“El planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global”. Esta es la advertencia de un informe del think tank del agua de la ONU publicado este martes, que alerta de los crecientes riesgos por el mal uso de este recurso esencial a escala mundial. Según este trabajo realizado por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés), los conceptos habituales de “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan ya la realidad de muchos lugares en el mundo, donde las pérdidas de capital hídrico natural son irreversibles y no hay forma de recuperar los niveles históricos de este recurso. Por ello, introduce el uso de “bancarrota o quiebra hídrica”. Expresado en términos financieros, los autores detallan que este es el punto al que están llegando muchas sociedades que no solo gastan más de sus ingresos anuales de agua provenientes de las lluvias y la nieve, sino que también agotan los ahorros a largo plazo acumulados en acuíferos, glaciares u humedales.
Un informe del ‘think tank’ del agua de Naciones Unidas advierte de que su mal uso es ya una amenaza mundial. El Mediterráneo y el sur de Europa, entre las zonas más afectadas
“El planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global”. Esta es la advertencia de un informe del think tank del agua de la ONU presentado este martes, que alerta de los crecientes riesgos por el mal uso de este recurso esencial a escala mundial. Según este trabajo realizado por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés), los conceptos habituales de “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan ya la realidad de muchos lugares en el mundo, donde las pérdidas de capital hídrico natural son irreversibles y no hay forma de recuperar los niveles históricos de este recurso. Por ello, introduce el uso de “bancarrota o quiebra hídrica”. Expresado en términos financieros, los autores detallan que este es el punto al que están llegando muchas sociedades que no solo gastan más de sus ingresos anuales de agua provenientes de las lluvias y la nieve, sino que también agotan los ahorros a largo plazo acumulados en acuíferos, glaciares u humedales.
“Hemos entrado en una etapa de la historia de la humanidad en la que cada vez más sistemas hídricos en todo el mundo pierden la capacidad de volver a su normalidad histórica, con sequías, escasez o episodios de contaminación que se han vuelto crónicos”, explica por correo electrónico Kaveh Madani, director de UNU-INWEH y principal autor del informe. No se está diciendo que todo el planeta esté en bancarrota hídrica, pero el trabajo considera que existen ya suficientes cuencas en el mundo quebradas o que han superado umbrales irreversibles para considerar los riesgos a escala planetaria, dadas las múltiples conexiones entre unas zonas y otras. “Las cadenas alimentarias y de suministro, las presiones migratorias y la estabilidad económica se ven cada vez más condicionadas por los fallos hídricos que ocurren en múltiples lugares a la vez”, afirma Madani, que recalca que esto ya no es un problema de una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta.
Los datos del informe son apabullantes. Alrededor del 70% de los principales acuíferos del mundo presentan descensos a largo plazo. El hundimiento del terreno, vinculado a la extracción excesiva de agua subterránea, afecta actualmente a más de seis millones de kilómetros cuadrados, casi el 5% de la superficie terrestre mundial y a casi 2.000 millones de personas. Más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990, lo que afecta a aproximadamente una cuarta parte de la población mundial. En las últimas cinco décadas, han desaparecido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales naturales, una superficie tan grande como el conjunto de la Unión Europea. El mundo ya ha perdido más del 30% de su masa glaciar desde 1970 y la desaparición de estas zonas pone en peligro la seguridad hídrica de cientos de millones de personas que dependen de ríos que se alimentan de las masas de hielo.

La evaluación de esta institución con sede en Canadá señala que los puntos críticos de bancarrota hídrica están en Oriente Medio y el Norte de África, Asia Central y Meridional (especialmente, las principales llanuras irrigadas y dependientes de aguas subterráneas), zonas del norte de China, el Mediterráneo y el sur de Europa, el suroeste de Estados Unidos y el norte de México (incluida la cuenca del río Colorado), partes del sur de África, y áreas de Australia. “Estos son lugares donde el uso excesivo a largo plazo, la recarga limitada y la degradación de las reservas naturales de agua (acuíferos, lagos, humedales, glaciares) han reducido la capacidad de volver a los niveles históricos tras sequías o episodios de contaminación”, precisa el director de UNU-INWEH.
El informe no estudia la situación concreta de España. No obstante, Madani considera que el caso de algunas cuencas españolas ilustra por qué la bancarrota hídrica no es cuestión solo de sequía o abundancia de lluvia: “Un año lluvioso no reconstruye automáticamente el capital natural agotado, algunos acuíferos y ecosistemas siguen sometidos a estrés estructural”. Para el director de UNU-INWEH, “dado que la agricultura desempeña un papel principal en España, cualquier solución seria para una bancarrota hídrica debe funcionar para los agricultores, no solo para los suministros urbanos”.
Entre las reacciones a este trabajo, Jonathan Paul, profesor de Geociencia de la escuela Royal Holloway de la Universidad de Londres, ha asegurado al Science Media Centre del Reino Unido que “el nuevo informe de UNU-INWEH expone, sin ambigüedades, el mal uso que la humanidad hace del agua como capital natural, incluyendo profundos déficits entre la oferta y la demanda y degradaciones masivas de la calidad del agua en todo el mundo”. No obstante, este especialista opina que el término de bancarrota hídrica es “exagerado y está demasiado vinculado a la situación específica de Irán”, refiriéndose al país de origen del director de UNU-INWEH y donde este comenzó a utilizar la alegoría de quiebra hídrica como concepto técnico.
Para el español Gonzalo Delacámara, experto mundial en economía de los recursos naturales y profesor de IE University, el informe muestra la dura realidad del agua en el planeta. Y recuerda las palabras de hace unos años de Andrew Steer, entonces presidente del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), cuando afirmó que esta es la “mayor crisis de la que nadie está hablando”. En su opinión, “forzar el lenguaje y llevarlo a ese terreno financiero” es adecuado para visibilizar las vinculaciones económicas del mal uso de los recursos hídricos: “Resulta clave verlo como degradación de un activo de capital natural, como el fallo sistémico de sistemas de asignación de derechos de uso sin agua que los respalde, hay que entender que gestionar el agua es gestionar las actividades sobre el territorio que presionan los ecosistemas acuáticos”.
Sobre si resulta excesivo el concepto de quiebra hídrica global, Madani responde: “Puede parecer exagerado cuando la gente asocia bancarrota hídrica solo con aridez, pero el problema es el desajuste entre el presupuesto de agua de un sistema y sus consumos. Al igual que en las quiebras financieras, incluso ‘los ricos’ en agua pueden acabar en bancarrota si siguen un modo de vida insostenible”. “La bancarrota hídrica se refiere a la pérdida de resiliencia: cuando las sequías, la escasez o los episodios de contaminación dejan de ser temporales y se vuelven crónicos en cuencas específicas”, incide.
El informe de UNU-INWEH se publica antes de una reunión de alto nivel en Dakar (Senegal), los próximos 26 y 27 de enero, para preparar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026, que debe celebrarse en Emiratos Árabes Unidos en diciembre.
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