David Coria ofrece una visión de gran plasticidad desde su propio lienzo sobre lo babélico

Su baile propone una realidad imaginada sobre un conjunto cambiante de pasos y figuras Leer Su baile propone una realidad imaginada sobre un conjunto cambiante de pasos y figuras Leer  

Espectáculo: Estreno nacional de ‘Babel. Torre viva’, de David Coria / Baile: David Coria, Federico Núñez, Felipe Clivio, Kotoha Setoguchi, Lucía la Bronce, Polina Sofia y Yardén Amir / Cante: David Lagos / Saxofones: Juan M. Jiménez / Bajo eléctrico: Juanfe Pérez / Idea original y dirección artística: David Coria / Dramaturgia: Alberto Conejero / Coreografía: David Coria y los bailarines Federico Núñez, Felipe Clivio, Kotoha Setoguchi, Lucía la Bronce, Polina Sofia y Yardén Amir / Colaboración coreográfica: Rafaela Carrasco, Florencia Oz y Felipe Clivio / Dirección musical: David Lagos y David Coria / Música original (formato grabado): Isidora O’Ryan, Pablo Peña y Juanfe Pérez / Voz en off: Akari Yamada / Música: David Lagos, Juan M. Jiménez, Juanfe Pérez e Isidora O’Ryan / Mirada externa: Luz Arcas / Diseño de vestuario: Juan Berlanga / Diseño de iluminación: Clavija (Inés de la Iglesia y Carlos Carpintero) / Sonido: Chipi Cacheda / Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega. 29 de septiembre de 2026

CALIFICACIÓN: ***

La Torre de Babel, como episodio bíblico, aún hoy día sigue generando controversias, dado que admite múltiples interpretaciones y una realidad que puede ser doble, la objetiva, que está en función de la percepción del ser humano desde hechos verificables, y una subjetiva, que es la manera que cada cual la percibe en base a la experiencia personal, las creencias, el contexto cultural o incluso las emociones.

En esa diatriba nos sitúa David Coria desde ‘Babel. Torre viva’, montaje que el pasado mes de marzo conocimos el «work in progress» (trabajo en progreso), en el Festival de Jerez, y donde se propendía al confusionismo y a la incertidumbre ante el castigo que Dios infringió a los descendientes de Noé cuando construyeron la gigantesca Torre de Babel, con el añadido de un caos escénico que – ¡albricias! – ha quedado ordenado en este estreno nacional.

Vayamos, pues, no a la secuenciación del proceso escénico ya descrito en su día por EL MUNDO, sino a lo sustancial de lo que entonces era un proyecto, una ilusión, un camino, ahora ya consolidado, reordenado y en vías de avanzar con paso firme.

David Coria descubre en esta obra propuestas innovadoras y creativas pensadas para hacer disfrutar al público y para aquellos amantes del baile que, desde la butaca, no esperaban encontrar un espectáculo tan sombrío, pero de máxima plenitud dancística.

Y en ello se inspira el coreógrafo para pintar su propio lienzo sobre lo babélico, lo que en principio pudiera ser ininteligible termina ofreciendo una visión de gran plasticidad, con un sobrio y cambiante conjunto de pasos y figuras, y un uso intensivo de sombras.

La coreografía es, empero, exigente y continua. David Coria ahonda en la expresividad del cuerpo con un impulso motriz que nace de las entrañas, y juega con los cuerpos como si fueran notas evanescentes que se desplazan, se juntan, giran, se dispersan y se activan o se detienen según una lógica difusa.

Ello nos lleva a colegir que el espectáculo muestra la solidez de un trabajo que potencia no sólo la individualidad de David Coria, sino la calidad del grupo, hecho que se evidencia con piezas como la seguiriya con exceso de rever de David Lagos, caña con cierre de soleá para Coria, fandangos de Huelva, sevillanas, romance, bulerías y seguiriya, coreografías que suponen todo un reto para los intérpretes, que dibujan imágenes sugerentes y otras magníficas, pero faltas de poso; sobradas de equilibrios en una exhibición de danza y música, incluso con una sabia interpretación rica en expresividad, pero no con una proyección que inunde el escenario de hondura.

No escribo lo que antecede por la traslación de los movimientos, sino por los equilibrios probados y contrafuerzas extremas. Resalto, en cambio, el cante de David Lagos por su sonoridad para inyectar un torrente de energía y conocimiento que no se agota, del mismo modo que sería injusto no destacar al cuerpo de baile y, sobre todo, a David Coria, que si bien desde la previa al romance incluye fallas que provocan cansancio -canción búlgara y nana en voz japonesa-, el protagonista tiene una fuerza interior, lenguaje estético y una personalidad muy marcada, lo que atiza al conjunto oxígeno creativo ante un público que lo despidió en pie sin parar de aplaudir.

Colijo, por tanto, que ‘Babel. Torre viva’ no se preocupa por saber lo que es la realidad y prefiere creer lo que dice el baile de la realidad imaginada, todo aquello que se puede percibir por los sentidos pero que hace años -no tantos-, cuando el flamenco no era más que flamenco, era impensable.

Asistimos, debido a lo cual, a una cascada de bailes en perpetuo contraste y que merodea frente al área principal -una torre de luces-, a fin de crear un edificio de coherencia compositiva, bloque que nos hace afirmar, en estos tiempos, que si la realidad es de cada individuo, es porque la Bienal de Flamenco exige una necesidad para comprenderla.

 Andalucía // elmundo

Noticias Relacionadas