El mercado laboral ha cambiado mucho en España en las últimas décadas. La población, en líneas generales, ha abandonado el entorno rural haciendo que actividades como la agricultura y la ganadería se resientan. Cada vez menos personas se dedican a estos sectores, lo que influye también en la continua despoblación de los pequeños municipios.Esta tendencia que avanza casi hacia la desaparición provoca también que la edad media de la mano de obra aumente, ya que no hay savia nueva que llegue por detrás dando un relevo generacional. A pesar de que esto sea una sensación general compartida por todos, lo cierto es que no se percibe la gravedad del problema hasta que no nos introducimos en este universo.Esto fue lo que le sucedió a Albert, un joven agricultor de Lleida que se inició hace unos cuatro años en este sector laboral. Su intención, además de ganarse la vida a través del campo como habían hecho sus antepasados, era utilizar las redes sociales para visibilizar este mercado y también acercarlo a un tipo de público al que, en la mayoría de ocasiones, le queda muy lejano.Joven, agricultor y creador de contenidoSin embargo, sus inicios fueron muy duros, y no solo por la propia ingratitud de este tipo de labores, sino porque se sintió solo en un mundo en el que no compartía intereses ni inquietudes con nadie por la evidente brecha generacional. De hecho, en sus vídeos confesaba sentirse «muy desmotivado». Por ello, utilizaba también las redes sociales como terapia.«Estaba muy lejos de mis amigos, muy lejos de mi gente. No había gente de mi edad trabajando aquí donde estoy». Gracias a que se le ocurrió abrir esta ventana, pudo sentir el aire fresco que le proporcionaban las interacciones con gente más de su generación. Fue así como decidió abrirse la cuenta @agro_albert en TikTok, donde hoy cuenta con miles de seguidores que siguen sus aventuras.Además, tiene la ventaja de que no lo hace solo, ya que junto a su compañera Andrea muestran una realidad totalmente diferente a la convencional y tradicional. Ellos forman parte del ‘nuevo campo catalán’. Además, su labor es instructiva a través del humor. Explican cómo funcionan desde técnicas de cultivo hasta el establecimiento de los precios de los productos que después llegan al mercado.No solo divierten, sino que también son una herramienta útil para aquellos que han crecido lejos de la labranza o incluso para quienes después se convierten en consumidores e intermediarios de los productos. «Ahora, con las redes, veo que es posible, veo que os gusta, veo que valoráis cada día más un buen plato de comida, una buena fruta».Su objetivo no es otro que conseguir que se le dé valor a algo que damos por supuesto como es abrir el frigorífico y tener un tomate o una manzana. Porque muchas gente olvida de dónde salen estos productos y cuánta gente trabaja para que lleguen hasta el supermercado donde se compran.Además, su caso no dejar de evidenciar el importante contraste que hay en la ganadería y la agricultura en España. Según datos recogidos por la ‘Cadena COPE’, la edad media de los agricultores se sitúa en los 62 años, y el 41% de los titulares de explotaciones agrarias supera los 65 años. En estos momentos, menos del 9% de los profesionales del campo tiene menos de 41 años. Y lo más grave es que casi nadie viene por detrás ofreciendo un relevo de garantías. Por ello, el riesgo de una futura crisis de alimentos en Europa es real.Casos como el de Albert, que dejó la ciudad para irse al campo, son un ‘rara avis’. Porque, además, no es un universo barato. Un proyecto agrícola estándar requiere una inversión inicial mínima de unos 50.000 euros. Y si pretendemos que esta tenga una cierta entidad, el gasto podría quintuplicarse. Comprar o alquiler un terreno, adquirir la maquinaria y acceder a productos como semillas o fertilizantes para poder tener una producción que permita tener ingresos tienen un coste muy elevado.Y, en muchos casos, las ayudas públicas o son insuficientes o requieren de una burocracia insalvable para las personas que se dedican o quieren dedicarse al campo, relacionadas habitualmente con una formación académica más limitada. El Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas, a través de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, gestionan subvenciones para agricultores de 18 a 40 años. Se trata de ayudas a fondo perdido que suelen ir de los 20.000 euros hasta los 80.000. No obstante, exigen a cambio la presentación de un Plan de Empresa viable y el compromiso de mantener la actividad durante un mínimo de 3 a 5 años. El mercado laboral ha cambiado mucho en España en las últimas décadas. La población, en líneas generales, ha abandonado el entorno rural haciendo que actividades como la agricultura y la ganadería se resientan. Cada vez menos personas se dedican a estos sectores, lo que influye también en la continua despoblación de los pequeños municipios.Esta tendencia que avanza casi hacia la desaparición provoca también que la edad media de la mano de obra aumente, ya que no hay savia nueva que llegue por detrás dando un relevo generacional. A pesar de que esto sea una sensación general compartida por todos, lo cierto es que no se percibe la gravedad del problema hasta que no nos introducimos en este universo.Esto fue lo que le sucedió a Albert, un joven agricultor de Lleida que se inició hace unos cuatro años en este sector laboral. Su intención, además de ganarse la vida a través del campo como habían hecho sus antepasados, era utilizar las redes sociales para visibilizar este mercado y también acercarlo a un tipo de público al que, en la mayoría de ocasiones, le queda muy lejano.Joven, agricultor y creador de contenidoSin embargo, sus inicios fueron muy duros, y no solo por la propia ingratitud de este tipo de labores, sino porque se sintió solo en un mundo en el que no compartía intereses ni inquietudes con nadie por la evidente brecha generacional. De hecho, en sus vídeos confesaba sentirse «muy desmotivado». Por ello, utilizaba también las redes sociales como terapia.«Estaba muy lejos de mis amigos, muy lejos de mi gente. No había gente de mi edad trabajando aquí donde estoy». Gracias a que se le ocurrió abrir esta ventana, pudo sentir el aire fresco que le proporcionaban las interacciones con gente más de su generación. Fue así como decidió abrirse la cuenta @agro_albert en TikTok, donde hoy cuenta con miles de seguidores que siguen sus aventuras.Además, tiene la ventaja de que no lo hace solo, ya que junto a su compañera Andrea muestran una realidad totalmente diferente a la convencional y tradicional. Ellos forman parte del ‘nuevo campo catalán’. Además, su labor es instructiva a través del humor. Explican cómo funcionan desde técnicas de cultivo hasta el establecimiento de los precios de los productos que después llegan al mercado.No solo divierten, sino que también son una herramienta útil para aquellos que han crecido lejos de la labranza o incluso para quienes después se convierten en consumidores e intermediarios de los productos. «Ahora, con las redes, veo que es posible, veo que os gusta, veo que valoráis cada día más un buen plato de comida, una buena fruta».Su objetivo no es otro que conseguir que se le dé valor a algo que damos por supuesto como es abrir el frigorífico y tener un tomate o una manzana. Porque muchas gente olvida de dónde salen estos productos y cuánta gente trabaja para que lleguen hasta el supermercado donde se compran.Además, su caso no dejar de evidenciar el importante contraste que hay en la ganadería y la agricultura en España. Según datos recogidos por la ‘Cadena COPE’, la edad media de los agricultores se sitúa en los 62 años, y el 41% de los titulares de explotaciones agrarias supera los 65 años. En estos momentos, menos del 9% de los profesionales del campo tiene menos de 41 años. Y lo más grave es que casi nadie viene por detrás ofreciendo un relevo de garantías. Por ello, el riesgo de una futura crisis de alimentos en Europa es real.Casos como el de Albert, que dejó la ciudad para irse al campo, son un ‘rara avis’. Porque, además, no es un universo barato. Un proyecto agrícola estándar requiere una inversión inicial mínima de unos 50.000 euros. Y si pretendemos que esta tenga una cierta entidad, el gasto podría quintuplicarse. Comprar o alquiler un terreno, adquirir la maquinaria y acceder a productos como semillas o fertilizantes para poder tener una producción que permita tener ingresos tienen un coste muy elevado.Y, en muchos casos, las ayudas públicas o son insuficientes o requieren de una burocracia insalvable para las personas que se dedican o quieren dedicarse al campo, relacionadas habitualmente con una formación académica más limitada. El Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas, a través de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, gestionan subvenciones para agricultores de 18 a 40 años. Se trata de ayudas a fondo perdido que suelen ir de los 20.000 euros hasta los 80.000. No obstante, exigen a cambio la presentación de un Plan de Empresa viable y el compromiso de mantener la actividad durante un mínimo de 3 a 5 años.
El mercado laboral ha cambiado mucho en España en las últimas décadas. La población, en líneas generales, ha abandonado el entorno rural haciendo que actividades como la agricultura y la ganadería se resientan. Cada vez menos personas se dedican a estos sectores, lo que influye … también en la continua despoblación de los pequeños municipios.
Esta tendencia que avanza casi hacia la desaparición provoca también que la edad media de la mano de obra aumente, ya que no hay savia nueva que llegue por detrás dando un relevo generacional. A pesar de que esto sea una sensación general compartida por todos, lo cierto es que no se percibe la gravedad del problema hasta que no nos introducimos en este universo.
Esto fue lo que le sucedió a Albert, un joven agricultor de Lleida que se inició hace unos cuatro años en este sector laboral. Su intención, además de ganarse la vida a través del campo como habían hecho sus antepasados, era utilizar las redes sociales para visibilizar este mercado y también acercarlo a un tipo de público al que, en la mayoría de ocasiones, le queda muy lejano.
Joven, agricultor y creador de contenido
Sin embargo, sus inicios fueron muy duros, y no solo por la propia ingratitud de este tipo de labores, sino porque se sintió solo en un mundo en el que no compartía intereses ni inquietudes con nadie por la evidente brecha generacional. De hecho, en sus vídeos confesaba sentirse «muy desmotivado». Por ello, utilizaba también las redes sociales como terapia.
«Estaba muy lejos de mis amigos, muy lejos de mi gente. No había gente de mi edad trabajando aquí donde estoy». Gracias a que se le ocurrió abrir esta ventana, pudo sentir el aire fresco que le proporcionaban las interacciones con gente más de su generación. Fue así como decidió abrirse la cuenta @agro_albert en TikTok, donde hoy cuenta con miles de seguidores que siguen sus aventuras.
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Además, tiene la ventaja de que no lo hace solo, ya que junto a su compañera Andrea muestran una realidad totalmente diferente a la convencional y tradicional. Ellos forman parte del ‘nuevo campo catalán’. Además, su labor es instructiva a través del humor. Explican cómo funcionan desde técnicas de cultivo hasta el establecimiento de los precios de los productos que después llegan al mercado.
No solo divierten, sino que también son una herramienta útil para aquellos que han crecido lejos de la labranza o incluso para quienes después se convierten en consumidores e intermediarios de los productos. «Ahora, con las redes, veo que es posible, veo que os gusta, veo que valoráis cada día más un buen plato de comida, una buena fruta».
@agro_albert Igual el problema nunca fue el campo… era cómo lo estábamos haciendo. #lleida #catalunya #españa #agricultura ♬ son original – anae
Su objetivo no es otro que conseguir que se le dé valor a algo que damos por supuesto como es abrir el frigorífico y tener un tomate o una manzana. Porque muchas gente olvida de dónde salen estos productos y cuánta gente trabaja para que lleguen hasta el supermercado donde se compran.
Además, su caso no dejar de evidenciar el importante contraste que hay en la ganadería y la agricultura en España. Según datos recogidos por la ‘Cadena COPE’, la edad media de los agricultores se sitúa en los 62 años, y el 41% de los titulares de explotaciones agrarias supera los 65 años.
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En estos momentos, menos del 9% de los profesionales del campo tiene menos de 41 años. Y lo más grave es que casi nadie viene por detrás ofreciendo un relevo de garantías. Por ello, el riesgo de una futura crisis de alimentos en Europa es real.
Casos como el de Albert, que dejó la ciudad para irse al campo, son un ‘rara avis’. Porque, además, no es un universo barato. Un proyecto agrícola estándar requiere una inversión inicial mínima de unos 50.000 euros. Y si pretendemos que esta tenga una cierta entidad, el gasto podría quintuplicarse. Comprar o alquiler un terreno, adquirir la maquinaria y acceder a productos como semillas o fertilizantes para poder tener una producción que permita tener ingresos tienen un coste muy elevado.
Y, en muchos casos, las ayudas públicas o son insuficientes o requieren de una burocracia insalvable para las personas que se dedican o quieren dedicarse al campo, relacionadas habitualmente con una formación académica más limitada. El Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas, a través de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, gestionan subvenciones para agricultores de 18 a 40 años.
Se trata de ayudas a fondo perdido que suelen ir de los 20.000 euros hasta los 80.000. No obstante, exigen a cambio la presentación de un Plan de Empresa viable y el compromiso de mantener la actividad durante un mínimo de 3 a 5 años.
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