Juanma Moreno Bonilla, un político que llora… en El Hormiguero: «He tenido que ir al psicólogo»

Juanma Moreno Bonilla ha escrito un libro, ha plantado un árbol y ha tenido hijos. Solo le quedaba una cosa por hacer: ir a El Hormiguero. Pablo Motos agitó su varita y Juanma Moreno pudo tacharlo de su lista. Sorprendió el presidente de la Junta de Andalucía; sorprendió, y mucho Leer Juanma Moreno Bonilla ha escrito un libro, ha plantado un árbol y ha tenido hijos. Solo le quedaba una cosa por hacer: ir a El Hormiguero. Pablo Motos agitó su varita y Juanma Moreno pudo tacharlo de su lista. Sorprendió el presidente de la Junta de Andalucía; sorprendió, y mucho Leer  

Cantaba allá por los 90 Miguel Bosé aquello de «los chicos no lloran tienen que pelear». Mucho ha cambiado la cosa. Ahora, los chicos sí lloran, las mujeres pelean y los políticos… ¡Ay, los políticos! «La clase política de ahora es de las peores de la historia democrática de España, y me incluyo». Palabra de Juanma Moreno Bonilla, el presidente de la Junta de Andalucía que visitó anoche, por primera vez en su vida y en la del programa, El Hormiguero. Ya puede tacharlo de su lista de «cosas que hacer antes de morirse».

No llegó a El Hormiguero como ninguna rock star; llegó con esa timidez del que entra por primera vez en un sitio en el que nunca ha estado y en el que sabe que, al cruzar la puerta, va a haber millones de personas mirándolo. Para un político ir a El Hormiguero es jugársela. No es por las entrevistas, pues esto es un programa de entretenimiento, no es un debate electoral; tampoco es por la impresión que pueden causar quienes están en el plató, los focos, las cámaras, el horario más visto de la televisión; es porque una mala palabra, un mal gesto, una frase equivocada, incluso el soltarse demasiado o el no hacerlo, pueden hacer que al día siguiente la imagen de ese político viva un revés o, al contrario, la imagen de ese político suba como la espuma. Sea como sea, ir a El Hormiguero es, cuanto menos, un riesgo que no todo político está dispuesto a correr, a no ser que estemos en elecciones, por supuesto.

De momento, Juanma Moreno Bonilla no está en período electoral, aunque, como él mismo reconoció anoche, lo previsible es que se convoquen para junio. No quedan tantos meses y una imagen, ya se sabe, vale más que mil palabras.

Llegó el presidente de la Junta de Andalucía con la lección aprendida. Si vas a El Hormiguero no hagas solo promoción del tú, haz promoción de a quienes gobiernas. Dos regalos le llevó a Pablo Motos, oro líquido: dos botellas de aceite de las miles que se producen en Andalucía. Y arrancó, como buen político, con el discurso: «Andalucía produce más aceite que Grecia, Italia y Turquía juntas. Del aceite dependen 250.000 familias y hay mucha cadena de valor (…) Ha costado décadas entrar en el mercado estadounidense. Sería un mazazo perderlo para España y para Andalucía».

A Dios gracias que fue solo una pequeña gota de mitin en un mar de cuestiones. Miguel Ángel Revilla es un maestro en esto de hacer promoción de su tierra en El Hormiguero. Él lleva su brócoli, sus sobaos pasiegos, sus anchoas… ¿Cómo no van a hacer los demás lo mismo? Luego no lo hacen y les cae la del pulpo, como le pasó a Emiliano García-Page hace unas semanas por no llevar vinos y quesos manchegos. A Juanma Moreno eso no le iba a pasar.

Y tras la conveniente promoción de productos andaluces llegaba el momento de comenzar la entrevista. Pablo Motos fue directo: el accidente ferroviario en Adamuz y los terribles errores en el cribado del cáncer de mama. Y sucedió algo que pocas veces sucede con un político, y más en estos tiempos, cuando los políticos cada vez son más imperturbables, cuando parece que está prohibido que lloren, que se emocionen, que rían, que digan una palabrota, que se cabreen. Es decir, que muestren algún sentimiento que les haga parecer que son humanos. Un día va a ser imposible saber si detrás de la piel de un político hay huesos o titanio.

El presentador de El Hormiguero le preguntó directamente a Juanma Moreno por el día del accidente en Adamuz. Juanma Moreno fue a lo sencillo porque realmente lo tenía sencillo. No tenía nada que ocultar, nada de lo que avergonzarse, así que contó simplemente cómo sucedieron los hechos desde que le llaman para decirle que ha habido un accidente ferroviario hasta que llega al lugar.

«Llego a la zona cero y me encuentro calzados, apuntes, prendas llenas de sangre y los cadáveres. Esas imágenes se me quedaron impactadas, pero sobre todo cuando conocí a las familias de las personas fallecidas anteriormente y conecté ambas imágenes, algo en mí se rompió. Me ha creado un punto emocional duro, hasta el punto de que he tenido que ir a un psicólogo». Contuvo Juanma Moreno Bonilla las lágrimas, pero se quebró.

Se quebró hasta el punto de que los labios le temblaron por unos segundos, hasta el punto de que tuvo que tragar saliva, hasta el punto de que, al volver de publicidad, Pablo Motos se dio cuenta de que si seguía hurgando en la herida, el presidente de la Junta de Andalucía se iba a romper de verdad.

No hubiera pasado nada, pero una cosa es que los políticos muestren su humanidad y otra, que la imagen de hoy fuese la de Moreno Bonilla llorando en El Hormiguero. A ese punto todavía no hemos llegado, aunque no estaría mal llegar. Sería la confirmación de que no son de titanio.

Cambió Pablo Motos de tercio y llevó a Juanma Moreno al terreno donde los políticos se mueven como pez en el agua: el de sacar los colores al de enfrente, el de reprochar, y más cuando los reproches se ha demostrado que están más que justificados. «En los últimos años ha habido una falta de mantenimiento. Los españoles hemos normalizado el llegar tarde. Hemos asumido coger un tren de Alta Velocidad sin ser Alta Velocidad, o llegar tarde una hora y media. En este país se ha perdido la inversión en carreteras y ferrocarriles. Tenemos una pérdida en la calidad del servicio». Arreglado, Moreno Bonilla se volvió a poner el traje de político, de candidato, de presidente de Andalucía.

Y llegó la pregunta que, si no se hubiera hecho, hoy el protagonista de la entrevista de anoche en El Hormiguero volvería a ser Pablo Motos: los cribados de cáncer de mama. Y también salió Juanma Moreno del atolladero. ¿Cómo lo hizo? Pidiendo perdón, que tampoco cuesta tanto.

«Fue no solo un problema político sino personal porque mi padre murió de un cribado tardío de cáncer de colon y yo, cuando llegué a la Junta, lo primero que hice fue abrir cribados para detectar este cáncer», comenzó explicando el presidente de la Junta de Andalucía. «Lo que ocurrió con el cribado de cáncer de mama es que hubo un problema en el protocolo con 2.300 mujeres. Para mí fue horrible, lo primero que hice fue pedir disculpas y asumir responsabilidades. Hemos redoblado todos los protocolos para que no vuelva a pasar. Cayó en cadena toda la cúpula del servicio andaluz de salud y lo único bueno es que, gracias a ese lamentable error, hemos conseguido reforzar el sistema».

Y fue entonces cuando la entrevista cambió de tercio. Había llegado el momento de conocer al Juanma Moreno más desconocido o dejar que Juanma Moreno se diera a conocer. Y no iba a ser una entrevista fácil porque Juanma Moreno, al que Antonio Burgos llamaba Moreno Nocilla, no es de los políticos que entran al barro, que escupen sin control al de enfrente. Él sigue su Manual de la convivencia, nombre que lleva su libro, y hubiera sido un error caer en todo lo contrario en el programa más visto de la televisión.

Habló de las elecciones, de su mayoría absoluta, de que ahora está muy ajustado volver a conseguirla y, por supuesto, de Vox, del PSOE y de Pedro Sánchez. «Si los ciudadanos quieren pueden elegir un gobierno sereno y tranquilo y que no pase como en Aragón y Extremadura«. Apareció de nuevo el político puro. Y habló de Vox, pero con su tono, el que no va a machete: «Vox o no tiene experiencia ni equipo preparados o bloquean, pero tienen que decidirse. Gobernar es lo más difícil de todo. Tú tienes que tomar decisiones para la mayoría, pero tienes que quemarte para que no se queme Andalucía. Ellos saben señalar los problemas, pero no saben buscarles soluciones».

Y habló de si sería posible un pacto entre el PP y el PSOE. «Mientras esté Pedro Sánchez, no». Lo dijo alto y claro. Sin entrar en más. Tampoco hacía falta. «Igual con el PSOE de Felipe González o de otro podría ser, pero Sánchez ha roto todos los puentes, ha llevado al extremo a la política. Yo espero que el sanchismo acabe pronto y se vuelva al socialismo de siempre. Hay cosas de Estado que solo pueden pactar el PP y el PSOE«.

Juanma Moreno
Juanma Moreno, durante el juego que El Hormiguero siempre hace a los políticos.ATRESMEDIA

Porque Juanma Moreno Bonilla, a diferencia de otros de su partido, tiene una teoría que igual no está tan alejada de la realidad o, al menos, es una teoría comprensible: «En el momento que desaparezca Sánchez, Vox lo va a tener más difícil porque se retroalimentan. La política que está haciendo Sánchez es para quedar hasta en la oposición. Se quedará para estar aforado, protegido y hacer como Trump, para luego volver».

Llegó a tal punto durante la entrevista que el presidente de la Junta de Andalucía se relajó tanto que se soltó la melena. Jugó varias pelotas de break con Pablo Motos, dejándole sin respuesta, pero llevándole a que el presentador se convirtiese en entrevistado durante algunos segundos. Se dio cuenta Pablo Motos, pero Juanma Moreno había salido del charco sin mojarse ni una pizca. «Cuando no te interesa empiezas a hablar de mí. Es el truco número tres», le espetó Motos. Porque Moreno Bonilla se mojó en lo que se quiso mojar y se divirtió con lo que se quiso divertir. Imitó a José María Aznar y a Mariano Rajoy y pasó la tradicional prueba de El Hormiguero de «con quién harías qué».

Cerró la entrevista hablando de convivencia, de a quién le interesa «el muro» —»a los polarizadores»— y terminó clamando por el centrismo: «La centralidad política es necesaria y eso no es ser pusilánime, es respetar al adversario y ser educado». Al menos, Juanma Moreno Bonilla mostró que es de carne y hueso.

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