El Kremlin teme los votos por la paz

La paz como meta en la guerra contra Ucrania ha sido excluida de las opciones por las que los rusos podrán votar en los próximos comicios parlamentarios. La decisión de eliminar el partido Yábloko de la lista de fuerzas autorizadas ya a participar en las elecciones a la Duma Estatal (Cámara baja del legislativo), que se celebrarán del 18 al 20 de septiembre, fue formalizada el pasado lunes por el Tribunal Supremo en Moscú y proporciona indicios significativos sobre las intenciones y los temores del Kremlin, así como de los riesgos que el presidente Vladímir Putin no quiere correr.

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 El partido Yábloko, única formación de Rusia contra la guerra en Ucrania, ha pasado a ser contemplado por el poder como un peligro y ha sido excluido de las elecciones  

La paz como meta en la guerra contra Ucrania ha sido excluida de las opciones por las que los rusos podrán votar en los próximos comicios parlamentarios. La decisión de eliminar el partido Yábloko de la lista de fuerzas autorizadas ya a participar en las elecciones a la Duma Estatal (Cámara baja del legislativo), que se celebrarán del 18 al 20 de septiembre, fue formalizada el pasado lunes por el Tribunal Supremo en Moscú y proporciona indicios significativos sobre las intenciones y los temores del Kremlin, así como de los riesgos que el presidente Vladímir Putin no quiere correr.

La medida parece indicar también un creciente cansancio por la guerra, que se produce cuando la inquietud ha pasado a predominar sobre la tranquilidad (54% frente a 39% a principios de agosto e ininterrumpidamente a partir de abril), según un índice de la Fundación de la Opinión Pública de Moscú. Lo que más acapara la atención de los rusos hoy es la guerra (39%), muy por encima de los ataques a instalaciones de distribución y el déficit de gasolina.

De los 11 partidos que se registraron para las elecciones a la Duma Estatal, solo Yábloko se declaró a favor del alto el fuego y la paz en Ucrania; el resto, desde Rusia Unida (mayoritario en la Duma) al Partido Comunista, pasando por Ródina, Novie Liudi, Rusia Justa o el Partido Liberal Democrático, apoyan la política beligerante de Putin.

Yábloko, que reúne a liberales y socialdemócratas en torno a un programa humanista, fue fundado en 1993 por el economista Grigori Yavlinski y estuvo representado en el Parlamento estatal hasta los comicios de 2003, cuando quedó por debajo del listón (5% de los votos) requerido. Desde entonces, en todas las elecciones a la Duma, Yábloko solo superó el 2% en 2011, aunque tiene representación regional y municipal en diversos lugares de Rusia.

Para las legislativas de septiembre, Yábloko fue registrado el 19 de julio. Su programa, bajo los lemas “Por la paz y por la libertad” y ”Por la vida sin temor”, consta de 43 palabras e incluye el cese de la represión política, la protección de la vida humana y “una Rusia próspera y democrática” como fin.

Según datos del partido, un total de 12 militantes, entre ellos el dirigente Lev Schlosberg, un respetado político de la región de Pskov, están en la cárcel o privados de libertad con distintos cargos, basados en una legislación que castiga penalmente las declaraciones pacifistas.

Cuando ya la lista electoral estaba aprobada, el partido Ródina, uno de los contrincantes de Yábloko, impugnó su participación ante los tribunales, alegando transgresiones en los derechos de autor (por fotos y textos utilizados en su propaganda). Una de las fotos cuestionadas mostraba el resultado del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima en 1945 y entre los textos figuraba el estribillo de una popular canción soviética, cuyos derechos fueron cedidos por el hijo del ya fallecido compositor.

Además, durante el proceso, la Comisión Electoral Central entregó al tribunal un “informe confidencial” sobre la supuesta financiación del partido desde el extranjero. Tras más de siete horas de sesión, el tribunal falló a favor de la exclusión de Yábloko. En la calle, concentrados desde la mañana, centenares de personas, en su mayoría jóvenes y muy jóvenes, recibieron la sentencia con gritos de “vergüenza”, “vergüenza”.

Yábloko, ahora presidido por Nikolái Rybakov, ha anunciado un recurso ante el presidium del Tribunal Supremo, para lo que tiene cinco días. La evolución de los acontecimientos desde su registro hasta su posterior exclusión parece indicar que la administración presidencial del Kremlin (que de hecho es la que da la luz verde para competir) calculó mal al considerar que estaba ante un partido pasado de moda y sin capacidad de convocatoria, una percepción que parece haberse visto alterada por los efectos de la guerra en Ucrania. Una encuesta de la Fundación de Opinión Pública (FOM) calculaba en cerca del 1% el apoyo a Yábloko a mediados de julio, pero a fines de ese mes otra encuesta cerrada de la misma entidad, según el canal Telegram Faridaily, le pronosticaba un 5,5%. Otras fuentes dan a Yábloko valores diversos, todos ellos superiores al 5%, pero todos estos sondeos deben tomarse con precaución.

La edad media de los candidatos en la lista electoral de 269 personas de Yábloko es de menos de 40 años, señala una fuente del partido. “Las autoridades no esperaban que Yábloko diera la palabra a los jóvenes”, señala desde Moscú esta fuente.

Sea cual fuere la dinámica del apoyo real a Yábloko, a los ojos suspicaces del Kremlin, el partido dirigido por un grupo de intelectuales entrados en años ha pasado de ser visto como un anacronismo inofensivo a ser contemplado como un peligro y también como un riesgo de que el pacifismo pueda consolidarse en la política institucional.

”Yábloko ni siquiera había dicho cómo parar la guerra, solo se había limitado a afirmar que lo prioritario es un alto el fuego en Ucrania, pero eso ha resultado más de lo que el Kremlin puede tolerar”, señalaba la fuente.

“Queremos que se acabe la guerra. Estamos por un alto el fuego inmediato acompañado de negociaciones por la vía diplomática”, ha declarado desde Moscú Grigori Yavlinski, el fundador de Yábloko, a esta periodista. “Nuestro llamamiento a la paz y a la vía diplomática es válido para todos, para Rusia y para Occidente”, ha subrayado el político y ha advertido: “No hay otra vía, porque cualquier otro camino puede llevar a una catástrofe nuclear”.

En 2023, el fundador de Yábloko intentó persuadir a Vladímir Putin de la necesidad de una mediación con Ucrania con el fin de evitar más derramamiento de sangre, pero su gestión, en la que se ofreció él mismo como mediador, no dio resultado.

Con la opción de la paz vetada, la voluntad del líder ruso de continuar las hostilidades, incluso en contra de una parte de la sociedad, queda más en evidencia y la situación de los pacifistas de Rusia se hace más delicada. Cabe subrayar, no obstante, que no todos los partidarios del fin de la guerra coinciden en la misma fórmula y hay quien la identifica con una victoria de la posición rusa con la incorporación de los territorios anexionados o reclamados por Moscú en Ucrania.

Analistas y politólogos tratan de entender cómo se llegó a anular el reconocimiento de Yábloko y cómo puede haber influido el apoyo creciente al partido. Uno de los factores que puede haber hecho reconsiderar su postura al Kremlin ha sido el apoyo entusiasta que Yábloko recibió entre los exiliados rusos en Occidente, personas que en gran parte huyeron de Rusia por razones políticas y que, en muchos casos han sido declarados “terroristas” o “extremistas” por las autoridades rusas.

Muchos de los que han respaldado a Yábloko desde el exilio se opusieron durante años a este partido por considerarlo demasiado moderado. Su apoyo ahora (no solicitado) desde el extranjero podría haber confirmado en la cabeza de Putin la existencia de una conjura contra la Rusia que él dirige.

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