Los compañeros del niño fallecido junto a sus padres y su participan en la despedida en una misa multitudinaria celebrada en el pabellón polideportivo municipal Leer Los compañeros del niño fallecido junto a sus padres y su participan en la despedida en una misa multitudinaria celebrada en el pabellón polideportivo municipal Leer
«Pepe, tus amigos siempre estarán en tu corazón». Ése es el mensaje que han querido enviarle sus amigos a Pepe Zamorano, el chaval de 12 años que murió el domingo en el accidente de tren de Adamuz junto a la mayor parte de su familia. Sólo sobrevivió su hermana, Cristina, de 6 años.
Para que el mensaje le llegue, los antiguos compañeros de Pepe en el colegio Antonio Guerrero de Aljaraque, donde residía la familia, los globos blancos fueron lanzados al aire justo en el momento en el que los féretros del niño, de su padre, Pepe Zamorano, de su madre, Cristina Álvarez, y de su primo Félix, de 25 años, salían del pabellón municipal en el que este jueves se ha celebrado el funeral.
Aljaraque, un pueblo traumatizado desde el domingo -y de luto mucho más allá de los tres días declarados oficialmente por su ayuntamiento-, ha despedido a sus vecinos y, sobre todo, ha querido arropar a una familia deshecha por la tragedia en una misa multitudinaria a la que han asistido, además, muchas personas desplazadas desde la cercana localidad de Punta Umbría, donde parte de los Zamorano residen y donde Cristina, la madre, tenía una tienda de moda infantil.
Los globos blancos para Pepe han sido, cuenta Juanma, antiguo tutor del chaval, «iniciativa de los niños, ellos han querido hacerlo». Como homenaje a su amigo, con el que muchos compartieron años de pupitre, complicidad y juegos. «Mira cómo está esto hoy y verás cómo era Pepe», responde el profesor del colegio Antonio Guerrero a la pregunta del periodista de cómo era el niño de los Zamorano.
«Le gustaba la escopeta, le encantaba cazar, no entendía cómo otros niños preferían jugar a videojuegos», añade una vecina, que conocía a toda la familia, como todo el pueblo de Aljaraque.
Los Zamorano eran, son, una familia «amplia, muy grande, y conocida por todos», señala otro aljaraqueño de los muchos congregados a las puertas del pabellón deportivo donde se celebró la misa.
El padre, Pepe, tenía una empresa de maquinaria pesada y quienes le conocían le definen con dos palabras: «muy trabajador». Trabajaba a destajo, se le podía ver por el pueblo haciendo trabajos con su maquinaria. El último, que dejó inacabado, fue el arreglo de un camino en el núcleo de Corrales por encargo del Ayuntamiento, al que prestaba sus servicios con frecuencia.
La madre, Cristina Álvarez, no le iba a la zaga. Ni en trabajo ni en cariño de su vecinos. Era, afirman sus conocidos, alegre y le gustaba, sentía pasión por la canción. Hasta el punto de que llegó a participar en un talent de Canal Sur Televisión que presentaba María del Monte.
El cuarto miembro de la familia fallecido era Félix Zamorano, hijo de un hermano del padre, que había acompañado a sus tíos y a sus primos a Madrid para asistir a un partido de fútbol del Real Madrid. Tenía 25 años y, como Pepe, era muy futbolero.
La salida de los féretros del pabellón deportivo fue el momento más triste de una jornada negra en este municipio de 22.000 habitantes todos de luto. El silencio solo lo rompían los sollozos, entre ellos, desgarrados, los de los antiguos compañeros de Pepe. «Esto es lo peor que nos ha pasado nunca», aseguraba, momentos antes de que terminase el oficio religioso, otra vecina del pueblo.
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