El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, ha anunciado la convocatoria para el próximo 1 de noviembre de las primeras elecciones directas para el Consejo Nacional Palestino, el Parlamento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en el marco de las reformas que le viene exigiendo Estados Unidos y tras excluir de facto a Hamás de los comicios locales de abril, a través de una enmienda a la ley electoral.
Los comicios se celebrarán el próximo noviembre “donde sea posible tanto dentro como fuera del Estado de Palestina”, según el decreto presidencial
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, ha anunciado la convocatoria para el próximo 1 de noviembre de las primeras elecciones directas para el Consejo Nacional Palestino, el Parlamento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en el marco de las reformas que le viene exigiendo Estados Unidos y tras excluir de facto a Hamás de los comicios locales de abril, a través de una enmienda a la ley electoral.
El decreto ― firmado este lunes y dado a conocer por la agencia oficial de noticias, Wafa― es relevante, porque Abbas viene obstaculizando desde hace años la celebración de comicios y manteniendo el Consejo como una especie de órgano durmiente. Sus integrantes han sido elegidos hasta ahora a dedo o de forma indirecta. El texto presidencial especifica que se votará “donde sea posible”, en referencia a Jerusalén Este (donde Israel rechaza que se ubiquen las urnas), “tanto dentro como fuera del Estado de Palestina”, donde viven millones de refugiados, principalmente en países árabes vecinos.
Los comicios “se llevarán a cabo según el principio de representación proporcional plena, garantizando una representación justa para todos los segmentos del pueblo palestino, incluidas las mujeres, los jóvenes y las comunidades palestinas en el extranjero”, con el fin de “asegurar la más amplia participación del pueblo palestino dondequiera que resida”, señala el decreto. La Comisión Electoral Central supervisará plenamente el proceso.
Abbas, que lidera tanto la OLP (el representante legítimo del pueblo palestino) como la Autoridad Nacional Palestina (ANP, que nació de los Acuerdos de Oslo de 1993 y ejerce un autogobierno limitado en menos de la mitad de Cisjordania), venía rechazando celebrar elecciones si algún territorio quedaba excluido. Es el endeble argumento que usó para dar marcha atrás a su convocatoria de legislativas en 2021. Las autoridades israelíes aseguraron entonces que habría urnas en la parte oriental de Jerusalén, que consideran parte inseparable de su “capital eternamente unificada”.
Dos décadas
Los palestinos no eligen a sus líderes a semejante escala desde 2006, cuando Hamás ganó las legislativas de la ANP y la comunidad internacional rechazó tratar con las nuevas autoridades tras imponerles una serie de condiciones. Abbas había logrado un año antes la victoria en las presidenciales, a las que no se postuló el movimiento islamista.
El anuncio del presidente, de 90 años y cada vez más autoritario y desprestigiado entre los suyos, parece derivar de la presión estadounidense (secundada por la UE y diversos países árabes) para reformar y democratizar el liderazgo palestino reconocido por la comunidad internacional. Según el último Barómetro Árabe de análisis de opinión, de octubre de 2025, un 77% de los habitantes de Cisjordania (allí donde Abbas preside el autogobierno limitado de la ANP) no confía en su gestión. Solo lo hace un 19%.
La democratización del entramado ha sido uno de los canales en los que ha insistido Washington estos dos últimos años para convencer al Gobierno de Benjamín Netanyahu de que le reservase algún rol en la Gaza de posguerra. No ha servido de mucho: Netanyahu ―que suele equiparar al partido de Abbas, Al Fatah, con Hamás― lo rechaza de plano, pese a que le correspondería legalmente y así lo hizo hasta que Hamás tomó por la fuerza el control completo de la Franja, en 2007.
En un ejercicio principalmente retórico, el alto el fuego muñido por Trump se limita al final a mencionar la posibilidad de que “se den las condiciones para un camino creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino”, a medida que “avanza la reconstrucción de Gaza” y la ANP “lleva a cabo fielmente el programa de reformas”.

Polémica por el logotipo
Este mismo lunes, el primer ministro israelí logró que el comité de tecnócratas palestinos que gestionará la provisión de servicios a la población de Gaza cambiase su logo. El anterior era casi idéntico al de la ANP y Netanyahu emitió un comunicado para subrayar que “no lo aceptará” y que la ANP “no será un socio en la administración de Gaza”. Israel (que ha contado con derecho de veto en la lista del comité) ha aceptado nombres vinculados a la ANP, pero con un pasado a priori problemático o difícilmente aceptable para Hamás. El movimiento islamista se dispone, sin embargo, a entregarles el mando para no ser señalado como responsable de hacer descarrilar la segunda fase del alto el fuego en Gaza, que recoge un tema mucho más delicado: su desarme.
En este contexto, Abbás tomó el mes pasado otra decisión en la línea de los deseos de EE UU e Israel. Introdujo por decreto una importante enmienda a un artículo de la ley electoral local, para los comicios de abril. Ahora, todos los candidatos deben comprometerse por escrito a seguir el programa político y nacional de la OLP, lo que en la práctica excluye a los candidatos de Hamás y otros grupos, como la Yihad Islámica, que no pertenecen a ella, reivindican la lucha armada y rechazan los acuerdos que firmó con Israel.
Aunque ha abierto la puerta a la creación de un Estado palestino en las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días de 1967 (Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) y varios dirigentes lo han defendido explícitamente, Hamás rechaza la solución de dos Estados y sigue reivindicando formalmente “toda Palestina”. En el Parlamento israelí, todos los partidos políticos (salvo los liderados por árabes), tanto en la coalición de Netanyahu como en la oposición, han rechazado en una votación el establecimiento de un Estado palestino, independientemente de sus fronteras.
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