Cuando ‘El Gallo’ perdió el tren

Nos vamos a la temporada de 1926, que fue pródiga en festejos en la Monumental barcelonesa, tanto que comenzó el 21 de febrero, y entre corridas de toros y novilladas dominicales se alargó hasta bien entrado el mes de octubre. No fue un año, hace ahora un siglo, especialmente destacable en lo que sucedió en el ruedo, hubo triunfos, algún resonante fracaso, pero nada deslumbrante.La programación comenzó y terminó con el nombre de un torerito aragonés apodado ‘Lagartito’, con mucho ambiente por aquellos años, que toreó en la novillada inaugural, triunfó en otras dos y en Barcelona tomó la alternativa en septiembre y aún se vio anunciado en otras dos corridas de toros, entre ellas la que puso el punto final a la campaña. En aquel año debutó en el escalafón inferior el célebre ‘Cagancho’ en una tarde marca de la casa, es decir en donde pasó del negro al blanco, del infierno a los cielos ante sus dos toros. De lo peor a lo más genial.Pero en la temporada de 1926 hubo una corrida que despertó una gran expectación, y no era para menos pues se anunciaban Rafael ‘El Gallo’, Juan Belmonte y Sánchez Mejías. No quedaba ni una entrada en taquillas para el 11 de julio, y unas horas antes del festejo la empresa tuvo que improvisar unos carteles en los que avisaba que ‘El Gallo’, el ‘Divino Calvo’, no había podido coger el expreso de Madrid a Barcelona, que perdió el tren, vamos, y que había emprendido viaje en automóvil, por lo que podía retrasarse su llegada y habría que cambiar el orden de lidia.Y se retrasó. El presidente ordenó el comienzo de la corrida. Belmonte y Sánchez Mejías al frente de las cuadrillas cuando el público comenzó a protestar. Los aficionados querían que se esperara a ‘El Gallo’. La bronca fue tal que la autoridad cedió y todos a la espera, hasta que pasada media hora el sevillano apareció por fin en el ruedo entre vítores y aplausos. Una alegría que no se tradujo después en el desarrollo de la tarde, que resultó anodina. Nos vamos a la temporada de 1926, que fue pródiga en festejos en la Monumental barcelonesa, tanto que comenzó el 21 de febrero, y entre corridas de toros y novilladas dominicales se alargó hasta bien entrado el mes de octubre. No fue un año, hace ahora un siglo, especialmente destacable en lo que sucedió en el ruedo, hubo triunfos, algún resonante fracaso, pero nada deslumbrante.La programación comenzó y terminó con el nombre de un torerito aragonés apodado ‘Lagartito’, con mucho ambiente por aquellos años, que toreó en la novillada inaugural, triunfó en otras dos y en Barcelona tomó la alternativa en septiembre y aún se vio anunciado en otras dos corridas de toros, entre ellas la que puso el punto final a la campaña. En aquel año debutó en el escalafón inferior el célebre ‘Cagancho’ en una tarde marca de la casa, es decir en donde pasó del negro al blanco, del infierno a los cielos ante sus dos toros. De lo peor a lo más genial.Pero en la temporada de 1926 hubo una corrida que despertó una gran expectación, y no era para menos pues se anunciaban Rafael ‘El Gallo’, Juan Belmonte y Sánchez Mejías. No quedaba ni una entrada en taquillas para el 11 de julio, y unas horas antes del festejo la empresa tuvo que improvisar unos carteles en los que avisaba que ‘El Gallo’, el ‘Divino Calvo’, no había podido coger el expreso de Madrid a Barcelona, que perdió el tren, vamos, y que había emprendido viaje en automóvil, por lo que podía retrasarse su llegada y habría que cambiar el orden de lidia.Y se retrasó. El presidente ordenó el comienzo de la corrida. Belmonte y Sánchez Mejías al frente de las cuadrillas cuando el público comenzó a protestar. Los aficionados querían que se esperara a ‘El Gallo’. La bronca fue tal que la autoridad cedió y todos a la espera, hasta que pasada media hora el sevillano apareció por fin en el ruedo entre vítores y aplausos. Una alegría que no se tradujo después en el desarrollo de la tarde, que resultó anodina.  

Los martes, toros

Los aficionados querían esperarle, la bronca fue tal que la autoridad cedió y, pasada media hora, el sevillano apareció entre vítores y aplausos

‘El Gallo’, entrando a matar en las Arenas de Barcelona, en mayo de 1912 José Arija

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