Hace cuatro años, Brasil derrotó a Jair Bolsonaro en las urnas. Este domingo le devolvió la familia entera. Preso, condenado a 27 años por intento de golpe de Estado e inhabilitado, Bolsonaro logró elegir a casi toda su familia.
Mayor bancada de la Cámara desde 2022, el Partido Liberal pasa a dominar también el Senado, con 28 de los 81 escaños, más del triple que el partido de Lula
Hace cuatro años, Brasil derrotó a Jair Bolsonaro en las urnas. Este domingo le devolvió la familia entera. Preso, condenado a 27 años por intento de golpe de Estado e inhabilitado, Bolsonaro logró elegir a casi toda su familia.
Flávio, el candidato con mayor pasivo judicial de la disputa, enredado en el escándalo del Banco Master, llega a la segunda vuelta con el 47% contra el 45% de Lula, que hace cuatro años venció a su padre con el discurso de la defensa de la democracia. Flávio es menos histriónico que su padre, e igual de antidemocrático. Aun así, el cansancio de los votantes con Lula, tres veces presidente y en su séptima elección presidencial, pesó más que el miedo al extremismo.
El resto de la familia no necesitará segunda vuelta. La ultraevangélica Michelle Bolsonaro, casada con Jair hace casi veinte años, fue la más votada para el Senado en el Distrito Federal, en la primera elección de su vida. Carlos, el segundo hijo y el más desquiciado, concejal de Río durante más de dos décadas, se mudó a Santa Catarina y ganó allí un escaño de senador. Jair Renan, el cuarto y el más relegado, de 28 años, será diputado federal sin currículum, pero con un apellido que le basta. Hasta Renato, hermano del expresidente, llega a su primer mandato en la Cámara como el sexto más votado de São Paulo. Solo faltó Eduardo, el tercer hijo y el más metepatas, inhabilitado y radicado en Estados Unidos, desde donde conspira contra Brasil haciendo lobby, con éxito, por sanciones de Washington.
Flávio parte con ventaja hacia la segunda vuelta, y con los campeones de votos de su partido, el Partido Liberal (PL), como cabos electorales. La diputada estatal más votada de São Paulo, Eduarda Campopiano, de 23 años, se presenta como “la mayor enemiga de las feministas” y ha asociado a los indígenas con el canibalismo. Los dos diputados federales más votados de la historia, Nikolas Ferreira, de 30 años, y Lucas Pavanato, de 28, superaron los tres millones de votos cada uno, en Minas Gerais y São Paulo, un récord absoluto. Ambos se hicieron conocidos por atacar a personas trans desde la tribuna parlamentaria. La respuesta también salió de las urnas: la diputada trans Erika Hilton fue la mujer más votada de la historia para la Cámara.
En una de las derrotas más melancólicas de la elección para el Congreso, São Paulo rechazó el frente amplio que derrotó a Bolsonaro en 2022. Simone Tebet, exministra de Planificación, de centroderecha, cuya alianza con Lula lo simbolizó, y Marina Silva, exministra de Medio Ambiente, la ambientalista brasileña de mayor peso internacional, que frenó la deforestación de la Amazonia, perdieron el Senado ante dos bolsonaristas radicales. Uno de ellos, Guilherme Derrite, excapitán de la policía de élite paulista, fue investigado por 16 homicidios, apartado del patrullaje por exceso de muertes y, ya como secretario de Seguridad, comandó operaciones que dejaron 84 civiles muertos.
Mayor bancada de la Cámara desde 2022, el PL pasa a dominar también el Senado, con 28 de los 81 escaños, más del triple que el PT de Lula. Con sus aliados suma 43, mayoría suficiente para elegir al presidente de la Cámara alta, quien decide si da curso a un juicio político contra los ministros del Supremo Tribunal Federal que condenaron a Bolsonaro. Destituirlos es una bandera del bolsonarismo y alteraría el equilibrio entre los tres poderes. El extremismo derrotado en 2022 vuelve más fuerte en 2026.
Lula tiene tres semanas de prórroga y un mal pronóstico: desde la redemocratización, ningún candidato que llegó segundo en la primera vuelta fue elegido presidente. Los demás candidatos sumaron cerca del 8% y son todos de derecha. Le queda mirar hacia la abstención, que fue récord: 21%, 33 millones de ausentes. Quienes ni siquiera salieron de casa para votar tendrán que elegir entre dos candidatos odiados por el bando contrario, en un país que ya se decidió de derecha.
Internacional en EL PAÍS
