El Papa reivindica los valores europeos en un mundo con relaciones “cada vez más bárbaras”

León XIV ha realizado este lunes en Metz, última escala de su viaje de cuatro días a Francia, una intensa defensa de los valores europeos, hermanados con los cristianos, como tabla de salvación en un mundo con relaciones “cada vez más bárbaras”. En esta visita el papa estadounidense ha repetido en varias ocasiones esa idea, una alianza común de resistencia entre la Iglesia católica y las democracias para defender el derecho internacional y el multilateralismo, que “constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto”. No ha mencionado a Donald Trump y Vladímir Putin, naturalmente, pero estaban nítidamente retratados en su discurso.

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 León XIV defiende en Metz el derecho internacional y las raíces cristianas de la UE contra “la voluntad de dominación”, pero advierte de “la ilusión del rearme”  

León XIV ha realizado este lunes en Metz, última escala de su viaje de cuatro días a Francia, una intensa defensa de los valores europeos, hermanados con los cristianos, como tabla de salvación en un mundo con relaciones “cada vez más bárbaras”. En esta visita el papa estadounidense ha repetido en varias ocasiones esa idea, una alianza común de resistencia entre la Iglesia católica y las democracias para defender el derecho internacional y el multilateralismo, que “constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto”. No ha mencionado a Donald Trump y Vladímir Putin, naturalmente, pero estaban nítidamente retratados en su discurso.

La elección de Metz para una escala de la visita papal constituyó una cierta sorpresa, pero ha sido pensada en busca de un simbolismo muy claro. Metz, situada entre las fronteras de Alemania, Luxemburgo y Bélgica, es una tierra donde se han movido las líneas de demarcación de los Estados y las de combate, por donde han ido y regresado los ejércitos en las guerras europeas. Representa la historia de Europa, su diversidad y el valor de la convivencia. Además, es la ciudad natal de Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la UE, cuya biografía simboliza también la mezcla de identidades y el deseo de reconciliación. Juan Pablo II ya visitó la ciudad en 1988. Ahora, León XIV se ha vuelto a acordar de ella.

“El derecho internacional y el multilateralismo hacen hincapié en la igualdad efectiva de los Estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto. Hoy en día, las relaciones humanas y entre los Estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se menosprecia el valor de la palabra dada; y se presume más bien la mentira y el engaño”, ha señalado el Pontífice en un discurso cargado de significados. “Europa puede poner fin a esta espiral gracias al respeto por el otro, que ha sabido cultivar y preservar, pues ha demostrado ampliamente, en los últimos ochenta años, que es posible hacer valer opiniones, reivindicaciones e intereses divergentes, encontrándose en lugar de enfrentarse”, ha concluido.

Otro tramo de la intervención del Pontífice se ha centrado en cuál debe ser, a su juicio, la posición europea ante la amenaza de la guerra: “Es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz”. En este sentido, ha advertido que “hay que tener cuidado con la ilusión del rearme”. Es más, se ha preguntado si la UE de verdad está haciendo todo lo posible por la paz o ya se ha resignado a no llevar la iniciativa: “Favorecer la paz es una obra activa. Hoy, la pregunta es si realmente estamos haciendo ‘esfuerzos creativos’ para promover la paz en el mundo, o si simplemente estamos tratando de detener ‘la hemorragia de la guerra’ y prepararnos mejor para las que suponemos que todavía están por venir”.

El Papa, que regresará este lunes por la noche a Roma, ha hablado en el centro de congresos Robert Schuman de la ciudad, en un acto titulado “En las raíces de Europa por la paz y la unidad”, diseñado como un gran evento de comunión de valores. De hecho estaban invitados todos los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, y las autoridades comunitarias. Emmanuel Macron, que ha asistido como anfitrión, es quien había organizado el acto y cursado las invitaciones. Sin embargo, no ha asistido casi ninguno, en medio de una semana de agenda complicada por la asamblea general de la ONU. Solo han acudido los de Luxemburgo, Mónaco y Andorra.

Macron asistirá a la misa en Metz

El Papa ha reivindicado los principios europeos, incluyendo en ellos como parte esencial las raíces cristianas del continente, y el laicismo, que “no solo implica el carácter aconfesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes”. Además de Schumann, ha citado al italiano Alcide De Gasperi, otro de los padres europeos. Los dos tienen en común ese bagaje cultural que al Papa le interesa: De Gasperi, ha dicho, destacaba lo que llamaba “el legado común europeo, esa moral unitaria que exalta la figura y la responsabilidad de la persona humana con su espíritu de fraternidad evangélica”.

La laicidad ha sido otra de las cuestiones recurrentes en este viaje del Papa en Francia, donde es un pilar republicano. Curiosamente, Emmanuel Macron, que el domingo no asistió a la gran misa celebrada en el centro de París, sí participará en la que oficiará el Papa esta tarde en la catedral de San Esteban de Metz, según informó el Elíseo a primera hora de la mañana.

Es en esos cimientos comunes, democráticos y cristianos, donde León XVI ve como la única receta posible ante un mundo a la deriva. “Hay que captar el alcance histórico de lo que está sucediendo, es decir, un encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas que pide un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro”, ha indicado.

“La Europa contemporánea se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”, ha dicho el Papa en una referencia a la inmigración, tema candente y polarizador en los debates políticos de todos los países. Empezando por Francia, que celebra unas decisivas elecciones presidenciales en siete meses. “Acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge”, ha advertido.

En otro acto previo con líderes de distintas religiones, muestra de la diversidad europea, el Papa insistió en que “dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad, abriéndose a la diferencia del otro (…), es el arte del encuentro, del que nuestro mundo tiene una gran necesidad, en las antípodas de la agresividad y de la violencia”. “Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre”, dijo sobre el fanatismo violento.

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