Mientras otras franquicias de la NFL usan a sus quarterbacks como emblema, los Seattle Seahawks bendicen con motes a su defensa. El síntoma de una cultura. La Legion of Boom brindó en 2014 su primera victoria en la Super Bowl tras una demolición sin paliativos del ataque de los Denver Broncos, liderado por uno de los mejores quarterbacks de la historia, Peyton Manning. Vio 12 años después, como invitado de honor en San Francisco, cómo la siguiente versión, Dark Side, gestaba el segundo título tras no dar ni una opción a los New England Patriots (13-29), que aspiraban a liderar el palmarés con su séptimo trofeo. Una bofetada que hizo parecer mediocre a un quarterback como Drake Maye, que se quedó a un voto de ser elegido MVP. El hilo temporal que unen no es casual. Mientras otros reconstruyen plantillas confiando en que un pasador sea el nuevo mesías, Seattle ha competido cada año con el foco en su táctica, confiando la estrategia en técnicos brillantes como Mike Macdonald, campeón a los 38 años. En la liga de los fuegos artificiales, son el lado oscuro.
Seattle se aparta de la tendencia de la NFL de dar espectáculo con el ‘quarterback’ y consolida una cultura con defensas de leyenda como la ‘Dark Side’, la clave de su nuevo entorchado
Mientras otras franquicias de la NFL usan a sus quarterbacks como emblema, los Seattle Seahawks bendicen con motes a su defensa. El síntoma de una cultura. La Legion of Boom brindó en 2014 su primera victoria en la Super Bowl tras una demolición sin paliativos del ataque de los Denver Broncos, liderado por uno de los mejores quarterbacks de la historia, Peyton Manning. Vio 12 años después, como invitado de honor en San Francisco, cómo la siguiente versión, Dark Side, gestaba el segundo título tras no dar ni una opción a los New England Patriots (13-29), que aspiraban a liderar el palmarés con su séptimo trofeo. Una bofetada que hizo parecer mediocre a un quarterback como Drake Maye, que se quedó a un voto de ser elegido MVP. El hilo temporal que unen no es casual. Mientras otros reconstruyen plantillas confiando en que un pasador sea el nuevo mesías, Seattle ha competido cada año con el foco en su táctica, confiando la estrategia en técnicos brillantes como Mike Macdonald, campeón a los 38 años. En la liga de los fuegos artificiales, son el lado oscuro.
Una cultura que funciona porque Seattle la abraza. Sin el tamaño de otros grandes mercados, es un público muy fiel y ruidoso. No en vano, su estadio ha registrado récords de decibelios equiparables a movimientos sísmicos, un aliado fundamental para las defensas, pues impide que el quarterback contrario pueda comunicarse con sus compañeros y fuerza errores como salidas falsas. Por eso la franquicia retiró el número 12 –hay 11 jugadores por equipo en cada acción– y su afición también tiene mote: los Twelves (12 en inglés). Lo del domingo fue el culmen: ganar una Super Bowl en San Francisco, el templo del eterno rival. Esa proximidad geográfica ayudó, además, a dominar el factor cancha ante New England, al otro lado del país. Todos los ingredientes para hacer la vida imposible al quarterback rival.
Los Seahawks, una de las franquicias tardías, fundada en 1976, estaban en el ostracismo cuando llegó la Legion of Boom, así bautizada porque mandaban el boom –la presión– al quarterback. Mientras la versión actual es capaz de dominar con la primera línea, aquella se cimentaba en la capacidad atlética de los refuerzos de la segunda, los linebackers, para filtrarse entre la protección del quarterback y cazarlo. Gente como Bobby Wagner, su general. Esa presión reducía el margen de maniobra de los ataques. Décimas de segundo que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso en el juego aéreo. Máxime porque la secundaria, la última línea, fue élite, un grupo que aguantó mucho en una liga cambiante. Con jugadores como Richard Sherman, que inutilizaba al mejor receptor rival. Tanto miedo le tenían los pasadores que solo enviaban el balón hacia él en casos de extrema desesperación. Considerada la mejor defensa de la historia moderna, lideró la liga en anotación durante cuatro años seguidos.
Tras ganar en 2014, se les escapó de las manos el título en 2015 y ya no volvieron a acercarse. Ese bloque fue envejeciendo, pero la cultura se mantuvo, con solo una temporada con balance negativo en 14 años, por cuatro consecutivas entre 2009 y 2012. El cambio de ciclo llegó en el banquillo, con la marcha de Pete Carroll, el primer arquitecto, en 2023, tras 13 años en el cargo. Su sucesor fue Mike Macdonald, pupilo de John Harbaugh en Baltimore, una de las grandes mentes defensivas del siglo XXI. Le han bastado dos años volando solo para ser el tercer técnico más joven en ganar la Super Bowl (38 años). Más allá del eco a Star Wars, bautizó a su defensa como Dark Side para subrayar su agresividad, su poderío físico, esa actitud de matones de instituto. Con él al timón: aunque sea el técnico jefe, asume la labor extra de cantar cada jugada en defensa.
La Dark Side no tiene las individualidades de los legionarios, pero sí mejores cimientos. Seattle dominó a los Patriots porque los cuatro gigantes de su línea defensiva sometieron sin necesidad de refuerzos a la línea ofensiva, encargada de proteger al quarterback. Maye tuvo presión toda la noche y encajó seis sacks, es decir, un placaje para pérdida de yardas. Su entrenador le protegió durante la primera parte con un libro de jugadas muy conservador, pero cuando tuvo que arriesgar, con el marcador ya cuesta arriba, los Seahawks le robaron el balón tres veces en apenas diez minutos. Porque en cuanto sumaban algún refuerzo en la presión, se incendiaba la casa. Participaron todas las líneas. El manotazo de Derick Hall, linebacker, para robarle el balón. La misma posición de Nwosu, que protagonizó la jugada para la historia con su intercepción retornada para touchdown. Julian Love, de familia cubana, ya había interceptado antes otro pase desde la secundaria.
Gracias a la garantía de la defensa, funcionó todo lo demás. El ataque no necesitaba arriesgar, así que Kenneth Walker se hinchó a yardas de carrera –la opción más segura de mover el balón– y fue el MVP. Sam Darnold completó su periplo tras ser un chiste en los Jets y se convirtió en el primer quarterback campeón tras pasar por cinco equipos diferentes. Jason Myers metió entre palos sus cinco Field Goals, otro récord de la Super Bowl. New England tuvo que alejar el balón con una patada en sus ocho primeras posesiones, una negación absoluta para un equipo que no abrió el marcador hasta el último cuarto, ya con 19-0 abajo. El dominio fue tal que corrieron seriamente la amenaza de ser el primer equipo a cero en una final. Con la tarea hecha, Seattle transitó con paciencia los últimos minutos hacia tierra prometida. El lado oscuro había conquistado la galaxia.
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