Isidre Fainé continuará cuatro años más al frente de una entidad que no creó él de la nada pero que sí que, tal como hoy es, responde a una concepción muy personal a la que ha ido dando forma con su autoridad, su obstinación y sobre todo y muy especialmente, con su niño pobre y agradecido que todavía busca su salvación. Lo que ha hecho el presidente Fainé, que ha sido poner a uno de los bancos más importantes de España y a las cotizadas más relevantes, a trabajar para lo que ya es la tercera fundación del mundo, no tiene comparación posible, y si él deja de hacerlo nadie lo hará con su dedicación y empeño. Isidro lo sabe, y por eso, mientras cuente con el apoyo del patronato de la entidad, continuará sirviendo. No es por vanidad, no es por el poder, no es por dinero. Es por algo personal entre Dios y él: así lo siente y lo vive.Isidro Fainé Casas (Manresa, 10 de julio de 1942) es un caso único en el mundo financiero. Una de sus personas de máxima confianza le dijo el lunes, minutos después de que el patronato le confirmara. «Esta vez hemos pasado nervios». Y el presidente le respondió: «Yo nunca he estado nervioso, ¿sabes por qué? Porque sé lo que tengo que hacer y que lo que tengo que hacer está bien». Todo y siempre parte de ahí con Isidro Fainé. Por eso cuando recibe ataques como el que esta semana ha publicado el Financial Times, ni se molesta en responder. «Nosotros somos una entidad independiente y comprometida y muchos querrían que fuera al revés», me dijo en una conversación justo antes de la Navidad. «Muchos querrían tenernos controlados y usar nuestro dinero para sus intereses, y eso no lo voy a permitir nunca».Es lo que el exconsejero de Criteria, Ángel Simón, no entendió cuando buscando complacer al socialismo catalán, a quien tanto debe, quiso comprar Celsa, una empresa altamente estratégica para la Generalitat. «La Caixa no está para reflotar empresas que no funcionan sino para cobrar dividendos de nuestras participadas y poderlos invertir en nuestra obra social. Esto es La Caixa y esto es lo que será mientras yo esté. Siempre con los pobres, especialmente si son niños».Que Fainé siga por lo menos cuatro años más al frente de La Caixa significa que la independencia de la entidad va a prevalecer, que los intentos de las distintas administraciones socialistas por hacerse con la institución van a tener que continuar guardando cola, y que Caixabank va a ser el único banco del mundo cuyo objetivo es obtener los mayores beneficios para dedicarlos a la obra social. Para dedicarlos a los niños pobres como Fainé lo fue, y en lugar de haberse vuelto un nuevo rico insoportable y con resentimiento social, continúa aferrado a su alma, y a su redención, e intenta ayudar como a él le ayudaron.Pese a su modestia y a su férrea voluntad de pasar sin hacer ruido, su relevancia social es tan importante que todo el mundo aprovecha cualquier encuentro para abordarle, a veces hasta por la calle. Aunque menos físicos -pero igual de intensos- el presidente ha recibido toda clase de ataques en el ámbito político y mediático. Contra estas invectivas no existen agentes de seguridad pero sí la seguridad en uno mismo y en lo que uno mismo hace: «Es por lo de siempre, me atacan por lo de siempre, porque quieren que me pliegue ante ellos y yo no me voy a plegar ante ellos. Yo sólo me pliego ante los niños pobres, ante los abuelos que no tienen nada, ante los enfermos, y ahora estoy trabajando para dejar asegurado el presupuesto de la Fundación los próximos 50 años», me dijo también Fainé en nuestra última conversación navideña. Éste es el impulso para, a sus 83 años, querer continuar al menos cuatro años más.Las amenazas que ha sufrido La Caixa para acabar con su independencia no son teorías de la conspiración ni fantasmas imaginarios. Todos los partidos políticos con poder real han querido convertir a La Caixa en algo que no en es. Puigdemont intentó que se posicionara en favor de la independencia de Cataluña; también lo intentó Esquerra. La última intentona partidista fue en nombre de los socialistas catalanes y de algunos sectores -no todos- de La Moncloa, y como los demás fue desactivada cuando sus cabecillas cruzaron las líneas rojas de la confianza y la lealtad. Fainé continúa gobernando el destino de la Fundación: algunos dicen que con mano de hierro, y puede que en parte tengan razón. Pero es una mano de hierro contra los que pretenden saquear o aprovecharse de los recursos que él quiere destinar a los más necesitados. Mano de hierro contra los que estos días querrían que La Caixa fuera un satélite más de lo que conocemos por «sanchismo», muy parecidos a los que hace años querían que fuera una terminal del independentismo. Del mismo modo, aunque por los motivos contrarios, las relaciones con el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, están ahora en un momento tranquilo pero pasaron por sus momentos de tensión cuando el Gobierno echó a José María Álvarez-Pallete de Telefónica y lo sustituyó por Marc Murtra.Noticia Relacionada Reivindica su «independencia» estandar No Fainé renueva cuatro años más al frente de la Fundación ‘la Caixa’ Daniel Caballero La organización reelige como patronos, entre otros, a José María Álvarez-Pallete y Pablo Isla, y da entrada a Baldiri RosDesde que Isidro Fainé asumió la presidencia en 2007, la Fundación ha pasado de gestionar 398,5 millones a 710 millones en este 2026. Más de 9.000 millones invertidos en estos 19 años. Gracias al programa Incorpora, ha generado cerca de 500.000 puestos de trabajo entre personas en situación de vulnerabilidad, y a través del programa de atención a personas con enfermedades avanzadas, ha atendido a más de 400.000 personas y cerca de 500.000 familias. La continuidad de Fainé no sólo afecta a La Caixa sino a una concepción empresarial basada en la capacidad, en el mérito y en el trabajo bien hecho. La Caixa es la única gran institución en la que, por mucho que lo han intentado -y lo continuarán intentando- que ningún partido político o gobierno, ha podido desvirtuar con la intimidación que tristemente suele ser habitual entre los que utilizan la maquinaria de lo público para poner a su servicio el trabajo y la devoción de las personas de buena voluntad. Isidre Fainé continuará cuatro años más al frente de una entidad que no creó él de la nada pero que sí que, tal como hoy es, responde a una concepción muy personal a la que ha ido dando forma con su autoridad, su obstinación y sobre todo y muy especialmente, con su niño pobre y agradecido que todavía busca su salvación. Lo que ha hecho el presidente Fainé, que ha sido poner a uno de los bancos más importantes de España y a las cotizadas más relevantes, a trabajar para lo que ya es la tercera fundación del mundo, no tiene comparación posible, y si él deja de hacerlo nadie lo hará con su dedicación y empeño. Isidro lo sabe, y por eso, mientras cuente con el apoyo del patronato de la entidad, continuará sirviendo. No es por vanidad, no es por el poder, no es por dinero. Es por algo personal entre Dios y él: así lo siente y lo vive.Isidro Fainé Casas (Manresa, 10 de julio de 1942) es un caso único en el mundo financiero. Una de sus personas de máxima confianza le dijo el lunes, minutos después de que el patronato le confirmara. «Esta vez hemos pasado nervios». Y el presidente le respondió: «Yo nunca he estado nervioso, ¿sabes por qué? Porque sé lo que tengo que hacer y que lo que tengo que hacer está bien». Todo y siempre parte de ahí con Isidro Fainé. Por eso cuando recibe ataques como el que esta semana ha publicado el Financial Times, ni se molesta en responder. «Nosotros somos una entidad independiente y comprometida y muchos querrían que fuera al revés», me dijo en una conversación justo antes de la Navidad. «Muchos querrían tenernos controlados y usar nuestro dinero para sus intereses, y eso no lo voy a permitir nunca».Es lo que el exconsejero de Criteria, Ángel Simón, no entendió cuando buscando complacer al socialismo catalán, a quien tanto debe, quiso comprar Celsa, una empresa altamente estratégica para la Generalitat. «La Caixa no está para reflotar empresas que no funcionan sino para cobrar dividendos de nuestras participadas y poderlos invertir en nuestra obra social. Esto es La Caixa y esto es lo que será mientras yo esté. Siempre con los pobres, especialmente si son niños».Que Fainé siga por lo menos cuatro años más al frente de La Caixa significa que la independencia de la entidad va a prevalecer, que los intentos de las distintas administraciones socialistas por hacerse con la institución van a tener que continuar guardando cola, y que Caixabank va a ser el único banco del mundo cuyo objetivo es obtener los mayores beneficios para dedicarlos a la obra social. Para dedicarlos a los niños pobres como Fainé lo fue, y en lugar de haberse vuelto un nuevo rico insoportable y con resentimiento social, continúa aferrado a su alma, y a su redención, e intenta ayudar como a él le ayudaron.Pese a su modestia y a su férrea voluntad de pasar sin hacer ruido, su relevancia social es tan importante que todo el mundo aprovecha cualquier encuentro para abordarle, a veces hasta por la calle. Aunque menos físicos -pero igual de intensos- el presidente ha recibido toda clase de ataques en el ámbito político y mediático. Contra estas invectivas no existen agentes de seguridad pero sí la seguridad en uno mismo y en lo que uno mismo hace: «Es por lo de siempre, me atacan por lo de siempre, porque quieren que me pliegue ante ellos y yo no me voy a plegar ante ellos. Yo sólo me pliego ante los niños pobres, ante los abuelos que no tienen nada, ante los enfermos, y ahora estoy trabajando para dejar asegurado el presupuesto de la Fundación los próximos 50 años», me dijo también Fainé en nuestra última conversación navideña. Éste es el impulso para, a sus 83 años, querer continuar al menos cuatro años más.Las amenazas que ha sufrido La Caixa para acabar con su independencia no son teorías de la conspiración ni fantasmas imaginarios. Todos los partidos políticos con poder real han querido convertir a La Caixa en algo que no en es. Puigdemont intentó que se posicionara en favor de la independencia de Cataluña; también lo intentó Esquerra. La última intentona partidista fue en nombre de los socialistas catalanes y de algunos sectores -no todos- de La Moncloa, y como los demás fue desactivada cuando sus cabecillas cruzaron las líneas rojas de la confianza y la lealtad. Fainé continúa gobernando el destino de la Fundación: algunos dicen que con mano de hierro, y puede que en parte tengan razón. Pero es una mano de hierro contra los que pretenden saquear o aprovecharse de los recursos que él quiere destinar a los más necesitados. Mano de hierro contra los que estos días querrían que La Caixa fuera un satélite más de lo que conocemos por «sanchismo», muy parecidos a los que hace años querían que fuera una terminal del independentismo. Del mismo modo, aunque por los motivos contrarios, las relaciones con el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, están ahora en un momento tranquilo pero pasaron por sus momentos de tensión cuando el Gobierno echó a José María Álvarez-Pallete de Telefónica y lo sustituyó por Marc Murtra.Noticia Relacionada Reivindica su «independencia» estandar No Fainé renueva cuatro años más al frente de la Fundación ‘la Caixa’ Daniel Caballero La organización reelige como patronos, entre otros, a José María Álvarez-Pallete y Pablo Isla, y da entrada a Baldiri RosDesde que Isidro Fainé asumió la presidencia en 2007, la Fundación ha pasado de gestionar 398,5 millones a 710 millones en este 2026. Más de 9.000 millones invertidos en estos 19 años. Gracias al programa Incorpora, ha generado cerca de 500.000 puestos de trabajo entre personas en situación de vulnerabilidad, y a través del programa de atención a personas con enfermedades avanzadas, ha atendido a más de 400.000 personas y cerca de 500.000 familias. La continuidad de Fainé no sólo afecta a La Caixa sino a una concepción empresarial basada en la capacidad, en el mérito y en el trabajo bien hecho. La Caixa es la única gran institución en la que, por mucho que lo han intentado -y lo continuarán intentando- que ningún partido político o gobierno, ha podido desvirtuar con la intimidación que tristemente suele ser habitual entre los que utilizan la maquinaria de lo público para poner a su servicio el trabajo y la devoción de las personas de buena voluntad.
Isidre Fainé continuará cuatro años más al frente de una entidad que no creó él de la nada pero que sí que, tal como hoy es, responde a una concepción muy personal a la que ha ido dando forma con su autoridad, su obstinación y … sobre todo y muy especialmente, con su niño pobre y agradecido que todavía busca su salvación. Lo que ha hecho el presidente Fainé, que ha sido poner a uno de los bancos más importantes de España y a las cotizadas más relevantes, a trabajar para lo que ya es la tercera fundación del mundo, no tiene comparación posible, y si él deja de hacerlo nadie lo hará con su dedicación y empeño. Isidro lo sabe, y por eso, mientras cuente con el apoyo del patronato de la entidad, continuará sirviendo. No es por vanidad, no es por el poder, no es por dinero. Es por algo personal entre Dios y él: así lo siente y lo vive.
Isidro Fainé Casas (Manresa, 10 de julio de 1942) es un caso único en el mundo financiero. Una de sus personas de máxima confianza le dijo el lunes, minutos después de que el patronato le confirmara. «Esta vez hemos pasado nervios». Y el presidente le respondió: «Yo nunca he estado nervioso, ¿sabes por qué? Porque sé lo que tengo que hacer y que lo que tengo que hacer está bien». Todo y siempre parte de ahí con Isidro Fainé. Por eso cuando recibe ataques como el que esta semana ha publicado el Financial Times, ni se molesta en responder. «Nosotros somos una entidad independiente y comprometida y muchos querrían que fuera al revés», me dijo en una conversación justo antes de la Navidad. «Muchos querrían tenernos controlados y usar nuestro dinero para sus intereses, y eso no lo voy a permitir nunca».
Es lo que el exconsejero de Criteria, Ángel Simón, no entendió cuando buscando complacer al socialismo catalán, a quien tanto debe, quiso comprar Celsa, una empresa altamente estratégica para la Generalitat. «La Caixa no está para reflotar empresas que no funcionan sino para cobrar dividendos de nuestras participadas y poderlos invertir en nuestra obra social. Esto es La Caixa y esto es lo que será mientras yo esté. Siempre con los pobres, especialmente si son niños».
Que Fainé siga por lo menos cuatro años más al frente de La Caixa significa que la independencia de la entidad va a prevalecer, que los intentos de las distintas administraciones socialistas por hacerse con la institución van a tener que continuar guardando cola, y que Caixabank va a ser el único banco del mundo cuyo objetivo es obtener los mayores beneficios para dedicarlos a la obra social. Para dedicarlos a los niños pobres como Fainé lo fue, y en lugar de haberse vuelto un nuevo rico insoportable y con resentimiento social, continúa aferrado a su alma, y a su redención, e intenta ayudar como a él le ayudaron.
Pese a su modestia y a su férrea voluntad de pasar sin hacer ruido, su relevancia social es tan importante que todo el mundo aprovecha cualquier encuentro para abordarle, a veces hasta por la calle. Aunque menos físicos -pero igual de intensos- el presidente ha recibido toda clase de ataques en el ámbito político y mediático. Contra estas invectivas no existen agentes de seguridad pero sí la seguridad en uno mismo y en lo que uno mismo hace: «Es por lo de siempre, me atacan por lo de siempre, porque quieren que me pliegue ante ellos y yo no me voy a plegar ante ellos. Yo sólo me pliego ante los niños pobres, ante los abuelos que no tienen nada, ante los enfermos, y ahora estoy trabajando para dejar asegurado el presupuesto de la Fundación los próximos 50 años», me dijo también Fainé en nuestra última conversación navideña. Éste es el impulso para, a sus 83 años, querer continuar al menos cuatro años más.
Las amenazas que ha sufrido La Caixa para acabar con su independencia no son teorías de la conspiración ni fantasmas imaginarios. Todos los partidos políticos con poder real han querido convertir a La Caixa en algo que no en es. Puigdemont intentó que se posicionara en favor de la independencia de Cataluña; también lo intentó Esquerra. La última intentona partidista fue en nombre de los socialistas catalanes y de algunos sectores -no todos- de La Moncloa, y como los demás fue desactivada cuando sus cabecillas cruzaron las líneas rojas de la confianza y la lealtad. Fainé continúa gobernando el destino de la Fundación: algunos dicen que con mano de hierro, y puede que en parte tengan razón. Pero es una mano de hierro contra los que pretenden saquear o aprovecharse de los recursos que él quiere destinar a los más necesitados. Mano de hierro contra los que estos días querrían que La Caixa fuera un satélite más de lo que conocemos por «sanchismo», muy parecidos a los que hace años querían que fuera una terminal del independentismo. Del mismo modo, aunque por los motivos contrarios, las relaciones con el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, están ahora en un momento tranquilo pero pasaron por sus momentos de tensión cuando el Gobierno echó a José María Álvarez-Pallete de Telefónica y lo sustituyó por Marc Murtra.
Desde que Isidro Fainé asumió la presidencia en 2007, la Fundación ha pasado de gestionar 398,5 millones a 710 millones en este 2026. Más de 9.000 millones invertidos en estos 19 años. Gracias al programa Incorpora, ha generado cerca de 500.000 puestos de trabajo entre personas en situación de vulnerabilidad, y a través del programa de atención a personas con enfermedades avanzadas, ha atendido a más de 400.000 personas y cerca de 500.000 familias.
La continuidad de Fainé no sólo afecta a La Caixa sino a una concepción empresarial basada en la capacidad, en el mérito y en el trabajo bien hecho. La Caixa es la única gran institución en la que, por mucho que lo han intentado -y lo continuarán intentando- que ningún partido político o gobierno, ha podido desvirtuar con la intimidación que tristemente suele ser habitual entre los que utilizan la maquinaria de lo público para poner a su servicio el trabajo y la devoción de las personas de buena voluntad.
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