Tienen menos dinero en la cuenta, más deudas y peor puntuación a la hora de pedir un préstamo. Estos tres elementos, junto a docenas de otros fácilmente identificables, revelan a mujeres víctimas de abuso financiero por parte de sus parejas o exparejas. Según una investigación realizada con miles de clientas del principal banco del Reino Unido, esta forma de violencia machista también hace que gasten más en abogados o alcohol, pero menos en sí mismas. El estudio, publicado en Nature, la más prestigiosa revista científica, completa el perfil con indicadores no financieros que cuentan más de lo que parece: por ejemplo, las abusadas cambian más la contraseña o el PIN y denuncian más a menudo la pérdida de su tarjeta que otras mujeres. Todo forma parte de un patrón de violencia económica que suele empezar mucho antes que la física. Estos comportamientos financieros podrían servir para adelantarse a otros tipos de violencia machista o demostrarla en los juzgados.
El análisis del comportamiento financiero de miles de clientas del mayor banco británico desvela un patrón, como impagos y cambios del PIN, que muestra el abuso por parte de sus parejas años antes de que denuncien
Tienen menos dinero en la cuenta, más deudas y peor puntuación a la hora de pedir un préstamo. Estos tres elementos, junto a docenas de otros fácilmente identificables, revelan a mujeres víctimas de abuso financiero por parte de sus parejas o exparejas. Según una investigación realizada con miles de clientas del principal banco del Reino Unido, esta forma de violencia machista también hace que gasten más en abogados o alcohol, pero menos en sí mismas. El estudio, publicado en Nature, la más prestigiosa revista científica, completa el perfil con indicadores no financieros que cuentan más de lo que parece: por ejemplo, las abusadas cambian más la contraseña o el PIN y denuncian más a menudo la pérdida de su tarjeta que otras mujeres en similares circunstancias. Todo forma parte de un patrón de violencia económica que suele empezar mucho antes que la física. Estos comportamientos financieros podrían servir para adelantarse a otros tipos de violencia machista o demostrarla en los juzgados.
La patronal bancaria de Reino Unido, UK Finance, publicó en 2018 su código de buenas prácticas sobre abuso financiero. Una guía para atender las denuncias de muchas británicas que iban a su banco porque su pareja o su expareja se había apropiado de su dinero. En 2021, el Parlamento británico aprobó la Ley de Violencia Doméstica, una norma que considera la violencia económica como una forma de violencia de género más. El código bancario es voluntario para los firmantes, pero algunos bancos se lo están tomando en serio.
Es el caso de Lloyds Banking Group, la principal entidad financiera del país, en la que tienen cuenta la mitad de los británicos. En 2019 creó un departamento al que derivan a las víctimas de abuso financiero. Allí las pueden ayudar a aplazar pagos o abordar deudas impuestas por coacción. Lo que han hecho ahora sociólogos y analistas de datos ha sido estudiar la actividad financiera de 5.428 de estas víctimas. Analizaron 373 indicadores, desde el saldo hasta las veces que entran en su cuenta desde el móvil. Una vez anonimizados, los compararon con los de otras 15.000 clientas, con características demográficas y socioeconómicas similares, pero que no habían comunicado ningún tipo de abuso. Vieron diferencias significativas en 161 de estos indicadores.
Lo primero que observaron es que las víctimas tienen un comportamiento financiero diferente seis años antes (de media) de que lo denuncien en el banco. El saldo de la cuenta es sensiblemente inferior, 3.501 libras (4.078 euros) de media menos. Tenían un 32% más de deudas impagadas. También, tienen descubiertos autorizados medios 10.389 libras superiores. Acumulan así tantas alertas negativas que, a la hora de pedir un préstamo, el algoritmo las puntúa peor, valorándolas con 109 puntos menos de media que a las del grupo de control.
“Las puntuaciones crediticias de las víctimas-supervivientes fueron un 20% inferiores al promedio de la población bancaria (767 frente a 960)”, cuenta Anna Trendl, del equipo de científicos del comportamiento en Lloyds Banking Group y primera autora del estudio publicado en Nature. “Esto refleja la magnitud de las dificultades financieras asociadas al abuso financiero observadas”, añade. Para los autores, esto perpetúa el abuso y dificulta que las víctimas recuperen su estabilidad financiera.
Hay una serie de indicadores no financieros que desvelan de forma más sutil la situación por la que pasa la víctima. Así, las que denunciaron abuso en su banco restablecen la contraseña de banca electrónica un 16% más y prácticamente doblan a las clientas del grupo de control en pedir un nuevo PIN de su tarjeta. Además, es más habitual que cambien el domicilio para las notificaciones o que reporten tarjetas perdidas o robadas en mayor medida.
Los autores del estudio destacan que el agotamiento de los ahorros y el sobreendeudamiento son datos objetivos. Pero son muy prudentes con el uso predictivo del patrón descubierto. “Este es un tema muy delicado que requiere una cuidadosa consideración”, sostiene David Leake, responsable del equipo de científicos del comportamiento en Lloyds Banking Group y autor sénior de la investigación. “Los resultados son observacionales y no deben utilizarse de forma aislada para sacar conclusiones ni para determinar si algún cliente en particular está siendo víctima de abuso financiero”, añade en un correo. Sin embargo, concluye: “La investigación podría ayudar a bancos, organizaciones benéficas y organismos públicos a comprender mejor las presiones que pueden sufrir las víctimas”.
La violencia económica, una de las más invisibles según han subrayado distintos organismos internacionales, está reconocida en el Convenio de Estambul (el tratado internacional del Consejo de Europa para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica), que incluye expresamente el daño o sufrimiento económico como maltrato. ONU Mujeres la describe como una forma de conseguir la dependencia financiera de otra persona “manteniendo para ello un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole trabajar o estudiar”.
La Asociación Española de Banca (AEB) no cuenta con un código de buenas prácticas como el del UK Finance, que el año pasado ya iba por su tercera revisión y 25 bancos adheridos. De entre los grandes bancos españoles, CaixaBank dispone de un protocolo específico de atención a personas víctimas de violencia de género. Diseñado para que puedan recuperar el control de su situación financiera, a partir de la manifestación voluntaria de la situación por parte de la afectada, se activa una atención especializada para revisar indicadores como el acceso a la banca digital, cuentas compartidas, autorizaciones y poderes o la gestión de cuentas de los menores. Por su parte, Banco Santander, cuya filial británica es firmante del código británico, cuenta con un protocolo para detectar y actuar frente a abusos financieros sufridos por grupos vulnerables, incluidas las víctimas de violencia de género.
En Reino Unido, algo más de cuatro millones de mujeres sufren algún tipo de abuso financiero, según datos de UK Finance. En España (con 20 millones menos de población), son casi dos millones y medio de españolas (11,7% de las residentes en España con 16 o más años) las que han sufrido violencia económica de la pareja en algún momento de su vida, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, la última disponible. Como ocurre con la violencia psicológica, la financiera es una forma de maltrato difícil de demostrar en los tribunales.
Por esta dificultad, la magistrada Victoria Rosell, exdelegada del Gobierno contra la Violencia de Género, cree que datos como los analizados por el banco británico pueden servir “para concienciar y acreditar esta violencia en el proceso judicial o administrativo”. Rosell reclama a los bancos “un ejercicio de responsabilidad corporativa” para asumir que disponen de información que sirve para detectar esta violencia y les pide que se pongan a disposición de las víctimas. “Que entreguen los datos en el juzgado si los solicitamos desde los tribunales de violencia sobre la mujer, la Fiscalía o la Administración”, plantea la magistrada, que termina: “Podría ser muy útil para algunas víctimas y para la justicia. Y también ayudará a que la sociedad comprenda el fenómeno”.
El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
Sociedad en EL PAÍS
