
Bruce Dern está recostado en el sofá de la suite de su hotel de lujo en la Croisette, en Cannes, con las cortinas filtrando una luz lechosa y un gran ventanal abierto sobre el Mediterráneo, que esta mañana luce un color muy parecido al de sus ojos. Tiene una nube de pelo blanco flotando alrededor de la cabeza y una mirada que, a punto de cumplir 90 años —su cumpleaños es el 4 de junio—, conserva la curiosidad y cierta insolencia juvenil. Es una leyenda viva de Hollywood y piensa morir con las botas puestas: hace tres años sufrió un infarto, pero el año pasado rodó cinco películas y la serie Palm Royale. “No tengo intención de parar”, jura.
El actor estadounidense presenta en Cannes un documental que pasa revista a sus siete décadas delante de la cámara, de Hitchcock a Tarantino, y a una forma de actuar guiada por el instinto 
Bruce Dern está recostado en el sofá de la suite de su hotel de lujo en la Croisette, en Cannes, con las cortinas filtrando una luz lechosa y un gran ventanal abierto sobre el Mediterráneo, que esta mañana luce un color muy parecido al de sus ojos. Tiene una nube de pelo blanco flotando alrededor de la cabeza y una mirada que, a punto de cumplir 90 años —su cumpleaños es el 4 de junio—, conserva la curiosidad y cierta insolencia juvenil. Es una leyenda viva de Hollywood y piensa morir con las botas puestas: hace tres años sufrió un infarto, pero el año pasado rodó cinco películas y la serie Palm Royale. “No tengo intención de parar”, jura.
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