El significado del diálogo nuclear franco-alemán: nadie se fía de EE UU

En los últimos días, hemos asistido a muestras de la espina dorsal necesaria para que Europa sobreviva en una era de potencias sin escrúpulos y también de las genuflexiones que nos pueden postrar en un doloroso y humillante avasallamiento.

Seguir leyendo

 Los últimos días han ofrecido muestras europeas de la espina dorsal necesaria para afrontar a potencias sin escrúpulos, así como de genuflexiones bochornosas ante el trumpismo  

La brújula europea
Columna

Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Los últimos días han ofrecido muestras europeas de la espina dorsal necesaria para afrontar a potencias sin escrúpulos, así como de genuflexiones bochornosas ante el trumpismo

El presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro británico, Keir Starmer, la semana pasada en la Conferencia de Múnich.Kay Nietfeld (REUTERS)
Andrea Rizzi

En los últimos días, hemos asistido a muestras de la espina dorsal necesaria para que Europa sobreviva en una era de potencias sin escrúpulos y también de las genuflexiones que nos pueden postrar en un doloroso y humillante avasallamiento.

En el primer apartado figura la importantísima apertura del diálogo nuclear entre Francia y Alemania. Conviene no subestimar su significado político. Los franceses han sugerido la posibilidad de proyectar el escudo de su arsenal nuclear sobre Europa desde los tiempos de De Gaulle, con distintos grados de intensidad. Los alemanes nunca hicieron caso. Estaban completamente enrocados en su posición atlantista, en su fe en la protección estadounidense vía OTAN. Pero el canciller alemán, Friedrich Merz, anunció hace una semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich que se ha abierto un diálogo para explorar vías de desarrollo de un paraguas de disuasión nuclear europeo fundamentado en el arsenal francés. Precisó que el proceso es incipiente, y que es una iniciativa complementaria al paraguas OTAN. Pero conviene no tener duda de lo que ello significa: Alemania ya no se fía de EE UU. Berlín adopta una retórica más prudente que otros en cuanto a la relación con Washington. No obstante, es preciso fijarse en el significado de los hechos, y estos dicen que nadie se fía ya de EE UU, y Alemania tampoco.

En el segundo apartado figura la bochornosa presencia de algunos representantes europeos en el show de la Junta de Paz, que sería patético y grotesco si no fuera dramático y abusivo. Cómo no, estaba Orbán, que es poco más que un caballo de Troya del putinismo y del trumpismo en Europa. Y sí, estaba el ministro de Exteriores de Italia, que sin disimulo hace tristes contorsionismos para congraciarse con la potencia prepotente. Y, desgraciadamente, tocó observar la presencia de una comisaria europea enviada por su jefa, Ursula von der Leyen, con cuando menos dudosa base legal, y sin duda ninguna, nefasto criterio político. El circo privado trumpista que es la Junta de Paz debe ser meridianamente rechazado cual instrumento de destrucción del avance de un orden multilateral basado en reglas y decencia. La Junta de Paz no responde ni a las primeras ni a la segunda.

Regresemos, pues, al significado del diálogo nuclear franco-alemán. Las armas nucleares son una monstruosidad, y es preciso esforzarse al máximo para conseguir frenar su proliferación y lograr el desarme. Sentada esa premisa, en un mundo en el cual un sujeto como Putin dispone de miles de cabezas nucleares y en el que los europeos no podemos seguir confiando en la protección del equivalente arsenal estadounidense, pensar solo en clave de desarme resulta, desgraciadamente, un razonamiento cojo, ingenuo. Si no queremos ser avasallados, necesitamos disponer de una suficiente fuerza disuasoria. En el ámbito militar, hay que razonar tanto en el plano convencional como en el nuclear. Por ello es bienvenido el trascendental paso franco-alemán de dialogar sobre el asunto. Una carrera de incremento de los arsenales sería un error; una estructura de coordinación estratégica y operativa, un acierto.

A la vista de la importancia del asunto, tiene un enorme interés político que el presidente del Gobierno de España manifestara con claridad su opinión al respecto. Pedro Sánchez pronunció en Múnich un discurso con la virtud de poner en el debate varios asuntos soslayados en el encuentro, y alentó correctamente a luchar contra la proliferación nuclear. Pero, ¿cómo encaja ese planteamiento con el diálogo franco-alemán que, al menos de entrada, no es un proyecto de rearme, ya que no va de expansión cuantitativa de los arsenales? El discurso de Múnich no aclaró bien la posición española sobre esto. Algunos medios conservadores llegaron a conclusiones que no estaban de forma explícita en el discurso.

El Gobierno español aboga, correctamente, por la búsqueda de una independencia europea. Ha cometido sin duda errores que pesan en su balance, pero ha tenido la valentía de afirmar algunas posiciones correctas a contracorriente y otras con la corriente, pero no fáciles de vender a su electorado. En el plano militar convencional, pide un ejército europeo. ¿Qué opina de un diálogo europeo que vaya construyendo una protección nuclear autónoma que ofrezca garantías cuando en EE UU ya no se puede confiar?

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Añadir usuarioContinuar leyendo aquí

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Mis comentariosNormas

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Please enable JavaScript to view the <a href=»https://disqus.com/?ref_noscript» rel=»nofollow»> comments powered by Disqus.</a>

Archivado En

 Internacional en EL PAÍS

Noticias Relacionadas