Landaluce remonta a lo grande ante Korda y da otro estirón: cuartos en mano y roza el ‘top-100’

Quién lo hubiera dicho hace tan solo unos días: lo que no consiguió Carlos Alcaraz, lo hizo Martín Landaluce, el gigantón de 20 años, con cara de niño y rizos dorados que sueña con hacer cosas importantes en el tenis y que, de momento, ya ha dejado un rastro histórico en el Masters 1000 de Miami con su acceso a los cuartos de final. No lo conseguía un tenista con un ranking tan bajo —151º hoy día, aunque virtualmente es el 105º del mundo— desde 1994, cuando sorprendió el local Jim Grabb, entonces 185º. Lo logra ahora él, verdugo del hombre que tumbó dos días antes al número uno (2-6, 7-6(6) y 6-4, tras 2h 28m) y ahora más cerca de romper la barrera de los cien mejores del circuito. Así que brinca, festeja, lo saborea. No es Sebastian Korda (25 años y 36º del mundo) la alegría de la huerta, pero parece que le ha pasado un camión por encima.

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EL ADN DEL TENIS ESPAÑOL

Tan cerca y tan lejos, porque una sola victoria separa a Landaluce de traspasar por primera vez la frontera del top-100, territorio en el que hoy día figuran cuatro jugadores españoles: Alcaraz (1), Alejandro Davidovich (17º), Jaume Munar (35º) y el veterano Roberto Bautista (89º).

Preguntado sobre cómo salvó la situación límite del segundo set, simplificó: “Necesitaba un buen tiro, así que pegué un ganador”. Dice el madrileño que “conseguirlo de esta forma” produce “una gran sensación” y apeló a la genética del tenista español.

“Todos los españoles lo intentan. Ferrero, Ferrer, Nadal, Carlitos… He visto eso durante toda mi carrera y, aquí estoy yo ahora, así que también debo intentarlo”, expuso el madrileño, para el que lo que está experimentado durante estos días de éxito y aprendizaje “lo significa todo”.

Por otra parte, Jannik Sinner no falló y también progresó. Lo hizo con un trabajado 7-5 y 7-6(4), después de haber neutralizado una rotura de desventaja en la segunda manga. Se enfrentará a Frances Tiafoe (6-4, 1-6 y 6-4 a Térence Atmane). Los otros cruces serán Paul-Fils y Cerúndolo-Zverev.

El cuadro femenino perfiló también la primera semifinal. La protagonizarán Karolina Muchova (7-5 y 7-6(5) y Coco Gauff (6-3, 1-6 y 6-3 a Belinda Bencic). Las otras dos clasificadas saldrán del jueves: Rybakina-Pegula y Sabalenka-Baptiste.

 El madrileño, de 20 años, salva una bola de partido (2-6, 7-6(6) y 6-4, tras 2h 28m) y es el primero de 2006 en llegar tan lejos en un Masters 1000. Se medirá con Lehecka  

Quién lo hubiera dicho hace tan solo unos días: lo que no consiguió Carlos Alcaraz, lo hizo Martín Landaluce, el gigantón de 20 años, con cara de niño y rizos dorados que sueña con hacer cosas importantes en el tenis y que, de momento, ya ha dejado un rastro histórico en el Masters 1000 de Miami con su acceso a los cuartos de final. No lo conseguía un tenista con un ranking tan bajo —151º hoy día, aunque virtualmente es el 105º del mundo— desde 1994, cuando sorprendió el local Jim Grabb, entonces 185º. Lo logra ahora él, verdugo del hombre que tumbó dos días antes al número uno (2-6, 7-6(6) y 6-4, tras 2h 28m) y ahora más cerca de romper la barrera de los cien mejores del circuito. Así que brinca, festeja, lo saborea. No es Sebastian Korda (25 años y 36º del mundo) la alegría de la huerta, pero parece que le ha pasado un camión por encima.

Lo ha tenido en la mano el norteamericano, bola de partido a su favor. Sin embargo, todo era cuestión de fe; al parecer, también de una pizca de fortuna porque todo se alinea a favor del español, al que le llega la recompensa por haber sabido sufrir y estar ahí, por corregirse y por creer. Creérselo. Porque, salvado el abismo del segundo set, Landaluce se sostiene y al adversario se le cae el mundo encima: los tenistas y la espalda, enemigos íntimos. Algo debe de tener también aquello de imponerse a Alcaraz, quien los envía tocados; Goffin, Norrie y Medvedev antes. Los cuatro que le han batido a lo largo del último año cayeron a continuación, en la siguiente ronda. Y en ella estará sin resuello Tintín, citado este miércoles (no antes de las 20.00, Movistar+) con Jiri Lehecka. A ver qué tal responde ese físico. Mal día para el Tennis USA: 6-4, 6-7(4) y 6-2 del checo (24 años y 22º) contra Taylor Fritz.

Efectivamente, quién lo hubiera dicho, teniendo en cuenta que hasta aquí, hasta este inesperado y prometedor viaje de Miami, el tenista madrileño sumaba más derrotas que victorias (7-8) esta temporada, ningún triunfo en el cuadro principal de un torneo de la ATP. Sin embargo, sorteó la fase previa (tres partidos) y luego se deshizo de Marcos Giron (70º), Luciano Darderi (18º) y Karen Khachanov (15º). Señores obstáculos los dos últimos. Ahora quien cae es Korda, con un nivel seguramente superior al que indica el listado pero trastabillado por no se sabe qué; reúne magníficos argumentos, pero no explota. Quizá esa frialdad, tal vez excesiva. Vence Martín y se lo dedica a su abuela: “Falleció hace tres meses y la semana pasada habría cumplido 101 años”.

Y antes, un volteo. En el primer set todo transcurre muy rápido, demasiado, contrariamente a los intereses del español porque todo lo que no sea endurecer el partido e ir inclinándolo le resta posibilidades y multiplica las del estadounidense, un jugador de paso, trazo y golpes elegantes que va descontando los juegos con mucha comodidad. Hasta ahí, más o menos un monólogo de 32 minutos y sin curva alguna, con el favorito ejerciendo acorde a su condición y Landaluce, precipitado, expresando demasiada ansia por terminar por el punto; buscando atajos que ante este tipo de rivales no suelen existir. Quiere comérselo, pero debe rumiarlo. Viento a favor, Korda es difícil de frenar, pero a la inversa, es un competidor más bien quebradizo.

El pico y pala

Así que ese punto de pausa que gana el madrileño supone una bendición para él, consciente de que la historia va por ahí: de enredar y más enredar, de intentar alargar el peloteo y que el estadounidense, tenista de registro atractivo y a la vez previsible, no pueda mantener esa velocidad que le gusta. Landaluce rasca y rasca, entiende, procede y el desequilibrio de antes va derivando en una situación mucho más beneficiosa para sus intereses. Se acabó la linealidad. Esto es de tú a tú. Aquello de las mentes y lo inescrutable; el tenis, deporte de misterios. Un simple clic lo cambia todo. Tan indescifrable. Si lo quiere, va a tener que trabajárselo. Eso y que entren por fin los primeros, claro. Valentía, también. De ese modo, todo pinta diferente.

Y así de crudas son a veces las cosas, pensará Korda, quien a pesar de haber ido manejando más o menos la situación, de haber logrado que el chico no toque una sola vez la puerta —hasta ahí, ninguna opción de break— y de que haya dispuesto de una bola de partido al saque en el desempate, termina torcido y estrellándose contra un muro. En ocasiones, las cosas suceden de esa forma. Sin que se vean venir. Todo era de rosa para él hasta que ese resto cruzado y fulminante de revés del español marca un antes y un después. De repente, se le abre el cielo a uno, ¡bingo!, y se le niega al otro todo. Difícil de comprender, pero aquí no hay casualidades. El pico y pala, requisito indispensable para el deportista español. Se tenga el porte que se tenga.

No responde Landaluce precisamente al prototipo clásico, por eso de lo rubio, las anchuras y esa altura, pero de un tiempo aquí, algo está cambiando. Deben de ser los yogures probióticos de la generación de 2006: él (1,93) y Rafa Jódar (1,91), piernas, tronco y brazos para dar y regalar. Largos-largos ellos. Dos auténticas torres. No prosperó el de Leganés, frenado el domingo, pero sí lo hace el de Tres Olivos, también del Club de Tenis Chamartín y convertido ahora en el primer jugador de su quinta que alcanza los cuartos del torneo de Florida. En realidad, de todo un mil. Atrapado el segundo set, a Korda le llegan los dolores en la zona lumbar y definitivamente cambia el signo, no sin suspense: del 3-0 al 3-3, pero estaba escrito: sí, es el día de Martín.

EL ADN DEL TENIS ESPAÑOL

A. C.

Tan cerca y tan lejos, porque una sola victoria separa a Landaluce de traspasar por primera vez la frontera del top-100, territorio en el que hoy día figuran cuatro jugadores españoles: Alcaraz (1), Alejandro Davidovich (17º), Jaume Munar (35º) y el veterano Roberto Bautista (89º).

Preguntado sobre cómo salvó la situación límite del segundo set, simplificó: “Necesitaba un buen tiro, así que pegué un ganador”. Dice el madrileño que “conseguirlo de esta forma” produce “una gran sensación” y apeló a la genética del tenista español.

“Todos los españoles lo intentan. Ferrero, Ferrer, Nadal, Carlitos… He visto eso durante toda mi carrera y, aquí estoy yo ahora, así que también debo intentarlo”, expuso el madrileño, para el que lo que está experimentado durante estos días de éxito y aprendizaje “lo significa todo”.

Por otra parte, Jannik Sinner no falló y también progresó. Lo hizo con un trabajado 7-5 y 7-6(4), después de haber neutralizado una rotura de desventaja en la segunda manga. Se enfrentará a Frances Tiafoe o Térence Atmane. Los otros cruces serán Paul-Fils y Humbert/Cerúndolo-Zverev/Halys.

El cuadro femenino perfiló también la primera semifinal. La protagonizarán la checa Karolina Muchova (7-5 y 7-6(5) y la vencedora del duelo entre Coco Gauff y Belinda Bencic. Las otras dos clasificadas saldrán del jueves: Rybakina-Pegula y Sabalenka-Baptiste.

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