Felipe González presionó al PSE para favorecer la representación política del PNV en Euskadi

El expresidente del Gobierno, Felipe González, presionó sistemáticamente al PSE (Partido Socialista de Euskadi) para favorecer la representación política del PNV con el objetivo de implicarle en el ordenamiento jurídico y en la lucha contra el terrorismo etarra. Lo revela el historiador Luis Castells en una biografía dedicada a José María Txiki Benegas (Caracas, 1948-Madrid, 2015), primer secretario general del PSE y artífice de las líneas maestras que marcaron el futuro de la política vasca. Titulada Benegas, una semblanza política y publicada en la editorial Catarata cuenta cómo Benegas fue el primer político en llevar escolta, desde 1977, al conocerse que la dirección de ETA había votado su condena a muerte, aunque no salió por un voto.

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 La biografía de Txiki Benegas, número tres del PSOE con González y primer líder del PSE, desvela las claves que impulsaron la política vasca  

El expresidente del Gobierno, Felipe González, presionó sistemáticamente al PSE (Partido Socialista de Euskadi) para favorecer la representación política del PNV con el objetivo de implicarle en el ordenamiento jurídico y en la lucha contra el terrorismo etarra. Lo revela el historiador Luis Castells en una biografía dedicada a José María Txiki Benegas (Caracas, 1948-Madrid, 2015), primer secretario general del PSE y artífice de las líneas maestras que marcaron el futuro de la política vasca. Titulada Benegas, una semblanza política y publicada en la editorial Catarata cuenta cómo Benegas fue el primer político en llevar escolta, desde 1977, al conocerse que la dirección de ETA había votado su condena a muerte, aunque no salió por un voto.

Felipe González quiso y no logró que, en febrero de 1978, el primer presidente de la preautonomía vasca fuera el peneuvista Juan Ajuriaguerra, y no el socialista Ramón Rubial. Benegas no hizo caso a González. También quiso que el PSE permitiera la bilateralidad en la negociación del Estatuto vasco entre el peneuvista Carlos Garaikoetxea —segundo presidente preautonómico— y el entonces presidente Adolfo Suárez. Fue así, pese a la oposición de Benegas. También se congratuló González, tras las elecciones vascas de 1986 —en las que Benegas logró 19 escaños frente a 17 del peneuvista José Antonio Ardanza— de que le cediera la presidencia, para disgusto del socialismo vasco.

Años después, Benegas entendió la posición de González, según narra Castells, al considerar que la presidencia socialista en la preautonomía hizo que el PNV se desentendiera de ella. Sin embargo, el liderazgo peneuvista en la negociación estatutaria le hizo asumir el ordenamiento jurídico. Igualmente, la presidencia del peneuvista Ardanza propició el primer gobierno de coalición PNV-PSE en 1987 y su implicación en la lucha antiterrorista con el Pacto de Ajuria Enea de 1988, condición impuesta por Benegas para asumir el liderazgo peneuvista.

Este posicionamiento, mal entendido fuera de Euskadi, lo explica la prioridad que González otorgaba a la lucha contra ETA. Lo fue cuando Benegas asumió el liderazgo del recién creado PSE. González eligió al joven diputado vasco, que le acompañó en el Congreso de Suresnes de 1974, para afrontarla. Benegas defendió en el Congreso la Ley de Amnistía como instrumento de convivencia con la confianza añadida de que facilitara el fin del terrorismo. Defendió también el Estado autonómico y el Estatuto vasco. Confiaba en que los avances del autogobierno integrarían al PNV y minarían el terrorismo, narra Castells.

Recuerda cómo en 1977, el PSE defendía, junto a aciertos como la socialdemocracia, reivindicaciones nacionalistas como el derecho a la autodeterminación y la integración de Navarra en Euskadi. Benegas reconocería posteriormente que fueron efecto del clima político en Euskadi al final del franquismo y se cayeron del programa socialista con la Constitución en diciembre de 1978.

Para entonces, ETA había aclarado que el Estatuto no detendría el terrorismo. Benegas fue entre febrero de 1978 y junio de 1979, consejero de Interior del preautonómico vasco y en ese plazo ETA cometió 107 asesinatos con unas policías inadaptadas a la democracia. “Esos meses viví cerca la muerte, el dolor de las viudas, los niños. Dejé de ser joven”, escribió Benegas.

La declaración de guerra etarra al PSE fue más patente cuando en octubre de 1979 asesinó al joven socialista Germán González. Se produjo unos días después del referéndum del Estatuto. Tras la experiencia vivida, Benegas, apoyado por el PSE, marcó como líneas maestras el establecimiento de un frente democrático que impulsase el Estatuto y la movilización social para aislar a una ETA empeñada en desestabilizar la democracia a la par que afrontaba los excesos policiales. Tampoco descartaba Benegas una negociación con ETA si cesaba el terrorismo. Recuerda Castells cómo siendo Rodolfo Martín Villa ministro del Interior, en 1978, ensayó un intento fallido.

La clave del frente democrático radicaba en el pacto con el PNV, cuya influencia en la sociedad vasca, con su fuerte carga identitaria, era patente mientras la debilidad orgánica del PSE era clara, resume Castells. La idea de una Euskadi construida entre nacionalistas y no nacionalistas, pese a algunas discrepancias tácticas, fue compartida por González y Benegas y su inspirador histórico fue Indalecio Prieto, el dirigente socialista vasco que en 1936 acordó con el lehendakari peneuvista José Antonio Aguirre el Estatuto.

Benegas necesitó casi una década, de 1979 a 1988, en lograrlo con el Pacto de Ajuria Enea siendo lehendakari el peneuvista Ardanza y en su elaboración jugó un papel clave. El retraso en pactar contra ETA radicó en que el PNV, condicionado por el radicalismo abertzale, centró su política en la confrontación territorial con el Gobierno central. El gobierno de coalición PNV-PSE, tras dimitir Garaikoetxea, facilitó el pacto de los demócratas contra los violentos. Benegas nunca se entendió con Garaikoetxea y sí con el líder del PNV, Xabier Arzalluz, recuerda Castells.

En esa etapa, las relaciones con el PNV originaron tensiones entre el líder socialista vizcaíno Ricardo García Damborenea, partidario de mayor confrontación, y Benegas, respaldado por González. Damborenea abandonó el PSOE y fue condenado por pertenecer a los GAL. En 1988, tras el Pacto de Ajuria Enea, Benegas cedió la secretaría general a Ramón Jáuregui y centró su actividad en la secretaría de organización del PSOE, de la que era titular desde 1984.

Su nueva etapa fue amarga. Abordó el complicado referéndum de la OTAN, la huelga general de diciembre de 1988, los escándalos de corrupción, empezando por Filesa, y la pugna entre Felipe González y Alfonso Guerra. Rechazó una oferta ministerial de González en 1991 y se alineó con Guerra en el partido tras dimitir este de vicepresidente. Tuvo enfrentamientos con los sindicatos y con el ministro Carlos Solchaga, representante del área liberal del Gobierno.

Castells reconoce que “su imagen quedó erosionada” y recuerda cómo Benegas, años después, confesó su “amargura” por “fracasar en sus intentos de aproximar a Felipe y Alfonso”. “Felipe era el gran político, quien tenía las intuiciones”, añadía. Su vida política estuvo vinculada a la de González. Cesó como secretario de organización al dimitir González de la secretaría general en 1997. Continuó como diputado hasta fallecer en 2015. Siguió la política vasca y apoyó el diálogo con ETA del presidente Zapatero, el pacto PSE-PP para echar al lehendakari soberanista Juan José Ibarretxe. También a Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE. Le encargó negociaciones complejas con el PP y el PNV y su origen venezolano le facilitó una relación personal con el presidente Hugo Chaves, señala Castells.

Jesús Eguiguren califica a Benegas como “padre del socialismo vasco actual” al estar su organización y estrategia basadas en las que Benegas implantó. “Fue clave en fijar la estrategia contra ETA, en la gestación de la política territorial del PSOE, en el Estatuto vasco y en los acuerdos entre nacionalistas y no nacionalistas. Fue un hombre de pactos”, resume Ramón Jáuregui en el libro.

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