
La Operación Rufián todavía no se sabe muy bien en qué cuajará, pero no será el primer intento de un político catalán por influir en la política española. Ha habido más intentos, desde Francesc Cambó hasta Miquel Roca, el estandarte de una Operación Reformista diseñada en muchos despachos madrileños en los 80 para acabar desde el centro liberal con la hegemonía del socialista Felipe González. La Operación Roca dejó un sonado fracaso electoral, millones perdidos y muchas enseñanzas. En Marea fue un experimento, en Galicia, de aunar en una plataforma distintas marcas nacionalistas de izquierdas que triunfó rápido y se evaporó por incompatibilidades de liderazgos.

La incursión del histórico portavoz catalán en la política nacional en 1986 acabó en fracaso por un liderazgo confuso, su vinculación a CiU y falta de estructura territorial
La Operación Rufián todavía no se sabe muy bien en qué cuajará, pero no será el primer intento de un político catalán por influir en la política española. Ha habido más intentos, desde Francesc Cambó hasta Miquel Roca, el estandarte de una Operación Reformista diseñada en muchos despachos madrileños en los 80 para acabar desde el centro liberal con la hegemonía del socialista Felipe González. La Operación Roca dejó un sonado fracaso electoral, millones perdidos y muchas enseñanzas. En Marea fue un experimento, en Galicia, de aunar en una plataforma distintas marcas nacionalistas de izquierdas que triunfó rápido y se evaporó por incompatibilidades de liderazgos.
En el Congreso, estos días, el avispero de las izquierdas se ha removido. El responsable, Gabriel Rufián, portavoz parlamentario de ERC, está satisfecho con ese pequeño terremoto provocado al confirmar un gira por España para movilizar y aglutinar a los partidos y fuerzas soberanistas de izquierdas en distintas autonomías para frenar el aparente avance imparable de las derechas en todo el país, pero sigue sin poder concretar ni la forma ni el fondo de esa propuesta. No depende solo de él, ni de su partido, ERC, que no le respalda. El objetivo, sin embargo, es compartido por casi todas las marcas afectadas.
Algunos diputados de esas formaciones implicadas recelan del interés personal de Rufián y de las posibilidades reales de movilizar esos votos fuera de Cataluña de un político independentista catalán y republicano. Los antecedentes no ayudan al optimismo.
La Operación Roca empezó a pergeñarse en 1982, en el despacho de Florentino Pérez, el presidente ahora del Real Madrid, y entonces con buenos contactos en la patronal, la banca y las grandes empresas, que fueron observando en las siguientes citas electorales el poderío creciente del socialista Felipe González y las carencias insalvables para plantarle cara en las urnas primero del popular y conservador Manuel Fraga y luego del centrista reconvertido Adolfo Suárez, como ha estudiado en distintos trabajos sobre esa etapa de la transición el catedrático de la Universidad de Cantabria, Adrián Magaldi Fernández.
Según los cálculos del profesor Magaldi, en la Operación Roca se enterraron entre 5.000 y 16.000 millones de pesetas. No fue solo un intento fallido de los liberales progresistas aglutinados entorno a los prestigiosos hermanos abogados Joaquín y Antonio Garrigues Walker por exportar a España una vía ya existente en Europa. La Cataluña de Jordi Pujol también estaba interesada en hacer política de Estado en Madrid. Pujol fue el primer portavoz parlamentario de CiU en las Cortes constituyentes y cuando llegó el momento convenció a Roca para que le sucediese en esa tarea.
El Partido Reformista Democrático (PRD) nació así en un laboratorio de élites desencantadas entre Madrid y Barcelona, con un reconocido candidato, dinero, muchas expectativas y un encaje de bolillos de formaciones nacionalistas del estilo de CiU implantadas por otras partes de España como Coalición Canaria, Coalición Galega, Unió Mallorquina y con contactos que no fraguaron con el PNV. Tras distintos congresos multitudinarios y algunos retrasos, la primera prueba de fuego se registró en Galicia con la CG de Eulogio Gómez Franqueira, aunque el candidato que se impuso fue un emigrante a Cataluña, Víctor Moro, exdirectivo del Banco de España. El impacto fue brutal. CG sacó el 12,9% de los votos, 11 escaños y se convirtió en la llave que acabó con las mayorías absolutas y la larga carrera de Fraga.
Ese espejismo duró poco. Un año después, en 1986, González precipitó las elecciones generales tras el referéndum de la OTAN y el ensayo se acabó. Roca se presentó como número uno del PRD por Barcelona, se negó a residir en Madrid donde el partido improvisó como número uno al expresidente del Tribunal Supremo, Federico Sáinz de Robles y a Antonio Garrigues como número dos, y CiU mantuvo su marca para Cataluña. El resultado fue de estrépito: 194.538 votos en toda España, el 0,96% y cero escaños. Roca y Garrigues, 85 y 92 años respectivamente, siguen figurando al frente de sus despachos pero recelan ahora de recordar aquella prueba fallida.
El profesor Magaldi, experto y con numerosos estudios sobre la transición, extrajo las siguientes conclusiones del batacazo de la Operación Roca a revisar por si son de interés: un liderazgo difícil de entender por el electorado del resto de España de un candidato que se presenta por una marca pero es de otro partido; demasiado basado en el contenido de su persona y sin otros líderes; mucha vinculación al nacionalismo catalán, una ideología confusa y falta de estructura y vertebración territorial.
El caso de En Mareas irrumpió espectacularmente con fuerza desde la izquierda en las autonómicas de 2016 como una coalición de Podemos, Esquerda Unida, Anova y las mareas que ya gobernaban desde las anteriores municipales en A Coruña, Santiago y Ferrol y logró un histórico sorpasso a los socialistas. Obtuvo cinco diputados y 344.000 votos en el Congreso. Para los siguientes comicios ya perdió la mitad de esas papeletas y se enredó en todo tipo de cuitas internas. Uno de sus promotores, Antón Gómez Reino, rememora ahora algunos errores de aquel proyecto que pretendió no ser una formación táctica electoral porque buscaba “la construcción de un sujeto nacional” como podría ser el modelo de EH Bildu en Euskadi: “No fuimos capaces de reconciliar los liderazgos naturales de personas concretas, como el que tenía Yolanda Díaz, con las realidades orgánicas y las sinergias de los partidos y la opinión pública de izquierdas”.
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