Alcaraz empuña el martillo mental hacia los cuartos de Tokio: Arnaldi, el último castigado

El rostro del bueno de Matteo Arnaldi, extraído de La vida es bella, es un poema. Lógico y normal. Poco más puede hacer el italiano, bordándolo durante todo el primer set y jugando de maravilla hasta que, por fin, toda esa corriente positiva y esa aparente superioridad que le acompañan terminan volviéndose en su contra. Ahí detrás, achuchando de lo lindo, viene Carlos Alcaraz, a quien le van los retos y que rinde como pocos cuando deben hacerlo los elegidos, aquellos que marcan la diferencia en las circunstancias que los demás no soportan. Sí, resiste. Ejercicio de escapismo: con cuatro pelotas de set en su contra, el murciano sufre, reacciona, se levanta y acelera. Golpea. Señor empellón el que se lleva su adversario, sencillamente grogui.

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RYBAKINA TROPIEZA POR TODO LO ALTO

Alcaraz se encontrará en la próxima estación con Shapovalov, superior a Alejandro Tabilo (7-5, 3-6 y 6-4). El canadiense, zurdo y creativo, ocupa el puesto 46 y cayó en los dos cruces previos: Roland Garros 2023 e Indian Wells 2025. El norteamericano, de 27 años, viene de firmar las semifinales de Chengdú.

Al murciano le acompañará en los cuartos Jaume Munar, citado (4.00, Movistar+) con Kyrian Jacquet (86º). Si uno y otro logran progresar, se encontrarían en las semifinales del lunes. El martes se resolverá el torneo, conquistado hace un año por Alcaraz.

Por el otro lado del cuadro, los cruces serán Fils-Vacherot y Lehecka-Vallejo. También intervendrá Novak Djokovic, pero en Pekín; el serbio chocará (hacia las 13.00, Movistar+) con Sascha Zverev, implacable este sábado con Juncheng Shang (6-0 y 6-3).

Mientras, Paula Badosa (59ª) se despidió de China al caer frente a Jelena Ostapenko: 7-6(5) y 7-5, en 1h 48m. Pudo haber cerrado ambos sets, 5-3 a su favor, pero la letona (32ª) consiguió revertir dos veces el marcador. Reaparecerá próximamente en Wuhan, sin defender ningún punto de aquí a final de año.

No obstante, la sorpresa del día la protagonizó la número uno de la WTA, Elena Rybakina. La kazaja, de 27 años, no tuvo fortuna en su primera aparición en lo más alto y tropezó con la 118ª, la rusa Alina Charaeva: 3-6, 6-4 y 6-3. En cualquier caso, la derrota apenas tendrá impacto en su casillero, puesto que hace un año tan solo consiguió progresar una ronda más.

 El español levanta cuatro puntos de set en la primera manga y después arrolla al italiano: 7-6(6) y 6-1, en 1h 46m. Se enfrentará el domingo al canadiense Shapovalov  

El rostro del bueno de Matteo Arnaldi, extraído de La vida es bella, es un poema. Lógico y normal. Poco más puede hacer el italiano, bordándolo durante todo el primer set y jugando de maravilla hasta que, por fin, toda esa corriente positiva y esa aparente superioridad que le acompañan terminan volviéndose en su contra. Ahí detrás, achuchando de lo lindo, viene Carlos Alcaraz, a quien le van los retos y que rinde como pocos cuando deben hacerlo los elegidos, aquellos que marcan la diferencia en las circunstancias que los demás no soportan. Sí, resiste. Ejercicio de escapismo: con cuatro pelotas de set en su contra, el murciano sufre, reacciona, se levanta y acelera. Golpea. Señor empellón el que se lleva su adversario, sencillamente grogui.

Cae a plomo finalmente Arnaldi y el español, triunfador otra vez, desembarca en los cuartos de final del torneo de Tokio: 7-6(6) y 6-1, en 1h 46m. Bien valgan los sudores y el sufrimiento de las dos primeras apariciones en Japón —en el estreno contuvo a Alex Michelsen, en tres mangas— con tal de seguir ganando tiempo y sensaciones. Ante todo, ritmo. Lo necesita Alcaraz, que el primer día ofreció un rendimiento discontinuo que se prolongó durante más de una hora en este sábado de dos caras: la del tenista que todavía se busca —cuestión de tiempo— y la de ese otro imperial —las viejas costumbres—. Entre medias, un rival que acertó en las direcciones, los tiros y la interpretación, hasta que enfrente empezó a formarse una de esas olas imparables.

De sobra es sabido que Alcaraz acostumbra a destapar su versión más despampanante en los instantes más delicados, cada vez que la situación le compromete. Así que pese a la falta de rodaje, hace falta todavía más de lo que hizo Arnaldi, brillante y escaso a la vez. Si no lo rematas, el de El Palmar te arrolla. Te abruma.

“Los jugadores saben que tienen que subir el nivel si quieren ganarme”, recuerda el número tres, en advertencia para Denis Shapovalov, escollo del domingo (no antes de las 6.00, Movistar+). “Simplemente piensas ya en hacer algo diferente en el segundo set, en hacerlo mejor en adelante y ganar el partido en tres sets”, responde cuando le preguntan por el sorprendente vuelco del tie-break, del 2-6 al 8-6. “Pero, obviamente, he intentado estar ahí punto a punto y al final me ha salido bien. Matteo [de 25 años y 37º del mundo] estaba haciendo un gran partido, matándome con la derecha, pero después he vuelto a la pista más relajado. Esa ha sido la clave, el haber sabido volver después de haber cometido varios errores”, prolongaba el ganador, verdadero martirio para los italianos: de los 26 últimos duelos contra jugadores de esa nacionalidad, se ha impuesto en 23. Solo Sinner pudo con él.

El número uno, maltrecho de la rodilla derecha, anunció que no competirá en el Masters 1000 de Shanghái —después de haber renunciado ya a Montreal, Cincinnati, el US Open y a Pekín—, mientras su compatriota sufrió la sacudida y se desmoronó.

Error fatal: se quedó enganchado en la desgracia. Como ya sucediera el jueves contra Michelsen, no fue el mejor partido de Alcaraz, impreciso a ratos y también trabado con los segundos servicios durante el primer parcial (22%). Aun así, un estallido a tiempo le bastó. Así se las gasta él. Sea cual sea la circunstancia, las cosas no parecen haber cambiado demasiado de abril hasta aqui, con la elipsis de cuatro meses y medio en la reserva de por medio. La muñeca sigue carburando y no hay secretos: el tenis, sus momentos y el control. Un poquito del murciano suele ser demasiado para los demás.

Su sangre fría y esa capacidad para rehacerse en los instantes críticos sentenciaron a Arnaldi. El desplome de este se tradujo en la extensión de los sets, dos mundos muy distintos: 1h 14m duró el primero, 32 minutos la continuación. Roto ya mentalmente, el italiano recordó la máxima que persigue y azota sine die el ánimo de todos los contendientes: un segundo de tregua no es más que la antesala de llevarse un buen revolcón. Demasiada presión, demasiado mal de altura. He aquí la gran diferencia.

RYBAKINA TROPIEZA POR TODO LO ALTO

A. C.

Alcaraz se encontrará en la próxima estación con Shapovalov, superior a Alejandro Tabilo (7-5, 3-6 y 6-4). El canadiense, zurdo y creativo, ocupa el puesto 46 y cayó en los dos cruces previos: Roland Garros 2023 e Indian Wells 2025. El norteamericano, de 27 años, viene de firmar las semifinales de Chengdú.

Al murciano le acompañará en los cuartos Jaume Munar, citado (4.00, Movistar+) con Kyrian Jacquet (86º). Si uno y otro logran progresar, se encontrarían en las semifinales del lunes. El martes se resolverá el torneo, conquistado hace un año por Alcaraz.

Por el otro lado del cuadro, los cruces serán Fils-Vacherot y Lehecka-Vallejo. También intervendrá Novak Djokovic, pero en Pekín; el serbio chocará (hacia las 13.00, Movistar+) con Sascha Zverev, implacable este sábado con Juncheng Shang (6-0 y 6-3).

Mientras, Paula Badosa (59ª) se despidió de China al caer frente a Jelena Ostapenko: 7-6(5) y 7-5, en 1h 48m. Pudo haber cerrado ambos sets, 5-3 a su favor, pero la letona (32ª) consiguió revertir dos veces el marcador. Reaparecerá próximamente en Wuhan, sin defender ningún punto de aquí a final de año.

No obstante, la sorpresa del día la protagonizó la número uno de la WTA, Elena Rybakina. La kazaja, de 27 años, no tuvo fortuna en su primera aparición en lo más alto y tropezó con la 118ª, la rusa Alina Charaeva: 3-6, 6-4 y 6-3. En cualquier caso, la derrota apenas tendrá impacto en su casillero, puesto que hace un año tan solo consiguió progresar una ronda más.

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