Los brasileños se han familiarizado a toda prisa con el acrónimo Enamed. Corresponde a las iniciales en portugués de un examen nacional con el que el Ministerio de Educación ha evaluado por primera vez la formación de los futuros médicos. Y sus escandalosos resultados. Resulta que un tercio de las licenciaturas de medicina analizadas no prepara a los alumnos para ejercer la profesión en unas condiciones mínimas aceptables para el ministerio. También suspende un 25% del alumnado. Resultados que causan alarma y aprensión entre la ciudadanía además de un intenso debate sobre dos cuestiones: la facilidad para implantar facultades universitarias y cómo lograr médicos aceptablemente formados para atender a 212 millones de habitantes en un territorio con muchas regiones de difícil acceso y tan grande como Estados Unidos sin Alaska. Ningún otro país tiene un sistema de sanidad pública mayor que el brasileño.
Un tercio de los cursos universitarios suspende la primera evaluación nacional de la enseñanza a los futuros médicos. Las facultades con peores notas son municipales o privadas
Los brasileños se han familiarizado a toda prisa con el acrónimo Enamed. Corresponde a las iniciales en portugués de un examen nacional con el que el Ministerio de Educación ha evaluado por primera vez la formación de los futuros médicos. Y sus escandalosos resultados. Resulta que un tercio de las licenciaturas de medicina analizadas no prepara a los alumnos para ejercer la profesión en unas condiciones mínimas aceptables para el ministerio. También suspende un 25% del alumnado. Resultados que causan alarma y aprensión entre la ciudadanía además de un intenso debate sobre dos cuestiones: la facilidad para implantar facultades universitarias y cómo lograr médicos aceptablemente formados para atender a 212 millones de habitantes en un territorio con muchas regiones de difícil acceso y tan grande como Estados Unidos sin Alaska. Ningún otro país tiene un sistema de sanidad pública mayor que el brasileño.
La primera edición del examen Enamed evaluó 350 cursos de medicina, impartidos por instituciones públicas y privadas, a través de un examen a casi 90.000 alumnos. Suspendieron aquellas universidades con menos del 40% de los estudiantes capaces de demostrar los conocimientos básicos para ejercer como médico. Especial temor y preocupación ha causado el dato de que 13.000 estudiantes del último semestre de Medicina suspendieron el examen oficial. Es decir, si nada cambia, en breve estarán pasando consulta. El Consejo Federal de Medicina busca cómo impedirlo.
Las facultades con las peores notas son, sobre todo, de titularidad municipal (creadas y gestionadas por los ayuntamientos) o dependientes de entidades privadas con ánimo de lucro. Más allá del escarnio público, los alumnos no serán sancionados, pero sus escuelas universitarias sí. Tienen prohibido ampliar su oferta de plazas, podrán mantenerlas o tendrán que reducirlas en función de lo mala que es su nota.
En 1988, acabada la dictadura, Brasil creó el Sistema Único de Salud (el SUS), la mayor sanidad pública del mundo. Un proyecto extremadamente ambicioso que, con todas sus imperfecciones, significa que la atención médica básica alcanza hasta en el rincón más remoto del territorio mediante un humilde puesto sanitario o un profesional que llega por tierra, mar o aire. “Ningún otro país con más de 100 millones de habitantes osó ofrecer acceso universal a la salud”, recuerda en Folha de S.Paulo Drauzio Varella, uno de los médicos más influyentes del país. Descomunal es el desafío de surtir de médicos ese amplio sistema, sobre todo en las plazas menos apetecibles.
La falta de médicos llegó a ser tan acuciante que hubo un tiempo en que había un agitado mercado de fichajes. Los ayuntamientos más alejados competían ferozmente a golpe de chequera.
El corporativismo y la politización contaminan muchas discusiones sobre la sanidad brasileña. Como este es un país tremendamente desigual, el extenso brazo público convive con un potente y puntero sector privado. En la pandemia algunos colegios profesionales avalaron la postura negacionista del presidente Jair Bolsonaro. Pero antes de eso, el programa Mais Médicos, con médicos cubanos, levantó ampollas.
Incluso en los pueblitos brasileños peor comunicados suele haber un puesto de salud con por lo menos un enfermero. Más difícil es llevar médicos de familia y, peor aún, especialistas a esos municipios.
Por eso, en 2013, la entonces presidenta Dilma Rousseff creó el programa Mais Medicos, con el que reclutó a miles de profesionales cubanos dispuestos a instalarse en regiones despreciadas por los profesionales locales, que se concentran en las zonas más ricas. El programa cerró con Bolsonaro, que criticaba que el régimen cubano se quedaba con buena parte del salario de los médicos.
Cuando Luiz Inácio Lula da Silva regresó al poder, en 2023, reformuló y amplío el programa Mais Médicos, con preferencia para profesionales brasileños. En estos tres años ha logrado duplicar la cifra de médicos desplegados hasta más de 27.000.

Los resultados del examen Enamed ha llevado a los colegios de médicos y otras organizaciones profesionales a poner el grito en el cielo ante lo que consideran “un escenario alarmante”. Un médico sin la formación mínima imprescindible “solicita pruebas incorrectas, hace recetas inadecuadas y, a menudo, recomienda procedimientos [médicos] innecesarios”. “Además de malgastar dinero, perjudica al paciente y aumenta el riesgo de demandas [judiciales] contra los hospitales”, declaró a Folha Francisco Balestrin, presidente de Sindhosp, el sindicato de hospitales, clínicas y laboratorios privados de São Paulo.
Ante la polémica abierta, el ministro de Educación, Camilo Santana, defendió que el examen oficial es positivo pese a los malos resultados obtenidos por uno de cada tres cursos. “No se trata de perjudicar a nadie, y menos a los estudiantes, sino de garantizar que las universidades reflexionen sobre la calidad de sus laboratorios y de sus profesionales, para que tengamos buenos profesionales formados en el país”, dijo Santana, del Partido de los Trabajadores. “Para que ustedes se hagan una idea, entre 2016 y 2022, prácticamente se duplicó el número de plazas en cursos privados de medicina en Brasil”, reveló el ministro.
A nadie le ha sorprendido que las universidades públicas federales hayan sacado las mejores notas, son universalmente reconocidas como las de mayor calidad. Pero la evaluación de los cursos de medicina también ha puesto en evidencia que el precio de la matrícula puede ser inversamente proporcional a la calidad ofrecida. Las facultades que sacaron 1 o 2 (en una escala 1-5) cobran a cada alumno entre 1.100 y 2.600 dólares al mes, según el detallado análisis de la revista Veja. Una auténtica fortuna en un país donde el salario mínimo es de 313 dólares mensuales.
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