El robot que resucita los frescos perdidos de Pompeya

El desafío es titánico. Imagínense el rompecabezas más complicado que haya existido: no hay ninguna guía, faltan miles de piezas, muchas están rotas, descoloridas y mezcladas con otras que ni siquiera pertenecen al mismo conjunto. Esta es la realidad con la que trabajan los arqueólogos en Pompeya, frente a cientos de miles de fragmentos de frescos destrozados por la erupción del Vesubio del año 79 d.C. y, en algunos casos, por las bombas de la Segunda Guerra Mundial.Durante décadas, el problema parecía insoluble. Pero ahora, una tecnología pionera ha entrado en escena: un «robot arqueólogo» dotado de inteligencia artificial. El proyecto se llama RePAIR (Reconstructing the Past: Artificial Intelligence and Robotics Meet Cultural Heritage), una iniciativa europea que ha reunido durante cuatro años a ingenieros, expertos en visión artificial, restauradores y arqueólogos. Su misión era tan ambiciosa como fascinante: reconstruir automáticamente frescos fracturados hasta quedar irreconocibles.El profesor Marcello Pelillo, coordinador del proyecto desde la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, lo resume con claridad: RePAIR ha querido liberar a los arqueólogos de una de las labores más tediosas y frustrantes, para permitirles concentrarse en lo verdaderamente científico y creativo.Noticia Relacionada estandar Si Roma abre una extraordinaria ventana a su pasado bajo la plaza Venecia Ángel Gómez Fuentes Las obras de la Línea C de metro sacan a la luz un conjunto de viviendas populares romanas, la antigua vía Flaminia y restos medievalesEl sistema se apoya en una triple columna vertebral: digitalización, inteligencia artificial y robótica. Los equipos del IIT (Instituto Italiano de Tecnología) y del Parque Arqueológico de Pompeya han digitalizado miles de fragmentos mediante escáneres 3D, iluminación controlada y análisis hiperespectral. Este último aspecto resulta crucial: no solo registra la imagen visible, sino también la composición de los pigmentos, proporcionando una información que el ojo humano ya no puede detectar.La mano del robot RePAIRCon este material, la inteligencia artificial resuelve el puzle: busca encajes basándose en la forma, el color, la textura y, sobre todo, en el conocimiento iconográfico aprendido tras procesar enormes bases de datos de pintura mural romana. Incluso cuando los fragmentos están erosionados, la IA es capaz de detectar continuidades invisibles.Manos suaves para tesoros milenariosCuando la IA propone una solución, el testigo pasa a la parte más delicada: la manipulación física. En la Casina Rustica, un edificio del parque rehabilitado como laboratorio, se encuentra el robot operativo: dos brazos articulados montados sobre una guía horizontal, capaces de acercarse con precisión quirúrgica a cada fragmento.Para proteger estas piezas únicas, el IIT ha diseñado unas manos especiales, las SoftHand, con dedos flexibles y almohadillas de alto agarre que garantizan un tacto seguro y suave, casi como el de un restaurador experimentado. El robot puede trabajar incluso de forma bimanual cuando las piezas son más grandes. Además, cámaras instaladas en la muñeca verifican cada movimiento y corrigen fallos de agarre en tiempo real.En la fase de pruebas, el robot trabaja sobre réplicas impresas en 3D para evitar riesgos. Solo cuando la solución es fiable, se pasa a los fragmentos auténticos.El verdadero tamaño del desafíoEl verdadero tamaño del desafío se aprecia en los dos casos escogidos para las pruebas finales. Uno es el techo de la ‘Casa de los pintores en el trabajo’, cuyas pinturas quedaron pulverizadas en la erupción y después en los bombardeos de 1943. El otro, los fragmentos de la ‘Escuela de los gladiadores’, el edificio derrumbado en 2010 cuyos frescos siguen sin recolocar. Aquí entra en juego la magnitud del reto: miles de fragmentos sin forma aparente, mezclados entre sí y con enormes lagunas. El profesor Pelillo lo explica con una imagen precisa: «Falta la fotografía de la caja que acompaña a un puzle». No hay modelo previo que guíe la reconstrucción.Un equipo de Lausana llevaba desde 2018 recomponiendo manualmente uno de estos conjuntos. Trabajaban con enorme precisión, pero el proceso era lentísimo. El director del Parque Arqueológico, Gabriel Zuchtriegel, lo reconoce sin ambages: «Ningún ser humano podría recomponer solo un volumen semejante de fragmentos».El robot, con guantes RePAIRLejos de sustituir a los arqueólogos, el robot los ayuda a avanzar donde antes era imposible. RePAIR ha desarrollado una interfaz que permite un diálogo constante entre el sistema y el investigador: este puede aceptar o rechazar propuestas, añadir datos, corregir hipótesis o guiar la interpretación final.Zuchtriegel lo considera el camino natural de la arqueología: la IA será central no solo en la restauración, sino en la gestión de la avalancha de datos procedentes de excavaciones preventivas. Pero advierte: «La inteligencia artificial debe usarse con rigor científico y valores éticos claros. Es un instrumento, no un sustituto del conocimiento humano».Laboratorio Pompeya se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonioEl proyecto RePAIR ha concluido oficialmente, pero el impacto apenas empieza. Por primera vez, un robot ha reconstruido fragmentos sin disponer de un modelo final, aplicando criterios científicos y colaborando con los especialistas. Pompeya, con sus depósitos inmensos de materiales aún por estudiar, se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonio: mosaicos romanos, cerámicas griegas, esculturas medievales.Lo que hace unos años parecía un sueño -que una máquina ayudara a recomponer obras destruidas hace dos milenios- es hoy una realidad. Y apunta hacia una nueva arqueología en la que el pasado y el futuro trabajan, literalmente, de la mano. En definitiva, RePAIR demuestra que la protección del arte más frágil requiere abrazar la tecnología más avanzada. El robot de Pompeya no es un arqueólogo, pero sí un aliado incansable que permite al ser humano centrarse en lo esencial: comprender el significado profundo de lo que ha vuelto a la vida. El desafío es titánico. Imagínense el rompecabezas más complicado que haya existido: no hay ninguna guía, faltan miles de piezas, muchas están rotas, descoloridas y mezcladas con otras que ni siquiera pertenecen al mismo conjunto. Esta es la realidad con la que trabajan los arqueólogos en Pompeya, frente a cientos de miles de fragmentos de frescos destrozados por la erupción del Vesubio del año 79 d.C. y, en algunos casos, por las bombas de la Segunda Guerra Mundial.Durante décadas, el problema parecía insoluble. Pero ahora, una tecnología pionera ha entrado en escena: un «robot arqueólogo» dotado de inteligencia artificial. El proyecto se llama RePAIR (Reconstructing the Past: Artificial Intelligence and Robotics Meet Cultural Heritage), una iniciativa europea que ha reunido durante cuatro años a ingenieros, expertos en visión artificial, restauradores y arqueólogos. Su misión era tan ambiciosa como fascinante: reconstruir automáticamente frescos fracturados hasta quedar irreconocibles.El profesor Marcello Pelillo, coordinador del proyecto desde la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, lo resume con claridad: RePAIR ha querido liberar a los arqueólogos de una de las labores más tediosas y frustrantes, para permitirles concentrarse en lo verdaderamente científico y creativo.Noticia Relacionada estandar Si Roma abre una extraordinaria ventana a su pasado bajo la plaza Venecia Ángel Gómez Fuentes Las obras de la Línea C de metro sacan a la luz un conjunto de viviendas populares romanas, la antigua vía Flaminia y restos medievalesEl sistema se apoya en una triple columna vertebral: digitalización, inteligencia artificial y robótica. Los equipos del IIT (Instituto Italiano de Tecnología) y del Parque Arqueológico de Pompeya han digitalizado miles de fragmentos mediante escáneres 3D, iluminación controlada y análisis hiperespectral. Este último aspecto resulta crucial: no solo registra la imagen visible, sino también la composición de los pigmentos, proporcionando una información que el ojo humano ya no puede detectar.La mano del robot RePAIRCon este material, la inteligencia artificial resuelve el puzle: busca encajes basándose en la forma, el color, la textura y, sobre todo, en el conocimiento iconográfico aprendido tras procesar enormes bases de datos de pintura mural romana. Incluso cuando los fragmentos están erosionados, la IA es capaz de detectar continuidades invisibles.Manos suaves para tesoros milenariosCuando la IA propone una solución, el testigo pasa a la parte más delicada: la manipulación física. En la Casina Rustica, un edificio del parque rehabilitado como laboratorio, se encuentra el robot operativo: dos brazos articulados montados sobre una guía horizontal, capaces de acercarse con precisión quirúrgica a cada fragmento.Para proteger estas piezas únicas, el IIT ha diseñado unas manos especiales, las SoftHand, con dedos flexibles y almohadillas de alto agarre que garantizan un tacto seguro y suave, casi como el de un restaurador experimentado. El robot puede trabajar incluso de forma bimanual cuando las piezas son más grandes. Además, cámaras instaladas en la muñeca verifican cada movimiento y corrigen fallos de agarre en tiempo real.En la fase de pruebas, el robot trabaja sobre réplicas impresas en 3D para evitar riesgos. Solo cuando la solución es fiable, se pasa a los fragmentos auténticos.El verdadero tamaño del desafíoEl verdadero tamaño del desafío se aprecia en los dos casos escogidos para las pruebas finales. Uno es el techo de la ‘Casa de los pintores en el trabajo’, cuyas pinturas quedaron pulverizadas en la erupción y después en los bombardeos de 1943. El otro, los fragmentos de la ‘Escuela de los gladiadores’, el edificio derrumbado en 2010 cuyos frescos siguen sin recolocar. Aquí entra en juego la magnitud del reto: miles de fragmentos sin forma aparente, mezclados entre sí y con enormes lagunas. El profesor Pelillo lo explica con una imagen precisa: «Falta la fotografía de la caja que acompaña a un puzle». No hay modelo previo que guíe la reconstrucción.Un equipo de Lausana llevaba desde 2018 recomponiendo manualmente uno de estos conjuntos. Trabajaban con enorme precisión, pero el proceso era lentísimo. El director del Parque Arqueológico, Gabriel Zuchtriegel, lo reconoce sin ambages: «Ningún ser humano podría recomponer solo un volumen semejante de fragmentos».El robot, con guantes RePAIRLejos de sustituir a los arqueólogos, el robot los ayuda a avanzar donde antes era imposible. RePAIR ha desarrollado una interfaz que permite un diálogo constante entre el sistema y el investigador: este puede aceptar o rechazar propuestas, añadir datos, corregir hipótesis o guiar la interpretación final.Zuchtriegel lo considera el camino natural de la arqueología: la IA será central no solo en la restauración, sino en la gestión de la avalancha de datos procedentes de excavaciones preventivas. Pero advierte: «La inteligencia artificial debe usarse con rigor científico y valores éticos claros. Es un instrumento, no un sustituto del conocimiento humano».Laboratorio Pompeya se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonioEl proyecto RePAIR ha concluido oficialmente, pero el impacto apenas empieza. Por primera vez, un robot ha reconstruido fragmentos sin disponer de un modelo final, aplicando criterios científicos y colaborando con los especialistas. Pompeya, con sus depósitos inmensos de materiales aún por estudiar, se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonio: mosaicos romanos, cerámicas griegas, esculturas medievales.Lo que hace unos años parecía un sueño -que una máquina ayudara a recomponer obras destruidas hace dos milenios- es hoy una realidad. Y apunta hacia una nueva arqueología en la que el pasado y el futuro trabajan, literalmente, de la mano. En definitiva, RePAIR demuestra que la protección del arte más frágil requiere abrazar la tecnología más avanzada. El robot de Pompeya no es un arqueólogo, pero sí un aliado incansable que permite al ser humano centrarse en lo esencial: comprender el significado profundo de lo que ha vuelto a la vida.  El desafío es titánico. Imagínense el rompecabezas más complicado que haya existido: no hay ninguna guía, faltan miles de piezas, muchas están rotas, descoloridas y mezcladas con otras que ni siquiera pertenecen al mismo conjunto. Esta es la realidad con la que trabajan los arqueólogos en Pompeya, frente a cientos de miles de fragmentos de frescos destrozados por la erupción del Vesubio del año 79 d.C. y, en algunos casos, por las bombas de la Segunda Guerra Mundial.Durante décadas, el problema parecía insoluble. Pero ahora, una tecnología pionera ha entrado en escena: un «robot arqueólogo» dotado de inteligencia artificial. El proyecto se llama RePAIR (Reconstructing the Past: Artificial Intelligence and Robotics Meet Cultural Heritage), una iniciativa europea que ha reunido durante cuatro años a ingenieros, expertos en visión artificial, restauradores y arqueólogos. Su misión era tan ambiciosa como fascinante: reconstruir automáticamente frescos fracturados hasta quedar irreconocibles.El profesor Marcello Pelillo, coordinador del proyecto desde la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, lo resume con claridad: RePAIR ha querido liberar a los arqueólogos de una de las labores más tediosas y frustrantes, para permitirles concentrarse en lo verdaderamente científico y creativo.Noticia Relacionada estandar Si Roma abre una extraordinaria ventana a su pasado bajo la plaza Venecia Ángel Gómez Fuentes Las obras de la Línea C de metro sacan a la luz un conjunto de viviendas populares romanas, la antigua vía Flaminia y restos medievalesEl sistema se apoya en una triple columna vertebral: digitalización, inteligencia artificial y robótica. Los equipos del IIT (Instituto Italiano de Tecnología) y del Parque Arqueológico de Pompeya han digitalizado miles de fragmentos mediante escáneres 3D, iluminación controlada y análisis hiperespectral. Este último aspecto resulta crucial: no solo registra la imagen visible, sino también la composición de los pigmentos, proporcionando una información que el ojo humano ya no puede detectar.La mano del robot RePAIRCon este material, la inteligencia artificial resuelve el puzle: busca encajes basándose en la forma, el color, la textura y, sobre todo, en el conocimiento iconográfico aprendido tras procesar enormes bases de datos de pintura mural romana. Incluso cuando los fragmentos están erosionados, la IA es capaz de detectar continuidades invisibles.Manos suaves para tesoros milenariosCuando la IA propone una solución, el testigo pasa a la parte más delicada: la manipulación física. En la Casina Rustica, un edificio del parque rehabilitado como laboratorio, se encuentra el robot operativo: dos brazos articulados montados sobre una guía horizontal, capaces de acercarse con precisión quirúrgica a cada fragmento.Para proteger estas piezas únicas, el IIT ha diseñado unas manos especiales, las SoftHand, con dedos flexibles y almohadillas de alto agarre que garantizan un tacto seguro y suave, casi como el de un restaurador experimentado. El robot puede trabajar incluso de forma bimanual cuando las piezas son más grandes. Además, cámaras instaladas en la muñeca verifican cada movimiento y corrigen fallos de agarre en tiempo real.En la fase de pruebas, el robot trabaja sobre réplicas impresas en 3D para evitar riesgos. Solo cuando la solución es fiable, se pasa a los fragmentos auténticos.El verdadero tamaño del desafíoEl verdadero tamaño del desafío se aprecia en los dos casos escogidos para las pruebas finales. Uno es el techo de la ‘Casa de los pintores en el trabajo’, cuyas pinturas quedaron pulverizadas en la erupción y después en los bombardeos de 1943. El otro, los fragmentos de la ‘Escuela de los gladiadores’, el edificio derrumbado en 2010 cuyos frescos siguen sin recolocar. Aquí entra en juego la magnitud del reto: miles de fragmentos sin forma aparente, mezclados entre sí y con enormes lagunas. El profesor Pelillo lo explica con una imagen precisa: «Falta la fotografía de la caja que acompaña a un puzle». No hay modelo previo que guíe la reconstrucción.Un equipo de Lausana llevaba desde 2018 recomponiendo manualmente uno de estos conjuntos. Trabajaban con enorme precisión, pero el proceso era lentísimo. El director del Parque Arqueológico, Gabriel Zuchtriegel, lo reconoce sin ambages: «Ningún ser humano podría recomponer solo un volumen semejante de fragmentos».El robot, con guantes RePAIRLejos de sustituir a los arqueólogos, el robot los ayuda a avanzar donde antes era imposible. RePAIR ha desarrollado una interfaz que permite un diálogo constante entre el sistema y el investigador: este puede aceptar o rechazar propuestas, añadir datos, corregir hipótesis o guiar la interpretación final.Zuchtriegel lo considera el camino natural de la arqueología: la IA será central no solo en la restauración, sino en la gestión de la avalancha de datos procedentes de excavaciones preventivas. Pero advierte: «La inteligencia artificial debe usarse con rigor científico y valores éticos claros. Es un instrumento, no un sustituto del conocimiento humano».Laboratorio Pompeya se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonioEl proyecto RePAIR ha concluido oficialmente, pero el impacto apenas empieza. Por primera vez, un robot ha reconstruido fragmentos sin disponer de un modelo final, aplicando criterios científicos y colaborando con los especialistas. Pompeya, con sus depósitos inmensos de materiales aún por estudiar, se convierte así en el laboratorio ideal de una revolución que podría extenderse a todo tipo de patrimonio: mosaicos romanos, cerámicas griegas, esculturas medievales.Lo que hace unos años parecía un sueño -que una máquina ayudara a recomponer obras destruidas hace dos milenios- es hoy una realidad. Y apunta hacia una nueva arqueología en la que el pasado y el futuro trabajan, literalmente, de la mano. En definitiva, RePAIR demuestra que la protección del arte más frágil requiere abrazar la tecnología más avanzada. El robot de Pompeya no es un arqueólogo, pero sí un aliado incansable que permite al ser humano centrarse en lo esencial: comprender el significado profundo de lo que ha vuelto a la vida. RSS de noticias de cultura

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