El Bayern, en vilo por la recuperación de su factótum Harry Kane

Joshua Kimmich salió del vestuario de Friburgo este sábado, después del partido de la Bundesliga, y ofreció una conferencia improvisada. Dos cuestiones destacaron en el discurso del capitán del Bayern. Primero, dijo que se sentía responsabilizado porque nunca había podido ganarle al Real Madrid y ya sumaba cinco partidos en tres eliminatorias de Champions desde 2017. Segundo, advirtió que esperaba que Harry Kane, que sufre problemas físicos desde hace días, sea titular en el Bernabéu, este martes en la ida de los cuartos de final: “¡Jugará incluso en silla de ruedas!”.

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 El goleador inglés del equipo bávaro, rival del Madrid este martes, es una pieza estructural en la organización del juego  

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El goleador inglés del equipo bávaro, rival del Madrid este martes, es una pieza estructural en la organización del juego

Harry Kane durante el entrenamiento del Bayern, este lunes en Múnich. DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)
Diego Torres

Joshua Kimmich salió del vestuario de Friburgo este sábado, después del partido de la Bundesliga, y ofreció una conferencia improvisada. Dos cuestiones destacaron en el discurso del capitán del Bayern. Primero, dijo que se sentía responsabilizado porque nunca había podido ganarle al Real Madrid y ya sumaba cinco partidos en tres eliminatorias de Champions desde 2017. Segundo, advirtió que esperaba que Harry Kane, que sufre problemas físicos desde hace días, sea titular en el Bernabéu, este martes en la ida de los cuartos de final: “¡Jugará incluso en silla de ruedas!”.

Las dos ideas son el anverso y el reverso de una realidad apremiante. Kimmich sabe mejor que nadie que sin Kane las probabilidades de ganar se reducen en progresión geométrica. Jugador desenvuelto cuando tiene la portería contraria de cara, este carrilero implantado en el mediocentro carece de la visión periférica necesaria para recibir la pelota de sus defensas y girarse sin arriesgar una pérdida. Hay futbolistas que perciben la presencia exacta de los contrarios en todo su radio de acción y Kimmich no forma parte de esa especie. Kane sí. Lo dijo su técnico, Vincent Kompany: “Harry sabe cómo y dónde moverse”.

Saber cuándo acercarse y cuándo alejarse de la pelota es un arte aparentemente sencillo que solo está al alcance de los mejores. La última vez que el Bayern se impuso en el Bernabéu, en las semifinales de 2012, de orientar las jugadas se ocupaban tres expertos: Lahm, Schweinsteiger y Kroos. La pérdida de centrocampistas lúcidos, un problema endémico del fútbol alemán de la última década, penalizó especialmente al Bayern. Para remediarlo estiran la goma de Kane. A sus 32 años, el inglés tiene una doble misión. Definir las jugadas (suma 48 goles y cinco asistencias en 40 partidos en todas las competiciones este curso) y bajar a ofrecerse a los centrales cuando tienen el balón y no se atreven a dárselo a Kimmich y Pavlovic, cosa que suele ocurrir cuando los presionan. El día que Kane no puede recorrer el campo de punta a punta en tiempo y forma para administrar el juego, el Bayern se mete en problemas. Ahí está el punto débil, como demostró el Arsenal en la fase de liguilla (3-1).

Davies y Musiala todavía no se han recuperado plenamente de sus lesiones —probablemente se sentarán en el banquillo— y el percance que sufrió Kane la semana pasada durante la concentración con Inglaterra cargó de incertidumbre al Bayern. La temporada alcanza su punto crítico y los clubes escamotean información. El rumor apunta a un problema en un tobillo. Cuando ayer inquirieron a Max Eberl, el director deportivo del Bayern, sobre qué tobillo era el afectado, el hombre se evadió como si temiera revelar un secreto de Estado. “Es una pregunta maliciosa”, dijo. “Se ha entrenado bien y ahora la decisión de ponerle será de Vinnie [Vincent Kompany]”.

El Bernabéu no espera y todo el mundo están pendiente de Harry Kane, hoy convertido en el factótum del Bayern. “Cuando le fichamos hace dos años, muchos pensaron: ‘¡cien millones es una locura!’ Y yo también, por cierto”, reconoció Uli Hoeness, el presidente. “¡Hoy lo compraría por 150!”.

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