El megaproyecto visionado a principio de siglo por parte del ex alcalde socialista de Burguillos llegó a plantear un aeropuerto para el municipio sevillano de apenas 8000 habitantes Leer El megaproyecto visionado a principio de siglo por parte del ex alcalde socialista de Burguillos llegó a plantear un aeropuerto para el municipio sevillano de apenas 8000 habitantes Leer
«Salvo unos pocos, nadie pensaba que esto iba a acabar como acabó». Lo dice Manolo, vecino de Burguillos, y en esa frase cabe todo: hay pueblos que se arruinan despacio y pueblos que se arruinan de golpe, con una idea. La de Burguillos, a veinte kilómetros de Sevilla, en el arranque de la Sierra Norte, era dejar de ser un municipio pequeño y convertirse en ciudad dormitorio de la capital. Y para eso hacía falta, véase la ironía, un hotel de cuatro estrellas.
Se llamó La Alquería. Ocho mil metros cuadrados construidos, 64 habitaciones, piscina, restaurante de lujo y una escuela de hostelería propia, en un municipio que en el año 2.000 tenía 3.514 vecinos censados y ni un solo motivo evidente para que nadie durmiera allí. El Ayuntamiento lo pagó con dinero público en 2009 por unos 14,5 millones.
Manolo lo ha vivido todo desde dentro. «Estaba claro que no era normal que un pueblo de poco más de 3.000 habitantes pasara al doble de la noche a la mañana. Lo primero es que no había infraestructura para dar un buen servicio a toda la población que se pretendía atraer».
Al frente del Ayuntamiento que proyectaba esos planes estaba José Juan López, alcalde socialista entre 1995 y 2011, y a su lado la pieza clave de toda la historia: la empresa municipal Burguillos Natural. De esa empresa depende, casi veinte años después, todo lo que el pueblo sigue debiendo. Hoy son 27 millones de euros reconocidos por sentencia firme y en manos de KSAC Europe Investments, un fondo estadounidense que reclama hasta el último céntimo. Burguillos ha pagado ya 4,2 millones. Le faltan más de veintitrés, con un presupuesto municipal que no alcanza los 5,4 millones al año.
El catálogo de aquellas construcciones faraónicas sigue en pie, en distintos grados de abandono: una macrodiscoteca con aforo para 8.000 personas —más de lo que entonces sumaba el censo entero—, una piscina olímpica cubierta que ahora está invadida por las palomas, un teatro, un aparcamiento subterráneo de 600 plazas… En total, unos 40 millones de euros malgastados en distintos proyectos de dudosa utilidad.
«Otro tema aparte son las grandes obras que acometieron el Ayuntamiento y la empresa municipal Burguillos Natural; sobre esta última, todo el mundo coincide en que es la causante de la mayor parte de la deuda», explica Manolo. «Aquí vinieron los aguilillas de turno a poner sus garras y a estrujar al pueblo, siempre con el permiso y el consenso del Ayuntamiento de entonces. Al parecer, querían hacer de Burguillos una gran ciudad, pero cuando todo explotó, y no solo aquí, solo quedó un pueblo desolado y lleno de deudas».
De todo aquel complejo turístico, La Alquería fue lo único que llegó a funcionar de verdad. Abrió, dio empleo, sirvió desayunos. Después cerró y se quedó ahí, con sus cuatro estrellas y sus 64 habitaciones vacías que ahora desde fuera se ven tapiadas con ladrillo y hormigón.
Fue inaugurado en el año 2002 y cerrado en 2009 tras la declaración en concurso de acreedores de la empresa municipal Burguillos Natural. El cierre del símbolo del despilfarro económico de Burguillo fue derivando en una situación que el consistorio sigue arrastra a día de hoy. Como testigo del desastre quedan sus letras borradas, sus ventanas tapiadas.
«Historias para no dormir hay de sobra», remata el vecino. «Se daba el caso de obras recién ejecutadas que se demolían y se volvían a levantar solo porque surgía una idea todavía más faraónica. Al final, la gran mayoría de esos proyectos nunca llegaron a concluirse. Fue, en definitiva, un desastre absoluto para el municipio».
El Ayuntamiento, gobernado desde 2019 por el popular Domingo Delgado, va pagando la deuda poco a poco. El fondo ha exigido que el consistorio pida un préstamo de 28 millones de euros y este mismo agosto ha llegado a pedir a la Junta de Andalucía que valore la disolución del Ayuntamiento. El alcalde responde que ese crédito supondría cuotas añadidas de 2,8 millones al año durante doce ejercicios: cerrar el pueblo de facto. «Al actual Ayuntamiento le ha caído una losa encima, y bien grande», dice Manolo. «No pueden hacer más de lo que hacen, y es innegable el trabajo que están realizando para que el pueblo siga adelante, pagando la deuda poco a poco. Están haciendo todo lo que está en sus manos dadas las circunstancias».
Desde la carretera principal que cruza todo el pueblo, La Alquería todavía emerge como un vestigio del pasado. Lleva 17 años abandonado, pero ahí plantado. Su herencia está repartida entre los 7.800 vecinos de Burguillos: 2.931 euros cada uno a pagar, recién nacidos incluidos, por un edificio en el que ya nadie va a dormir.
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* La serie ‘Crónica… de las grandes chapuzas’ se publica cada domingo en el suplemento CRÓNICA de la edición impresa de EL MUNDO.
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