Han sido los diez días más duros para Salvador Illa desde que llegó a presidente. La osteomielitis púbica provocada por el microbio ‘Staphylococcus aureus’ es una enfermedad tan poco frecuente como que un hombre tan en forma y dedicado a su trabajo cause una baja tan sensible y larga. Su ingreso hospitalario tiene la explicación científica que ayer dieron los médicos pero ha sido también el desenlace de momentos de mucha tensión, y que cuando la mente sufre, el cuerpo se debilita y somos más vulnerables a infecciones y patologías.El presidente había puesto todo su empeño en pactar un nuevo acuerdo de financiación que pudiera satisfacer a la vez a Esquerra y encaminar con su apoyo la aprobación de los presupuestos de la Generalitat. Illa contaba con el rechazo inicial de Junts, sabedor de que Puigdemont siente una insufrible aversión personal hacia Oriol Junqueras y no quiere regalarle una victoria política de tal magnitud . No es tan personal, pero sí estratégico, el rechazo del prófugo al presidente, en la medida que le considera parte de la «represión» y que ostenta el cargo que cree que le pertenece en tanto que según su parecer le fue arrebatado de modo ilegítimo.Illa era consciente de la dificultad de conseguir el voto favorable de Junts en el Congreso -para la nueva financiación autonómica- pero calculaba que alrededor de la situación judicial de Puigdemont, del crecimiento de Aliança Catalana en las encuestas y de la presión de los agentes económicos y sociales, podía hallar un camino exitoso. La paciencia en las negociaciones largas, y no cometer errores no forzados, son virtudes que hasta sus rivales más acérrimos le reconocen. Pero algo hizo saltar por los aires la habitual tranquilidad del presidente la semana pasada, y fue el comunicado de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, criticando el acuerdo y tildándolo de «insuficiente». A ello se añadió que el líder de la patronal, Josep Sánchez Llibre, no acudió a la reunión convocada por Illa para presentar el acuerdo, y el presidente de la Generalitat lo tomó como un doble desprecio. Sánchez Llibre no pudo acudir por tener un compromiso con su empresa familiar y mandó a su segundo, y pese a que dio en privado todas las explicaciones y se disculpó varias veces por su ausencia, no evitó el enfado de Illa y ambos mantuvieron una muy desagradable conversación telefónica. Desde que Illa es presidente no había sido tan duro con nadie. Sánchez Llibre quedó preocupado en lo institucional y tocado en lo personal. Es cierto que la relación entre ambos no ha sido nunca la mejor y que en los últimos tiempos se ha visto perjudicada por la ley de la vivienda que han impulsado el Govern y sus socios. Fomento y el empresariado catalán la consideran tan demoledora para el sector como ineficaz a la larga para conseguir lo que se supone que pretende. Noticia Relacionada estandar No Illa estará dos semanas ingresado por una pérdida de fuerza en sus piernas À. Gubern Los pruebas han descartado enfermedades vasculares, tumorales, medulares e ictusTambién un acercamiento de Sánchez Llibre a Puigdemont ha envenenado su relación con Illa y el PSC. El presidente de Fomento recuerda que fueron los socialistas los que le pidieron que se acercara al fugitivo para hacer de puente con ellos, aunque lo cierto es que de un modo muy claro Sánchez Llibre ha usado los siete votos de Junts en el Congreso para frenar las políticas de extrema izquierda de Yolanda Díaz, como reducir la jornada laboral a 37,5 horas.Además de este turbio caldo de cultivo, el presidente Illa no es el presidente Sánchez y considera fundamental gobernar con presupuestos. El comunicado de Foment envalentona a Junts en su negativa y éste fue uno de los desencadenantes del sonoro enfado presidencial. Igualmente, Illa es consciente de que la gran apuesta de Sánchez es Cataluña, y que Junts y Esquerra le aportan el diferencial de escaños que le permitieron continuar siendo presidente pese a haberlas ganado, en votos y en escaños, Alberto Núñez Feijóo. Por lo tanto, el voto negativo de Junts, en caso de que finalmente se produzca, escenificaría no sólo la ruptura del pacto de investidura sino también un cierto fracaso de la apuesta del presidente del Gobierno por encauzar al independentismo con su idea más periférica de España, que podría incluso precipitar la caída del Gobierno. Este plus de fragilidad a un ejecutivo que ya de por sí se aguanta con pinzas estuvo también en la tensión de la conversación entre Salvador Illa y Josep Sánchez Llibre.Como colofón del desencuentro, el PSC sospecha que Fomento trabaja ya en el postsanchismo , es decir, en un escenario en el que Alberto Núñez Feijóo sea presidente y tenga ideas más favorables a la creación de riqueza; y llegado el caso, si se da la aritmética, pueda llegar a acuerdos puntuales con lo que quede de Junts o surja de su refundación pos-Puigdemont. Este movimiento, que Foment oficialmente niega, es el propio de la institución cada vez que ha intuido que se acercaba un cambio de ciclo.Es estas dos semanas de ingreso que le esperan, el presidente tendrá tiempo para pensar cómo se acerca a sus objetivos, sobre todo con Junts; y también -¿o sobre todo?- para pensar en el tipo de respuesta que va a dar si Sánchez no vuelve a presentarse o pierde las siguientes elecciones y su partido le propone como secretario general. Han sido los diez días más duros para Salvador Illa desde que llegó a presidente. La osteomielitis púbica provocada por el microbio ‘Staphylococcus aureus’ es una enfermedad tan poco frecuente como que un hombre tan en forma y dedicado a su trabajo cause una baja tan sensible y larga. Su ingreso hospitalario tiene la explicación científica que ayer dieron los médicos pero ha sido también el desenlace de momentos de mucha tensión, y que cuando la mente sufre, el cuerpo se debilita y somos más vulnerables a infecciones y patologías.El presidente había puesto todo su empeño en pactar un nuevo acuerdo de financiación que pudiera satisfacer a la vez a Esquerra y encaminar con su apoyo la aprobación de los presupuestos de la Generalitat. Illa contaba con el rechazo inicial de Junts, sabedor de que Puigdemont siente una insufrible aversión personal hacia Oriol Junqueras y no quiere regalarle una victoria política de tal magnitud . No es tan personal, pero sí estratégico, el rechazo del prófugo al presidente, en la medida que le considera parte de la «represión» y que ostenta el cargo que cree que le pertenece en tanto que según su parecer le fue arrebatado de modo ilegítimo.Illa era consciente de la dificultad de conseguir el voto favorable de Junts en el Congreso -para la nueva financiación autonómica- pero calculaba que alrededor de la situación judicial de Puigdemont, del crecimiento de Aliança Catalana en las encuestas y de la presión de los agentes económicos y sociales, podía hallar un camino exitoso. La paciencia en las negociaciones largas, y no cometer errores no forzados, son virtudes que hasta sus rivales más acérrimos le reconocen. Pero algo hizo saltar por los aires la habitual tranquilidad del presidente la semana pasada, y fue el comunicado de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, criticando el acuerdo y tildándolo de «insuficiente». A ello se añadió que el líder de la patronal, Josep Sánchez Llibre, no acudió a la reunión convocada por Illa para presentar el acuerdo, y el presidente de la Generalitat lo tomó como un doble desprecio. Sánchez Llibre no pudo acudir por tener un compromiso con su empresa familiar y mandó a su segundo, y pese a que dio en privado todas las explicaciones y se disculpó varias veces por su ausencia, no evitó el enfado de Illa y ambos mantuvieron una muy desagradable conversación telefónica. Desde que Illa es presidente no había sido tan duro con nadie. Sánchez Llibre quedó preocupado en lo institucional y tocado en lo personal. Es cierto que la relación entre ambos no ha sido nunca la mejor y que en los últimos tiempos se ha visto perjudicada por la ley de la vivienda que han impulsado el Govern y sus socios. Fomento y el empresariado catalán la consideran tan demoledora para el sector como ineficaz a la larga para conseguir lo que se supone que pretende. Noticia Relacionada estandar No Illa estará dos semanas ingresado por una pérdida de fuerza en sus piernas À. Gubern Los pruebas han descartado enfermedades vasculares, tumorales, medulares e ictusTambién un acercamiento de Sánchez Llibre a Puigdemont ha envenenado su relación con Illa y el PSC. El presidente de Fomento recuerda que fueron los socialistas los que le pidieron que se acercara al fugitivo para hacer de puente con ellos, aunque lo cierto es que de un modo muy claro Sánchez Llibre ha usado los siete votos de Junts en el Congreso para frenar las políticas de extrema izquierda de Yolanda Díaz, como reducir la jornada laboral a 37,5 horas.Además de este turbio caldo de cultivo, el presidente Illa no es el presidente Sánchez y considera fundamental gobernar con presupuestos. El comunicado de Foment envalentona a Junts en su negativa y éste fue uno de los desencadenantes del sonoro enfado presidencial. Igualmente, Illa es consciente de que la gran apuesta de Sánchez es Cataluña, y que Junts y Esquerra le aportan el diferencial de escaños que le permitieron continuar siendo presidente pese a haberlas ganado, en votos y en escaños, Alberto Núñez Feijóo. Por lo tanto, el voto negativo de Junts, en caso de que finalmente se produzca, escenificaría no sólo la ruptura del pacto de investidura sino también un cierto fracaso de la apuesta del presidente del Gobierno por encauzar al independentismo con su idea más periférica de España, que podría incluso precipitar la caída del Gobierno. Este plus de fragilidad a un ejecutivo que ya de por sí se aguanta con pinzas estuvo también en la tensión de la conversación entre Salvador Illa y Josep Sánchez Llibre.Como colofón del desencuentro, el PSC sospecha que Fomento trabaja ya en el postsanchismo , es decir, en un escenario en el que Alberto Núñez Feijóo sea presidente y tenga ideas más favorables a la creación de riqueza; y llegado el caso, si se da la aritmética, pueda llegar a acuerdos puntuales con lo que quede de Junts o surja de su refundación pos-Puigdemont. Este movimiento, que Foment oficialmente niega, es el propio de la institución cada vez que ha intuido que se acercaba un cambio de ciclo.Es estas dos semanas de ingreso que le esperan, el presidente tendrá tiempo para pensar cómo se acerca a sus objetivos, sobre todo con Junts; y también -¿o sobre todo?- para pensar en el tipo de respuesta que va a dar si Sánchez no vuelve a presentarse o pierde las siguientes elecciones y su partido le propone como secretario general.
Han sido los diez días más duros para Salvador Illa desde que llegó a presidente. La osteomielitis púbica provocada por el microbio ‘Staphylococcus aureus’ es una enfermedad tan poco frecuente como que un hombre tan en forma y dedicado a su trabajo cause una … baja tan sensible y larga. Su ingreso hospitalario tiene la explicación científica que ayer dieron los médicos pero ha sido también el desenlace de momentos de mucha tensión, y que cuando la mente sufre, el cuerpo se debilita y somos más vulnerables a infecciones y patologías.
El presidente había puesto todo su empeño en pactar un nuevo acuerdo de financiación que pudiera satisfacer a la vez a Esquerra y encaminar con su apoyo la aprobación de los presupuestos de la Generalitat. Illa contaba con el rechazo inicial de Junts, sabedor de que Puigdemont siente una insufrible aversión personal hacia Oriol Junqueras y no quiere regalarle una victoria política de tal magnitud. No es tan personal, pero sí estratégico, el rechazo del prófugo al presidente, en la medida que le considera parte de la «represión» y que ostenta el cargo que cree que le pertenece en tanto que según su parecer le fue arrebatado de modo ilegítimo.
Illa era consciente de la dificultad de conseguir el voto favorable de Junts en el Congreso -para la nueva financiación autonómica- pero calculaba que alrededor de la situación judicial de Puigdemont, del crecimiento de Aliança Catalana en las encuestas y de la presión de los agentes económicos y sociales, podía hallar un camino exitoso. La paciencia en las negociaciones largas, y no cometer errores no forzados, son virtudes que hasta sus rivales más acérrimos le reconocen.
Pero algo hizo saltar por los aires la habitual tranquilidad del presidente la semana pasada, y fue el comunicado de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, criticando el acuerdo y tildándolo de «insuficiente». A ello se añadió que el líder de la patronal, Josep Sánchez Llibre, no acudió a la reunión convocada por Illa para presentar el acuerdo, y el presidente de la Generalitat lo tomó como un doble desprecio. Sánchez Llibre no pudo acudir por tener un compromiso con su empresa familiar y mandó a su segundo, y pese a que dio en privado todas las explicaciones y se disculpó varias veces por su ausencia, no evitó el enfado de Illa y ambos mantuvieron una muy desagradable conversación telefónica. Desde que Illa es presidente no había sido tan duro con nadie. Sánchez Llibre quedó preocupado en lo institucional y tocado en lo personal. Es cierto que la relación entre ambos no ha sido nunca la mejor y que en los últimos tiempos se ha visto perjudicada por la ley de la vivienda que han impulsado el Govern y sus socios. Fomento y el empresariado catalán la consideran tan demoledora para el sector como ineficaz a la larga para conseguir lo que se supone que pretende.
También un acercamiento de Sánchez Llibre a Puigdemont ha envenenado su relación con Illa y el PSC. El presidente de Fomento recuerda que fueron los socialistas los que le pidieron que se acercara al fugitivo para hacer de puente con ellos, aunque lo cierto es que de un modo muy claro Sánchez Llibre ha usado los siete votos de Junts en el Congreso para frenar las políticas de extrema izquierda de Yolanda Díaz, como reducir la jornada laboral a 37,5 horas.
Además de este turbio caldo de cultivo, el presidente Illa no es el presidente Sánchez y considera fundamental gobernar con presupuestos. El comunicado de Foment envalentona a Junts en su negativa y éste fue uno de los desencadenantes del sonoro enfado presidencial. Igualmente, Illa es consciente de que la gran apuesta de Sánchez es Cataluña, y que Junts y Esquerra le aportan el diferencial de escaños que le permitieron continuar siendo presidente pese a haberlas ganado, en votos y en escaños, Alberto Núñez Feijóo. Por lo tanto, el voto negativo de Junts, en caso de que finalmente se produzca, escenificaría no sólo la ruptura del pacto de investidura sino también un cierto fracaso de la apuesta del presidente del Gobierno por encauzar al independentismo con su idea más periférica de España, que podría incluso precipitar la caída del Gobierno. Este plus de fragilidad a un ejecutivo que ya de por sí se aguanta con pinzas estuvo también en la tensión de la conversación entre Salvador Illa y Josep Sánchez Llibre.
Como colofón del desencuentro, el PSC sospecha que Fomento trabaja ya en el postsanchismo, es decir, en un escenario en el que Alberto Núñez Feijóo sea presidente y tenga ideas más favorables a la creación de riqueza; y llegado el caso, si se da la aritmética, pueda llegar a acuerdos puntuales con lo que quede de Junts o surja de su refundación pos-Puigdemont. Este movimiento, que Foment oficialmente niega, es el propio de la institución cada vez que ha intuido que se acercaba un cambio de ciclo.
Es estas dos semanas de ingreso que le esperan, el presidente tendrá tiempo para pensar cómo se acerca a sus objetivos, sobre todo con Junts; y también -¿o sobre todo?- para pensar en el tipo de respuesta que va a dar si Sánchez no vuelve a presentarse o pierde las siguientes elecciones y su partido le propone como secretario general.
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