La última llamada de Diego Vargas

Pasaban pocos minutos de las once de la mañana, cuando Diego Vargas , de 30 años, realizó la última llamada desde su móvil. Fue una perdida que hizo a Luis B., que ahora se sienta en el banquillo acusado de matarlo y ocultar su cadáver . Era 11 de mayo de 2020, primer día de la desescalada por el Covid. Aquella mañana, Diego había desayunado en casa de su madre, Rafaela, en Gavá (Barcelona). Desde allí se fue hasta una nave industrial en Sant Andreu de la Barca para ajustar cuentas con el acusado, que era su socio. La intención era recoger luego a su progenitora, para llevarla a comer con sus nietas, entonces de 2 y 3 años. Pero nadie volvió a tener noticias de él. Diego sospechaba que Luis había fingido un robo en la plantación de marihuana ‘indoor’ que ambos tenían, para así evitar pagarle la mitad de la recaudación, estimada entre 30.000 y 40.000 euros. Ante las largas de su socio, consiguió finalmente quedar con él en la citada nave de la calle La Granada, 32, en Sant Andreu. Allí acudió con su coche, un Audi A4 azul eléctrico, y, ante sus puertas, como era habitual, realizó una perdida a Luis para que este le abriese la puerta. Nadie sabe qué pasó en su interior, pero los investigadores cree que fue allí donde mató a Diego, para luego deshacerse de su cuerpo, que todavía no se ha localizado -pese a que los Mossos lo buscaron incluso con la ayuda de un georradar-. Tampoco su coche, ni su teléfono. Pero, tal y como detalló ABC, una exhaustiva investigación de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldó con su detención y posterior ingreso en prisión, en junio de 2022, donde se encuentra desde entonces. La Fiscalía y la acusación particular piden 15 años de cárcel por homicidio para el acusado, mientras que su defensa reclama la absolución. O, en todo caso, si el jurado lo considerase culpable, una condena de cinco años, aplicando la atenuante de dilaciones indebidas. Durante esta primera sesión del juicio, Luis B. ha indicado: «No reconozco de ninguna manera esos hechos». No hay cadáver, tampoco escena del crimen, y tampoco testigos presenciales o ADN que lo vinculen con el crimen, pero sí pruebas indiciarias.Noticia Relacionada estandar Si La familia de Diego Vargas pide 15 años de prisión para el acusado de matarlo y ocultar su cadáver Elena Burés Por su parte, el único sospechoso del homicidio, Luis B., reclama su absoluciónEntre estas, como desgranó este diario, el contenido desencriptado de un chat -Encrochat- empleado por el crimen organizado, y que muestra como el entorno criminal de Luis, -viejo conocido de la Policía por dedicarse al tráfico de drogas-, quería dejar de trabajar con él al creer que se encontraba tras la desaparición de Diego. También la geolocalización de su teléfono y del de la víctima, que fue lo que ayudó a desmontar su coartada, junto con las imágenes de seguridad de una nave colindante, que muestran como abandonó la de la calle Granada dos horas antes de lo que contó a la Policía. De allí salió el mediodía de aquel 11 de mayo, sin su teléfono pero sí con el de la víctima, para tratar de veracidad a que había salido de allí con vida, sostienen las acusaciones. «La ausencia del cuerpo es el resultado de la conducta del acusado para borrar el rastro, pero la Justicia no puede quedar a merced de quien logra ocultar un cadáver», ha apuntando la abogada de la familia, Beatriz González, para recordar al tribunal del jurado que «si una persona rompe bruscamente con todo su entorno; sin usar su dinero, ni su teléfono» y sin que «nadie vuelva a saber nada de él», algo nos dice que la ausencia no es casual. INDICIOS Arriba, la nave industrial de la calle Granada de Sant Andreu donde desapareció Diego. Los investigadores creen que allí fue donde Luis lo mató, para luego deshacerse de su cadáver. Sobre estas líneas, cartel que alerta de su desaparición. INÉS BAUCELLS // SOS DESAPARECIDOS«Nadie ha visto el momento exacto de la muerte [de Diego], pero los indicios son claros y conducen a una única conclusión. Luis acabó con su vida», ha subrayado, en la misma línea que la fiscal, Teresa Yoldi. Por su parte, la defensa del acusado, que ejerce Antonio Revuelta, ha esgrimido que la investigación de los Mossos «insistió» en seguir «datos que iban en contra» de su cliente, mientras que descartaron otros que «podían beneficiarlo», avanzado así la estrategia que seguirá para tratar de conseguir su absolución. Será a lo largo de estas dos próximas semanas cuando por la sala desfilarán diferentes testigos; desde el entorno de la víctima al del propio acusado; así como los investigadores, para detallar las pesquisas que acabaron con la detención y posterior procesamiento de Luis, acusado de matar a Diego Vargas. Así, hasta que el próximo 23 de febrero, el jurado reciba el objeto del veredicto, para dictaminar si es o no culpable. Pasaban pocos minutos de las once de la mañana, cuando Diego Vargas , de 30 años, realizó la última llamada desde su móvil. Fue una perdida que hizo a Luis B., que ahora se sienta en el banquillo acusado de matarlo y ocultar su cadáver . Era 11 de mayo de 2020, primer día de la desescalada por el Covid. Aquella mañana, Diego había desayunado en casa de su madre, Rafaela, en Gavá (Barcelona). Desde allí se fue hasta una nave industrial en Sant Andreu de la Barca para ajustar cuentas con el acusado, que era su socio. La intención era recoger luego a su progenitora, para llevarla a comer con sus nietas, entonces de 2 y 3 años. Pero nadie volvió a tener noticias de él. Diego sospechaba que Luis había fingido un robo en la plantación de marihuana ‘indoor’ que ambos tenían, para así evitar pagarle la mitad de la recaudación, estimada entre 30.000 y 40.000 euros. Ante las largas de su socio, consiguió finalmente quedar con él en la citada nave de la calle La Granada, 32, en Sant Andreu. Allí acudió con su coche, un Audi A4 azul eléctrico, y, ante sus puertas, como era habitual, realizó una perdida a Luis para que este le abriese la puerta. Nadie sabe qué pasó en su interior, pero los investigadores cree que fue allí donde mató a Diego, para luego deshacerse de su cuerpo, que todavía no se ha localizado -pese a que los Mossos lo buscaron incluso con la ayuda de un georradar-. Tampoco su coche, ni su teléfono. Pero, tal y como detalló ABC, una exhaustiva investigación de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldó con su detención y posterior ingreso en prisión, en junio de 2022, donde se encuentra desde entonces. La Fiscalía y la acusación particular piden 15 años de cárcel por homicidio para el acusado, mientras que su defensa reclama la absolución. O, en todo caso, si el jurado lo considerase culpable, una condena de cinco años, aplicando la atenuante de dilaciones indebidas. Durante esta primera sesión del juicio, Luis B. ha indicado: «No reconozco de ninguna manera esos hechos». No hay cadáver, tampoco escena del crimen, y tampoco testigos presenciales o ADN que lo vinculen con el crimen, pero sí pruebas indiciarias.Noticia Relacionada estandar Si La familia de Diego Vargas pide 15 años de prisión para el acusado de matarlo y ocultar su cadáver Elena Burés Por su parte, el único sospechoso del homicidio, Luis B., reclama su absoluciónEntre estas, como desgranó este diario, el contenido desencriptado de un chat -Encrochat- empleado por el crimen organizado, y que muestra como el entorno criminal de Luis, -viejo conocido de la Policía por dedicarse al tráfico de drogas-, quería dejar de trabajar con él al creer que se encontraba tras la desaparición de Diego. También la geolocalización de su teléfono y del de la víctima, que fue lo que ayudó a desmontar su coartada, junto con las imágenes de seguridad de una nave colindante, que muestran como abandonó la de la calle Granada dos horas antes de lo que contó a la Policía. De allí salió el mediodía de aquel 11 de mayo, sin su teléfono pero sí con el de la víctima, para tratar de veracidad a que había salido de allí con vida, sostienen las acusaciones. «La ausencia del cuerpo es el resultado de la conducta del acusado para borrar el rastro, pero la Justicia no puede quedar a merced de quien logra ocultar un cadáver», ha apuntando la abogada de la familia, Beatriz González, para recordar al tribunal del jurado que «si una persona rompe bruscamente con todo su entorno; sin usar su dinero, ni su teléfono» y sin que «nadie vuelva a saber nada de él», algo nos dice que la ausencia no es casual. INDICIOS Arriba, la nave industrial de la calle Granada de Sant Andreu donde desapareció Diego. Los investigadores creen que allí fue donde Luis lo mató, para luego deshacerse de su cadáver. Sobre estas líneas, cartel que alerta de su desaparición. INÉS BAUCELLS // SOS DESAPARECIDOS«Nadie ha visto el momento exacto de la muerte [de Diego], pero los indicios son claros y conducen a una única conclusión. Luis acabó con su vida», ha subrayado, en la misma línea que la fiscal, Teresa Yoldi. Por su parte, la defensa del acusado, que ejerce Antonio Revuelta, ha esgrimido que la investigación de los Mossos «insistió» en seguir «datos que iban en contra» de su cliente, mientras que descartaron otros que «podían beneficiarlo», avanzado así la estrategia que seguirá para tratar de conseguir su absolución. Será a lo largo de estas dos próximas semanas cuando por la sala desfilarán diferentes testigos; desde el entorno de la víctima al del propio acusado; así como los investigadores, para detallar las pesquisas que acabaron con la detención y posterior procesamiento de Luis, acusado de matar a Diego Vargas. Así, hasta que el próximo 23 de febrero, el jurado reciba el objeto del veredicto, para dictaminar si es o no culpable.  

Pasaban pocos minutos de las once de la mañana, cuando Diego Vargas, de 30 años, realizó la última llamada desde su móvil. Fue una perdida que hizo a Luis B., que ahora se sienta en el banquillo acusado de matarlo y ocultar su cadáver … . Era 11 de mayo de 2020, primer día de la desescalada por el Covid. Aquella mañana, Diego había desayunado en casa de su madre, Rafaela, en Gavá (Barcelona). Desde allí se fue hasta una nave industrial en Sant Andreu de la Barca para ajustar cuentas con el acusado, que era su socio. La intención era recoger luego a su progenitora, para llevarla a comer con sus nietas, entonces de 2 y 3 años. Pero nadie volvió a tener noticias de él.

Diego sospechaba que Luis había fingido un robo en la plantación de marihuana ‘indoor’ que ambos tenían, para así evitar pagarle la mitad de la recaudación, estimada entre 30.000 y 40.000 euros. Ante las largas de su socio, consiguió finalmente quedar con él en la citada nave de la calle La Granada, 32, en Sant Andreu. Allí acudió con su coche, un Audi A4 azul eléctrico, y, ante sus puertas, como era habitual, realizó una perdida a Luis para que este le abriese la puerta.

Nadie sabe qué pasó en su interior, pero los investigadores cree que fue allí donde mató a Diego, para luego deshacerse de su cuerpo, que todavía no se ha localizado -pese a que los Mossos lo buscaron incluso con la ayuda de un georradar-. Tampoco su coche, ni su teléfono. Pero, tal y como detalló ABC, una exhaustiva investigación de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldó con su detención y posterior ingreso en prisión, en junio de 2022, donde se encuentra desde entonces.

La Fiscalía y la acusación particular piden 15 años de cárcel por homicidio para el acusado, mientras que su defensa reclama la absolución. O, en todo caso, si el jurado lo considerase culpable, una condena de cinco años, aplicando la atenuante de dilaciones indebidas. Durante esta primera sesión del juicio, Luis B. ha indicado: «No reconozco de ninguna manera esos hechos». No hay cadáver, tampoco escena del crimen, y tampoco testigos presenciales o ADN que lo vinculen con el crimen, pero sí pruebas indiciarias.

Entre estas, como desgranó este diario, el contenido desencriptado de un chat -Encrochat- empleado por el crimen organizado, y que muestra como el entorno criminal de Luis, -viejo conocido de la Policía por dedicarse al tráfico de drogas-, quería dejar de trabajar con él al creer que se encontraba tras la desaparición de Diego. También la geolocalización de su teléfono y del de la víctima, que fue lo que ayudó a desmontar su coartada, junto con las imágenes de seguridad de una nave colindante, que muestran como abandonó la de la calle Granada dos horas antes de lo que contó a la Policía.

De allí salió el mediodía de aquel 11 de mayo, sin su teléfono pero sí con el de la víctima, para tratar de veracidad a que había salido de allí con vida, sostienen las acusaciones. «La ausencia del cuerpo es el resultado de la conducta del acusado para borrar el rastro, pero la Justicia no puede quedar a merced de quien logra ocultar un cadáver», ha apuntando la abogada de la familia, Beatriz González, para recordar al tribunal del jurado que «si una persona rompe bruscamente con todo su entorno; sin usar su dinero, ni su teléfono» y sin que «nadie vuelva a saber nada de él», algo nos dice que la ausencia no es casual.

Imagen principal - Arriba, la nave industrial de la calle Granada de Sant Andreu donde desapareció Diego. Los investigadores creen que allí fue donde Luis lo mató, para luego deshacerse de su cadáver. Sobre estas líneas, cartel que alerta de su desaparición.
Imagen secundaria 1 - Arriba, la nave industrial de la calle Granada de Sant Andreu donde desapareció Diego. Los investigadores creen que allí fue donde Luis lo mató, para luego deshacerse de su cadáver. Sobre estas líneas, cartel que alerta de su desaparición.
INDICIOS
Arriba, la nave industrial de la calle Granada de Sant Andreu donde desapareció Diego. Los investigadores creen que allí fue donde Luis lo mató, para luego deshacerse de su cadáver. Sobre estas líneas, cartel que alerta de su desaparición.
INÉS BAUCELLS // SOS DESAPARECIDOS

«Nadie ha visto el momento exacto de la muerte [de Diego], pero los indicios son claros y conducen a una única conclusión. Luis acabó con su vida», ha subrayado, en la misma línea que la fiscal, Teresa Yoldi. Por su parte, la defensa del acusado, que ejerce Antonio Revuelta, ha esgrimido que la investigación de los Mossos «insistió» en seguir «datos que iban en contra» de su cliente, mientras que descartaron otros que «podían beneficiarlo», avanzado así la estrategia que seguirá para tratar de conseguir su absolución.

Será a lo largo de estas dos próximas semanas cuando por la sala desfilarán diferentes testigos; desde el entorno de la víctima al del propio acusado; así como los investigadores, para detallar las pesquisas que acabaron con la detención y posterior procesamiento de Luis, acusado de matar a Diego Vargas. Así, hasta que el próximo 23 de febrero, el jurado reciba el objeto del veredicto, para dictaminar si es o no culpable.

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