La artista, profesora y filósofa exhibe «Jardín interior» en el Antiguo Hospital San Juan de Dios de Jaén Leer La artista, profesora y filósofa exhibe «Jardín interior» en el Antiguo Hospital San Juan de Dios de Jaén Leer
Contemplar un mar embravecido nos puede resultar una experiencia tumultuosa, pero también un ejercicio de silencio y serena espiritualidad. De esta última forma lo expresa la artista Esther Miranda que expone sus lienzos de un Mediterráneo feraz, agitado y turbulento a modo de rompeolas. Las telas que estos días cuelgan en la sala de exposiciones del Antiguo Hospital San Juan de Dios de Jaén, en el corazón del barrio histórico de La Magdalena, revelan esa dualidad: ruido o silencio, las fronteras que, a poco que lo pensemos, unen y separan a los espectadores de la artista, de la pintora al concurrente.
«Jardín interior» es el nombre que Esther Miranda ha elegido para su exposición, filósofa, profesora y desde 2012 artista independiente después de formarse bajo la tutela de Jesús Rodríguez de la Torre, uno de los grandes artistas españoles contemporáneos. Esther Miranda tiene su estudio en un pueblo de Sierra Mágina y en las cumbres que rodean su taller encuentra el silencio que luego llega a sus lienzos. Esta exposición está formalizada en torno a dos conceptos en apariencia antagónicos, pero a la vez con insospechadas similitudes: están los mares y sus olas espumosas, sus colores azules, los blancos lechosos del agua burbujeante, los tonos cadmios y verdosos que el líquido salado es capaz de transparentar en sus sombras. Y luego están las figuras humanas, los transeúntes, los llama el escritor Salvador Compán, hombres y mujeres que caminan, contemplan, escuchan o dialogan bajo el norte de la serenidad mientras un tibio sol los ilumina y calienta. Y es bajo este argumento donde comprendemos, por ejemplo, el significado de un extraordinario óleo sobre lienzo titulado «La terraza», donde un grupo de amigos charlan sentados en un paisaje urbano, mientras un coche pasa, mientras la ciudad late y otros paseantes van y vienen.
«Un mediodía en una ciudad de Alemania contemplé cómo el sol salió de pronto y aquellas personas que estaban disfrutando de un rato de descanso, acomodados en una encantadora terraza, sonrieron al ver que los rayos iluminaban al fin, colándose entre las nubes», recuerda la artista. A veces, un motivo tan sencillo en apariencia puede revelarnos el significado de la cotidianeidad de los días.
Salvador Compán, que es amigo de la artista, asegura que los visitantes que estos días se acerquen al Antiguo Hospital San Juan de Dios de Jaén encontrarán «un esfuerzo por contar un mundo hecho con el trasfondo de una vida en fermentación, una vida que se rehace porque la vida, las personas y la misma naturaleza, se construyen en oposición a la quietud». Aquí radica una de las narrativas de la artista: esa capacidad por desvelarnos la intimidad de la vida a través de una obra construida desde la paciencia, la perseverancia, la quietud y, sí, el silencio.
Hace unos años el maestro Pedro Galera, catedrático de Historia del Arte y uno de los intelectuales andaluces más despiertos en el mundo de la pintura, alabó el uso de los colores en la pintura de la artista. «Los domina con una extraordinaria maestría: son colores que expresan cualidades, capaces de hablar por la totalidad del cuadro», recuerda ahora.
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