El servicio de Rodalies de Cataluña volvió a ponerse en marcha esta semana, tras cinco días de obligado parón a causa de las incidencias acumuladas. La muerte de un joven maquinista en prácticas en la R4, con España todavía conmocionada por la tragedia ferroviaria de Adamuz , obligó al servicio catalán a cerrar hasta nueva orden para revisar una por una sus vías. El temporal se encargó del resto y, tras una semana caótica con múltiples parones y ceses de personal, las sospechas vuelven a centrarse en un servicio que por desgracia arrastra demasiados fantasmas en el pasado.Noticia Relacionada reportaje Si Los mensajes de Angrois a Adamuz: «No lo olvidaréis nunca, pero la vida sigue» Jesús Hierro Marcados para siempre por el accidente del Alvia de 2013, los vecinos de esta aldea compostelana relatan cómo afrontaron el después del desastre y qué aprendizajes fueron esenciales«Siempre que ocurren estas cosas revivimos el dolor , aunque hayan pasado casi 50 años», lamenta Joaquín Moreno Torres, superviviente de uno de los peores accidentes en la historia ferroviaria catalana, ocurrido en 1979 en Les Franqueses del Vallés (Barcelona). Superado por lo acontecido en las últimas jornadas en toda España, repasa junto a este diario algunas de las mayores tragedias en el historial de Rodalies, con la mirada puesta en aquella fría mañana en la que despertó aplastado entre los restos de un vagón , donde murieron 22 personas y otras 50 resultaron heridas.«Estuve atrapado muchas horas, a ratos inconsciente, entre la chatarra y los asientos», recuerda Moreno, que tenía entonces quince años y se dirigía con sus compañeros de clase a una excursión de la que cinco no volvieron. «Podría haber sido yo. Uno de los que murieron me pidió que le cediera el asiento de la ventana. No me importó porque no se veía nada al otro lado: la niebla lo cubría todo», asegura. Niebla, lluvia, nieve: el tiempo siempre es decisivoIgual que en el siniestro ocurrido en Gelida el martes pasado, las condiciones meteorológicas tuvieron un papel determinante en Les Franqueses. Si la semana pasada la lluvia hizo colapsar un muro de contención sobre las vías , en el 79 fue la mencionada niebla el detonante del desastre. Los hechos sucedieron del siguiente modo: doce kilómetros al norte del lugar del accidente, la poca visibilidad impidió que el maquinista responsable de una unidad averiada en la estación de El Figaró, que había sido evacuada y retirada a una vía secundaria conectada con la principal, viera partir la máquina colina abajo, arrastrada fatalmente por la gravedad . El resultado fue una colisión frontal con el tren donde viajaba Moreno: 180 toneladas encontrándose a la velocidad del viento huracanado. Una auténtica catástrofe.La niebla tuvo un papel determinante y fue el detonante del desastre en Les Franqueses del Vallés en 1979«La niebla tuvo su protagonismo en Les Franqueses, pero igual que ha ocurrido con la lluvia esta semana, no la puedes corregir. El problema es siempre de la infraestructura, que debe estar preparada para ello», asevera José Luis Martínez Garrido, jefe del operativo de Bomberos que actuó en aquel siniestro. Preguntado por la causa del desastre, admite que no es su ámbito, pero tiene claro que no fue culpa de la niebla ni de la temeridad del maquinista —a quien la justicia condenó a un año de cárcel—, sino del tramo por donde se deslizó aquel tren vacío, que era de vía única a pesar de ser uno de los más transitados de la red. «Todavía lo están desdoblando, 47 años después», remata.Una infraestructura deficienteAccidentados bosques, pendientes superiores al 4% y sinuosos trazados que se dibujaron a finales del siglo XIX. La red de Cercanías catalana es conocida en el sector por ser una de las más complejas de la península, una malla gestionada por Adif que a pesar de tener una extensión algo mayor que su homóloga en Madrid, cuenta con la mitad de usuarios diarios —400.000 por 820.000—. Este fenómeno se explica en parte por su orografía y configuración, mucho menos centrada en áreas urbanas. Pero también entra en juego el hastío crónico entre pasajeros, alimentado por décadas de retrasos, incidencias de todo tipo y, en última instancia, la presencia redundante de este servicio en algunos de los siniestros más recordados del último siglo en Cataluña.Desastre ferroviario en Les Franqueses del Vallés, Barcelona, en el año 1979 Miquel Riera30 de marzo de 2002, Torredembarra (Tarragona). Un tren regional invade la vía por la que circula un Euromed, que no puede frenar a tiempo y lo embiste. Dos personas fallecen y más de un centenar resultan heridas. Noche de San Juan de 2010, Castelldefels (Barcelona). Una multitud que se dirige a la playa cruza las vías por un paso no autorizado y es arrollada por un tren de largo recorrido que venía de Valencia. Mueren 12 personas y otras 17 resultan heridas. 8 de febrero de 2019, Sant Vicenç de Castellet (Barcelona). Dos trenes de Rodalies chocan en un tramo de vía única tras circular en sentido contrario por la misma vía. Muere la maquinista de uno de los convoyes y más de un centenar de pasajeros resultan heridos. Apeadero de Casteldefells, donde en 2010 una multitud que se dirigía a la playa cruzó las vías por un paso no autorizado y fue arrollada por un tren de largo recorrido que venía de Valencia. Murieron 12 personas y otras 17 resultaron heridas inés baucellsTodos estos accidentes fueron atribuidos en su momento al factor humano, igual que el de Les Franqueses, pero todos ellos tienen en común una infraestructura deficiente y maltratada durante décadas por la administración. «Los accidentes con víctimas son lo más grave, pero el día a día de Rodalies está lleno de incidencias que no salen en las estadísticas», explica a ABC un maquinista joven, aunque con años de experiencia en la red catalana. «Desprendimientos, árboles caídos sobre las vías, problemas de estabilidad del terreno o incluso pequeños descarrilamientos forman parte de la rutina», señala. « El problema principal es el de siempre, el bloqueo político y la falta de inversión», añade.Bloqueo político y desinversiónLa situación en realidad es incluso más compleja. El servicio arrastra desde hace años una brecha estructural entre lo que se anuncia y lo que realmente se ejecuta. Desde 2010, apenas se ha materializado en torno al 50% de las mejoras prometidas. Los planes de inversión encadenan compromisos millonarios que avanzan con lentitud y a menudo se quedan a medio camino, atrapados entre la complejidad de las obras y el choque permanente entre administraciones. El resultado es una red envejecida, sometida a una presión creciente y con márgenes de seguridad cada vez más estrechos, en la que cada episodio de lluvias, cada avería o cada fallo puntual reabre un conflicto que nunca termina de cerrarse.50% Desde 2010 se han materializado la mitad de las mejoras prometidas en la red de Cercanías catalana«Hasta que esto no se solucione, Cataluña seguirá siendo un punto negro de la red ferroviaria española», advierte el maquinista entrevistado, que señala la alta rotación de personal y la dificultad para cubrir plazas en un servicio que muchos eligen solo como etapa de formación antes de marcharse a otros núcleos. «Es un problema crónico de la red», lamenta Moreno, que cinco décadas después de la tragedia de Les Franqueses se ha visto arrastrado a recordarlo. El servicio de Rodalies de Cataluña volvió a ponerse en marcha esta semana, tras cinco días de obligado parón a causa de las incidencias acumuladas. La muerte de un joven maquinista en prácticas en la R4, con España todavía conmocionada por la tragedia ferroviaria de Adamuz , obligó al servicio catalán a cerrar hasta nueva orden para revisar una por una sus vías. El temporal se encargó del resto y, tras una semana caótica con múltiples parones y ceses de personal, las sospechas vuelven a centrarse en un servicio que por desgracia arrastra demasiados fantasmas en el pasado.Noticia Relacionada reportaje Si Los mensajes de Angrois a Adamuz: «No lo olvidaréis nunca, pero la vida sigue» Jesús Hierro Marcados para siempre por el accidente del Alvia de 2013, los vecinos de esta aldea compostelana relatan cómo afrontaron el después del desastre y qué aprendizajes fueron esenciales«Siempre que ocurren estas cosas revivimos el dolor , aunque hayan pasado casi 50 años», lamenta Joaquín Moreno Torres, superviviente de uno de los peores accidentes en la historia ferroviaria catalana, ocurrido en 1979 en Les Franqueses del Vallés (Barcelona). Superado por lo acontecido en las últimas jornadas en toda España, repasa junto a este diario algunas de las mayores tragedias en el historial de Rodalies, con la mirada puesta en aquella fría mañana en la que despertó aplastado entre los restos de un vagón , donde murieron 22 personas y otras 50 resultaron heridas.«Estuve atrapado muchas horas, a ratos inconsciente, entre la chatarra y los asientos», recuerda Moreno, que tenía entonces quince años y se dirigía con sus compañeros de clase a una excursión de la que cinco no volvieron. «Podría haber sido yo. Uno de los que murieron me pidió que le cediera el asiento de la ventana. No me importó porque no se veía nada al otro lado: la niebla lo cubría todo», asegura. Niebla, lluvia, nieve: el tiempo siempre es decisivoIgual que en el siniestro ocurrido en Gelida el martes pasado, las condiciones meteorológicas tuvieron un papel determinante en Les Franqueses. Si la semana pasada la lluvia hizo colapsar un muro de contención sobre las vías , en el 79 fue la mencionada niebla el detonante del desastre. Los hechos sucedieron del siguiente modo: doce kilómetros al norte del lugar del accidente, la poca visibilidad impidió que el maquinista responsable de una unidad averiada en la estación de El Figaró, que había sido evacuada y retirada a una vía secundaria conectada con la principal, viera partir la máquina colina abajo, arrastrada fatalmente por la gravedad . El resultado fue una colisión frontal con el tren donde viajaba Moreno: 180 toneladas encontrándose a la velocidad del viento huracanado. Una auténtica catástrofe.La niebla tuvo un papel determinante y fue el detonante del desastre en Les Franqueses del Vallés en 1979«La niebla tuvo su protagonismo en Les Franqueses, pero igual que ha ocurrido con la lluvia esta semana, no la puedes corregir. El problema es siempre de la infraestructura, que debe estar preparada para ello», asevera José Luis Martínez Garrido, jefe del operativo de Bomberos que actuó en aquel siniestro. Preguntado por la causa del desastre, admite que no es su ámbito, pero tiene claro que no fue culpa de la niebla ni de la temeridad del maquinista —a quien la justicia condenó a un año de cárcel—, sino del tramo por donde se deslizó aquel tren vacío, que era de vía única a pesar de ser uno de los más transitados de la red. «Todavía lo están desdoblando, 47 años después», remata.Una infraestructura deficienteAccidentados bosques, pendientes superiores al 4% y sinuosos trazados que se dibujaron a finales del siglo XIX. La red de Cercanías catalana es conocida en el sector por ser una de las más complejas de la península, una malla gestionada por Adif que a pesar de tener una extensión algo mayor que su homóloga en Madrid, cuenta con la mitad de usuarios diarios —400.000 por 820.000—. Este fenómeno se explica en parte por su orografía y configuración, mucho menos centrada en áreas urbanas. Pero también entra en juego el hastío crónico entre pasajeros, alimentado por décadas de retrasos, incidencias de todo tipo y, en última instancia, la presencia redundante de este servicio en algunos de los siniestros más recordados del último siglo en Cataluña.Desastre ferroviario en Les Franqueses del Vallés, Barcelona, en el año 1979 Miquel Riera30 de marzo de 2002, Torredembarra (Tarragona). Un tren regional invade la vía por la que circula un Euromed, que no puede frenar a tiempo y lo embiste. Dos personas fallecen y más de un centenar resultan heridas. Noche de San Juan de 2010, Castelldefels (Barcelona). Una multitud que se dirige a la playa cruza las vías por un paso no autorizado y es arrollada por un tren de largo recorrido que venía de Valencia. Mueren 12 personas y otras 17 resultan heridas. 8 de febrero de 2019, Sant Vicenç de Castellet (Barcelona). Dos trenes de Rodalies chocan en un tramo de vía única tras circular en sentido contrario por la misma vía. Muere la maquinista de uno de los convoyes y más de un centenar de pasajeros resultan heridos. Apeadero de Casteldefells, donde en 2010 una multitud que se dirigía a la playa cruzó las vías por un paso no autorizado y fue arrollada por un tren de largo recorrido que venía de Valencia. Murieron 12 personas y otras 17 resultaron heridas inés baucellsTodos estos accidentes fueron atribuidos en su momento al factor humano, igual que el de Les Franqueses, pero todos ellos tienen en común una infraestructura deficiente y maltratada durante décadas por la administración. «Los accidentes con víctimas son lo más grave, pero el día a día de Rodalies está lleno de incidencias que no salen en las estadísticas», explica a ABC un maquinista joven, aunque con años de experiencia en la red catalana. «Desprendimientos, árboles caídos sobre las vías, problemas de estabilidad del terreno o incluso pequeños descarrilamientos forman parte de la rutina», señala. « El problema principal es el de siempre, el bloqueo político y la falta de inversión», añade.Bloqueo político y desinversiónLa situación en realidad es incluso más compleja. El servicio arrastra desde hace años una brecha estructural entre lo que se anuncia y lo que realmente se ejecuta. Desde 2010, apenas se ha materializado en torno al 50% de las mejoras prometidas. Los planes de inversión encadenan compromisos millonarios que avanzan con lentitud y a menudo se quedan a medio camino, atrapados entre la complejidad de las obras y el choque permanente entre administraciones. El resultado es una red envejecida, sometida a una presión creciente y con márgenes de seguridad cada vez más estrechos, en la que cada episodio de lluvias, cada avería o cada fallo puntual reabre un conflicto que nunca termina de cerrarse.50% Desde 2010 se han materializado la mitad de las mejoras prometidas en la red de Cercanías catalana«Hasta que esto no se solucione, Cataluña seguirá siendo un punto negro de la red ferroviaria española», advierte el maquinista entrevistado, que señala la alta rotación de personal y la dificultad para cubrir plazas en un servicio que muchos eligen solo como etapa de formación antes de marcharse a otros núcleos. «Es un problema crónico de la red», lamenta Moreno, que cinco décadas después de la tragedia de Les Franqueses se ha visto arrastrado a recordarlo.
El servicio de Rodalies de Cataluña volvió a ponerse en marcha esta semana, tras cinco días de obligado parón a causa de las incidencias acumuladas. La muerte de un joven maquinista en prácticas en la R4, con España todavía conmocionada por la tragedia ferroviaria de Adamuz … , obligó al servicio catalán a cerrar hasta nueva orden para revisar una por una sus vías. El temporal se encargó del resto y, tras una semana caótica con múltiples parones y ceses de personal, las sospechas vuelven a centrarse en un servicio que por desgracia arrastra demasiados fantasmas en el pasado.
«Siempre que ocurren estas cosas revivimos el dolor, aunque hayan pasado casi 50 años», lamenta Joaquín Moreno Torres, superviviente de uno de los peores accidentes en la historia ferroviaria catalana, ocurrido en 1979 en Les Franqueses del Vallés (Barcelona). Superado por lo acontecido en las últimas jornadas en toda España, repasa junto a este diario algunas de las mayores tragedias en el historial de Rodalies, con la mirada puesta en aquella fría mañana en la que despertó aplastado entre los restos de un vagón, donde murieron 22 personas y otras 50 resultaron heridas.
«Estuve atrapado muchas horas, a ratos inconsciente, entre la chatarra y los asientos», recuerda Moreno, que tenía entonces quince años y se dirigía con sus compañeros de clase a una excursión de la que cinco no volvieron. «Podría haber sido yo. Uno de los que murieron me pidió que le cediera el asiento de la ventana. No me importó porque no se veía nada al otro lado: la niebla lo cubría todo», asegura.
Niebla, lluvia, nieve: el tiempo siempre es decisivo
Igual que en el siniestro ocurrido en Gelida el martes pasado, las condiciones meteorológicas tuvieron un papel determinante en Les Franqueses. Si la semana pasada la lluvia hizo colapsar un muro de contención sobre las vías, en el 79 fue la mencionada niebla el detonante del desastre. Los hechos sucedieron del siguiente modo: doce kilómetros al norte del lugar del accidente, la poca visibilidad impidió que el maquinista responsable de una unidad averiada en la estación de El Figaró, que había sido evacuada y retirada a una vía secundaria conectada con la principal, viera partir la máquina colina abajo, arrastrada fatalmente por la gravedad. El resultado fue una colisión frontal con el tren donde viajaba Moreno: 180 toneladas encontrándose a la velocidad del viento huracanado. Una auténtica catástrofe.
La niebla tuvo un papel determinante y fue el detonante del desastre en Les Franqueses del Vallés en 1979
«La niebla tuvo su protagonismo en Les Franqueses, pero igual que ha ocurrido con la lluvia esta semana, no la puedes corregir. El problema es siempre de la infraestructura, que debe estar preparada para ello», asevera José Luis Martínez Garrido, jefe del operativo de Bomberos que actuó en aquel siniestro. Preguntado por la causa del desastre, admite que no es su ámbito, pero tiene claro que no fue culpa de la niebla ni de la temeridad del maquinista —a quien la justicia condenó a un año de cárcel—, sino del tramo por donde se deslizó aquel tren vacío, que era de vía única a pesar de ser uno de los más transitados de la red. «Todavía lo están desdoblando, 47 años después», remata.
Una infraestructura deficiente
Accidentados bosques, pendientes superiores al 4% y sinuosos trazados que se dibujaron a finales del siglo XIX. La red de Cercanías catalana es conocida en el sector por ser una de las más complejas de la península, una malla gestionada por Adif que a pesar de tener una extensión algo mayor que su homóloga en Madrid, cuenta con la mitad de usuarios diarios —400.000 por 820.000—. Este fenómeno se explica en parte por su orografía y configuración, mucho menos centrada en áreas urbanas. Pero también entra en juego el hastío crónico entre pasajeros, alimentado por décadas de retrasos, incidencias de todo tipo y, en última instancia, la presencia redundante de este servicio en algunos de los siniestros más recordados del último siglo en Cataluña.
Miquel Riera
30 de marzo de 2002, Torredembarra (Tarragona). Un tren regional invade la vía por la que circula un Euromed, que no puede frenar a tiempo y lo embiste. Dos personas fallecen y más de un centenar resultan heridas.
Noche de San Juan de 2010, Castelldefels (Barcelona). Una multitud que se dirige a la playa cruza las vías por un paso no autorizado y es arrollada por un tren de largo recorrido que venía de Valencia. Mueren 12 personas y otras 17 resultan heridas.
8 de febrero de 2019, Sant Vicenç de Castellet (Barcelona). Dos trenes de Rodalies chocan en un tramo de vía única tras circular en sentido contrario por la misma vía. Muere la maquinista de uno de los convoyes y más de un centenar de pasajeros resultan heridos.
inés baucells
Todos estos accidentes fueron atribuidos en su momento al factor humano, igual que el de Les Franqueses, pero todos ellos tienen en común una infraestructura deficiente y maltratada durante décadas por la administración. «Los accidentes con víctimas son lo más grave, pero el día a día de Rodalies está lleno de incidencias que no salen en las estadísticas», explica a ABC un maquinista joven, aunque con años de experiencia en la red catalana. «Desprendimientos, árboles caídos sobre las vías, problemas de estabilidad del terreno o incluso pequeños descarrilamientos forman parte de la rutina», señala. «El problema principal es el de siempre, el bloqueo político y la falta de inversión», añade.
Bloqueo político y desinversión
La situación en realidad es incluso más compleja. El servicio arrastra desde hace años una brecha estructural entre lo que se anuncia y lo que realmente se ejecuta. Desde 2010, apenas se ha materializado en torno al 50% de las mejoras prometidas. Los planes de inversión encadenan compromisos millonarios que avanzan con lentitud y a menudo se quedan a medio camino, atrapados entre la complejidad de las obras y el choque permanente entre administraciones.El resultado es una red envejecida, sometida a una presión creciente y con márgenes de seguridad cada vez más estrechos, en la que cada episodio de lluvias, cada avería o cada fallo puntual reabre un conflicto que nunca termina de cerrarse.
50%
Desde 2010 se han materializado la mitad de las mejoras prometidas en la red de Cercanías catalana
«Hasta que esto no se solucione, Cataluña seguirá siendo un punto negro de la red ferroviaria española», advierte el maquinista entrevistado, que señala la alta rotación de personal y la dificultad para cubrir plazas en un servicio que muchos eligen solo como etapa de formación antes de marcharse a otros núcleos.
«Es un problema crónico de la red», lamenta Moreno, que cinco décadas después de la tragedia de Les Franqueses se ha visto arrastrado a recordarlo.
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