Cristina Pardo: “Los políticos son mis empleados, por eso soy una jueza severa con todos”

Cristina Pardo, periodista.

Cristina Pardo acude todos los días, todo el día, a la tele donde trabaja hace 20 años, aunque su nuevo programa, La mesa, se emita solo la noche de los miércoles. “Jamás en mi vida he venido a mesa puesta” bromeará luego, jugando con el nombre de su espacio y sus muchos trienios detrás y delante de las cámaras. Así que, para optimizar tiempo y aprovechar el servicio de maquillaje y peluquería para salir bien en la foto, propone charlar en la sede de Atresmedia, donde conviven las redacciones y los platós de La Sexta, su cadena hasta hace nada, y Antena 3, su nueva cabecera. Todo queda en casa.

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Cristina Pardo, en la sede de Atresmedia, en San Sebastián de los Reyes (Madrid).

GRAMÁTICA ‘PARDO’

Cristina Pardo (Pamplona, Navarra, 49 años) quiso ser abogada antes de decidirse por el periodismo, por emular a su admirado José María García, al que gustaba de oír aunque no tuviera ni idea de fútbol. La capacidad de atrapar al oyente, o al espectador, que tanto admiraba Pardo de García, ha sido, después, uno de sus propios fuertes. Después de trabajar en radio, dio el salto a la televisión, en La Sexta, donde su particular estilo ante las cámaras como cronista política siguiendo al Partido Popular, le hizo hacerse, casi, una marca en programas como Liarla Pardo y Más vale tarde. Desde esta temporada, presenta La mesa, en Antena 3.

 La periodista, de 49 años, cambia el vértigo de la última hora informativa de ‘Mas vale tarde’ por ‘La mesa’, un programa nocturno. Acaba de recibir el premio del FesTVal de Vitoria por sus 20 años de televisión  

Cristina Pardo acude todos los días, todo el día, a la tele donde trabaja hace 20 años, aunque su nuevo programa, La mesa, se emita solo la noche de los miércoles. “Jamás en mi vida he venido a mesa puesta” bromeará luego, jugando con el nombre de su espacio y sus muchos trienios detrás y delante de las cámaras. Así que, para optimizar tiempo y aprovechar el servicio de maquillaje y peluquería para salir bien en la foto, propone charlar en la sede de Atresmedia, donde conviven las redacciones y los platós de La Sexta, su cadena hasta hace nada, y Antena 3, su nueva cabecera. Todo queda en casa.

A sus 49 años y 20 de oficio, ¿se considera una periodista sénior?

No diría que soy una sénior. Diría que voy siendo veterana, pero me veo más joven de lo que soy. Y, sobre todo, diría que me queda mucha vida laboral por delante. Involuntaria y voluntariamente.

¿Con cuántos años se ve?

Con 39 o 35, por ejemplo. Tengo una forma de pensar fresca, y mantengo cierta ingenuidad ante la vida. Además, cuanto mayor me hago, menos juzgo a la gente, ojalá hubiera sido así de joven.

Soy una persona con suerte. He trabajado, y trabajo, muchísimo, pero también he tenido mis recompensas

¿Está como nunca, que diría Lola Flores?

Pues sí. En el sentido de que físicamente estoy de maravilla y tengo mucha serenidad y equilibrio. Siempre digo que la felicidad es poder ir al supermercado sin mirar qué día del mes es, y yo puedo. Mi vida es un aburrimiento, de tranquila que es, pero me encanta. Mis padres están vivos. Estoy haciendo el programa más bonito que he hecho nunca. Hasta he conocido a Rafael Nadal. No le puedo pedir más a la vida. Soy una persona con suerte. He trabajado, y trabajo, muchísimo, pero también he tenido mis recompensas.

Otros, trabajando igual o más, no las tienen.

Fíjate, eso es así: hay gente que no ha tenido la misma suerte que yo. Pero creo que una persona trabajadora, que cree buen ambiente, que estés dispuesto a ayudar a los demás cuando tú has terminado lo tuyo, una persona que aporte siempre tiene sitio en una empresa. Yo hago todo eso, y lo digo sin falsa modestia. Por eso vengo todos los días. Me gusta involucrarme en el trabajo, en el día a día. Jamás he venido a mesa puesta.

Su primer programa de ‘La mesa’ hizo un 13,1% de audiencia y el último, un 8,9%. ¿Cómo le afecta?

Mira, en eso soy muy templada. El dato claro que importa, y quien te diga que no, miente, porque es un elemento objetivo, pero, afortunadamente, no es el único. Ni me vengo muy arriba cuando el dato es bueno, ni muy abajo cuando no lo es tanto. Cada noche, tenemos una cosa enfrente. La vida es así, y no pasa nada. Esta es una cadena con paciencia, ha apostado por esto, y en eso estamos, en hacerlo lo mejor posible. No he tenido grandes fracasos laborales, he tenido la suerte de recibir lo que he dado.

Ha pasado del vértigo de ‘Más vale tarde’ a un formato más tranquilo ¿Le ha costado bajarse de la moto de la última hora informativa?

Te mentiría si te dijera que no. Antes, por ejemplo, estaba dando la hora continuamente en el programa. Ahora, no puedo: como diga: “son las 12 y media de la noche”, la gente se me va a la cama. Es verdad que yo estaba acelerada, estoy aprendiendo este nuevo ritmo, y lo estoy disfrutando muchísimo. Pero hace mucho que, aunque me interesa, por supuesto, no soy yonqui de la información.

Mira yo me he mostrado crítica con el Gobierno de Pedro Sánchez, y mucha gente me ha situado a la derecha, pero es que me da igual

Ha presentado programas donde se pone a los tertulianos a la izquierda o a la derecha, según su supuesta orientación política. ¿Dónde la pondrían a usted?

Me han puesto en ambos lados. Cuando estaba en La Sexta como reportera y cubría al Partido Popular, igual me ponían en el lado izquierdo de la mesa. Y ahora, como estoy yendo a El hormiguero, igual me pondrían a la derecha. Hay tanta polarización que no me extraña nada.

¿Dónde estaría más cómoda usted misma?

Mira, yo me he mostrado crítica con el Gobierno de Pedro Sánchez, y mucha gente me ha situado a la derecha, pero es que me da igual. Soy poco de etiquetas. He tenido claro toda mi vida que no me gusta la corrupción, y me da igual que sea del PP o del PSOE: las cosas no están bien o mal, depende de quién las haga. No tengo eso de pensar que estos, o los otros, son los míos. Ninguno lo es. Los políticos son mis empleados, los de todos, soy una jueza bastante severa con todos y espero seguir así. Las etiquetas te las van a poner igual, así es la vida y no pasa nada.

¿Cree que los medios hemos contribuido a la polarización haciendo de la política un ‘ring’?

Es probable que hayamos puesto algún grano de arena, pero, sinceramente, pero escucho los mensajes y los políticos tienen muchísima más responsabilidad. La clase política ha decidido dividirnos en buenos y malos, según les apoyemos o no, aunque ellos cambien de ideas. Esta dicotomía me parece tramposa, peligrosa y deprimente. La polarización beneficia mucho más a los políticos que a los medios.

¿Le afectan las críticas?

Ha habido épocas de mi vida y episodios virulentos que me han afectado, pero también me han enseñado. Las críticas de quienes me conocen, las de mis jefes, me ayudan. Pero yo soy mi mayor crítica, y, cuando sé que he hecho algo mal, me martirizo. A estas alturas, ya vengo llorada y lapidada de casa. Mis padres han sido unos jueces muy rigurosos. Me ven todo. Me leen todo. Mi padre era de los que me mandaban un Whatsapp para decirme que cortara una entrevista con un político al que veía sufrir…

¿Es de la que achicharra el móvil en las pausas?

Sí, para mí es importantísimo, entre otras cosas para que compañeros puedan corregirme si estoy diciendo algo mal, o aportarme información. Yo he llegado a ver partidos de Nadal, a hacer Bizum, o la declaración de la Renta entre publis. Ahora no, porque este programa no me lo permite.

Ha sido muy celebrada su entrevista a Óscar Puente, por haberle repreguntado sobre asuntos polémicos. ¿Usted se quedó satisfecha?

Cuando estás haciendo una entrevista, eres la persona menos consciente de lo que está sucediendo. No me redacto preguntas, sino que apunto ítems que quiero tratar, voy escuchando a la persona y, en función de lo que diga, voy reaccionando. Óscar Puente pudo expresarse, y yo repreguntarle, que es para lo que estamos: para poner a la persona frente al espejo. Y tengo que decir que estoy muy agradecida con él, con que quisiera venir a un programa que, a priori, no iba a ser un paseo por las nubes. Es lamentable tener que decir esto, porque los políticos tienden a aparecer muy poco.

Usted cubrió como reportera ‘el plasma’ de Rajoy. Ahí empezó todo.

Sí, entonces estaba en La Sexta y lo denunciábamos y reprochábamos constantemente en los directos. Es lamentable que los representantes públicos, cuando se ven en dificultades, sea por corrupción, por recesiones económicas, por mentiras, por incumplimientos, por lo que sea, se parapeten en comparecencias sin preguntas. Y lo hacen todos.

¿Por qué no nos plantamos todos los periodistas ante eso?

Yo he tenido suerte: igual que, entonces, algunos denunciábamos el plasma, otros hablaban de declaración institucional. Ferreras, que era mi jefe, se fiaba de mi criterio. Pero no todos los puestos de trabajo son iguales y, en contra de lo que pueda pensarse, los periodistas somos muy poco corporativistas. No somos una profesión que actúe en bloque. Y, a veces, estaría bien hacerlo para que los políticos no nos tomaran el pelo.

¿Sigue considerándose una periodista de calle?

Sí, porque he tenido muy claro que hoy estoy aquí y mañana puedo estar donde antes de ayer. Creo que eres mucho más periodista en la calle que en cualquier otro sitio porque puedes contar lo que ves y condicionar la actualidad con tus preguntas. He sido muy feliz en la calle. Pero es verdad que en la última etapa me veía un poco mayor para estar pegando carreras a codazos en la puerta de Génova, 13 a meterle la alcachofa a alguien que no te contestaba, o te gritaba, o se iba sin hablar. Estaba cansada de esa dinámica.

¿Cómo es estar al lado de Tamara Falcó en una tertulia política?

Lo principal que tiene Tamara es que es muy buena persona, y no hace nada a nadie. Le pone muchísimo interés. Ha cambiado mucho desde que empezó. Se intenta informar. Entiendo que se sienta insegura porque yo, cuando hablo de otros temas como la ropa, tampoco estoy en mi terreno. Pero creo que se puede sentar a la mesa a gente distinta, sin complejos. Y el programa que estoy haciendo ahora lo demuestra. Creo en sacar a la gente de su zona de confort y en que la gente pueda opinar sin que se le arranque la piel a tiras, porque, si no, nunca opinaría nadie de nada.

¿Todo tiene un chiste?

Casi todo. El humor es la mejor arma de destrucción masiva. El chiste, el humor, el sarcasmo descolocan muchísimo a la gente y ayudan a desdramatizar y sobrellevar los acontecimientos de la vida.

¿Su flequillo es por coquetería o por hacerse una marca personal como periodista, como hizo Rosa María Calaf en los años setenta con su penacho blanco?

Cualquiera que me conozca sabe que me cortaría el pelo todos los días. Es mi peluquero el que tiene que frenarme. Rosa María es grande, pero, yo, de pequeña, quería ser José María García. Cuando, de niña, lo escuchaba, sin interesarme mucho el fútbol, le prestaba atención, no sabía por qué: eso es un comunicador. Yo estudié Periodismo por él. Luego, conseguí mi primer trabajo, en la COPE, gracias a él, y aquello me cambió la vida. Hablo con él de vez en cuando y todavía me hace muchísima ilusión.

Cristina Pardo (Pamplona, Navarra, 49 años) quiso ser abogada antes de decidirse por el periodismo, por emular a su admirado José María García, al que gustaba de oír aunque no tuviera ni idea de fútbol. La capacidad de atrapar al oyente, o al espectador, que tanto admiraba Pardo de García, ha sido, después, uno de sus propios fuertes. Después de trabajar en radio, dio el salto a la televisión, en La Sexta, donde su particular estilo ante las cámaras como cronista política siguiendo al Partido Popular, le hizo hacerse, casi, una marca en programas como Liarla Pardo y Más vale tarde. Desde esta temporada, presenta La mesa, en Antena 3.

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