
El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) cerrará tres unidades científicas, dos de ellas dedicadas al diagnóstico del cáncer, y otra centrada en el desarrollo de nuevos fármacos, según fuentes del centro, el mayor de España en su disciplina.
Comienza la reorganización del mayor centro de investigación oncológica, afectado por una crisis sin precedentes, que afectará de momento a más de 20 empleados
El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) cerrará tres unidades científicas, dos de ellas dedicadas al diagnóstico del cáncer, y otra centrada en el desarrollo de nuevos fármacos, según fuentes del centro, el mayor de España en su disciplina.
Las unidades afectadas son la de Cáncer Familiar, la de Diagnóstico Molecular y la de Terapias Experimentales. La decisión es parte de la reorganización del organismo que planean su nuevo director científico, Raúl Rabadán —que aún no ha sido confirmado en su cargo— y el gerente, José Manuel Bernabé. Las medidas pretenden abrir una nueva etapa en el centro, que atraviesa una profunda crisis por el deterioro de sus infraestructuras científicas y el impacto de una supuesta trama de contratos fraudulentos que investiga la Fiscalía Anticorrupción.
La Unidad de Cáncer Familiar fue creada en 2007 y se centra en el diagnóstico genético y la investigación traslacional del cáncer hereditario y el cáncer familiar, que en conjunto representan entre el 25% y el 30 % de todos los tumores, según el CNIO. La unidad, con una directora y seis técnicos de laboratorio, presta servicios fijos al Hospital Universitario de Fuenlabrada, en Madrid, y a otros centros de Madrid, Castilla-La Mancha y otras comunidades. Desde 2005 ha ofrecido diagnóstico genético a más de 5.000 pacientes. En este grupo trabajan seis técnicos de laboratorio, un científico visitante, y la jefa de la unidad.
La Unidad de Diagnóstico Molecular tiene como objetivo proporcionar pruebas moleculares de calidad a pacientes con cáncer a través del Sistema Nacional de Salud. Ofrece ensayos de alta sensibilidad para detectar alteraciones genéticas, lo que facilita a los médicos el diagnóstico temprano, y un mejor manejo de los pacientes mediante el seguimiento de la enfermedad mínima residual tras la remisión del cáncer o la predicción de la respuesta a la terapia. En ella trabajan un director y una técnica de laboratorio.
Terapias Experimentales es un programa dedicado a la difícil tarea de cerrar la brecha entre la investigación básica y su traducción en nuevos fármacos contra el cáncer. Este grupo engloba a 12 científicos y técnicos más un jefe común.
La nueva dirección del CNIO ha comunicado a los responsables de las dos primeras unidades que su Plan de Actuación contempla que el centro se enfoque exclusivamente en la investigación científica, lo que no incluye ninguna actividad dedicada al diagnóstico, según fuentes del centro. La medida es parte de una reorganización más profunda que han diseñado Rabadán, Bernabé y el director científico en funciones, Fernando Peláez. En el caso de terapias experimentales, la nueva dirección considera que el programa no ha dado los frutos deseables y que “no resulta rentable” para el centro, según fuentes cercanas al CNIO. Uno de los aspectos claves de la reforma será conocer cuántos de los trabajadores afectados podrán ser recolocados en otras unidades, lo que evitaría que se tenga que hacer un temido Expediente de Regulación de Empleo.
La llegada de Raúl Rabadán fue anunciada en septiembre como un fichaje estrella. El físico y bioinformático madrileño, de 51 años, había trabajado ahora en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, donde dirigía el Programa de Genómica Matemática, centrado en el análisis masivo de datos oncológicos para entender mejor la evolución del cáncer y descubrir nuevos tratamientos. Rabadán llega al CNIO con el encargo de recomponer el centro y abrir una nueva etapa científica que deje atrás las crisis.
El nuevo plan incluye el refuerzo de la inteligencia artificial y las técnicas computacionales para potenciar la ciencia del centro con el objetivo de mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer, según informó ayer el CNIO en una nota. El plan incluye ampliar la colaboración con hospitales y centros de investigación españoles e internacionales y consolidarse como centro nacional de referencia en genómica del cáncer.
El argumento para clausurar las unidades de diagnóstico es que el diagnóstico genético ya es un servicio que ofrece el Sistema Nacional de Salud.
En cuanto a la investigación en nuevas terapias, el CNIO pretende enfocarse en la inmunoterapia y terapia celular. Tras un análisis estratégico, el plan redirige los recursos del Programa de Terapias Experimentales a áreas que se consideran prioritarias, como la genómica avanzada, la biología computacional o las plataformas tecnológicas compartidas.
Además de la eliminación del programa de Terapias Experimentales, el plan contempla la creación de dos nuevos programas científicos: Biología de Sistemas y Computacional del Cáncer y Genómica del Cáncer de Precisión y de Poblaciones, que refuerzan el uso de la Inteligencia Artificial.
El CNIO atraviesa su peor crisis desde su creación en 1998. En 2024, el patronato del centro, encabezado por responsables del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que dirige Diana Morant, acordó por unanimidad cesar a su directora científica, María Blasco, sobre la que pesaban varias denuncias de acoso laboral, como adelantó este diario. El patronato también destituyó al director gerente, Juan Arroyo.
La decisión llegó después de que los jefes científicos del centro se quejaran en años anteriores del estado de abandono de algunas instalaciones científicas del centro, especialmente sus cuatro microscopios confocales, de los que ya solo funcionaba uno. También reclamaban al Ministerio el cese de Blasco, a la que veían incapaz de gestionar el centro y sacarle de su crisis.
En 2025 estalló un segundo escándalo a raíz de una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción que aseguraba que el ya exgerente, Juan Arroyo, era el presunto cabecilla de una trama de contratos amañados. Según los cálculos del denunciante, se habrían podido sustraer unos 20 millones de euros de las arcas del CNIO a través de presuntas contrataciones con empresas afines, como Gedosol o Zeus. La denuncia fue adelantada por El Mundo y confirmada por este diario, así como dos alertas previas que el responsable hizo a altos cargos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
El denunciante, que trabajaba en el CNIO desde hace décadas, fue despedido de forma fulminante junto a otra compañera justo antes de que el nuevo gerente asumiese su cargo. Los afectados sostienen que les despidieron por haber destapado la supuesta trama corrupta y están a la espera de juicio por presunto despido improcedente.
A finales del año pasado, la crisis se acelera hasta lo inusitado. El 25 de noviembre el patronato fulmina a Juan Arroyo, que desde su despido de 2024 había regresado a su puesto anterior como vicedirector económico. También se eliminan los cargos de dos de sus colaboradores. Tan solo un día después, la Fiscalía Anticorrupción confirma que investiga el caso. El 22 de diciembre, a las puertas de la Navidad, la Policía Nacional acude al CNIO para solicitar documentación a petición de la Fiscalía Anticorrupción de Madrid.
Más allá de los supuestos casos de corrupción, el CNIO afronta una situación financiera incierta. Durante la crisis de 2024 se conoció que la institución acumulaba un déficit de 4,5 millones de euros. Su presupuesto total es de unos 40 millones, unos 20 de ellos son fondos públicos del Estado. Por ahora, el Ministerio de Ciencia de Diana Morant ha asegurado que mantendrá económicamente al CNIO para asegurar que sigue siendo una referencia nacional e internacional en su campo, pero la falta de presupuestos generales del Estado podría hacer que ese compromiso sea cada vez más duro de cumplir.
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