Derrocar al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, tras su fallida intentona de otorgar a capital privado un 20% de una compañía subsidiaria e independiente que explotara los derechos de comercialización de la Copa del Mundo masculina y femenina, se ha convertido en la principal derivada de la crisis interna y de reputación que socava al organismo rector del fútbol mundial y a su presidente. Desde que The Times revelara el pasado 28 de julio el controvertido plan de financiación por el cual las 211 federaciones miembros de la FIFA percibirían unos 40 millones de euros anuales entre 2027 y 2031, 1a UEFA, con su presidente, el esloveno Aleksander Ceferin a la cabeza, lidera la compleja tarea de acabar con la era Infantino, iniciada en 2016.
El presidente de la FIFA mantiene apoyos para salir reelegido pese al escándalo de la fallida propuesta de introducir capital privado para explotar los derechos de comercialización de la Copa del Mundo
Derrocar al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, tras su fallida intentona de otorgar a capital privado un 20% de una compañía subsidiaria e independiente que explotara los derechos de comercialización de la Copa del Mundo masculina y femenina, se ha convertido en la principal derivada de la crisis interna y de reputación que socava al organismo rector del fútbol mundial y a su presidente. Desde que The Times revelara el pasado 28 de julio el controvertido plan de financiación por el cual las 211 federaciones miembros de la FIFA percibirían unos 40 millones de euros anuales entre 2027 y 2031, 1a UEFA, con su presidente, el esloveno Aleksander Ceferin a la cabeza, lidera la compleja tarea de acabar con la era Infantino, iniciada en 2016.
Ahora mismo, la única posibilidad real de que el dirigente ítalo-suizo no siga al frente de la FIFA sería que este presentara su dimisión y renunciara a ser reelegido para su cuarto mandato en las elecciones a celebrar el 18 de marzo de 2027. Infantino ha proclamado en público y en privado que no se irá de forma voluntaria y ninguno de los candidatos que más suenan para hacerle frente reúne los 106 votos necesarios para derrocarle mediante la convocatoria de un Congreso extraordinario de la FIFA. Ni Victor Montagliani, presidente de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), ni la presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, la combativa exjugadora Lisa Klaveness, reúnen los apoyos suficientes para finiquitar el mandato de Infantino. Este último, entre los pasados meses de abril y mayo, recabó por carta el apoyó de 200 federaciones para su reelección.
Tras el fallido proyecto de crear la citada compañía subsidiaria, bautizada como FIFA Forward Enterprise (FFE), Infantino contaría con unos 140 votos tras haber perdido la gran mayoría de los 55 de UEFA y algo más de la mitad de los 35 de la Concacaf, según aseguran diversas fuentes del fútbol europeo, sudamericano y centroamericano consultadas. La dentellada de apoyos perdidos por Infantino es considerable, pero no suficiente para forzar su marcha. Una gran mayoría de la Confederación Africana de Fútbol (54 votos), gran parte de la asiática (46), la sudamericana en su totalidad (10), Oceanía (11) y los apoyos que conserva en la Concacaf, con la influyente México a la cabeza, conforman en estos momentos el respaldo que garantiza la continuidad del actual presidente de la FIFA. Esta es la principal razón por la que los mensajes emitidos desde la propia UEFA, por sus estrechos colaboradores como Luis Figo, o por la citada Klaveness se nuclean en torno a la palabra dimisión. Nadie se atreve, por el momento, a lanzar el órdago de convocar un congreso extraordinario de la FIFA, para lo que solo se necesitan 43 firmas a favor de sus federaciones miembros, por no tener asegurados los 106 votos que derrotarían a Infantino.
Varias de las fuentes consultadas por este periódico resumen el conflicto entre UEFA y FIFA en una lucha por el control económico del fútbol y en el enfrentamiento personal que mantienen desde hace una década sus presidentes. Ambos iniciaron sus mandatos en 2016, tras el Fifagate.
Los escándalos de corrupción se llevaron por delante al suizo Joseph Blatter como mandamás del fútbol mundial y al francés Michel Platini como presidente de la UEFA. Infantino y Ceferin ocuparon respectivamente sendas poltronas y, apenas seis meses después, se inició una confrontación personal e institucional que ha escalado como nunca durante los últimos diez días pese a quedar abortado el intento de poner en marcha la citada FIFA Forward Enterprise.
La UEFA manifestó el pasado jueves mediante un comunicado enviado a diversos medios que ni la retirada del proyecto, ni la asunción de los errores, ni la promesa de mejorar la transparencia de los procesos para plantear iniciativas del calado como la abortada son suficientes para retirar el boicot a las competiciones de la FIFA. La batalla se atisba tan cruda como duradera porque Ceferin, según fuentes del fútbol europeo, tiene previsto presentarse a su cuarto mandato tras haber renunciado a ello hace dos años y después de introducir una modificación en los estatutos de la UEFA que se lo permite. Cuando el dirigente esloveno accedió al cargo en 2016 aseguró que le contabilizarían como un mandato los dos años y medio que restaban cuando reemplazó a Platini. Con la citada modificación estatuaria de 2024 ese periodo ya no se contabiliza como mandato, pero Ceferin aseguró desafiante ante la prensa presente en el Congreso de la UEFA, celebrado en París, que no se presentaría en 2027: “Estoy cansado. Hemos sufrido la covid, la Superliga, la superioridad moral de quienes nos critican, de aquellos que dicen que la UEFA está dividida. Lo tenía pensado desde hace seis o siete meses. No he querido decirlo antes para no alterar la decisión de las federaciones sobre la enmienda votada. No todo el mundo del fútbol es como algunos payasos que hay por ahí”.
Las elecciones a la UEFA se celebrarán en febrero o marzo de 2027 y según ha podido saber este periódico de fuentes pertenecientes al organismo, también entre abril y mayo pasados Ceferin recolectó mediante cartas enviadas a sus federaciones miembros un apoyo unánime para presentarse y poder entonar el manido mensaje de que se presenta porque el fútbol se lo pide. “Ceferin va a ser presidente hasta 2031 y es la mejor opción para UEFA y para la familia del fútbol”, defiende un dirigente del fútbol europeo.
Ante la más que probable continuidad de Ceferin, Infantino es consciente de que su gran objetivo es tratar de reconstruir su imagen y la de la FIFA. La tarea será ardua. Sabe que, como con el VAR, el Mundial de Clubes, la ampliación a 48 selecciones de la Copa del Mundo o la tentativa de FIFA Forward Enterprise, la UEFA se opondrá a cualquier iniciativa que proponga. Lo complicado será que caigan en el olvido de la opinión pública sus coqueteos con Vladímir Putin, con el emir de Qatar, con Donald Trump y la injerencia de este para presionar y lograr que durante el último Mundial le fuera retirada una suspensión al delantero estadounidense Folarin Balogun.
La suerte de Infantino es que la opinión pública no vota en las elecciones a la presidencia de la FIFA y que la UEFA no controla a la mayoría de las federaciones.
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