Domingo Sánchez, Tana «Tradición y técnica, el viaje de un ebanista»

Noticias Revista digital del Somontano de Barbastro – Rondasomontano.com

Un recorrido desde sus inicios trabajando con herramientas manuales hasta la etapa actual, donde combina técnicas tradicionales con herramientas eléctricas, creando así muebles contemporáneos sin perder la esencia del oficio ni el respeto por el trabajo manual. Las metodologías y estilos que ha adquirido en sus viajes han ampliado su perspectiva y han dado forma a una colección de muebles con esencia internacional, donde conviven influencias de distintas partes del mundo.

Frente a la obsolescencia programada, Tana presenta otra forma de hacer: muebles atemporales, construidos para durar y ganar valor con los años. Un testimonio de resiliencia, amor y dedicación a la madera.

Tana, ¿cuál ha sido el mejor trabajo de restauración que has hecho?

Han sido muchos. Pero recuerdo un trabajo muy especial. En un mercado de antigüedades en Lérida conocí al Sr. Pablo. Viendo mis muebles y fotos de trabajos realizados, me dijo que tenía algo que le gustaría enseñarme. Lo acompañé y, en una nave, había un mueble de nivel: un arca catalana de novia, de nogal, a la que así, a simple vista, le faltaba el 40% de sus piezas. Me encantó su formato y la calidad de la madera, aunque había perdido su esplendor. Me preguntó si yo podría restaurarla. Eso era un reto. Le dije que no le daba ningún presupuesto y la cargamos.

Una vez en mi taller, estuve días mirándola, haciendo una evaluación de daños. Documentándome sobre su antigüedad y origen: siglo XVIII, probablemente Pirineo o Prepirineo catalán, con capillas, columnas y temas florales. Tenía nogal antiguo y busqué más de similares características. Esa es la clave: disponer de una buena materia prima.

tana barbastro
Arca catalana de novia tal como se encontró.

Manos a la obra. Faltaban columnas y no se sabía cómo eran, pero por suerte, debajo de donde iban las habían dibujado con carboncillo.

(Diferencia entre ebanista y carpintero: el carpintero hace puertas, ventanas y estructuras funcionales; el ebanista utiliza maderas nobles y técnicas más elaboradas, artísticas y de lujo. En esencia, un ebanista es un tipo de carpintero con un enfoque más artístico y detallado, diferenciado por la calidad de los materiales y la complejidad de sus creaciones.)

 

Empecé haciendo molduras con gubias. Debajo de las capillas llevaba unos filetes de boj. Continué con las tallas. Solo quedaba la central con motivos florales: la saqué y puse la nueva al lado, y con gubias de media caña Y esquina, fui copiando lo que veía.

El resultado fue buenísimo: eran iguales. Se me ocurrió llevar todas las piezas nuevas al río. Las froté con arena mojada para crear un desgaste homogéneo. Parecían antiguas.

La puerta estaba reventada. Tuve que arreglar las bisagras de forja y adaptar una llave. Por suerte encontré un sobre de mesa que me sirvió de tapa, con una pátina similar.

 (¿Qué es la pátina? Lo que hacen la erosión, el uso diario, lavar los muebles con jabones, las ceras, el paso del tiempo… Todo eso. Y sobre todo en el nogal: es la madera que más pátina saca. Es muy difícil imitarlo; con ácidos y sosa cáustica se puede “hacer”, pero no es lo mismo.)

Faltaba un faldón lateral entero y al otro le faltaba un trozo. Se hicieron con cepillos, y todo se clavó sin cola, utilizando tachas (clavos antiguos de forja).

Para le limpieza y acabado, primero se dio una mano de amoniaco rebajado con agua. Se desinfectó y se frotó con lana metálica basta, y la misma suciedad se restregó por las zonas nuevas para integrarlas. Se tiñeron las partes actuales con extracto de nogal para imitar el color. Después se aplicó una mano de gel quitapinturas.

(Gel quitapinturas: es menos agresivo que el amoniaco. También limpia, decapa y saca pátina, restregando siempre con lana metálica.)

Luego se aplicó una mano de Xylamon matacarcomas.

(Cura, previene carcoma y unifica los colores. Hay que dejar secar varios días.)

Para finalizar, la froté toda con un trozo de esparto del que utilizan los escayolistas. Eso saca un brillo bestial y cierra el poro.

tana barbastro
Arca catalana de novia restaurada.

Luego llegó la hora de la magia. Pensaba que lo original subiría más de color, así que fabriqué dos ceras con esencia de trementina y cera pura: una incolora para lo antiguo y otra teñida con betún de Judea para lo nuevo. Las apliqué a pincel, cepillé con cepillo de plástico y di lustre con un trapo de algodón.

Entonces me di la vuelta, me alejé para tener perspectiva, me encendí un Winston y miré. Fue como si Beyoncé me estuviera besando. Estaba perfecta. 

Llamé a Pablo y no tardó en venir. Sólo con ver sus gestos y expresiones, ya me daba por bien pagado. La cargamos y la bajamos a Lérida. Vinieron unos amigos suyos: habían visto el antes y el después. Era la hora de los piropos. Dijeron que había conseguido falsificarla.

(Falsificación y copia: la copia reproduce o imita, mientras que la falsificación busca engañar y constituye un delito.)

Fuimos con Pablo a tomar vermú y me contó que la había comprado a una persona de etnia gitana y pagó cincuenta mil pesetas. A mí me dio doscientas cincuenta mil. Meses después me dijo que la había vendido a italianos; eran los que más pagaban por esas piezas especiales, y se vendió para su reventa en un millón de pesetas… como el Salvator Mundi de Leonardo.

Quién sabe si finalmente la compró un oligarca ruso. No te creas todo lo que veas.

A parte de como ebanista, ¿has tenido algún otro trabajo?

 Si, claro. Con 17 años trabajé en el ICONA, en deforestación de bosques del Somontano. Donde crecían dos pinos, cortábamos el más pequeño para que creciera mejor el más grande. Éramos 15 de Barbastro, 13 murieron jóvenes. Se puso de moda llevar una careta de cerdo y tirarla encima de la brasa sin parrilla, llamado “pastoreo”. Hacíamos competiciones, lo pasábamos bien. Se veían ardillas. Hace tiempo que no veo.

Estuve de monitor de Cáritas, donde conocí a Víctor. Cuando monté la ebanistería lo contraté, se le veían actitudes.

También fui monitor en la Fundación Rey Ardid. Más o menos era un taller ocupacional.

Y fui contratado por una productora de cine en el castillo de Loarre. Recompensando trozos de muralla. El título de la película era La Cruzada y el artista principal era Arnold Schwarzenegger. Yo estaba con la mejor empresa de España, Decorados Moya, y con unos tuberos ingleses que montaban andamiajes. ¡Qué salvajes! Un par de noches salí con ellos por Huesca y me quedaba corto. Estaban hechos unos hooligans.

¿Qué recomendarías a alguien que quiera iniciarse en la carpintería?

Ya que los aprendices han desaparecido de los talleres, te recomendaría apuntarte a una formación profesional de la madera.

¿Qué se necesitaría para montar un pequeño taller?

Taller de Domingo Sánchez. Foto Chon

Una universal pequeña con disco, cepilladora y escoplo (de segunda mano se pueden encontrar baratas). Monofásica, regruesadora, ingletadora, sierra de mesa (ésta es la más importante del taller, con inclinación de disco; se pueden hacer miles de operaciones, se puede tornear, cortar circunferencias y adaptar trineos y diversas guías).

Éstas serían las más importantes del taller. Luego portátiles. Cógelas siempre azules, son de profesional: sierra de calar, taladro, atornillador a batería, lijadoras orbital y de banda, fresadora, engalletadora.

Con todo esto y un poco de rodaje podrás construir mobiliario de una manera profesional en poco tiempo.

Herramientas de mano las puedes comprar en desembalajes, mercados a buen precio, martillos de diferentes tamaños, serruchos, tenazas, cepillos, formones, gatos de diferentes medidas, metro, calibre, nivel, etc.

Depende de lo que quieras hacer, mi consejo sería primero apuntarte a un curso de ebanistería antigua para comprender las técnicas y ensamblajes primitivos, como la cola de milano, que ahora está muy de moda, caja y espiga, machembrados, medias maderas. También hay cepillos de molduras de diversas formas empleados en ebanistería que, familiarizándose con su manejo, multiplican las posibilidades de construir muebles más refinados.

En la exposición habrá una muestra de las herramientas, ensamblajes y maderas que más he utilizado.

Si hay un ebanista dentro de ti y te gustaría aprender, si te sirvo de ayuda me puedes contactar; con gusto te echaré una mano.

¿Quiénes han sido los mejores clientes que has tenido?

 Por citar a algunos:

San Marsial, fue mi mejor clienta, la Señora Marisa y su hija, a las cuales tengo un gran cariño.

Un día entró un señor en mi tienda y me compró un arca pequeña que le gustó mucho, y me dijo si podía encontrar alguna más. Me dijo que cuántas viejas, no lo creía. Me dijo que era Valentí. Yo había oído hablar, tiene las mejores tiendas en Barcelona de decoración y de mueble de lujo. Durante un tiempo estuve bajándole mobiliario que exigía que pareciera antiguo. Sin duda era para su venta como auténtico.

El dueño del Café del Mar. Le restauré y fabriqué muchos objetos.

Al cónsul de España en Alemania le amueblé parte de su residencia, todo en pino negro reutilizado de antiguas estructuras de tejados. Su hermano, presidente de Dragados y Construcciones y Telefónica le visitó y me mandaron buscar. Tenía una casa solariega cerca de aquí. Le hice mobiliario para su casa de Madrid y en la de aquí restauré todos los enseres que había. Venía con una limusina, con conductor, cocinero vietnamita y dos guardaespaldas. Un señor muy cercano y atento. Mi madre le mandó a su esposa un pañito de ganchillo de los que regalaba a trote y moche. La señora, en agradecimiento, vino con la limusina y guardaespaldas y trajo bombones. María Jesús tenía preparado un flan con leche condensada, aquella mujer se chupaba los dedos. Otro día, en su jardín, acababa de entregarle algo y el señor me invitó. Entonces pensé: es el momento de ganar dinero, y le vendí mi imaginación, le hablé de un fantástico bargueño con incrustaciones de hueso. Por supuesto, él conocía ese tipo de mueble y lo compró sin verlo. Nunca pidió precio de nada.

¿Qué tal en tus viajes por Latinoamérica?

 Toda una aventura. Mi esposa, Dioni, es dominicana y nos fuimos para allá. Me quedé un mes, encontré algunas ebanisterías y tenía mucha curiosidad por ver cómo trabajaban, de qué medios disponían… Era todo bastante precario: las máquinas grandes casi eran artesanales, muchas estaban hechas con un motor de coche o de camión con poleas muy peligrosas. Algo que me llamó la atención: no disponían de gatos ni sargentos para el apriete de madera en toda la isla y era imposible encontrarlos. Encolaban las maderas tensándolas con una cuerda de persiana de nailon. Me quedé alucinado. En una ebanistería me alquilaron un espacio. Había visto unos modelos de mueble brasileño que me habían encantado. Compré andiroba, una madera brasileña que imita a la caoba y fabriqué ese silloncito.

Me vine a España y mandé por barco una universal que pesaba 300 kilos y una caja de madera grande con todo lo que pudiera utilizar. Todo llego bien. Alquilamos un chalet con piscina y un porche. Compré madera y construí un banco de carpintero. Encontré una maderera que tenían caoba autóctona y caoba filli brasileña; me chocó que para salir te revisara un tipo con un subfusil.

Cambiando de tema, una noche conté 22 disparos seguidos, en Navidad era típico vaciar el cargador. Algo normal, como aquí tirar petardos. Me propusieron hacer cosas para una tienda. No quise, estaba en el Caribe y sólo hacía cosas de hobby. ¡Me encantaba esa fusión, todo era tan diferente! Grandes recuerdos. Los niños del barrio venían a bañarse y, como a España no la ponían en el mapa, me llamaban el americano.

 

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 Noticias Revista digital del Somontano de Barbastro – Rondasomontano.com
Expone en el Centro de Congresos de Barbastro, del 21 de marzo al 30 de abril, lo que él considera su evolución como ebanista
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Un recorrido desde sus inicios trabajando con herramientas manuales hasta la etapa actual, donde combina técnicas tradicionales con herramientas eléctricas, creando así muebles contemporáneos sin perder la esencia del oficio ni el respeto por el trabajo manual. Las metodologías y estilos que ha adquirido en sus viajes han ampliado su perspectiva y han dado forma a una colección de muebles con esencia internacional, donde conviven influencias de distintas partes del mundo.

Frente a la obsolescencia programada, Tana presenta otra forma de hacer: muebles atemporales, construidos para durar y ganar valor con los años. Un testimonio de resiliencia, amor y dedicación a la madera.

Tana, ¿cuál ha sido el mejor trabajo de restauración que has hecho?

Han sido muchos. Pero recuerdo un trabajo muy especial. En un mercado de antigüedades en Lérida conocí al Sr. Pablo. Viendo mis muebles y fotos de trabajos realizados, me dijo que tenía algo que le gustaría enseñarme. Lo acompañé y, en una nave, había un mueble de nivel: un arca catalana de novia, de nogal, a la que así, a simple vista, le faltaba el 40% de sus piezas. Me encantó su formato y la calidad de la madera, aunque había perdido su esplendor. Me preguntó si yo podría restaurarla. Eso era un reto. Le dije que no le daba ningún presupuesto y la cargamos.

Una vez en mi taller, estuve días mirándola, haciendo una evaluación de daños. Documentándome sobre su antigüedad y origen: siglo XVIII, probablemente Pirineo o Prepirineo catalán, con capillas, columnas y temas florales. Tenía nogal antiguo y busqué más de similares características. Esa es la clave: disponer de una buena materia prima.

tana barbastro
Arca catalana de novia tal como se encontró.

Manos a la obra. Faltaban columnas y no se sabía cómo eran, pero por suerte, debajo de donde iban las habían dibujado con carboncillo.

(Diferencia entre ebanista y carpintero: el carpintero hace puertas, ventanas y estructuras funcionales; el ebanista utiliza maderas nobles y técnicas más elaboradas, artísticas y de lujo. En esencia, un ebanista es un tipo de carpintero con un enfoque más artístico y detallado, diferenciado por la calidad de los materiales y la complejidad de sus creaciones.)

 

Empecé haciendo molduras con gubias. Debajo de las capillas llevaba unos filetes de boj. Continué con las tallas. Solo quedaba la central con motivos florales: la saqué y puse la nueva al lado, y con gubias de media caña Y esquina, fui copiando lo que veía.

El resultado fue buenísimo: eran iguales. Se me ocurrió llevar todas las piezas nuevas al río. Las froté con arena mojada para crear un desgaste homogéneo. Parecían antiguas.

La puerta estaba reventada. Tuve que arreglar las bisagras de forja y adaptar una llave. Por suerte encontré un sobre de mesa que me sirvió de tapa, con una pátina similar.

 (¿Qué es la pátina? Lo que hacen la erosión, el uso diario, lavar los muebles con jabones, las ceras, el paso del tiempo… Todo eso. Y sobre todo en el nogal: es la madera que más pátina saca. Es muy difícil imitarlo; con ácidos y sosa cáustica se puede “hacer”, pero no es lo mismo.)

Faltaba un faldón lateral entero y al otro le faltaba un trozo. Se hicieron con cepillos, y todo se clavó sin cola, utilizando tachas (clavos antiguos de forja).

Para le limpieza y acabado, primero se dio una mano de amoniaco rebajado con agua. Se desinfectó y se frotó con lana metálica basta, y la misma suciedad se restregó por las zonas nuevas para integrarlas. Se tiñeron las partes actuales con extracto de nogal para imitar el color. Después se aplicó una mano de gel quitapinturas.

(Gel quitapinturas: es menos agresivo que el amoniaco. También limpia, decapa y saca pátina, restregando siempre con lana metálica.)

Luego se aplicó una mano de Xylamon matacarcomas.

(Cura, previene carcoma y unifica los colores. Hay que dejar secar varios días.)

Para finalizar, la froté toda con un trozo de esparto del que utilizan los escayolistas. Eso saca un brillo bestial y cierra el poro.

tana barbastro
Arca catalana de novia restaurada.

Luego llegó la hora de la magia. Pensaba que lo original subiría más de color, así que fabriqué dos ceras con esencia de trementina y cera pura: una incolora para lo antiguo y otra teñida con betún de Judea para lo nuevo. Las apliqué a pincel, cepillé con cepillo de plástico y di lustre con un trapo de algodón.

Entonces me di la vuelta, me alejé para tener perspectiva, me encendí un Winston y miré. Fue como si Beyoncé me estuviera besando. Estaba perfecta. 

Llamé a Pablo y no tardó en venir. Sólo con ver sus gestos y expresiones, ya me daba por bien pagado. La cargamos y la bajamos a Lérida. Vinieron unos amigos suyos: habían visto el antes y el después. Era la hora de los piropos. Dijeron que había conseguido falsificarla.

(Falsificación y copia: la copia reproduce o imita, mientras que la falsificación busca engañar y constituye un delito.)

Fuimos con Pablo a tomar vermú y me contó que la había comprado a una persona de etnia gitana y pagó cincuenta mil pesetas. A mí me dio doscientas cincuenta mil. Meses después me dijo que la había vendido a italianos; eran los que más pagaban por esas piezas especiales, y se vendió para su reventa en un millón de pesetas… como el Salvator Mundi de Leonardo.

Quién sabe si finalmente la compró un oligarca ruso. No te creas todo lo que veas.

A parte de como ebanista, ¿has tenido algún otro trabajo?

 Si, claro. Con 17 años trabajé en el ICONA, en deforestación de bosques del Somontano. Donde crecían dos pinos, cortábamos el más pequeño para que creciera mejor el más grande. Éramos 15 de Barbastro, 13 murieron jóvenes. Se puso de moda llevar una careta de cerdo y tirarla encima de la brasa sin parrilla, llamado “pastoreo”. Hacíamos competiciones, lo pasábamos bien. Se veían ardillas. Hace tiempo que no veo.

Estuve de monitor de Cáritas, donde conocí a Víctor. Cuando monté la ebanistería lo contraté, se le veían actitudes.

También fui monitor en la Fundación Rey Ardid. Más o menos era un taller ocupacional.

Y fui contratado por una productora de cine en el castillo de Loarre. Recompensando trozos de muralla. El título de la película era La Cruzada y el artista principal era Arnold Schwarzenegger. Yo estaba con la mejor empresa de España, Decorados Moya, y con unos tuberos ingleses que montaban andamiajes. ¡Qué salvajes! Un par de noches salí con ellos por Huesca y me quedaba corto. Estaban hechos unos hooligans.

¿Qué recomendarías a alguien que quiera iniciarse en la carpintería?

Ya que los aprendices han desaparecido de los talleres, te recomendaría apuntarte a una formación profesional de la madera.

¿Qué se necesitaría para montar un pequeño taller?

Taller de Domingo Sánchez. Foto Chon

Una universal pequeña con disco, cepilladora y escoplo (de segunda mano se pueden encontrar baratas). Monofásica, regruesadora, ingletadora, sierra de mesa (ésta es la más importante del taller, con inclinación de disco; se pueden hacer miles de operaciones, se puede tornear, cortar circunferencias y adaptar trineos y diversas guías).

Éstas serían las más importantes del taller. Luego portátiles. Cógelas siempre azules, son de profesional: sierra de calar, taladro, atornillador a batería, lijadoras orbital y de banda, fresadora, engalletadora.

Con todo esto y un poco de rodaje podrás construir mobiliario de una manera profesional en poco tiempo.

Herramientas de mano las puedes comprar en desembalajes, mercados a buen precio, martillos de diferentes tamaños, serruchos, tenazas, cepillos, formones, gatos de diferentes medidas, metro, calibre, nivel, etc.

Depende de lo que quieras hacer, mi consejo sería primero apuntarte a un curso de ebanistería antigua para comprender las técnicas y ensamblajes primitivos, como la cola de milano, que ahora está muy de moda, caja y espiga, machembrados, medias maderas. También hay cepillos de molduras de diversas formas empleados en ebanistería que, familiarizándose con su manejo, multiplican las posibilidades de construir muebles más refinados.

En la exposición habrá una muestra de las herramientas, ensamblajes y maderas que más he utilizado.

Si hay un ebanista dentro de ti y te gustaría aprender, si te sirvo de ayuda me puedes contactar; con gusto te echaré una mano.

¿Quiénes han sido los mejores clientes que has tenido?

 Por citar a algunos:

San Marsial, fue mi mejor clienta, la Señora Marisa y su hija, a las cuales tengo un gran cariño.

Un día entró un señor en mi tienda y me compró un arca pequeña que le gustó mucho, y me dijo si podía encontrar alguna más. Me dijo que cuántas viejas, no lo creía. Me dijo que era Valentí. Yo había oído hablar, tiene las mejores tiendas en Barcelona de decoración y de mueble de lujo. Durante un tiempo estuve bajándole mobiliario que exigía que pareciera antiguo. Sin duda era para su venta como auténtico.

El dueño del Café del Mar. Le restauré y fabriqué muchos objetos.

Al cónsul de España en Alemania le amueblé parte de su residencia, todo en pino negro reutilizado de antiguas estructuras de tejados. Su hermano, presidente de Dragados y Construcciones y Telefónica le visitó y me mandaron buscar. Tenía una casa solariega cerca de aquí. Le hice mobiliario para su casa de Madrid y en la de aquí restauré todos los enseres que había. Venía con una limusina, con conductor, cocinero vietnamita y dos guardaespaldas. Un señor muy cercano y atento. Mi madre le mandó a su esposa un pañito de ganchillo de los que regalaba a trote y moche. La señora, en agradecimiento, vino con la limusina y guardaespaldas y trajo bombones. María Jesús tenía preparado un flan con leche condensada, aquella mujer se chupaba los dedos. Otro día, en su jardín, acababa de entregarle algo y el señor me invitó. Entonces pensé: es el momento de ganar dinero, y le vendí mi imaginación, le hablé de un fantástico bargueño con incrustaciones de hueso. Por supuesto, él conocía ese tipo de mueble y lo compró sin verlo. Nunca pidió precio de nada.

¿Qué tal en tus viajes por Latinoamérica?

 Toda una aventura. Mi esposa, Dioni, es dominicana y nos fuimos para allá. Me quedé un mes, encontré algunas ebanisterías y tenía mucha curiosidad por ver cómo trabajaban, de qué medios disponían… Era todo bastante precario: las máquinas grandes casi eran artesanales, muchas estaban hechas con un motor de coche o de camión con poleas muy peligrosas. Algo que me llamó la atención: no disponían de gatos ni sargentos para el apriete de madera en toda la isla y era imposible encontrarlos. Encolaban las maderas tensándolas con una cuerda de persiana de nailon. Me quedé alucinado. En una ebanistería me alquilaron un espacio. Había visto unos modelos de mueble brasileño que me habían encantado. Compré andiroba, una madera brasileña que imita a la caoba y fabriqué ese silloncito.

Me vine a España y mandé por barco una universal que pesaba 300 kilos y una caja de madera grande con todo lo que pudiera utilizar. Todo llego bien. Alquilamos un chalet con piscina y un porche. Compré madera y construí un banco de carpintero. Encontré una maderera que tenían caoba autóctona y caoba filli brasileña; me chocó que para salir te revisara un tipo con un subfusil.

Cambiando de tema, una noche conté 22 disparos seguidos, en Navidad era típico vaciar el cargador. Algo normal, como aquí tirar petardos. Me propusieron hacer cosas para una tienda. No quise, estaba en el Caribe y sólo hacía cosas de hobby. ¡Me encantaba esa fusión, todo era tan diferente! Grandes recuerdos. Los niños del barrio venían a bañarse y, como a España no la ponían en el mapa, me llamaban el americano.

 

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