Shajareh Tayyebeh quiere decir en persa “el buen árbol”. Un nombre bonito para una escuela de primaria como la de Minab, en el sur de Irán, que así fue bautizada. Entre sus muros de colores murieron el 28 de febrero, el primer día de la guerra, 165 niños —la mayoría, niñas, pero había algún varón— y cinco profesores, según cifras oficiales iraníes.
El número creciente de víctimas civiles y los métodos bélicos de los dos países recuerdan a los aplicados en Gaza, aunque a una escala mucho menor
Shajareh Tayyebeh quiere decir en persa “el buen árbol”. Un nombre bonito para una escuela de primaria como la de Minab, en el sur de Irán, que así fue bautizada. Entre sus muros de colores murieron el 28 de febrero, el primer día de la guerra, 165 niños —la mayoría, niñas, pero había algún varón— y cinco profesores, según cifras oficiales iraníes.
Era el primer día lectivo de la semana, que en Irán comienza el sábado. Cuando la primera bomba cayó en la escuela, “uno de los profesores y el director trasladaron a un grupo de estudiantes a la sala de oración para protegerlos”, relató un médico de la Media Luna Roja iraní al medio Middle East Eye. Entonces llegó el segundo proyectil; el techo y la planta superior del edificio se derrumbaron hacia dentro y sepultaron a los niños, de entre 7 y 12 años. Solo 95 sobrevivieron. El resto quedó allí; muchos bajo los escombros con sus mochilas a su lado. La imagen del brazo de una niña muerta que sobresalía del polvo y los cascotes, o la estampa de las filas de cadáveres de las niñas envueltas en sudarios blancos, hacen casi inevitable pensar en Gaza.

Estados Unidos reconoció haber atacado ese día blancos de la Fuerza Naval de la Guardia Revolucionaria iraní, en la región de Minab. La escuela bombardeada se alzaba en un complejo de ese ejército paralelo iraní, aunque estaba delimitada por varios muros y tenía entradas independientes.
Hasta este sábado —cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, culpó a Irán del bombardeo— Washington se había limitado a afirmar que “investigará” lo sucedido y que su ejército “no ataca a civiles”, según aseguró Pete Hegseth, el secretario de Defensa. El viernes, Reuters desveló la existencia de un informe militar preliminar del Pentágono que estudia el bombardeo como responsabilidad de Estados Unidos.
Sin embargo, la escuela de Minab no ha sido la única atacada por Estados Unidos y/o Israel en la guerra que este sábado cumplió una semana. El mismo día de ese bombardeo, otro estudiante perecía en un colegio masculino en Abyek, en la provincia septentrional de Qazvín. Al día siguiente, los hospitales Jatam al Anbiya y Gandhi, así como un edificio de la Media Luna Roja iraní en Teherán, quedaron también dañados por las bombas. En otra de esas similitudes con lo sucedido en Gaza, uno de los departamentos destruidos en el hospital Gandhi fue el de fecundación in vitro, donde muchos iraníes habían depositado su esperanza de ser padres.
Esos objetivos civiles no son los únicos en la mira de una campaña militar en teoría dirigida contra blancos militares e “infraestructura del régimen iraní”, según Israel. Hay una larga lista difundida esta semana incluso por medios locales relativamente críticos con el régimen como el diario Shargh Daily.
En ese elenco figuran colegios de preescolar; otros hospitales de Teherán como el Motahari, el Vali-e Asr, o el hospital de Trauma y Quemaduras y el Centro de Cuidados Neonatales Amneh. También edificios de viviendas y hasta parques donde solo había columpios.
Como hizo a menudo Israel en Gaza, Estados Unidos ha atacado a su vez una planta desalinizadora de agua en la isla iraní de Qeshm, denunció este sábado el ministro de Exteriores del país, Abbas Araghchi. Días antes, el experto iraní Trita Parsi, exiliado en Estados Unidos, había alertado de las “crecientes similitudes entre los bombardeos en su país y en Gaza” y señalado la hipótesis de que un parque infantil de Teherán hubiera sido bombardeado después de que algún tipo de inteligencia artificial “sin supervisión humana” lo identificara como objetivo solo su nombre: “Parque de la Policía”.
El jueves, el presidente de la Media Luna Roja iraní, Pir Hossein Kolivand, calculó que los bombardeos habían afectado ya a 3.643 edificios civiles, de los que 3.090 eran viviendas, 528 comercios, 13 centros médicos y nueve sedes de la Media Luna Roja iraní. Ese día, los muertos en Irán se elevaban ya a 1.300, sin que esté claro cuántos eran civiles. De ellos, 181 eran niños, confirmó UNICEF.

Ni esas muertes ni tampoco los ataques como el de la escuela de Minab pueden “justificarse de ninguna manera” a la luz del derecho internacional humanitario, señala por teléfono Ana Manero, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid. La razón es que esas normas por las que Israel y Estados Unidos están demostrando un “desprecio absoluto”, lamenta Manero, prohíben cualquier ataque, directo o indirecto, que mate o dañe a civiles.
Esa y otras líneas rojas “están siendo ahora violadas de nuevo en Líbano y en Irán”, como antes lo fueron “durante el genocidio en Gaza”, apunta la catedrática.
Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, añade también por teléfono otro “posible crimen de guerra” en esta guerra, sobre todo en Líbano, pero también en Irán. Se trata de las órdenes de desalojo israelíes. “En Gaza, hubo personas que fueron desplazadas una docena de veces. En Líbano se está obligando a abandonar sus pueblos a cientos de miles de personas y también en Irán se está dictando ahora ese tipo de órdenes”.En el caso de ese último país, se difunden en el perfil oficial en persa del ejército israelí, al que la mayoría de ciudadanos no puede acceder porque las autoridades iraníes han cortado el acceso a Internet.
Lo que Israel y Estados Unidos están haciendo es “bombardear de forma desproporcionada y con ataques que apuntan a objetivos militares y civiles”, subraya el director de Amnistía. El jueves, el secretario de Defensa Hegseth se jactó de que su país iba a empezar a usar bombas de hasta una tonelada en Irán. Un arma de esas características acaba con todo a 400 metros a la redonda del lugar de su impacto.

Eldar Mamedov, investigador no residente del centro de estudios estadounidense Quincy Institute, va más allá. Cree que Israel y Estados Unidos están aplicando directamente en Irán “el guion de Gaza”, aunque de forma menos letal, debido a las diferentes características de ambos. Frente al pequeño enclave palestino ocupado, donde más de dos millones de personas se hacinaban sin escapatoria en apenas 365 kilómetros cuadrados, Irán es “un Estado soberano”, no ocupado, con una población de unas 90 millones de personas y un territorio que triplica al de España.
Mamedov señala por teléfono desde Bruselas un aspecto que le parece clave para demostrar su hipótesis: la utilización de una “retórica mesiánica” por parte de los dirigentes israelíes, idéntica a la que utilizaron en los primeros días de su invasión de la Franja.
El pasado domingo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, visitó los restos de un refugio antiaéreo alcanzado por un misil iraní en Beit Shemesh, en el centro de Israel, donde murieron 10 personas. “Recordad lo que os hizo Amalek”, dijo Netanyahu. Aludía al versículo 1 Samuel 15:3 de la Torá, que ordena destruir a los amalecitas, un pueblo que se opuso a los israelitas, y matar a “hombres, mujeres y niños, incluso de pecho”.
El primer ministro israelí pronunció esas mismas palabras cuando comenzó la invasión terrestre de Gaza, tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Esa frase, incluida en el caso por genocidio contra Israel abierto por Sudáfrica en el Tribunal Internacional de Justicia, indica para el investigador del Quincy Institute que Israel tiene intención de llevar a cabo en Irán una guerra “de exterminio”, algo para la que “necesitan a Estados Unidos”. Su presidente, Donald Trump, amenazó este sábado a Irán con la “destrucción total”.
Un dato corrobora las sospechas de quienes creen que también en la guerra de Irán se está usando inteligencia artificial (IA) para identificar blancos y acelerar los bombardeos. La ONG británica Airwars, que monitorea el impacto de las guerras aéreas en los civiles, aseguró este sábado que Israel y Washington han afirmado haber bombardeado unos 4.000 objetivos en los primeros cuatro días de ataques en Irán.
Esa cifra, que casi dobla la de los bombardeos de los primeros cuatro días de ofensiva en Gaza, obedece para la ONG al uso de esa IA militar que tan mortífera fue en el superpoblado territorio palestino. Medios como The Wall Street Journal consideran que en Irán probablemente se ha usado el programa Claude, de la compañía Anthropic, a pesar de que la víspera del inicio de la guerra Trump ordenó romper el contrato del Pentágono con esa empresa.
El gran problema con ese tipo programa -o el Lavender que se utilizó en Gaza, según la revista +972-, es que tienen un elevado margen de error en la identificación de los blancos, explica por teléfono desde Londres Mariarosaria Taddeo, profesora de Ética Digital y Tecnologías de Defensa en el Instituto Oxford de Internet de la universidad británica homónima.
El Lavender demostró “un error de falso positivo del 10% durante la fase de prueba”, recuerda esta especialista. De 37.000 palestinos identificados por ese programa como militantes de Hamás para ser asesinados en las primeras fases de la invasión israelí de la Franja, 3.700 fueron atacados sin tener apenas, o no tener en absoluto, relación con ese grupo armado.
“Cuando se habla del uso de inteligencia artificial en una guerra, estamos introduciendo en esos conflictos tecnologías poco sólidas, opacas y que cometen grandes errores”, destaca Taddeo. A esta experta le preocupa también que, si se utiliza la IA para ataques “criminales como el de la escuela [de Minab]”, sirva para que los responsables “se laven las manos” y ello derive en un “vacío en la rendición de cuentas”.
“Para algunos, el derecho internacional humanitario ya no existe”, recalca Taddeo. Sin embargo, advierte la profesora, “hay que tener mucho cuidado con esa lógica, porque los que dicen que ya no existe son quienes realmente tienen interés en que desaparezca”.
Internacional en EL PAÍS
