La inteligencia artificial divide las oficinas: “Aquí felicitamos a quienes encuentren un nuevo uso para ChatGPT”

Rocío González (28 años) revela que no ha escrito ningún texto jurídico en todos sus años como abogada. Argumenta que ya no es necesario. De este tipo de tareas se encarga la inteligencia artificial (IA). “Basta con conocer las instrucciones —o prompts— adecuadas para generar un documento riguroso y listo para presentar”, expone. En la orilla opuesta, en un centro de atención al cliente en Valencia, Cristina Laguna, de la misma edad, observa cómo sus compañeros teleoperadores avanzan a otro ritmo gracias a herramientas como ChatGPT. “La mayoría utiliza sistemas con IA para atender con agilidad las dudas de los clientes, pero yo me siento más segura si no utilizo esta tecnología”, relata.

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 Mientras algunos empleados ya no se imaginan trabajar sin apoyarse en la herramienta, otros le cierran la puerta por completo. Una dualidad que puede generar tensiones en los equipos  

Rocío González (28 años) revela que no ha escrito ningún texto jurídico en todos sus años como abogada. Argumenta que ya no es necesario. De este tipo de tareas se encarga la inteligencia artificial (IA). “Basta con conocer las instrucciones —o prompts— adecuadas para generar un documento riguroso y listo para presentar”, expone. En la orilla opuesta, en un centro de atención al cliente en Valencia, Cristina Laguna, de la misma edad, observa cómo sus compañeros teleoperadores avanzan a otro ritmo gracias a herramientas como ChatGPT. “La mayoría utiliza sistemas con IA para atender con agilidad las dudas de los clientes, pero yo me siento más segura si no utilizo esta tecnología”, relata.

Estos dos mundos —el que configuran quienes han abrazado el uso de estas herramientas y el que prefieren dejarlas a un lado— forman parte de un nuevo paisaje para las organizaciones. Cada vez más profesionales descubren nuevas maneras de integrar la IA en sus actividades cotidianas, avanzando más rápido en sus tareas y, en consecuencia, aumentando su productividad. La tecnología del momento, no obstante, no ha terminado de seducir a un segmento que se ha distanciado de la IA por diversos motivos, entre ellos la posibilidad de que estos sistemas cometan errores en el camino.

El riesgo de que un modelo de lenguaje se equivoque es una de las razones que frenan a Laguna, que trabaja en un centro de atención al cliente desde hace un año. “Tengo la sensación de que no me puedo fiar porque alguna vez una compañera recibió información errónea al comparar dos productos en ChatGPT. Además, a veces siento que no estoy haciendo mi trabajo, es como que estoy utilizando la vía más fácil”, comenta esta trabajadora, cuyo testimonio conecta con el de Andrea Galindo, de 28 años, administradora principal de un negocio que distribuye equipos de oficina en Valencia. La tesis de Galindo es que la IA no es “imprescindible” para completar sus labores diarias. “Unos buenos programas informáticos, larga experiencia y conocimiento en la materia son lo que nos resulta útil para que los clientes nos sigan eligiendo”, alega.

La IA generativa, sin embargo, ha demostrado un sorprendente nivel de precisión en la redacción de documentos, en la búsqueda de información y en la creación inmediata de imágenes o videos, lo que está transformando la manera de realizar ciertas tareas. Según un estudio de InfoJobs de febrero de 2025, el 35% de los trabajadores españoles ya incorpora herramientas de IA en su jornada laboral, y de este grupo, el 44% opta por asistentes conversacionales como ChatGPT. Esta última herramienta fue capaz de juntar 800 millones de usuarios en tres años, una cifra que Internet tardó casi una década en replicar.

La oficina de Pedro García es, por ejemplo, un espacio donde se incentiva continuamente a abandonar los antiguos sistemas de trabajo y abrir la puerta a nuevos métodos basados en IA. García, quien se considera un usuario “avanzado” en esta tecnología, dirige la división de recursos humanos de una escuela de formación profesional en la ciudad del Turia. Relata que la IA ha impactado de manera transversal en todos los departamentos del centro. Intuye que se debe a la presión que ejercen sus jefes para adoptarla con el fin de mejorar las operaciones diarias. “Aquí felicitamos a quienes encuentran un nuevo uso de ChatGPT”. Esta tecnología les ha ayudado, entre otras cosas, a tramitar con gran agilidad los currículums que reciben o a crear presentaciones e informes en contados minutos. “Ha puesto orden en todo el caos administrativo que puede generar una oficina”.

Sin embargo, García es consciente de que no todo su equipo comparte el mismo entusiasmo por trabajar con modelos de lenguaje —como ChatGPT o Gemini—. Este profesional sospecha que en algunos trabajadores persiste el sentimiento de que utilizar IA equivale a engañar a los jefes o a los compañeros porque la tarea la termina ejecutando un sistema informático. “Por eso hay mucha gente que utiliza IA en la sombra, es decir, sin revelar que su trabajo es fruto de la interacción con un modelo de lenguaje, con todos los riesgos que esto conlleva”.

Lidiar con la vergüenza de algunos empleados no es la única preocupación de las empresas. Quienes destacan por su conocimiento de IA generativa también corren el riesgo de hacerlo mal, arrojando información confidencial sin anonimizar a los modelos de lenguaje, ejemplifica Pablo Sáez, abogado experto en asuntos digitales.

La opinión generalizada es que la IA nivelará el campo de juego entre los empleados, dotando a los trabajadores promedio de las herramientas para brillar tanto como las “superestrellas” de la oficina, explica Anna Cejudo, cofundadora de la academia Founders —especializada en formar a trabajadores en IA generativa—, pero lo cierto es que aquellos trabajadores con más experiencia son los que podrán aprovechar mejor esta ola de transformación “porque serán capaces de corregir los errores que cometa la IA”, expone. Una investigación publicada en el Wall Street Journal apunta en la misma dirección y añade un importante asterisco: “esta diferencia ampliará la brecha entre los mejores y el resto”.

Si bien esto puede ser una buena noticia para los trabajadores destacados, es problemático para las empresas. El estudio vaticina que “las brechas de rendimiento —amplificadas por la IA— intensificarán las tensiones y el resentimiento en el lugar de trabajo que a veces generan los trabajadores destacados socavando la cohesión del equipo y, en última instancia, perjudicando el trabajo colaborativo que impulsa el éxito empresarial”. Y concluye que “las organizaciones que no aborden esto podrían tener más dificultades para retener a sus mejores talentos y para motivar a sus empleados restantes”.

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Una potencial descarga cognitiva

Pese a todo, la rueda sigue girando. Prácticamente cada semana se anuncian nuevas y mejoradas aplicaciones con IA generativa que los trabajadores adoptan para ser más productivos en el trabajo. “Ya no tengo que escribir nada por mi cuenta, y menos mal”, sostiene González, responsable de innovación en una startup que diseña herramientas de IA para despachos de abogados. “Gracias a la IA ahora tenemos una calculadora de letras. Tú ya no le pides a nadie que te haga una operación compleja de cabeza; con la IA pasa igual”, argumenta la joven abogada. Gran parte del trabajo jurídico, explica, se basa en modificar plantillas y eso es algo que la IA puede hacer perfectamente, “casi sin margen de error”. Eso sí, admite, siempre debería haber un responsable humano que dé el visto bueno a todo lo que la IA genera.

En los últimos tres años, las alucinaciones —los errores o invenciones que comete la IA— han pasado de un 10% a menos de un 2% según el índice Vectara Hallucination Leaderboard. Sin embargo, la consultora Gartner advierte que aunque técnicamente estas sean menores en número, el riesgo aumenta porque los trabajadores “cada vez confían más en la IA”.

El caso de González es anecdótico. Su padre, Antonio González (62 años), también entrevistado para este reportaje, admite que conoce las “diversas utilidades de esta tecnología”; sin embargo, prefiere no integrarlas en sus labores diarias: “La IA no me da miedo, pero después de 35 años ejerciendo como abogado, el papel me otorga una seguridad que ninguna tecnología es capaz de replicar”.

¿Cómo nivelar, entonces, el terreno del desempeño en las oficinas? Cejudo recomienda instruir de manera escalada a los trabajadores agrupándolos por roles específicos dentro de la empresa o por departamentos. El diagnóstico de Braulio Campos, gerente de operaciones de una empresa textil valenciana, es muy similar. Ha decidido perseguir “pequeñas victorias”, es decir, encontrar casos de uso muy concretos donde la IA demuestra su eficacia, permitiendo así que la plantilla asimile gradualmente el potencial real de esta tecnología.

A González no le inquieta la “descarga cognitiva”, el deterioro mental que ciertos estudios atribuyen al uso continuo de la IA. “Soy consciente de que esto puede pasar, pero a medida que perdemos capacidades, también ganamos otras como más creatividad y capacidad de entender nuevos problemas”, justifica. Laguna simplemente desconfía de estas herramientas. “Para mí, la IA está siendo un poco pan para hoy y hambre para mañana. Al igual que en Wikipedia o el Rincón del Vago en su momento aún presenta errores o información de dudosa procedencia”. Por eso prefiere mantener a ChatGPT apagado durante su turno de trabajo.

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