Dos presiones convergentes están definiendo el futuro de América Latina y el Caribe. Una tiene que ver con la democracia, el sistema político que la región ha elegido y consolidado durante las últimas décadas. La otra, con el desarrollo, entendido como la expansión de las libertades y oportunidades de las personas. La desconfianza institucional, el extremismo polarizante y el déficit de representación se entrelazan con el alto costo de la vida, las persistentes desigualdades y la creciente percepción de inseguridad. No son problemas distintos, sino manifestaciones de un mismo desafío.
La desconfianza institucional, el extremismo polarizante y el déficit de representación se entrelazan con el alto costo de la vida, las persistentes desigualdades y la creciente percepción de inseguridad
Dos presiones convergentes están definiendo el futuro de América Latina y el Caribe. Una tiene que ver con la democracia, el sistema político que la región ha elegido y consolidado durante las últimas décadas. La otra, con el desarrollo, entendido como la expansión de las libertades y oportunidades de las personas. La desconfianza institucional, el extremismo polarizante y el déficit de representación se entrelazan con el alto costo de la vida, las persistentes desigualdades y la creciente percepción de inseguridad. No son problemas distintos, sino manifestaciones de un mismo desafío.
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