Bienvenidos, científicos americanos: Europa, un refugio para los investigadores bajo el asedio de Trump

Cuando el 7 de marzo de 2025, Éric Berton, presidente de la Universidad Aix-Marsella (AMU), lanzó la iniciativa Safe Place for Science (Lugar seguro para la ciencia), lo hizo con una idea clara en mente: crear un refugio científico para los investigadores que buscaban una salida de Estados Unidos ante los recortes y restricciones de la Administración Trump. La agresividad de las medidas impuestas hasta entonces a los compañeros de Berton en los laboratorios y las aulas estadounidenses bastó como advertencia de lo que estaba por venir. Lo inesperado, sin embargo, fue el éxito que tuvo su idea.

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 Las iniciativas para captar el talento científico que ahuyenta el presidente de EE UU se multiplican en España, Francia, Alemania o la propia UE  

Cuando el 7 de marzo de 2025, Éric Berton, presidente de la Universidad Aix-Marsella (AMU), lanzó la iniciativa Safe Place for Science (Lugar seguro para la ciencia), lo hizo con una idea clara en mente: crear un refugio científico para los investigadores que buscaban una salida de Estados Unidos ante los recortes y restricciones de la Administración Trump. La agresividad de las medidas impuestas hasta entonces a los compañeros de Berton en los laboratorios y las aulas estadounidenses bastó como advertencia de lo que estaba por venir. Lo inesperado, sin embargo, fue el éxito que tuvo su idea.

Tan pronto como abrió la plataforma, el mismo día 7, Safe Place for Science registró su primera candidatura. Transcurrido el tiempo límite, sumaba unas 300, mientras otras 600 llegaron fuera de plazo. Estados Unidos, que desde el fin de la II Guerra Mundial ha sido el centro neurálgico para investigadores de todos los campos científicos, ya no tenía el mismo atractivo que hasta hace unos años. Y Europa vio una oportunidad.

En mayo de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció el lanzamiento del programa Choose Europe for Science, con una financiación de unos 500 millones de euros para atraer a candidatos estadounidenses. Además de Francia, otros nueve países europeos, entre ellos España e incluso la propia UE, han desarrollado iniciativas similares.

El programa español Atrae recibió dos veces más solicitudes desde Estados Unidos en 2025 que un año antes. El Ministerio de Ciencia y la Agencia Estatal de Investigación confirmaron que más de 254 investigadores extranjeros se presentaron a la última edición. Uno de cada tres era estadounidense. En Cataluña, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, anunció hace unos meses la creación del Catalunya Talent Bridge, que preveía acoger a 26 investigadores antes de entrar en 2026, aunque este se quedó finalmente sin resultados.

El Gobierno federal alemán creó asimismo los programas Global Minds Initiative Germany y el Meitner-Einstein Programme, mientras que la alemana Sociedad Max Planck presentó el Max Planck Transatlantic Programme. A principios de este año, una portavoz del Ministerio de Interior alemán explicó a EL PAÍS que el número de permisos de residencia concedidos a ciudadanos estadounidenses en el país aumentó en un 32% en el periodo comparativo de enero a septiembre entre 2024 y 2025. Esto incluye los siguientes motivos de residencia: actividad laboral (incluidos los investigadores), formación profesional, estudios, medidas de reconocimiento y búsqueda de empleo (tarjeta de oportunidades)”. En Austria, también hubo una iniciativa similar, el llamado APART-USA, siempre con el mismo fin: sacar provecho de esa fuga de cerebros.

Alka Patel, una de las candidatas seleccionadas para Safe Place for Science, llegó a Francia a principios del año pasado, acompañada de su marido, Didier, originario de este país, y la hija de ambos. En una videollamada con este diario, reconoce que abandonó EE UU antes de que llegara Trump a la Casa Blanca. “El momento decisivo para mí fue en 2024, antes de las elecciones [que ganó Trump], con la represión extremadamente violenta de los estudiantes que se manifestaron en mi propio campus de la Universidad de California [donde era profesora]”, explica.

A Patel la llevaron a EE UU sus padres, de niña, desde la India. Ella planeaba su salida del país desde hacía ya tres años, en el momento en que regresó Trump. “No creo que todo ese fenómeno [la fuga de cerebros] fuera algo instantáneo. Creo que, por desgracia, ha sido un proceso que se ha ido gestando”, aclara. Los recortes de Trump sellaron definitivamente su decisión. “Si me quedaba alguna duda sobre las características educativas, las oportunidades y demás [en EE UU], esa duda quedó resuelta”, asegura.

En los primeros días de su segundo mandato, el Gobierno de Trump llevó a cabo una ofensiva aún más agresiva contra los campos que al republicano le molestan. Por ejemplo, las agencias de monitorización del clima han visto restringido el trabajo sobre el cambio climático y las subvenciones relacionadas con ello. “Ha habido recortes presupuestarios, se ha despedido a investigadores y se han borrado bases de datos”, lamenta el presidente de AMU en una conversación telefónica. No obstante, una parte de ese contenido se recuperó por decisiones judiciales. Según cuenta el presidente de la universidad francesa, incluso algunas solicitudes para inscribirse en el programa le llegaron por mensajería privada y encriptadas, por temor de los candidatos a ser identificados.

El programa Safe Place for Science, con una duración de tres años, está orientado a dos áreas de estudios: por un lado, las Ciencias Sociales y Humanidades (Medioambiente y Clima, Género, Historia, Geografía) y, por otro, las ciencias clásicas (como la Biología o Medicina). “Todas materias prohibidas por el Gobierno de Trump”, apostilla Berton.

La investigación de Patel se ha centrado en el sur de Asia y sus conexiones con Irán y Asia Central, incluidas las redes terrestres y marítimas del océano Índico, temáticas en las que prevé continuar trabajando durante su estancia en AMU. Si bien algunos de sus familiares permanecen en EE UU, ella afirma que no se puede plantear volver a vivir ahí, aunque sí espera irse de viaje al país norteamericano en el futuro.

Tras el lanzamiento del programa Safe Place for Science, el presidente Emmanuel Macron puso en marcha otro proyecto similar y complementario, apenas un mes después: Choose France for Science. Cofinanciado por el Gobierno francés, permite a los investigadores como Patel desarrollar sus proyectos en instituciones de todo el territorio francés.

La Universidad Paris-Saclay, en la capital francesa, es uno de los centros de estudios superiores que se han sumado a la campaña. “Tenemos dos programas. Uno para estudiantes de doctorado y otro para investigadores confirmados”, explica por teléfono a este diario Mehran Mostafavi, vicepresidente de Investigación en Saclay. El apoyo financiero aportado por las fundaciones CentraleSupélec y Gustave Roussy ha permitido ampliar la capacidad de acogida de la facultad a ocho y 10 candidatos, respectivamente.

Tras los tres años del programa, tanto los candidatos acogidos en Marsella como los del programa nacional podrán solicitar la prolongación de su estancia. “Al cabo de dos años, los científicos deberán presentar su proyecto ante el Consejo Europeo de Investigación [ERC, por sus siglas en inglés]”, detalla Mostafavi. El ERC decidirá entonces si renueva su financiación durante cinco años más. De lo contrario, el vicepresidente asegura que se estudiará cada perfil.

Por ahora, para Patel, el siguiente paso está claro: “Me han ofrecido un puesto en el CNRS [el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, en sus siglas en francés]”, admite tímidamente.

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