: el castillo o castro Ferral, el cerro de Mesa del Rey y el cerro de los Olivares.

Nada más sobrepasar Sierra Morena, y a la espera de la lucha, los cristianos atacaron Castro Ferral, que siempre se consideró “un mero puesto de control andalusí del paso entre la Meseta y Andalucía”. Sin embargo, los trabajos han evidenciado que tuvo una “entidad mayor, rebasando de forma considerable la delimitación que se establecía hasta el momento”. Es decir, era un castillo o fortaleza. De hecho, los expertos han descubierto dos lienzos de muralla paralelos de casi dos metros de alzado. Además, se ha localizado la estructura de una torre o bastión y de otra circular de mampostería. En sus inmediaciones se han identificado 127 objetos, fundamentalmente clavos, arreos, pasadores, puntas de flecha, herraduras y “dos láminas de hierro con remaches que podrían relacionarse con dos launas de qarqal o coracina [coraza pequeña con láminas metálicas] de posible procedencia islámica con paralelos posteriores en época mameluca”.
Junto a estos objetos militares también se hallaron dos objetos con epigrafía en árabe. Uno de ellos, actualmente en estudio, es de plomo y circular. El otro es un clavo en cuya cabeza se lee: “Alabado sea Dios”. Puede pertenecer a un mueble o a un escudo. También se han localizado tres monedas de Alfonso VIII, dos dentro de la fortificación y otra en el exterior, quizás donde estuvo el campamento tras el asedio.

Por su parte, en Mesa del Rey, donde acamparon los cristianos y más concretamente Alfonso VIII, se prospectó el 60% de sus 15 hectáreas. Se localizaron 1.306 ítems relacionados con el enfrentamiento, entre ellos 11 monedas, siete de Alfonso VIII, otra de Pedro I de Aragón y dos dírhams almohades.
De indumentaria se hallaron guarniciones en latón dorado —decoradas con motivos arquitectónicos, geométricos, vegetales y figurativos—, hebillas de diferentes tamaños y tipos, dos fragmentos de cota de malla y tachuelas. También se halló “el herraje de una arqueta de hueso o marfil, una cota de malla y un pinjante [colgante] en forma de cruz para la frontalera de una cabeza de caballo, al igual que las representadas en diversas ocasiones en las miniaturas del Códice Rico de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio”, señala el estudio. Los arqueólogos creen que estos elementos pertenecieron a quienes concibieron y dirigieron la batalla.

En el cerro de los Olivares se supone que estableció sus reales al-Nasir, que pudo dividir su ejército en cinco campamentos para “evitar los problemas que podrían causar la presencia de tribus y contingentes de lugares y etnias muy diversas con la población local”. Se trata de un cerro que presenta una cota de 814 metros, muy similar a la de Mesa del Rey, que está a 867 metros, por lo que desde ambos se tendría una visión inmejorable del campo de batalla. Este cerro no se ha podido prospectar completo porque en él se localiza actualmente el Centro de Cría de Lince Ibérico La Olivilla. “Esto supuso reducir al máximo las horas de trabajo, así como mantener cierta distancia a las jaulas, por lo que muchas zonas no se han podido muestrear”, dicen los expertos.
La nómina de las fuentes cristianas escritas relativas a la batalla es extensa, abarcando desde simples menciones a relatos detallados, mientras que las musulmanas son mucho más parcas. Entre todas ellas, destacan los testimonios de los protagonistas: Alfonso VIII, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada y Arnaldo Amalarico, arzobispo de Narbona. Los tres participaron en la batalla y utilizaron los mismos topónimos para los lugares ahora excavados. “En todos estos escenarios y sus aledaños se han registrado materiales arqueológicos compatibles con la batalla, de lo que se deduce que, con independencia de las luces y sombras intrínsecas a todas las fuentes literarias, en el caso de las Navas de Tolosa sí parecen un ofrecer un marco general coincidente con la realidad”, subrayan.
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