Hace tiempo que la izquierda dejó de hablarle a la clase trabajadora. Ahora también ha dado la espalda a una clase media menguante, que ve cómo sus ahorros y su futuro se diluyen entre los impuestos asfixiantes y la persistente inflación. Vivir en España es cada vez más caro, y no por azar, sino por unas políticas que castigan sistemáticamente al que se esfuerza, al que trabaja y al que emprende. Los incentivos del socialismo son perniciosos: conducen a la pobreza o a la delincuencia. Siempre, a la decadencia. Una de las razones del fracaso es que el Partido Socialista suele inventar enemigos antes que buscar soluciones. No gobierna, polariza. Dispara contra los propietarios, señalándolos como enemigos públicos, pero quienes reciben el impacto son las familias jóvenes que intentan formar un hogar. En este sentido, Barcelona es el laboratorio perfecto de este desastre ideológico. Los gobiernos socialistas culpan a los grandes tenedores y a la «especulación», pero la realidad es tozuda: el 99,02 % de los propietarios de viviendas de Barcelona posee una media de solo 1,21 inmuebles.Por eso, como señala el informe de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona, «la concentración especulativa» no es el problema. El problema es otro bien distinto. Es el intervencionismo desmedido y la inseguridad jurídica. El ejemplo más sangrante es la reserva obligatoria del 30 %, impuesta en 2018 por todos los partidos del Ayuntamiento de Barcelona excepto el Partido Popular. Una política que ha paralizado la construcción y la rehabilitación en la ciudad. Ocho años después, el balance es demoledor: solo 31 viviendas entregadas en una ciudad de más de 1,7 millones de habitantes. El fracaso es absoluto. Resulta, por ello, casi grotesco que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, haya acudido hoy al Senado a dar lecciones sobre políticas de vivienda. Él, que prácticamente ni construye ni deja construir. Él, que gobierna la ciudad con el metro cuadrado de vivienda de segunda mano más caro de toda España. Él, que ha convertido la vivienda en el principal problema de unos ciudadanos que, además, sufren los mayores niveles de inseguridad del país. La senadora del PP, Paloma Martín, fue clara y certera al retratarlo: «el enemigo no es el propietario, ni las inversiones inmobiliarias. El enemigo de la prosperidad son sus políticas fallidas», «es usted quien está expulsando a las familias de la ciudad».Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Los barceloneses se marchan mientras regresa el chabolismo. Cada día proliferan más asentamientos irregulares. La ocupación ilegal ha encontrado en Barcelona su paraíso; los jóvenes, su infierno. Alquilar es casi imposible: las restricciones han expulsado miles de viviendas del mercado y quienes aún se atreven a alquilar realizan un casting a decenas de potenciales inquilinos, eligiendo, lógicamente, a quien ofrece mayores garantías económicas, es decir, al más rico.Noticia Relacionada Entrevista estandar Si Juan Milián: «Illa está replicando aquello que sabemos que acaba mal y en amarga decadencia» Daniel Tercero El nuevo senador designado por el Parlament, el único que tiene el PP catalán, advierte de que el líder del PSC y Pedro Sánchez siguen «las mismas lógicas perniciosas del ‘procés’, la misma falta de respeto por la verdad»Así, la política socialista acaba beneficiando únicamente a quienes más tienen o a quienes se saltan la ley. Es una política frontalmente contraria a los jóvenes, a los trabajadores y a la clase media. Una política empobrecedora. Repartidora de miseria. Suelo recordar una frase atribuida a Winston Churchill: «pon un comunista a gestionar el desierto del Sáhara y en cinco años tendrás escasez de arena». Pues eso es exactamente lo que está haciendo Collboni con la vivienda. Y lo más grave es que lo sabe. Sabe que sus políticas empobrecen, pero persiste porque ese es el objetivo socialista: una sociedad sin propietarios, con jóvenes sin expectativas y ciudadanos dependientes. No quiere una ciudadanía exigente, sino una masa dócil. Así es el socialismo. Así ha sido siempre. Te quiere pobre.Juan Milián es senador y coordinador general del PP de Cataluña Hace tiempo que la izquierda dejó de hablarle a la clase trabajadora. Ahora también ha dado la espalda a una clase media menguante, que ve cómo sus ahorros y su futuro se diluyen entre los impuestos asfixiantes y la persistente inflación. Vivir en España es cada vez más caro, y no por azar, sino por unas políticas que castigan sistemáticamente al que se esfuerza, al que trabaja y al que emprende. Los incentivos del socialismo son perniciosos: conducen a la pobreza o a la delincuencia. Siempre, a la decadencia. Una de las razones del fracaso es que el Partido Socialista suele inventar enemigos antes que buscar soluciones. No gobierna, polariza. Dispara contra los propietarios, señalándolos como enemigos públicos, pero quienes reciben el impacto son las familias jóvenes que intentan formar un hogar. En este sentido, Barcelona es el laboratorio perfecto de este desastre ideológico. Los gobiernos socialistas culpan a los grandes tenedores y a la «especulación», pero la realidad es tozuda: el 99,02 % de los propietarios de viviendas de Barcelona posee una media de solo 1,21 inmuebles.Por eso, como señala el informe de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona, «la concentración especulativa» no es el problema. El problema es otro bien distinto. Es el intervencionismo desmedido y la inseguridad jurídica. El ejemplo más sangrante es la reserva obligatoria del 30 %, impuesta en 2018 por todos los partidos del Ayuntamiento de Barcelona excepto el Partido Popular. Una política que ha paralizado la construcción y la rehabilitación en la ciudad. Ocho años después, el balance es demoledor: solo 31 viviendas entregadas en una ciudad de más de 1,7 millones de habitantes. El fracaso es absoluto. Resulta, por ello, casi grotesco que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, haya acudido hoy al Senado a dar lecciones sobre políticas de vivienda. Él, que prácticamente ni construye ni deja construir. Él, que gobierna la ciudad con el metro cuadrado de vivienda de segunda mano más caro de toda España. Él, que ha convertido la vivienda en el principal problema de unos ciudadanos que, además, sufren los mayores niveles de inseguridad del país. La senadora del PP, Paloma Martín, fue clara y certera al retratarlo: «el enemigo no es el propietario, ni las inversiones inmobiliarias. El enemigo de la prosperidad son sus políticas fallidas», «es usted quien está expulsando a las familias de la ciudad».Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Los barceloneses se marchan mientras regresa el chabolismo. Cada día proliferan más asentamientos irregulares. La ocupación ilegal ha encontrado en Barcelona su paraíso; los jóvenes, su infierno. Alquilar es casi imposible: las restricciones han expulsado miles de viviendas del mercado y quienes aún se atreven a alquilar realizan un casting a decenas de potenciales inquilinos, eligiendo, lógicamente, a quien ofrece mayores garantías económicas, es decir, al más rico.Noticia Relacionada Entrevista estandar Si Juan Milián: «Illa está replicando aquello que sabemos que acaba mal y en amarga decadencia» Daniel Tercero El nuevo senador designado por el Parlament, el único que tiene el PP catalán, advierte de que el líder del PSC y Pedro Sánchez siguen «las mismas lógicas perniciosas del ‘procés’, la misma falta de respeto por la verdad»Así, la política socialista acaba beneficiando únicamente a quienes más tienen o a quienes se saltan la ley. Es una política frontalmente contraria a los jóvenes, a los trabajadores y a la clase media. Una política empobrecedora. Repartidora de miseria. Suelo recordar una frase atribuida a Winston Churchill: «pon un comunista a gestionar el desierto del Sáhara y en cinco años tendrás escasez de arena». Pues eso es exactamente lo que está haciendo Collboni con la vivienda. Y lo más grave es que lo sabe. Sabe que sus políticas empobrecen, pero persiste porque ese es el objetivo socialista: una sociedad sin propietarios, con jóvenes sin expectativas y ciudadanos dependientes. No quiere una ciudadanía exigente, sino una masa dócil. Así es el socialismo. Así ha sido siempre. Te quiere pobre.Juan Milián es senador y coordinador general del PP de Cataluña
Hace tiempo que la izquierda dejó de hablarle a la clase trabajadora. Ahora también ha dado la espalda a una clase media menguante, que ve cómo sus ahorros y su futuro se diluyen entre los impuestos asfixiantes y la persistente inflación. Vivir en España es … cada vez más caro, y no por azar, sino por unas políticas que castigan sistemáticamente al que se esfuerza, al que trabaja y al que emprende. Los incentivos del socialismo son perniciosos: conducen a la pobreza o a la delincuencia. Siempre, a la decadencia.
Una de las razones del fracaso es que el Partido Socialista suele inventar enemigos antes que buscar soluciones. No gobierna, polariza. Dispara contra los propietarios, señalándolos como enemigos públicos, pero quienes reciben el impacto son las familias jóvenes que intentan formar un hogar. En este sentido, Barcelona es el laboratorio perfecto de este desastre ideológico. Los gobiernos socialistas culpan a los grandes tenedores y a la «especulación», pero la realidad es tozuda: el 99,02 % de los propietarios de viviendas de Barcelona posee una media de solo 1,21 inmuebles.
Por eso, como señala el informe de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona, «la concentración especulativa» no es el problema. El problema es otro bien distinto. Es el intervencionismo desmedido y la inseguridad jurídica. El ejemplo más sangrante es la reserva obligatoria del 30 %, impuesta en 2018 por todos los partidos del Ayuntamiento de Barcelona excepto el Partido Popular. Una política que ha paralizado la construcción y la rehabilitación en la ciudad. Ocho años después, el balance es demoledor: solo 31 viviendas entregadas en una ciudad de más de 1,7 millones de habitantes. El fracaso es absoluto.
Resulta, por ello, casi grotesco que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, haya acudido hoy al Senado a dar lecciones sobre políticas de vivienda. Él, que prácticamente ni construye ni deja construir. Él, que gobierna la ciudad con el metro cuadrado de vivienda de segunda mano más caro de toda España. Él, que ha convertido la vivienda en el principal problema de unos ciudadanos que, además, sufren los mayores niveles de inseguridad del país. La senadora del PP, Paloma Martín, fue clara y certera al retratarlo: «el enemigo no es el propietario, ni las inversiones inmobiliarias. El enemigo de la prosperidad son sus políticas fallidas», «es usted quien está expulsando a las familias de la ciudad».
Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Los barceloneses se marchan mientras regresa el chabolismo. Cada día proliferan más asentamientos irregulares. La ocupación ilegal ha encontrado en Barcelona su paraíso; los jóvenes, su infierno. Alquilar es casi imposible: las restricciones han expulsado miles de viviendas del mercado y quienes aún se atreven a alquilar realizan un casting a decenas de potenciales inquilinos, eligiendo, lógicamente, a quien ofrece mayores garantías económicas, es decir, al más rico.
Así, la política socialista acaba beneficiando únicamente a quienes más tienen o a quienes se saltan la ley. Es una política frontalmente contraria a los jóvenes, a los trabajadores y a la clase media. Una política empobrecedora. Repartidora de miseria. Suelo recordar una frase atribuida a Winston Churchill: «pon un comunista a gestionar el desierto del Sáhara y en cinco años tendrás escasez de arena». Pues eso es exactamente lo que está haciendo Collboni con la vivienda. Y lo más grave es que lo sabe. Sabe que sus políticas empobrecen, pero persiste porque ese es el objetivo socialista: una sociedad sin propietarios, con jóvenes sin expectativas y ciudadanos dependientes. No quiere una ciudadanía exigente, sino una masa dócil. Así es el socialismo. Así ha sido siempre. Te quiere pobre.
Juan Milián es senador y coordinador general del PP de Cataluña
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