Los partidos catalanes van dando codazos para salir en la foto, refugiados bajo el paraguas de las desgracias ferroviarias de Adamuz y Gelida. Primero, fue Junts cuando culpó del mal estado del ferrocarril a la dependencia de España y como alternativa propuso el concierto económico y el traspaso íntegro de la red ferroviaria. Un golpe a ERC y al Govern. Un manotazo a los republicanos -sus adversarios naturales- culpables del pacto ferroviario con el PSOE y un empellón a los socialistas catalanes siempre al servicio de Pedro Sánchez. Después, fue el empujón de ERC, exigiendo la dimisión del ministro Óscar Puente y de la consellera Sílvia Paneque. Los republicanos buscan un perfil propio que les aleje de unos y otros. Parece que se aparten del Govern de PSC , pero nunca lo hacen: cuestión de supervivencia. Por su parte, el PSC dio un paso al frente, chupando cámara, y tomó el mando de la situación: logró que cesaran dos directores de la empresa y consiguió que el Gobierno se comprometiera a invertir en Cercanías. Algo más: se enfrentó -tiene mérito- con unos sindicatos que confunden huelga con avería. Vale decir que el PSC no se atreve a pedir la dimisión del ministro.Noticia Relacionada el oasis catalán opinion Si Silencio Miquel Porta Perales El «proceso» -a pesar de la pacificación que pregonan Pedro Sánchez y Salvador Illa- continúa vivo -no sabemos en que grado- con su infantería, su artillería y sus colaboracionistasTampoco Junts se atreve a pedir la dimisión de Salvador Illa (el pretendiente al trono de Sánchez). Pero, sí la del ministro Óscar Puente (que ya huele a chamusquina). Junts actúa con cierto tacto, porque tiene un representante en el Consejo de Administración de la Renfe. Un consejero que podría convertirse en un búmeran. Y proclama su indignación a voces. Junts, con Carles Puigdemont al frente, juega la carta del victimismo, como siempre: a los catalanes nos tratan peor que a los madrileños y Cataluña se acerca al colapso. Junts marca distancia con el PSOE, porque siente en la nuca el aliento de Aliança Catalana. Pero, Junts no quiere alejarse demasiado de su proveedor, de ese maná que promete el PSOE. De ese sustento provindencial tan necesario para existir y persistir.Una foto, la de nuestros políticos , en cinemagraph. Un bucle continuo. Los partidos catalanes van dando codazos para salir en la foto, refugiados bajo el paraguas de las desgracias ferroviarias de Adamuz y Gelida. Primero, fue Junts cuando culpó del mal estado del ferrocarril a la dependencia de España y como alternativa propuso el concierto económico y el traspaso íntegro de la red ferroviaria. Un golpe a ERC y al Govern. Un manotazo a los republicanos -sus adversarios naturales- culpables del pacto ferroviario con el PSOE y un empellón a los socialistas catalanes siempre al servicio de Pedro Sánchez. Después, fue el empujón de ERC, exigiendo la dimisión del ministro Óscar Puente y de la consellera Sílvia Paneque. Los republicanos buscan un perfil propio que les aleje de unos y otros. Parece que se aparten del Govern de PSC , pero nunca lo hacen: cuestión de supervivencia. Por su parte, el PSC dio un paso al frente, chupando cámara, y tomó el mando de la situación: logró que cesaran dos directores de la empresa y consiguió que el Gobierno se comprometiera a invertir en Cercanías. Algo más: se enfrentó -tiene mérito- con unos sindicatos que confunden huelga con avería. Vale decir que el PSC no se atreve a pedir la dimisión del ministro.Noticia Relacionada el oasis catalán opinion Si Silencio Miquel Porta Perales El «proceso» -a pesar de la pacificación que pregonan Pedro Sánchez y Salvador Illa- continúa vivo -no sabemos en que grado- con su infantería, su artillería y sus colaboracionistasTampoco Junts se atreve a pedir la dimisión de Salvador Illa (el pretendiente al trono de Sánchez). Pero, sí la del ministro Óscar Puente (que ya huele a chamusquina). Junts actúa con cierto tacto, porque tiene un representante en el Consejo de Administración de la Renfe. Un consejero que podría convertirse en un búmeran. Y proclama su indignación a voces. Junts, con Carles Puigdemont al frente, juega la carta del victimismo, como siempre: a los catalanes nos tratan peor que a los madrileños y Cataluña se acerca al colapso. Junts marca distancia con el PSOE, porque siente en la nuca el aliento de Aliança Catalana. Pero, Junts no quiere alejarse demasiado de su proveedor, de ese maná que promete el PSOE. De ese sustento provindencial tan necesario para existir y persistir.Una foto, la de nuestros políticos , en cinemagraph. Un bucle continuo.
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