“Esto era evitable, esto se podía evitar. Pero montar a un niño en una ambulancia de esa manera, hombre, de verdad”. Estas palabras las pronuncia un responsable sanitario y cuando habla de “esto” se refiere a una muerte. El niño se llamaba Gonzalo Sánchez Leyva, tenía dos años y cinco meses y falleció instantes después de ser trasladado entre dos hospitales privados, en una situación crítica, en una ambulancia desprovista de medios y sin ningún médico a bordo. Sucedió el 28 de junio de 2025. Once meses después, la familia acaba de presentar una demanda a la aseguradora que considera responsable de todo el proceso.
El pequeño Gonzalo murió en 2025 por una insuficiencia respiratoria grave durante un traslado entre dos centros en una ambulancia sin los medios ni el personal necesarios. Su familia ha demandado a la aseguradora
“Esto era evitable, esto se podía evitar. Pero montar a un niño en una ambulancia de esa manera, hombre, de verdad”. Estas palabras las pronuncia un responsable sanitario y cuando habla de “esto” se refiere a una muerte. El niño se llamaba Gonzalo Sánchez Leyva, tenía dos años y cinco meses y falleció instantes después de ser trasladado entre dos hospitales privados, en una situación crítica, en una ambulancia desprovista de medios y sin ningún médico a bordo. Sucedió el 28 de junio de 2025. Once meses después, la familia acaba de presentar una demanda a la aseguradora que considera responsable de todo el proceso.
Gonzalo tenía antecedentes de bronquiolitis, bronquitis y neumonía, por los que ya había sido ingresado en varias ocasiones en el Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz de Sevilla, un centro perteneciente al cuadro médico de la aseguradora Asisa. La mañana del 27 de junio de 2025, sus padres lo llevan allí a urgencias. Llevaba 48 horas vomitando, tenía fiebre, sangraba por la nariz y tenía temblores y vértigos. Pasa seis horas en observación, le solicitan un análisis de sangre que no le llegan a hacer y le dan el alta con un diagnóstico de “viriasis” [término médico para referirse a una enfermedad causada por un virus] y una prescripción de apiretal e ibuprofeno, según recoge la demanda presentada por su familia.
Durante aquella tarde, Gonzalo comienza a presentar dificultad para hablar y respirar y pasados siete minutos de la medianoche, vuelve a ingresar en el hospital con la piel pálida. Según recoge el informe de urgencias, la frecuencia cardiaca está disparada (175 pulsaciones por minuto) y el oxígeno no llega a los pulmones del niño, que presenta un 80% de saturación en sangre. Aunque le suministraron oxígeno, Gonzalo seguía en estado grave.

“Teniendo en cuenta que el bebé fue llevado por dificultad respiratoria grave y fiebre y que tenía antecedentes de dos bronconeumonías, era imprescindible haberle realizado una radiografía de tórax de forma urgente. No se hizo”, se puede leer en la demanda que la familia ha interpuesto contra Asisa, a la que ha tenido acceso EL PAÍS. “También fue contrario a la correcta práctica médica que no se iniciara tratamiento antibiótico de manera inmediata”, continúa.
Ante esta situación, el centro sanitario considera necesario trasladar a Gonzalo a un hospital que dispusiera de unidad de cuidados intensivos pediátricos y contacta con el centro coordinador de urgencias de Asisa. Es la una y cinco minutos de la madrugada. “Tenemos un pequeño, asegurado vuestro, que necesita ser trasladado urgentemente a un centro que tenga cuidados intensivos pediátricos. Necesito una contestación rápida por vuestra parte porque me comenta el médico que está saturando a un 80%”, urge la profesional del Hospital Viamed.
Las llamadas se suceden esa noche mientras la situación de Gonzalo se ve cada vez más comprometida. “El tema está en que nosotros no tenemos ni siquiera un alto flujo para ponerle a un paciente; es decir, un alto flujo que sería el manejo que necesito ahora mismo el niño. Aquí no debería estar”, explica 35 minutos después de la primera llamada el médico al cargo del niño en Viamed. A la 1.40 de la mañana, el coordinador de urgencias de Asisa pregunta al médico de Viamed si sabe dónde pueden tener UCI pediátrica.
El facultativo a cargo del menor acepta, a las 2.15 de la madrugada, que sea una ambulancia con soporte vital básico la que recoja al niño para trasladarlo al centro médico donde lo acaban de aceptar, el Hospital Vithas Nisa Aljarafe, también privado. “¿Qué tipo de recursos necesita? ¿Una UVI, un soporte vital básico con enfermería?”, preguntan en Asisa. “Con enfermería porque ahora el niño está con una mascarilla reservorio saturando al 89/88”, responde el facultativo. “Vale, soporte vital básico con enfermería”, termina la llamada. Los audios de las llamadas entre los hospitales y la aseguradora fueron facilitados por Asisa a la familia. Varias de ellas se ven reflejadas en la demanda que estudia ahora la sección civil y de instrucción del Tribunal de Instancia de Dos Hermanas (Sevilla).
Tras más de dos horas esperando una ambulancia desde el momento en que ingresó, Gonzalo es trasladado al Hospital Vithas, a unos 25 minutos de distancia, en una ambulancia no medicalizada. En la ambulancia había un técnico en emergencias sanitarias al volante y una enfermera o auxiliar de enfermería, esto último aún sin determinar. No había ningún médico con capacidad de revertir, por ejemplo, una parada cardiorrespiratoria. Su familia denuncia, además, que fue introducido en la ambulancia en situación de inestabilidad clínica; esto es, con un nivel de oxígeno en sangre del 70%, una situación crítica que requiere una intubación urgente. Tampoco se hizo. A 10 minutos del Hospital Viamed, unos 4 kilómetros de distancia, se encuentra el Hospital Virgen del Rocío, un centro sanitario público con prestaciones avanzadas que en ningún momento fue contemplado.
Aquel trayecto fue “muy muy largo”, recuerda Esther Leyva, la madre de Gonzalo. “Se notaba la preocupación de la chica que le decía al conductor que corriera, que cuánto le faltaba. A mí no me decían nada, tratando de no preocuparme aún más”. Durante aquel recorrido, Gonzalo articulaba aún alguna palabra y se fijaba en los monitores y las luces de la ambulancia. “Llegamos al hospital, bajaron a mi niño y ya nunca lo volví a ver”, recuerda llorando la madre.
Según explica en una entrevista a EL PAÍS el abogado de la familia, Carlos Sardinero, en este caso “se han omitido las cautelas o precauciones más elementales y se han infringido los protocolos del Servicio Andaluz de Salud, que excluyen el traslado en soporte vital avanzado por enfermería en niños (menores de 14 años) y cuando el paciente está inestable o con riesgo vital grave”. “Se han vulnerado las normas más básicas de la correcta praxis médica”, subraya.
A las 3.14 de la madrugada, Gonzalo ingresa en el hospital Vithas en situación de parada cardiorrespiratoria inminente. El parte médico apunta que apenas tiene 33 latidos por minuto, tiene la mirada fija y no experimenta respuesta al dolor. “La UCI estaba vacía cuando llegamos. Apenas había dos personas. No estaban preparados para la llegada de nuestro hijo. Cuando advierten la gravedad de la situación, empiezan a bajar médicos”, cuenta Leyva.
Los facultativos inician inmediatamente maniobras de reanimación cardiopulmonar y pasan más de una hora tratando de que el corazón de Gonzalo vuelva a latir. A las 4.28 confirman la muerte del bebé. La causa inmediata del fallecimiento fue una insuficiencia respiratoria grave.
Pasan siete minutos de las cinco de la mañana cuando el médico de la UCI pediátrica del Hospital Vithas Aljarafe llama por teléfono al coordinador de urgencias de Asisa. “El chiquitín llegó en una parada cardiorrespiratoria, saturando al 71, sin frecuencia cardiaca. Ese niño falleció. No entiendo cómo hicieron un traslado de un niño sin médico en esa ambulancia”, afirma en un audio al que ha tenido acceso EL PAÍS y que se puede escuchar al inicio de esta información. En esa llamada, el responsable de Asisa señala al médico del Viamed, asegurando que se hizo lo que solicitó aquel profesional. El facultativo de Vithas continúa: “La persona encargada del traslado tenía que solicitar un médico en esa ambulancia y viene con un auxiliar de enfermería y un conductor, que no saben manejar una parada cardiorrespiratoria. Se le ha hecho una hora de reanimación sin éxito. No salió del hospital con más oxígeno que un 71”. El profesional termina lamentándose: “Esto era evitable. Esto se podía evitar. Pero… montar a un niño de esta manera en una ambulancia, de verdad, esto…”.
“Se trató al niño como si fuera un saco y en esa situación sufrió una parada cardiorrespiratoria sin ningún profesional que pudiese revertir la situación”, critica el abogado, experto en derecho sanitario. Los padres han sabido todo esto a posteriori porque, denuncian, durante todo el proceso se enfrentaron a una absoluta falta de información. “Si no hay medios, dímelo, que yo lo monto en el coche y lo llevo al Virgen del Rocío. Dímelo a la entrada. Un poco de honestidad, ¿no? No pudimos gestionarlo. Sientes que te han estafado porque nunca fueron claros con nosotros”, lamenta el padre de Gonzalo, José Miguel Sánchez. “Los padres, ante una situación crítica, no pudieron tomar ninguna decisión sobre las alternativas para su hijo porque no dispusieron de la información”, subraya Sardinero. “Hay muchas personas que han contribuido con su omisión al fallecimiento de Gonzalo”, concluye.
Preguntados sobre por qué subieron al menor en esa situación en una ambulancia sin los medios y el personal mínimo necesario, en Viamed responden que “desde el hospital sí que se solicitó una UVI móvil a la compañía aseguradora”. Y añaden: “En ese momento, la compañía de prestación sanitaria nos informó de que no había ninguna unidad disponible, por lo que, ante la posibilidad de empeoramiento clínico y las circunstancias del caso, el médico responsable del paciente aceptó el traslado en una ambulancia convencional, condicionándolo a que tuviera, al menos, un profesional de enfermería. De esta forma, se primó la agilidad y premura para que llegara cuanto antes a un centro con UCI pediátrica dadas las circunstancias del caso”. La conversación en la que les informan de la ausencia de recursos no consta en las grabaciones que Asisa ha proporcionado a los padres de Gonzalo. En cualquier caso, incide el abogado, podían haber llamado al 112 para que el niño fuese trasladado al hospital más cercano, el Virgen del Rocío.
Asisa no ha querido hacer ningún comentario, aunque, después de meses, ayer, una vez que el programa Directo al Grano de TVE hizo público este caso, remitieron un burofax al despacho de Carlos Sardinero en el que aseguran que la prestación médica directa no depende de ellos, que se limitan a disponer los medios y recursos necesarios. En este caso fallaron los medios, pero es que, además, afirma el letrado, “la aseguradora cuya póliza pagaban los padres de Gonzalo no es un simple mediador entre dos partes, por lo que debe garantizar realmente la prestación de la asistencia”.

La muerte de Gonzalo ha desmantelado el plan de vida de Esther, José Miguel y su hija Lola. La culpa les sigue atravesando. “Recuerdo y revivo cada minuto, cada segundo de aquel día”, dice la madre. Su día a día está lleno de “y si”: “Si le hubiesen dado un antibiótico, no estaríamos aquí; si le hubiesen hecho una placa, no estaríamos aquí; si lo hubieran trasladado de otra manera, no estaríamos aquí… En un día entero, con que alguien hubiese hecho algo bien, no estaríamos aquí. Es incomprensible: cualquier cosa que hubiesen hecho diferente, yo no estaría aquí”.
La terapia a la que acuden les ayuda a tratar de encarar su existencia conviviendo con el dolor. No se permiten hundirse, por su hija. “Ella nos mantiene a flote. La vida continúa. Nos hubiera gustado que le hubiese pasado a otro y nosotros aprender, pero ya que nos ha pasado a nosotros, tenemos que dar la cara y denunciar, por aquellos que no consiguen reunir la fuerza necesaria. Creemos que es necesario que de este tipo de catástrofes se tomen medidas”, explica Leyva. “Gonzalo era un bebé precioso, lleno de luz y ternura, nuestro ángel, nuestro ratón. Perderlo jamás tendrá sentido para nosotros. Pero lucharemos por honrarlo y por recordarlo con todo el amor que nos dio. Espéranos, mi niño, pronto estaremos contigo”, concluye la madre.
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