Carlos Latre se sincera: “Tras la cancelación, me di cuenta de que tengo muy pocos amigos en televisión”

Carlos Latre (47 años, Castellón de la Plana) repite que nada en la tele es para tanto, que “es mejor eso que morirse” (con voz de la niña que se hizo viral en la covid), aunque reconoce que deja atrás los dos “peores/mejores” años de su vida. Y todo por la simple decisión de cambiar de trabajo. En 2024, el imitador más famoso de España probó suerte para dejar de ser segundo y convertirse en “entretenedor” con un programa propio: abandonó Antena 3 y se plantó en Telecinco con Babylon Show. Enfrente, tenía su antigua casa de El hormiguero y el naciente fenómeno de La revuelta. Solo duró 12 noches, pero hasta este verano ha seguido atado a Mediaset por contrato. Eso lo llevó a buscar la creatividad en otros lugares: la empresa, la formación… Ahora que ha regresado junto a Pablo Motos, ya libre de exclusividad, vuelve a no parar, así que solo puede atender a EL PAÍS por teléfono entre viajes.

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 El humorista se embarcó hace dos años en la aventura de ‘Babylon Show’ en Telecinco. Solo duró 12 programas. Ahora ha vuelto a ‘El hormiguero’ sin miedo de hablar de sus éxitos y fracasos: “Si algo se me fue en ese periplo fue el ego. Al final uno se tiene a sí mismo”  

Carlos Latre (47 años, Castellón de la Plana) repite que nada en la tele es para tanto, que “es mejor eso que morirse” (con voz de la niña que se hizo viral en la covid), aunque reconoce que deja atrás los dos “peores/mejores” años de su vida. Y todo por la simple decisión de cambiar de trabajo. En 2024, el imitador más famoso de España probó suerte para dejar de ser segundo y convertirse en “entretenedor” con un programa propio: abandonó Antena 3 y se plantó en Telecinco con Babylon Show. Enfrente, tenía su antigua casa de El hormiguero y el naciente fenómeno de La revuelta. Solo duró 12 noches, pero hasta este verano ha seguido atado a Mediaset por contrato. Eso lo llevó a buscar la creatividad en otros lugares: la empresa, la formación… Ahora que ha regresado junto a Pablo Motos, ya libre de exclusividad, vuelve a no parar, así que solo puede atender a EL PAÍS por teléfono entre viajes.

Pregunta. ¿Qué buscaba en Babylon Show?

Respuesta. Un programa libre, puro entretenimiento y abierto al cambio. Yo era nuevo ahí y la gente se tenía que acostumbrar. El formato evolucionó ya en 12 programas. Soy camaleónico, detecto lo que va mal y cambio, pero requiere paciencia. Metieron Gran hermano… La tele solo funciona cuando hay paciencia. En el teatro me ha costado 25 años ser primera espada, y ahora llevo cinco giras. Estoy convencido de que se hubiera asentado. No pudo ser.

P. ¿Qué autocrítica hace?

R. Que era un novato. No sabía de nada. Yo soy el tío más autocrítico y creo que al final somos muy resultadistas. A lo mejor el programa empezó siendo más noventero que dosmilero; tenía que haber sido más transgresor. Quizás era demasiado blanquito y demasiado polite, como soy yo, que no me mojo. La televisión hoy es mucho más agresiva, descarada. El ejemplo está en Broncano y en muchas de las cosas de El hormiguero. Funciona mojarse. Creo que pequé de confianza y de tibieza en la televisión actual.

P. Siendo tan autocrítico, sería duro emocionalmente…

R. Fue un tiovivo y una experiencia increíble. Han sido los dos peores/mejores años de mi vida. Y en esas dos semanas, imagínate. Empezó con la ilusión y la presión de un equipo de 200 personas. Y al final llegó la exposición y la crueldad, que me sorprendió muchísimo. A lo mejor soy ingenuo, pero siempre tengo buena fe y hago las cosas desde el amor, el cariño y el humor. Hay gente muy descarnada, compañeros cercanos para los que de repente te conviertes en su peor enemigo.

P. Porque si no sales en la tele, no existes.

R. Eso, y emocionalmente es muy duro. Crees que el mundo es bueno y me di cuenta de que tengo muy pocos amigos en televisión. Es duro, pero en aquel periplo se me fue el ego. Al final uno se tiene a sí mismo y el cariño de la gente. El público en la calle sigue respondiendo. Yo sabía lo que hacía bien y que, fuera donde fuera, en una red social, en un teatro, podía continuar. Ni cuando va tan bien es tan importante ni cuando va mal tampoco.

Pequé de confianza y tibieza en la televisión actual. A lo mejor fui demasiado blanquito

P. ¿El contexto importaba?

R. Los éxitos y los fracasos son una buena base y, después, millones de circunstancias. Yo pedí paciencia, aguantar hasta febrero y el tiempo nos daría la razón. El hormiguero es un transatlántico, y Broncano hacía un programa muy digno y seguido, pero hay espacio para todos. A mí se me ficha con la intención de cambiar a caras más amables: Ion Aramendi, Sandra Barneda, Carlos Sobera… para cambiar el target. Mediaset estaba en pleno cambio/no cambio, pero Antena 3 pasó por un desierto de dos años para dar con su identidad familiar. Funcionó porque aguantó. ¿De qué iba esto? Pues todavía no lo sabemos.

P. ¿Ve La revuelta?

R. Sí, y me encanta. Es la quintaesencia de una improvisación muy medida. Esa nueva forma de hacer humor que parte del “me río de mí” y luego de todo y con todo. Me parece muy loable y muy bueno. Y me encanta Andreu; Cimas, que me parece el Gila del siglo XXI, o Ilustres ignorantes.

P. ¿Se sintió en tierra de nadie después de Babylon Show?

R. Cuando tienes un fracaso, estás sentenciado. Estuve con Ana Rosa porque nuestra relación es buenísima y ha sido una andadura increíble con grandes personajes. Got Talent estaba firmado el día uno y nunca pude hacer nada más, ni como tertuliano, presentador, humorista… No es culpa de Mediaset, porque estaban enfrascados en sus propias decisiones y en el lío donde están metidos. Dijeron: Latre ya está cubierto. Pero hubiera querido hacer millones de pruebas, porque una mala experiencia se suple con una buena. Tenían Cuatro, Energy y muchas posibilidades. Estás ahí esperando a que te den una oportunidad. Por suerte, eso ya no pasa en redes o en mi teatro, donde hago lo que creo conveniente.

P. Ahora vuelve a no parar, ¿con qué?

R. Lo mío siempre es una locura. Soy multidisciplinado. La gente conoce la tele, pero tengo un montón de líneas de entretenimiento. Hago y produzco 60 eventos de empresa al año. Ayudé a Álvaro Morte y Eduard Fernández en Anatomía de un instante. Estoy aterrizando la formación con dos másters de comunicación de liderazgo e influencia positiva y de entretenimiento. Enseño a ponerte en la piel de los demás, empatizar, mímesis… para la empresa. Soy la persona con más capacidad de observación.

P. ¿Es más empático?

R. Yo siempre llegaba a un sitio y veía cómo iba cada persona. Mi capacidad es más de observación que de imitación. En un estudio descubrí que soy un 30% más observador que la media. Y lo tengo todo. Mi cabeza es un polvorín. Tengo TDAH diagnosticado psiquiátricamente, altamente sensible, altas capacidades… para lo bueno, es increíble; para lo malo, malísimo.

P. ¿Hay poca empatía en televisión?

R. La hay, pero somos muy pocos en un espacio donde muchos quieren entrar. Se suman muchos intereses y se vuelve una selección cruel. De las más crueles en salud mental y emocional. Todos los que estamos en la tele tenemos una pedrá y necesitamos estar muy centrados en nosotros.

P. ¿Cómo se vive un golpe así?

R. He tenido varios altibajos, pero este es el más mediático. Yo era la barquita junto al petrolero. Lo he vivido desde un viaje absolutamente interior, porque es un camino de fondo. Nosotros somos quienes vamos al psicólogo, pero el resto ni se acuerda. Joan Ramón Mainat me decía que solo hacemos tele, no creamos que somos tan importante para la gente que busca evasión. Ahora parece que con todo se acaba el mundo.

P. Ante las críticas por imitar a Sánchez y Zapatero, ha hecho un tuit diciendo que imita a todos… ¿Hoy solo se puede ser de un lado u otro?

R. No soy sospechoso de haber sido polarizado. Nunca me he decantado ni pronunciado en lo político. Un humorista tiene que ser capaz de hacer todo el abanico, crítico con todo. He estado en la RNE del PP, en Polònia en época independentista, en Cadena SER, en Onda Cero, con Herrera… y siempre me he sentido querido. Me parece preocupante que el foco esté en un humorista. En estas dos semanas me han amenazado de muerte, me han dicho barbaridades y etiquetado, y un ministro se dedica a hacer tuits de los personajes que tengo que hacer. Parece que tienen que decirte de qué debes reírte.

P. ¿Por qué?

R. La gente está muy quemada, y tenemos que tener más buena fe. España era un país de cachondeo, de reírnos de todo y con todo. Hoy conmigo y mañana contigo. Ahora, si no estás de acuerdo o hago un mal chiste, ¿hay que meterme en prisión como al rapero? ¿O denunciarlo como a Quequé? El humor depende de quién te escuche y el límite no tiene que existir, solo la libertad de apagar la tele. Esto solo es cachondeo.

P. ¿Qué le parece que todo en televisión parezca un debate político?

R. La gente está harta de la televisión y se nota. Es un pez que se muerde la cola. Tendríamos que tener un sentido de la responsabilidad. España no debe perder el entretenimiento, del meme, tertulia de bar…

P. ¿Falta creatividad en televisión?

R. Hay falta de apuesta y de paciencia. En cambio nunca he visto tanta creatividad en chavales, en las redes… Pero en los grandes, todo parece una copia, porque en teoría funciona.

P. ¿Y hoy podría volver Crónicas marcianas? ¿Qué hacía bien?

R. Solo se podría en redes. Era libre, no trataba al espectador como tonto. Y el nexo era el humor. En la tertulia se mataban, y yo ponía cachondeo. Eso sería impensable en un debate con Cintora, Yélamo, Ferreras… no hay oxigenador. Entonces todo tenía humor, algo canalla, que tampoco es para tanto.

Todos los que estamos en televisión tenemos una pedrá

P. Dijo que su trabajo era su vida, ¿ha conseguido parar?

R. Mi viaje interior ha sido mucho más intenso que el externo. Ha sido calma, descanso, autoconocimiento… Vengo trabajadito. Lo más importante es estar bien dentro. Mi vida siempre ha sido de cara a los demás; somos felices en función de lo que nos pasa o la suerte, pese a que la felicidad empiece en uno. Y nadie es tan cruel como uno mismo. Yo he estado en la mierda, y de ahí el único camino es hacia dentro.

R. ¿Es un nuevo Latre?

R. Un Latre maduro que se conoce y no tiene miedo a desnudarse. Siempre me he camuflado en un personaje, maquillaje o peluca. Y Latre también era un personaje. Todos tenemos una careta, pero lo importante es gustarte cuando te vas a la cama. Hoy solo estoy donde quiero estar y donde soy feliz. El aprendizaje ha sido positivo en mi vida. Siempre buscas explicaciones, pero a lo mejor tenía que ser así.

P. ¿Dudó en volver a El hormiguero?

R. Como decía Lennon: la vida es todo aquello que pasa mientras intentas hacer otras cosas. La última persona del mundo que me imaginaba que me llamaría era Pablo Motos, porque nos conocemos y era muy competitivo. Pero he vuelto y Pablo es diferente. Ha madurado; tiene otra amplitud de miras. Y me dijo: me he cagado en ti, pero personalmente jamás hemos tenido un problema, esta casa es mejor contigo y tú eres mejor con esta casa.

P. ¿Y Tu cara me suena?

R. El pobre Flo, qué turra le están dando con el pesado de Latre… Es el programa de mi vida, donde más feliz he sido. Chicho me decía que tenía el espíritu de esos grandes programas de entretenimiento. Es su única voluntad. Volvería cada día por mis compañeros, el equipo, el ambiente… Me encantaría regresar adonde he sido feliz, a sitios que sean casa, isla, entretenimiento, como Me resbala, pero no voy a poder estar a lo mejor por varias circunstancias, aunque estaría mañana. Ahora empiezo con Jordi González en TV3, vuelve Crackòvia, gira de teatro… Soy un suertudo y no voy a forzar nada. Que las cosas pasen. Estoy supertranquilo, y como decía la niña: no pasa nada…

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